| Situación: |
Pequeño municipio perteneciente a la comarca de Sierra Mágina y ubicado en la falda del Cerro de la Vieja. Su término se extiende por el valle del río Torres que delimitan las cumbre de Sierra Mágina, Almadén, Cárceles, Morrón y Aznaitín. La abundancia de agua y su altitud hacen que se disfrute de temperaturas muy agradables en verano, aunque con inviernos fríos. El Parque Natural de Sierra Mágina integra una parte importante del término municipal de Torres, con amplias zonas de vegetación arbórea en la que predominan los pinos y encinas autóctonos, por lo que es de destacar la superficie de terreno forestal existente en el municipio.
Décima o Espinela a Torres
"Entre dos montes se encierra,
y bajo un cielo infinito,
queda mi Torres bonito
en la falda de una sierra.
Con sus olivos y tierra,
descansa en lecho de amor,
perfume y aromas de flor,
y encinas de plata vieja.
¡Como tú no vi pareja
en mi Jaén encantador!
F. Cejudo Gasco
Como en el resto de municipios de la provincia, el cultivo del olivar también ocupa un lugar importante, encontrándonos una tercera parte, aproximadamente, de puesta en regadío. Podemos destacar otro cultivo característico del municipio como es el de la cereza. Amplias plantaciones de cerezos dan una magníficas producciones, que hacen que Torres se sitúe como uno de los productores más importantes de estos frutales.
Los nubarrones de pena
que cubren el infinito del cielo,
borran los bellos claros de la luna
que sobre Torres se derraman.
Un remusguillo frío y penetrante
se adelanta a una débil lluvia
que empieza a caer sobre ti.
Los arces que pueblan el monte
se desvisten de sus hojas
y el bosque se apacigua y amansa
para tragar con pasión el agua
que en el verano te usurpó el cielo.
Las sombras se extienden sobre la Vieja
apagando las luces que hay sobre Torres.
Una nube que se pasea por los Portillos
anuncia tempestad no muy remota
y furtivos relámpagos que aumentan
a medida que la oscuridad avanza,
indican la proximidad de la tormenta.
El camino de la Mata es bello y tortuoso,
mal trazado y torcido.
Comienzo a subir por una pendiente
una vez dejada atrás la Fuénmayor.
Montado sobre mi caballo,
me inclino de vez en cuando
sobre los cantones para coger
alguna ramilla de tomillo,
y así percibir su aroma.
Arreo al corcel para al menos,
pasar antes del amanecer
el Puerto de la Mata.
Camino algún tiempo con paso seguro
oyendo la música de los vientos
de los pinares de los Gamellones.
Rayando la clara alba
escucho arrobado el canto
de las perdices
y el gorgoteo de los ruiseñores
en las profundidades
del barranco de Aguas Blancas.
En llegando al puerto,
gruesas gotas se desprenden
de las cenicientas nubes
que oscurecen el cielo.
Relámpagos frecuentes
iluminan las copas de los árboles;
y los truenos retumban
en los vacíos de las cañadas.
Avivo el paso de la montura
para guarnecerme en los Prados.
Una curruca parda y blanca
que luce sus trinos flauteados
posa sobre la copa de un majoleto
plagado de copiosos y rojos
frutos que lo visten de fuego.
Ni siquiera el agua interrumpe
la calma grandiosa del paraje,
cuyo olor a tomillo y paja húmeda
dilata con sensación dulce el rostro.
Junto al cortijo hay una era
y sendas chozas no habitadas.
Pacen sueltos, acá y allá
algunos mulos trabados de manos.
Deshago el camino a la contra,
y me descuelgo hacia la Fuénmayor
por las rastras del Almacén,
y desde este magno lugar…
…Hijo, allá, en lo hondo,
bajo el bello manto de azul severo,
¿ves Torres al fondo?
Ese es, hijo, en mi querer verdadero.
Lo ves balconado,
con su encrestado castillo altanero,
de cumbres rodeado
y de viejos olivos prisionero.
Hijo, ese es mi Torres.
Y si al tiempo fuera de él yo muero,
su tierra recorres
y le dices por mí, que yo lo quiero.
F. Cejudo Gasco
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| Fiestas: |
FIESTA DE LOS JORNALEROS:
El domingo más cercano al 20 de mayo, los Hermanos del Señor (cuatro vecinos de la localidad que durante el año recaudan fondos para sufragar el festejo) organizan la Fiesta de los Jornaleros que destaca por la procesión de la imagen del Cristo Crucificado ornado con espigas y panes morenos que rememora las colectas que en otros tiempos se hacían para ayudar a los labradores.
Canta, Jornalero canta.
(Al Santísimo Cristo de los Jornaleros)
Canta, jornalero canta,
que no se apague tu grito
y se oiga en el infinito
la queja de tu garganta.
Por tu fervor más profundo,
canta al Cristo, jornalero,
su perdón tendrás entero
por los pecados del mundo.
Tu gemir nunca sea duelo,
reza, jornalero, reza,
que a quien ora con pureza
Cristo le dará consuelo.
