Allá donde se abrazan los caminos campiñeses de trigo y olivar, sin apenas darse cuenta el viajero, aparece ante la vista Santa Cruz, escondida en lo más alto de la loma. Viejas historias traen los vientos desde la Colonia Claritas Iulia Ucubi..., desde las ruinas de Ategua en las lomas de Teba la Vieja.. y, en sus mamblas, resuenan en las calidas tardes las legiones de Cesar y Pompeyo. Las mañanas de invierno, truecan la espada por la vara, la sangre por regueros de dorados aceites..... . Mas no fue ninguna, paridora de las blancas cales del mirador del Salsum, tan solo las piedras de la parroquia de la Encarnación delatan despojos de la ciudad pompeyana. Santa Cruz nace de sangre campesina y toma nombre del crucero que antaño existiera en la plaza de Andalucía, allí donde se abren los caminos que, desde el Guadajoz (Río del Pan), se extienden como sierpes por mares de olivo y campos de cereal.... . Dicen que esta gran cruz de piedra ocupaba el lugar desde tiempos inmemoriales, marcando las pautas costumbristas, en los cruces de caminos, de ahuyentar los fantasmas de la peste. La Guerra Civil Española confundió su imagen y dio al traste con sus huesos, conjuntamente con otros bienes, como, el archivo parroquial, el retablo mayor de la Iglesia de la Encarnación, una pila bautismal del siglo XIII y el retablo del Rosario. Cuentan los mayores de la población “que MIGUEL de CERVANTES hizo noche en SANTA CRUZ, cuando de regreso de Córdoba se dirigía a Castro del Río. Después estuvo residiendo en la aldea durante seis meses, en "la casa de agujero de la Abogá".”
Los orígenes de Santa Cruz quedan ocultos en el tiempo como su imagen al viajero, pero es sabido que su caserío, unido al núcleo señorial de Guadalcázar, fue concedido por Enrique II a González Fernández de Córdoba, quien, a su vez, lo cambió a Lope Gutiérrez de Córdoba por Montilla en 1375. En 1478, la Reina Isabel I separa de la jurisdicción del señorío de Guadalcázar el lugar que llaman de Santa Cruz. Alfonso de Aguilar (de la Casa de Aguilar - Marquesado de Priego a partir de 1505 -) compra sus tierras a Francisco Benavides, señor de Guadalcázar, el 3 de Noviembre de 1492 por “264 cahíces de pan terciado”. Es en el año de 1846 cuando, la reina Isabel II, agrega el lugar, compuesto por 308 fanegas de tierra, al distrito municipal de Montilla, bajo cuya jurisdicción permanece, lejana y sola..., tierra exenta..., dentro del término municipal de Córdoba. Su raza, jornalera, recia en el trabajo y noble en el espíritu, supo dar vida a la vega que a sus pies se extiende siguiendo los sedimentos trazados por el Salsum, y, sus galgos, fueron famosos por todos los contornos colindantes, e incluso mas allá de sus fueros. “La Galga”, “La Bartola” son nombres que nacieron de su inquietud galguera, fortunios e infortunios que cuenta el viento entre las alturas de los silos del SEMPA. Desde 1932 anida en esta villa la semilla de la segregación y sus gentes buscan la independencia como el agua busca los caminos del mar entre las montañas. El 11 de Septiembre de 1996, Santa Cruz, se emancipa de Montilla, por sinergias nacidas de maridajes abarraganados entre la soledad y el olvido, y decide circunstanciar sus pasos dentro del mar territorial de Córdoba, del que, su caserío, fuere núcleo exento durante tantos años. Y, así consta desde aquel día, no quedando escrito en el ideario villanesco que fuere para bien o para mal, ni que sus pasos debieren caminar juntos hasta que la muerte los separe. Santa Cruz, ninguneada por el feudalismo, manipulada por la burguesía, maltratada por el liberalismo y moneda de cambio (en los que no tenía ninguna importancia el alma de los villanos), luchó por ser SANTA CRUZ (sin éxito), luchó por que la escucharan (sin éxito), logró el privilegio de elegir a su dignatario público en referéndum popular (y lo perdimos). Hoy dormita en la loma, como los osos cuando escasea el alimento (en este caso social), pero, dentro de su alma jornalera, sigue viva la semilla que durante tantos años les unió bajo la bandera de ser voz, parte y arte en sus propios designios. Cuenta Antonio López Hidalgo, en su libro “Santa Cruz, o la sublevación de las aldeas en Andalucía” que, antiguamente, la práctica totalidad de los ateguenses, vivían del orozus o paloduz. El Río del Pan debió llamarse del paloduz, aunque, en cierta manera, la abundancia de esta planta en sus riberas, tornase aquellas raíces en el pan de cada día de muchos vecinos. Las crecidas del Guadajoz ponían a flor de tierra las raíces de esta planta en “las albinas”, hecho que repetíase en el laboreo otoñal. Comenta Antonio López que cada día llegaban a extraerse mas de tres mil kilos de estas raíces y que llegaban a venderse a veinticinco pesetas el kilo. En los años de posguerra, cuando todo andaba prohibido, buscar la raíz del orozuz era tarea nocturna, de carburo, azada y pies ligeros para poder huir de la caballería de los guardas jurados, vigilantes celosos de que quedase en la tierra lo que no podía digerir el amo. El paloduz permanece hoy olvidado, perseguido y esquilmado como planta no deseable. Sin embargo sus propiedades medicinales harían palidecer al propio ajo. Se trata de una planta vivaz (que vive más de dos años), de tallo erguido que brota en primavera y se seca en invierno, de hasta un metro de altura. Produce un rizoma (tallo subterráneo) del que van surgiendo brotes constantemente. En el rizoma nace una raíz que se hunde más o menos un palmo en el suelo, la cual se ramifica en delgadas raicillas que pueden alcanzar un metro de longitud, de sabor muy dulce. Alrededor del tallo aéreo se disponen las hojas, compuestas de entre nueve y diecinueve folíolos (subdivisiones que parecen hojas enteras), pero siempre en número impar, puesto que se disponen por pares, enfrentados, y uno en el extremo, de sabor amargo, al contrario que la raíz. Las flores se desarrollan en una espiga, en el extremo de un pedúnculo que nace en las axilas de las hojas, de color azul pálido o lila. El fruto es una legumbre que contiene como máximo 4 semillas. Se la conoce también como orozuz y agarradera.
Ordep Osonier