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Virgen María, San José y el Niño., SANTA BARBARA DE CASA
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Virgen María, San José y el Niño.

Imágenes de la Iglesia Nuestra Señora de la Piedad

Foto enviada el 07/12/2008 por Antonio Escudero
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 Mensajes sobre esta foto

Quiero con este poema
A mis amigos saludar
Los veo por muchos pueblos
Me hacen feliz de verdad.

Pues si yo no los conozco
No los he vito jamás,
Los aprecio, los echo de menos
Cuando por aquí no están.

Unos me aportan poemas
Con que poder disfruta,
Otros me dan alegría
simpáticos, en verdad,

También otros me recrean
Con sus fotos al dejar,
Para recordar mi tierra
Y cerca de ella estar.

Algunos con su ternura,
Su sencillez al hablar,
Sus palabras, su acogida…
¡Qué a gusto me hacen estar!

A todos yo los aprecio
Todos me dan amistad
Quiero yo dales las gracias
Por cuanto ellos me dan.

Aprovecho este momento
Pues ya va a ser Navidad
Para desearos a todos
Salud, paz y felicidad.

Para todos vosotros, Rubí, Castilleja, Contreras, Emigrao,, Antonio, Pedro, Ñirre… y los demás que me habéis acogido en distintos lugares.
Un saludo.
M. P.

Enviado por Usuario - 3443 el 08/12/2008 a las 17:35
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Bueno amigo Pedro, te agradezco tu comentario pero tengo muy claro que por alto que uno deje el listón, todos somos sustituibles en cualquier puesto, aunque también tengo claro que, podrá ser mejor o peor pero, nunca será lo mismo pues cada cual es como es y no existe la total imitación, al menos eso es lo que yo creo.

Amigo Antonio, de momento, mañana voy a entregar el Alta médica al trabajo, para empezar el martes a trabajar, pero como los martes, ya sabes, ni te cases ni te embarques, pues voy a intentar empalmar unos días que me deben con vacaciones navideñas, así que por la tarde estaremos ahí a la escucha y Chatea que Chatea.

Cuando salí de mi tierra
Aún seguía siendo niño
Aunque no habían fronteras,
Iba a descubrir nuevos mundos
Con mis padres y hermanas,
Al tren fuimos adentrándonos
Repletos de bultos y maletas,
Tharsis estábamos dejándonos
Detrás nuestra muchas leguas,
Tras un día de tren, completo
Llegamos a una gran ciudad,
De Francia era la estación
Su ubicación en Barcelona,
Sacamos nuestros paquetes,
Sacamos nuestras maletas,
De calles de laja o piedras,
También algunas "encemetás"
Pisamos sobre el asfalto
Hecho él del alquitrán,
Tras bajarnos de la acera
Que todas eran igual,
Pero pasaron los años
Sin parar de trabajar
Yo me acuerdo de antaño,
Mi hermosa tierra natal,
Aunque fueron malos años
Recuerdo esa felicidad
Con un trocito de pan
Untado de aceite y azúcar
O con manteca "colorá"
Pantalones remendados
Zapatos de suelas "gastá"
Camisa de mis hermanos
Que llegaba a heredar,
Esos ratos de chimenea
Todos a conversar
Unidos por el calor,
De familia y del hogar,
Ahora la calefacción
De gas o electricidad
Que "limpito" está todo
Cuanta comodidad,
Pero cada uno por su lado
No hay tiempo de charlar,
Que vivan las "necesidades"
Mantienen a la familia "juntá"
Encambio las comodidades
Las tienden a separar,
Ese mi espacio invadido
Como te atreves a entrar
Déjame a mi con mis líos
Ya se resolverán,
El mantenerse unidos
Es muy difícil ya.
Por eso amigos míos
Por eso y por mucho más
Yo volvería a mi tierra
Sin tan siquiera mirar para atrás
Aunque me sintiera arrepentido
Pronto me iba a acostumbrar
A darme mi paseito
Cerca o en mi tierra natal
Mirar por los rinconcitos
Eso que nunca llegué a mirar
Y, aunque sea un cigarrito
Fumarlo en la tranquilidad.

Viva mi pueblo, Tharsis
Las Cruces o San Benito,
El Cerro, Alosno, la Joya,
Y muchos y muchos más
Todo el Ándevalo entero,
Y también to lo demás.

Abrazos pa tos y toas, El Emigrao

Enviado por El Emigrao el 14/12/2008 a las 12:56
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Amigos de Santa Bárbara:

Valgan estos versos mal hilvanados, como felicitación para todos y cada uno de los que escribiendo o leyendo en estos foros, nos acompañáis a diario.
Paz y bien para todo el mundo.

¡FELIZ NAVIDAD! (ZORIONAK eta URTE BERRI ON)

¡Es Navidad, compañeros!
Más de dos mil años hace
que el rey Herodes mandó
a su pueblo empadronarse.

A cumplir este mandato,
aunque mucho no le agrade,
va la Virgen con su esposo,
hacia Belén una tarde.

No hay posada ni refugio,
donde poder hospedarse.
Encuentran sólo un establo,
y allí deciden quedarse.

