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Dulce y apacible fue el sueño.
Soñé, fugazmente, que los hoy ya difuntos aún les veia hacer sus que aceres en una fria tarde de Invierno. A Don Antonio, el maestro, salir de aquella vieja casa tras poner las inyecciones tras un dia de colegio. Carlos, el panadero y aquél inconfundible olor a pan recién echo y llevado calle la Iglesia arriba, en aquel viejo coche. Vi a mi abuela cruzar calle las aceras vestida de riguroso negro. Vi a los que hoy ya son difuntos y a los que no lo somos, en una plácida y dulce tarde de Domingo. Dias de ceremonias, comuniones, bautizos y los ¡si quiero! de toda la vida vestidos de blanco, me vi cruzando calle la Iglesia con aquel viejo maletin sobre la espalda. Siempre habrá un momento a quién llorar, por qué reír y un por que recordar. Les vi mejor que nunca, les vi en sus dias más felices, en una instantánea quedaron esas miradas o gestos para ¡ya! toda la vida sobre el frió mármol. les vi en una fria y lluviosa tarde de Invierno.
La realidad me hizo caer en una profunda tristeza tras mi despertar, me vi distanciado, lejos de lo más entrañable y querido, me vi desplazado, por unos instantes queria verme en otro sueño del que podía despertar y verme una vez más... cruzando la vieja calle la Iglesia, de la mano de mi abuela y madre.
Hoy quise recordar, sentado en uno de aquellos viejos bancos de la plaza Barcelona (Elche), ausencias para recordar con los que aún siguen sentados en aquellos viejos bancos, en una fria tarde de Invierno. Miradas perdidas, recuerdos intactos, miradas inexpresivas, ausencia de recuerdos.
La vi hablar con la pared, hablaba con su profundo dolor, sentada junto al frió mármol. Ni el frio y ni las primeras gotas de lluvia la hacian parpadear, ausente de la realidad recreaba el dolor y emociones ya vividas en tiempos ya pasados. Como fantasmas vestidas de negro pasean su dolor entre tumbas y lapidas, y esperan impacientemente el siguiente dia para poder proseguir su ceremonia como si de un altar se tratase. En su nuevo mundo creado solo hay unas pocas almas, una triste y dura realidad de la cual no querer despertar.
Dulce y apacible fue el sueño del que ya nunca quiso despertar.
Rosa nos vemos.
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