Rioja sufre un descenso de la población, tanto en la década de los setenta, como antes en la de los cuarenta, debido fundamentalmente a la emigración, proceso que se inició a partir de 1910 con la crisis de la uva. Más tarde, la crisis general de la agricultura por la escasez de agua, la tristeza del naranjo, los elevados costes de producción y baja rentabilidad completaron este proceso. A finales del siglo XVI Rioja sólo cuenta con 94 personas, que se reparten las antiguas tierras de los moriscos, de los cuales sólo 12 eran cristianos viejos. En esta época también se convierte en pueblo, aunque Gádor logró incrementar su propio término a costa de territorios que anteriormente habían pertenecido a sus vecinos.