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Mensajes de FUENTE CALDERA
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Entonces ¿porque tevas? Yo ya sé porque nos vamos; que nos echan no es verdad. Tu le decias a la abuela que te ibas por nosotros, por mis hermanos y yo, y eso es otra mentira, porque yo soy de los mayores y nunca me quise ir de vera de mi abuela. Nos vamos muy para el norte, muy lejos, donde dicen que defrio, cae el agua en forma de nieve. Que no hay nidos ni arroyuelos, ni becerrillos pequeños como los tiene el abuelo.
Esta noche no he dormido, ni tú tampoco papa. Siempre hasestao hablando del viaje con mama. ¿alli se gana dinero y se podrá comer bien? pues aqui no estamos mal, aunque comer, comer, pues comemos regular.... ¡El carro ya está en la puerta! ¿Padre, esque nos vamos ya? Le dire adios a los titos y al Enrique y al Tomas. Adios que ya se va el carro, ya esta arriba mi mama. Tú llores abuelita que haces sufrir a mi papa. Enrique cuida delperro, del gato y de los jilgueros. Dice mi madre que alli tan lejos no me los puedo llevar, que puede que en el camino los tengamos que tirar.
ADIOS, ADIOS A MI PUEBLO. DI TU TAMBIEN ADIOS MAMA Y NO LO DIGAS LLORANDO QUE HACES A MI LLORAR
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para manuel martinez lindez y su casa
(Respuesta al anterior mensaje)
Gracias Manolor, me ha encantado, expresa lo que sentimos pero no encontramos las palabras para expresarlo y esta narración ha hecho que se me salten las lágrimas.
Gracias y yo tambien espero oírtelo recitar.
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(Respuesta a un mensaje anterior ya eliminado)
Hola Fina, esta foto la hizo mi mujer, los que salimos somos mi primo Rafael el mas alto y yo.
La iglesia que tu recuerdas ya no existe, está en el suelo como casi todo, es una pena, pero ya no tiene solución.
Un saludo
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saludos para un amigo
Hola campeon del cachondeo y la buena humor. Pero en este caso el mensaje es para felicitarte por lo que as escrito sobre la inmigracion. Tengo que decirte que es muy bonito y como decia Paco Gandia el humorista eso es veridico. De verdad no te podia quedar mejor bravo Manolo veo que cuando ahi que ablar en serio eres un genio ESPERO QUE NOS LA RECITARAS EL DIA DE LA JUNTA. QUE NO SETE OCURRA FALTAR SOBRE NINGUN CONCEPTO. UN ABRAZO PARA TU SEÑORAESPOSA Y PARA TI CAMPEON ANTONIA
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ELOCUENCIA VIZCAINA
Juan Valera
El obispo de Málaga más de cien años ha era un varón lleno de saber y virtudes y predicador elocuentísimo. Tenía además tan alegre y suave condición y tanta afabilidad y llaneza en su trato que, lejos de enojarse, gustaba de que sus familiares discutiesen con él y hasta le embromasen.
Era el obispo vizcaíno, y sus familiares, al poner por las nubes su elocuencia, la calificaban de extraña y única entre los hijos de las Provincias Vascongadas, donde, según ellos, no hubo jamás hombre que no fuese premioso de palabra ni clérigo que no pasase por un porro y que en el púlpito no se hiciese un lío.
Movido el bondadoso prelado de su cristiana modestia y de su ferviente patriotismo, sostenía lo contrario, y llegaba a asegurar que lo menos había entre los presbíteros vizcaínos, sus contemporáneos, tres docenas que valían más que él por la ciencia, el arte y la inspiración con que enjaretaban sermones.
Como pasaba el tiempo y no parecía por aquella diócesis ningún clérigo vizcaíno, la disputa se hacía interminable. El obispo no probaba su afirmación de un modo experimental y práctico, y los familiares seguían erre que erre, negando a todos los vizcaínos, menos a Su Señoría Ilustrísima, la capacidad para la oratoria sagrada.