La Virgen, que está preñada,
siente dolores de madre,
y a las doce de la noche,
a un hermoso niño pare.

No tienen con qué taparlo,
ni tan siquiera pañales.
Lo ponen en un pesebre
que había para animales.

Hace frío, mucho frío,
necesitan calentarle;
una vaca y una mula
consiguen que no se pasme.

Echando por sus hocicos
resuellos calientes de aire,
Con eso y con unas pajas,
no le dejan enfriarse.

24 de Diciembre
es la fecha inolvidable.
Para todos los cristianos
esa es la noche más grande.

Que seáis muy felices,
y que el amor no os falte.
Ese es mi mayor deseo.
Mi familia lo comparte.

Que el año nuevo que llega
mucha salud os depare,
y que los Reyes de Oriente
en vuestras casas descarguen.

En estos días más que nunca no dejen de ser felices. Agur.

Enviado por Pedro el 18/12/2008 a las 19:03
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Quería escribir algo sobre la navidad, pero después de ver los mensajes de Pedro y de Antonio Escudero, pienso no voy a estar a su altura con lo cual me voy a limitar a dejaros un precioso cuento de navidad de uno de mis escritores favoritos, OSCAR WILDE.
Sirva este cuento como felicitación de navidad a todos mis amigos del foro.
Es un poco largo el cuento, pero merece la pena leerlo.

El Gigante Egoísta

Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto.

Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos.

- ¡Qué felices somos aquí!- se gritaban unos a otros.

Un día el gigante regresó. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneció con él durante siete años. Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar vio a los niños jugando en el jardín.

- ¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. Y los niños salieron corriendo.

-Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entendáis, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en él.

Entonces construyó un alto muro alrededor y puso este cartel:
Prohibida la entrada.
Los transgresores serán
procesados judicialmente.

Era un gigante muy egoísta.

Los pobres niños no tenían ahora donde jugar.

Trataron de hacerlo en la carretera, pero la carretera estaba llena de polvo y agudas piedras, y no les gustó.

Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro lado.

- ¡Que felices éramos allí!- se decían unos a otros.

Entonces llegó la primavera y todo el país se llenó de capullos y pajaritos. Solo en el jardín del gigante egoísta continuaba el invierno.

Los pájaros no se preocupaban de cantar en él desde que no había niños, y los árboles se olvidaban de florecer. Solo una bonita flor levantó su cabeza entre el césped, pero cuando vio el cartel se entristeció tanto, pensando en los niños, que se dejó caer otra vez en tierra y se echó a dormir.

Los únicos complacidos eran la Nieve y el Hielo.

-La primavera se ha olvidado de este jardín- gritaban. -Podremos vivir aquí durante todo el año

La Nieve cubrió todo el césped con su manto blanco y el Hielo pintó de plata todos los árboles. Entonces invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, y el Viento aceptó.

Llegó envuelto en pieles y aullaba todo el día por el jardín, derribando los capuchones de la chimeneas.

-Este es un sitio delicioso- decía. -Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos.

Y llegó el Granizo. Cada día durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del castillo, hasta que rompió la mayoría de las pizarras, y entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín corriendo lo más veloz que pudo. Vestía de gris y su aliento era como el hielo.

-No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar- decía el gigante egoísta, al asomarse a la ventana y ver su jardín blanco y frío. - ¡Espero que este tiempo cambiará!

Pero la primavera no llegó, y el verano tampoco. El otoño dio dorados frutos a todos los jardines, pero al jardín del gigante no le dio ninguno.

-Es demasiado egoísta- se dijo.

Así pues, siempre era invierno en casa del gigante, y el Viento del Norte, el Hielo, el Granizo y la Nieve danzaban entre los árboles.

Una mañana el gigante yacía despierto en su cama, cuando oyó una música deliciosa. Sonaba tan dulcemente en sus oídos que creyó sería el rey de los músicos que pasaba por allí. En realidad solo era un jilguerillo que cantaba ante su ventana, pero hacía tanto tiempo que no oía cantar un pájaro en su jardín, que le pareció la música más bella del mundo. Entonces el Granizo dejó de bailar sobre su cabeza, el Viento del Norte dejó de rugir, y un delicado perfume llegó hasta él, a través de la ventana abierta.

-Creo que, por fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; y saltando de la cama miró el exterior. ¿Qué es lo que vio?

Vio un espectáculo maravilloso. Por una brecha abierta en el muro los niños habían penetrado en el jardín, habían subido a los árboles y estaban sentados en sus ramas. En todos los árboles que estaban al alcance de su vista, había un niño. Y los árboles se sentían tan dichosos de volver a tener consigo a los niños, que se habían cubierto de capullos y agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los pequeños.

Los pájaros revoloteaban y parloteaban con deleite, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped. Era una escena encantadora. Sólo en un rincón continuaba siendo invierno. Era el rincón más apartado del jardín, y allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, no podía alcanzar las ramas del árbol, y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. El pobre árbol seguía aún cubierto de hielo y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía en torno a él.

