Rodalquilar fue en otros tiempos un anejo de gran prosperidad. Junto a esas casitas antiguas pero bien conservadas, con un pequeño jardín exterior y patio trasero algo mayor, se localizaban los únicos yacimientos de oro de España. La "fiebre del dorado" fue intensa, pero efímera. En los años cincuenta se llegaban a obtener unos tres o cuatro gramos de oro por cada tonelada de tierra mineral extraída y conveniente tratada. Años hubo en los que se llegaron a robarle a las entrañas de la tierra hasta quinientos kilogramos del preciado metal, pero en los años sesenta la rentabilidad comenzó a ser menor, y a finales de esta década, feliz para otros, las minas se cerraron.
Desde entonces, Rodalquilar tiene ese aire fantasmagórico de los viejos poblados mineros semiabandonados. Antiguas mansiones de aire señorial, con puertas y ventanas atrancadas y amplios jardines descuidados, en contraste con otras más modestas de planta baja y humilde jardincito, pero cuidado por las amorosas manos de los hijos e incluso los nietos de los mineros que ofrecieron su trabajo, su esfuerzo, su salud y su propia vida para que sus descendientes fueran propietarios de ese suelo. Actualmente, una parte del pueblo está siendo readaptada por la Consejería de Medio Ambiente como área de acampada.