Que tu rogar sea sincero,
y no quede en el intento.
¿no ves a Cristo contento
por tu rezar verdadero?
Levanta siempre, levanta,
vaya tu voz con el viento
y mientras te quede aliento,
canta, jornalero, canta.
F. Cejudo Gasco
FIESTAS PATRONALES DE NUESTRO PADRE JESÚS DE LA COLUMNA:
Si hacemos caso a la tradición, el culto a Jesús de la Columna, patrón de Torres, nace cuando dos forasteros llegaron al municipio y se alojaron en una vieja casa deshabitada. Los vecinos, transcurridos varios días sin ver a los visitantes, entraron en la vivienda y encontraron la talla de un Cristo flagelándose al que trasladaron a la iglesia parroquial para su culto. En su honor, se celebran fiestas patronales en torno al día 21 de septiembre que destacan por las animadas verbenas nocturnas.
SAN MARCOS (25/4 al 25/4):
El día 25 de abril, se celebra la festividad del santo con una comida campera en la que no faltan los típicos hornazos.
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| Historia: |
En el término de Torres se encuentra uno de los testimonios más antiguos de la presencia del hombre en la provincia, las pinturas rupestres de la Cueva del Morrón, de época Paleolítica.
El núcleo urbano de Torres debió tener su origen entre los siglos VIII y IX, en una de las numerosas alquerías o aldeas, que según las fuentes árabes poblaban la zona de Sumuntan (Sierra Mágina). Por su localización, en zona de frontera entre musulmanes y castellanos, tuvo una edad media muy azarosa, varias veces conquistada por unos y recuperada por los otros.
Torres fue conquistada por Fernando III el Santo e integrada en las tierras del Concejo de Baeza.
Romance en serventesios a la conquista de Torres.
(Fernando III “El Santo” en algún lugar entre Baeza y Úbeda)
Aquella sierra altanera, presto se ha de conquistar;
llevad allá la frontera y de esta tierra alejar.
Sea Calatrava valiente, la que tenga tal honor;
y liberte a aquella gente del moro fustigador.
Tomad la tenaz Recena, y tierras del rededor;
el poblado de Ximena y su fuerte protector.
Vaya a Torres mi hueste, y sujete tal belleza;
domine su tierra agreste y el castillo fortaleza.
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Avisos fueron llevados, a los moros altaneros;
presto fueron levantados sus alhamares honderos.
Cuando tocaron a rebato, por bando del mensajero;
salen todos al conato a la voz del pregonero.
El rey Fernando llegaba, con sus huestes de Castilla;
y en sus banderas llevaba a la Virgen Serranilla.
Mandose para adelante, a Pero Ruiz de Baeza;
¡Hombre bueno, buen infante! ¡Por Santiago! ¡Que grandeza!
Banu Farax se llamaba, el caíd de Torres señor;
que a la puerta esperaba al calatravo conquistador.
Mi rey Fernando pide, de vuestra parte rendición;
y si tu harca no lo impide esa será tu perdición.
Conquistada fue Recena, y la villa de Bedmar;
y esta belleza de arena la tenemos que ganar.
El rey Fernando estaba, en la era junto al cronista;
y a sus lanzas apostaba para iniciar la conquista.
Ya brillan los sables, las lanzas y los arqueros;
en pie los condestables y todos los guerreros.
Tropas moras vienen ¡pardiez! de Cambil y de Alhabar;
y en el puerto de Albanchez se disponen a acampar.
Padre, Alá ha querido, que volvamos a Granada;
esta villa has perdido y para Castilla ganada.
Con sus vidas han de ganar, los de Cristo esta belleza;
y a mis gentes dominar y combatir con destreza.
Allende en Cuesta la Viña, una bombarda foguea;
donde el hondero se apiña y más defensa plantea.
Al iniciar la batalla, precaviendo la derrota;
Banu Farax avasalla viendo su fuerza rota.
Al frente de su bandera, don Pero Ruiz con fiereza;
el que primero fuera en pisar la fortaleza.
En la primera embestida, los honderos impotentes;
vieron su defensa caída y la desazón de sus gentes.
Al terminar la jornada, se rindió toda la villa;
Torres quedó incorporadaa la gloria de Castilla.
F. Cejudo Gasco
El 26 de Agosto de 1285, Sancho IV de Castilla dona a la Orden de Calatrava el castillo de Torres y el de "Collán" (¿Canena?) constituyendo la Encomienda de Torres, que comprendía además los castillos de Jimena, Recena y la mitad de Canena.
En el S. XIV, en tiempos de Juan II, fue adelantado de la frontera don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, quien entre otras cosas, nos dejó esta "Serranilla" cuando estuvo de frontero en Jaén.
"Entre Torres y Canena,
a cerca del sayozar
fallé moza de Bedmar,
San Julián en buena estrena.
Pellote negro vestía,
y lienzos blancos tocaba,
afuer de Andalucía,
y de alcorques se calzaba.