- ¡Sube, pequeño!- decía el árbol, y le tendía sus ramas tan bajo como podía; pero el niño era demasiado pequeño. El corazón del gigante se enterneció al contemplar ese espectáculo.

- ¡Qué egoísta he sido- se dijo. -Ahora comprendo por qué la primavera no ha venido hasta aquí. Voy a colocar al pobre pequeño sobre la copa del árbol, derribaré el muro y mi jardín será el parque de recreo de los niños para siempre.

Estaba verdaderamente apenado por lo que había hecho.

Se precipitó escaleras abajo, abrió la puerta principal con toda suavidad y salió al jardín.

Pero los niños quedaron tan asustados cuando lo vieron, que huyeron corriendo, y en el jardín volvió a ser invierno.

Sólo el niño pequeño no corrió, pues sus ojos estaban tan llenos de lágrimas, que no vio acercarse al gigante. Y el gigante se deslizó por su espalda, lo cogió cariñosamente en su mano y lo colocó sobre el árbol. El árbol floreció inmediatamente, los pájaros fueron a cantar en él, y el niño extendió sus bracitos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó.

Cuando los otros niños vieron que el gigante ya no era malo, volvieron corriendo y la primavera volvió con ellos.

-Desde ahora, este es vuestro jardín, queridos niños- dijo el gigante, y cogiendo una gran hacha derribó el muro. Y cuando al mediodía pasó la gente, yendo al mercado, encontraron al gigante jugando con los niños en el más hermoso de los jardines que jamás habían visto.

Durante todo el día estuvieron jugando y al atardecer fueron a despedirse del gigante.

-Pero, ¿dónde está vuestro pequeño compañero, el niño que subí al árbol?- preguntó.

El gigante era a este al que más quería, porque lo había besado.

-No sabemos contestaron los niños- se ha marchado.

-Debéis decirle que venga mañana sin falta- dijo el gigante.

Pero los niños dijeron que no sabían donde vivía y nunca antes lo habían visto. El gigante se quedó muy triste.

Todas las tardes, cuando terminaba la escuela, los niños iban y jugaban con el gigante. Pero al niño pequeño, que tanto quería el gigante, no se le volvió a ver. El gigante era muy bondadoso con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y a menudo hablaba de él.

- ¡Cuánto me gustaría verlo!- solía decir.

Los años transcurrieron y el gigante envejeció mucho y cada vez estaba más débil. Ya no podía tomar parte en los juegos; sentado en un gran sillón veía jugar a los niños y admiraba su jardín.

-Tengo muchas flores hermosas- decía, pero los niños son las flores más bellas.

Una mañana invernal miró por la ventana, mientras se estaba vistiendo. Ya no detestaba el invierno, pues sabía que no es sino la primavera adormecida y el reposo de las flores.

De pronto se frotó los ojos atónito y miró y remiró. Verdaderamente era una visión maravillosa. En el más alejado rincón del jardín había un árbol completamente cubierto de hermosos capullos blancos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban de ellas y debajo, de pie, estaba el pequeño al que tanto quiso.

El gigante corrió escaleras abajo con gran alegría y salió al jardín. Corrió precipitadamente por el césped y llegó cerca del niño. Cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó:

- ¿Quién se atrevió a herirte?- Pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, y las mismas señales se veían en los piececitos.

- ¿Quién se ha atrevido a herirte?- gritó el gigante. -Dímelo para que pueda coger mi espada y matarle.

-No- replicó el niño, pues estas son las heridas del amor.

- ¿Quién eres?- dijo el gigante; y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeño.

Y el niño sonrió al gigante y le dijo:

-Una vez me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.

Y cuando llegaron los niños aquella tarde, encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de capullos blancos.

Enviado por Contreras el 18/12/2008 a las 21:46
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Los Mandamientos

Alma, atiende y escucha
estos cantares,
porque corrección tengas
de tus maldades.
Observar diez preceptos
Dios ha mandado;
aquel que los guardare,
será premiado.

I

Sobre todas las cosas
has de quererlo,
ni por el mundo entero
has de ofenderlo.

II

Su santo nombre en vano
jurar prohíbe.
Con verdad y justicia,
sí, lo permite.

III

Santifica las fiestas
oyendo misa,
sin trabajar en cosa
por muy precisa.

IV

Honrar a padre y madre
también previene,
y ensalza a quien a todo
respeto tiene.

V

Si a alguno mal deseas,
o bien la muerte,
contra Dios has pecado
y gravemente.

IV

Que seas puro y casto,
te manda el sexto
en palabras, en obras
y en pensamientos.

VII

No quites nada a nadie,
porque lo hurtado
nunca luce, y lo mismo
lo mal ganado.

VIII

Al prójimo no trates
con falsedades,
mentiras, testimonios,
más con verdades.

IX

El que en mujer ajena
pone el deseo,
al Cielo y a su prójimo
ofende a un tiempo.

X

Ten siempre los sentidos
muy vigilantes,
para que el enemigo
no los contraste.
Caridad, fe, esperanza,
son los motivos
que hacen a Dios y al hombre
finos amigos.

Enviado por luis el 05/10/2009 a las 21:24
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