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Siempre me impresiono el pequeño féretro de cristal.
Este no es el antiguo, el antiguo era aún más impresionante. A su paso por las viejas calles, un silencio sepulcral se hacia sentir en cada rincón en cada esquina. Tras el silencio el suave a apagado olor a cera quemada. Años de lluvias, finas gotas de agua que hacen brillar la cera sobre los viejos adoquines. Ensimismados, penitentes y no penitentes en el litúrgico momento y, bajo la desgarradora saeta rompiendo el silencio de la noche.
No soy creyente, pero me encanta la parafernalia que rodea a dias de Semana Santa.
Huesa hace lo que puede, y la verdad que lo hace bien, la puesta en escena no tiene nada que envidiar a otros pueblos, pueblos con más medios y disposición a hacer de figurantes en esos dias.
Martinico.
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