Acertó al cabo a venir a Málaga en busca de amparo y protección un clérigo guipuzcoano que había estudiado con el obispo en el mismo Seminario y había sido allí grande amigo suyo. El obispo le recibió muy bien y le hospedó en su palacio. No tardó, cuando estuvo a solas con él, en hablarle de las discusiones sin término que con sus familiares tenía, y luego le dijo:
- Muy a propósito has venido por aquí para que, valiéndome de ti, demuestre yo la verdad de mi tesis. De hoy en ocho días habrá una gran función en la catedral, y es menester que tú prediques y que el sermón sea tan hermoso y edificante que eclipse, obscurezca y deje tamañitos cuantos yo he compuesto hasta ahora.
- ¿Pero cómo ha de ser eso -interrumpió el clérigo muy azarado-, cuando yo, bien lo sabes, sé tan poco de todo, y tengo tan corta habilidad que no me he atrevido jamás a subir al púlpito?
- Dios es Todopoderoso y bueno -contestó el obispo-. Pon en Dios tu esperanza, y no dudes de que por ti y por mí hará en esta ocasión un gran milagro.
Confiando en la bondad divina y más inspirado que nunca el obispo, recatándose de todos y muy sigilosamente, escribió aquella misma noche una verdadera obra maestra, un dechado de perfección; lo mejor acaso que había escrito en su vida.
A la mañana siguiente entregó el sermón al clérigo su amigo, y le excitó para que se le aprendiese muy bien de memoria.
Con extraordinaria repugnancia y miedo, por recelar que no podría aprender el sermón o que le olvidaría después de aprendido, nuestro clérigo (¡tal era el afán con que aspiraba a complacer a su protector!) tomó en la memoria en dos días el sermón entero y sin titubear ni pararse, le recitó como un papagayo delante del obispo. Empleó éste otros dos días en enseñar al flamante predicador la entonación, el gesto y el manoteo correspondientes a cuanto tenía que decir.
El obispo quedó complacidísimo; calificó de admirable aquella oración pronunciada por su amigo, y se prometió y le prometió un triunfo estrepitoso.
Enseguida anunció que el predicador iba a ser su paisano, y lleno de orgullo patriótico dijo a sus familiares:
-Ya verán ustedes lo que es bueno. Ya tendrán ustedes que confesar que este humilde sacerdote de mi tierra y de mi gente predica mejor que yo; es un nuevo Juan Crisóstomo, un raudal de elocuencia y un pozo de sabiduría. En adelante no me embromarán ustedes afirmando que, exceptuándome a mí, no hay vizcaíno que predique.
Llenos de impaciencia estaban todos, ansiando oír predicar al vizcaíno.
Llegaron por fin el día y la hora de la función. La catedral estaba de bote en bote. El obispo y los canónigos asistían en el coro con todo el aparato y la pompa que requerían las circunstancias. En el centro del templo y a no muy larga distancia de la cátedra del Espíritu Santo, se parecían las damas más devotas y elegantes de la ciudad, lindísimas muchas de ellas, todas con basquilla y mantillas de blondas y con rosas, claveles y otras flores en la cabeza. Hombres y mujeres del pueblo llenaban las naves. Era extraordinaria y muy general la curiosidad de oír al nuevo predicador, cuya buena reputación anticipada había cundido por todas partes.
Por fin, apareció en el púlpito nuestro vizcaíno y empezó su sermón con tal habilidad y gracia que la admiración, el asombro y el santo deleite henchían los corazones y los espíritus de todo el auditorio.
Pero ¡oh, terrible desgracia! cuando el sermón iba ya mediado, quiso la suerte, o mejor dicho, quiso la divina providencia que al vizcaíno, que se le sabía tan bien de carretilla, se le fuese el santo al cielo. Trasudaba, se retorcía, se angustiaba y se desesperaba, y todo en balde, porque no podía volver a coger el hilo. Sin duda, iba a tener que bajar del púlpito con el sermón a medio acabar. El descrédito y la caída iban a ser espantosos. Y era lo peor que el sermón quedaba interrumpido en el
momento de mayor interés y más lastimoso: cuando el predicador acababa de ponderar los infortunios que Dios había enviado sobre nuestra nación, o para probarla o para castigar sus muchos pecados, por medio de sequías, epidemias, guerras y malos gobiernos.
El vizcaíno, viéndose en tamaño apuro, perdió por completo la cabeza, y dirigiéndose al obispo, que estaba en la silla episcopal, y hablándole con desenfado, con furia y con la intimidad archifamiliar del antiguo condiscípulo, aunque por fortuna en idioma vascuence, allí completamente ignorado, lanzó votos y reniegos, le denostó y le echó en cara que por culpa suya estaba pasando las penas derramadas, puesto en berlina y amenazado de tener que apelar a una retirada vergonzosa.