Si mi voluntad ajena
no fuera en mejor lugar,
no me pudiera escapar,
de ser preso de su cadena.
Preguntole do venía,
después que la ove salvado,
o cuál camino facía.
Díjome que de un ganado
que guardaba en Recena,
e pasaba al olivar´
por cojer e evarar
las olivas de Ximena.
Díxele, non vades señora,
señora cuesta mañana,
han corrido la ribera
acuende del guadiana,
moros de Valde Purchena,
de la guardia da Abdilbar,
que de veros mal pasar
me sería grave pena.
Respondiome, non curedes
señor de mi compañía,
pero gracias y mercedes
a vuestra gran cortesía,
ca Miguel de Xamilena
con los de Pegalaxar,
son tornados a ataxar,
vos, tornar en hora buena.
La encomienda de Torres estuvo unida al linage de los Carvajal, aunque el primer comendador que se conoce fue un tal frey Rodrigo en 1422. Posteriormente si sabemos de la existencia de un comendador de Jimena, Martín de Valenzuela, que debió de serlo de Torres, ya que ésta, la Encomienda de Jimena, formaba parte de la Encomienda de Torres. A Martín de Valenzuela lo vemos junto al Condestable Miguel Lucas de Iranzo en el momento en que el obispo de Jaén pretendía quitarle a éste el gobierno de la ciudad. Por acuerdo entre ellos, la encomienda queda unificada en 1463 con Juan de Vera.
Durante el siglo XV Torres fue campo de batalla entre los Maestres de esta Orden y los partidarios de Enrique IV, encabezados por el Condestable don Miguel Lucas de Iranzo. Según las Crónicas en una de las correrías del Maestre de Calatrava, don Pedro Girón, se sirvió de la villa de Torres para refugiarse con ochocientos rocines, en sus correrías contra el rey y su condestable. Refugio que fue utilizado seis años después por don Juan de Mendoza "Comendador de la Peña de Martos y de Torres e Ximena", en sus algaradas contra los moros de Granada.
La vida para los habitante de la localidad bajo el mandato de los comendadores no fue fácil, sobre todo bajo el mandato del comendador don Juan de Mendoza, que hasta tal punto extremo su tiranía sobre los habitantes y les infirió tales agravios y opresión, que en 1486 el Concejo expresó su descontento al Maestre de la Orden, consiguiendo que se firmase por ambas partes la llamada "Capitulación de Arjonilla". En virtud de estas capitulaciones se delimitaron los derechos y obligaciones recíprocos y se confirmaron los privilegios hechos a la villa por la Orden de Calatrava. Esta capitulación fue un triunfo de los Concejos españoles sobre el poder de las Ordenes.
En 1538 Carlos V vendió Torres a su secretario Don Francisco de los Cobos, gran mecenas del renacimiento en Ubeda y su comarca. Desde estas fechas la localidad formó parte del extenso señorío de Don Francisco de los Cobos, y después de sus descendientes, los Marqueses de Camarasa, hasta la extinción de los privilegios señoriales en 1812.
En el término de Torres se encuentra uno de los testimonios más antiguos de la presencia del hombre en la provincia, las pinturas rupestres de la Cueva del Morrón, de época Paleolítica. El núcleo urbano de Torres debió tener su origen entre los siglos VIII y IX, en una de las numerosas alquerías o aldeas, que según las fuentes árabes poblaban la zona de Sumuntan (Sierra Mágina). Por su localización, en zona de frontera entre musulmanes y castellanos, tuvo una edad media muy azarosa, varias veces conquistada por unos y recuperada por los otros. Torres fue conquistada por Fernando III el Santo e integrada en las tierras del Concejo de Baeza. En 1434 el rey Juan II la entregó a la Orden de Calatrava, que constituyó la Encomienda de Torres, Canena, Jimena y el Heredamiento de Recena. Durante el siglo XV Torres fue campo de batalla entre los Maestres de esta Orden y los partidarios de Enrique IV, encabezados por el Condestable don Miguel Lucas de Iranzo. La vida para los habitante de la localidad bajo el mandato de los comendadores no fue fácil, sobre todo bajo el mandato del comendador don Juan de Mendoza, que hasta tal punto extremo su tiranía sobre los habitantes y les infirió tales agravios y opresión, que en 1486 el Concejo expresó su descontento al Maestre de la Orden, consiguiendo que se firmase por ambas partes la llamada Capitulación de Arjonilla. En virtud de estas capitulaciones se delimitaron los derechos y obligaciones recíprocos y se confirmaron los privilegios hechos a la villa por la Orden de Calatrava. Esta capitulación fue un triunfo de los Concejos españoles sobre el poder de las Ordenes. En 1538 Carlos V vendió Torres a su secretario Don Francisco de los Cobos, gran mecenas del renacimiento en Ubeda y su comarca. Desde estas fechas la localidad formó parte del extenso señorío de Don Francisco de los Cobos, y después de sus descendientes, los Marqueses de Camarasa, hasta la extinción de los privilegios señoriales en 1812.
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