¿Quién sabe si fue milagro del Altísimo? Lo cierto es que de repente, cuando descargaba en su lengua nativa aquel diluvio de vituperios sobre el obispo, el vizcaíno, con iluminación súbita y dichosa, volvió a recordar todo lo que del sermón le quedaba por decir. Inspirado además no menos dichosamente, exclamó:
- Hasta aquí Jeremías, en sus Trenos o Lamentaciones.
Y luego prosiguió recitando con fogosa vehemencia y con primor y acierto el resto del sermón hasta llegar a lo último.
Cuantos le oyeron quedaron edificados y maravillados. El obispo demostró que había vizcaínos que predicaban por lo menos tan bien como él. Y no hubo nadie que no calificase al clérigo de excelente predicador y además de tan erudito y versado en las Sagradas Escrituras que se las sabía de coro y las citaba en el texto original hebreo.
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MILAGRO DE LA DIALÉCTICA
Juan Valera
De vuelta a su lugar cierto joven estudiante muy atiborrado de doctrina y con el entendimiento más aguzado que punta de lezna, quiso lucirse mientras almorzaba con su padre y su madre. De un par de huevos pasados por agua que había en un plato escondió uno con ligereza. Luego preguntó a su padre:
- ¿Cuántos huevos hay en el plato?
El padre contestó:
- Uno.
El estudiante puso en el plato el otro que tenía en la mano diciendo:
- ¿Y ahora cuántos hay?
El padre volvió a contestar:
- Dos.
- Pues entonces -replicó el estudiante,- dos que hay ahora y uno que había antes suman tres. Luego son tres los huevos que hay en el plato.
El padre se maravilló mucho del saber de su hijo, se quedó atortolado y no atinó a desenredarse del sofisma. El sentido de la vista le persuadía de que allí no había más que dos huevos; pero la dialéctica especulativa y profunda le inclinaba a afirmar que había tres.
La madre decidió al fin la cuestión prácticamente. Puso un huevo en el plato de su marido para que se le comiera; tomó otro huevo para ella, y dijo a su sabio vástago:
-El tercero cómetele tú.
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el obrero campesino
El Obrero Campesino es un poema de los muchos buenos bonitos y reales que escribió mi amigo Miguel Nuñez Pedragosa, yo lo recito siempre que tengo la oportunidad de hacerlo porque interpreto que nunca será un poema pasado de moda
y por tanto aunque pasen los años y el poema hable del campo, la situacion de los explotados no habrá cambiado mucho. Las rosas seguiran siendo igual de bonitas pero no evitaran el sudor al jardinero un abrazo a todos los que regaron estas tierras con su sudor
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el obrero campesino
Nací en camastron de hierro
y crecí como el olivo:
con los pies llenos de tierra
y la cintura de trigo.
Aun no era un injerto
de cinco años de edad
cuando ya, conmi sudor,
me iba ganando el pan.
Olia a vacas y a puercos
y nunca pude estudiar
Con mi pantalon de hombre,
solo supe trabajar.
Me dormia en los caminos,
me dormia en el pajar,
me vestia con las ropas
que el amo no quiso yá.
Lloraba bajo los chopos
lagrimas de soledad,
mirandome ya las manos
tan duras de trabajar.
Pies deshechos del barbecho
y arañados del rastrojo;
picadas de los insectos
y ciegos del sol los ojos.
Voz ronca como un becerro
de vocear al ganado
por el palmar y en la trilla
y en el monte y en el prado.
Crecí, y entonces cambié
la vara por el arado,
las abarcas por las botas
y el sudor por mas salado.
Sufrí cuando comprendí
la vida que me esperaba;
no solo por trabajar
sino pá quien trabajaba.
Asi pasaron mis años,
trabajando todo el dia,
desde el alba hasta la aurora;
y almorzando lo que habia.
Al anochecer me acuesto
muy cansado en el jergon,
y enseguida me despiertan
los gallos con su cancion.
En el trabajo nos mandan
como a cerdos en piara
Despues viene el señorito
con su coche y con su vara.
¡Y no mires para el coche
que pierdes de trabajar!
Y si te pones travieso
no te pagan el jornal.
Ni el domingo de descanso
¡Y nada de reclamar!
Si alguno paga lo suyo,
se le despide y ya está.
Al amo hablarle de usted,
y "señorito" ademas;
y aunque no sepa la "u",
don francisco ó don tomas.
Me humillaban al derroche,
como si un hombre no fueras;
como si hubieras nacido
al pié de la carretera
como cardos borriqueros
que los arranca cualquiera.
Lagrimas hechan mis ojos,
lagrimas mi corazon,
viendome ya tan cansado
y tan lleno de dolor.
Pero mivida ha pasado,
dicen que al pasado adios;
pero ya tengo a mis hijos
con la azada y con la hoz.
¡Y no quiero, señor mio!
yo no quiero ni pensar
que los hijos de mi carne
como yo van a pasar.
¡Por tu amor pido, dios mio,
mas amor, justicia y pan,
mas libertad a estos hijos
que nacen pá trabajar.
Yo derramé mis sudores,
consumí mi juventud,
pase por muchos dolores
para sostener mi cruz.
No te pido nada a cambio
Yo ya soy un obrero viejo.
Son mis hijos señor mio,
los retoños de mi cuerpo,
la sangre fiel de mi sangre,
¡la carne de los obreros!
¡No consientas que prosigan
machacandola en el suelo!
Dile alos ricos del campo
que muevan el dinero
que lo muevan para que
trabajen los hijos de los obreros.
Nada pido para mi
para mi no pido ná
pido para nuestros hijos
¡MIS HIJOS SEÑOR PIEDAD!
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El fresno por la selva en hermosura
sabemos ya que sobre todos vaya,
y en aspereza y monte de espesura
se aventaja la verde y alta haya;
mas el que la beldad de tu figura,
donde quiera mirando, Filis, haya,
al fresno y a la haya en su aspereza
confesará que vence tu belleza
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Carolina María Catalano, Argentina
Capricho de sombra
No soy lo que previenes ni predices,
apenas el subsuelo de tu sueño,
desafilada daga que sin dueño
pervierte tu costado en cicatrices.
Caleidoscopio oscuro mis matices
en suicidios de bocas te diseño
y cercana te percibo en mi empeño,
riendome de todos. Aprendices.
Soy el puro capricho de tu sombra,
dentellada de polvo que te abraza,
telaraña sin tiempo que te asombra,
torera de los toros de tu plaza.
Soy la vaga silueta que te nombra
la cintura quimérica que arrasa.
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Respuesta al mensaje, enviado el 22/02/2010 a las 18:14 por manolor:
Hola Manuel, permíteme utilizar esta foto que me lleva a un poema de mi gran amigo y poeta MIGUEL NUÑEZ Q. P. D. y me trae a mi cabeza mi ADIOS A MI PUEBLO que asi se titula. Como Miguel no puede yo te lo dedico y a todos esos niños que dejamos el corazon en nuestra tierra
Buenos días "manolor".
Buscando el poema "El obrero campesino" de Miguel Núñez Pedregosa, a quien tuve el gusto de conocer y con quien compartí alguna que otra experiencia teatral de aficionado, me he encontrado con esta página de internet en la que se retratan situaciones para mí muy vivas y nombres (La gitana) que me llevan de nuevo a lugares de la infancia y que, por seguir residiendo el Lora, me gusta frecuentar.
Es poosible, señor "manolor" que hasta nos conozcamos. Yo, José Luis González llegué a Lora con cuatro años, en 1956, un año antes de que se rodara la película "Al otro lado del puente" y viv´ñi en el cortijo El Judío, muy próximo a "La Gitana" por cuyos alrededores guardé las dos o tres vacas de la familia hasta los doce años.
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sms
esta aldea era muy bonita tenia su colegio y todos los domingos antigua mente hasta decian misas con su fuente entre las dos aldeas con bastante agua que salia pero hace tantos años ya que da pena de ver como esta todo mi padre tiene una parcela muy cerca de la caldera y de cuantas tormentas nos hemos resguardado en una casa de un conocido que muchos de sus hijos viven aqui en barcelona un saludo de antonio pardo no dejemos que este foro se cierre pongamos algo entre todos saludos adios
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