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Antonio
Fecha: 17/02/2012
Hora: 13:54
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Los Bandín

Antonio Bandín.- Me dirijo a este foro, ya que una rama de las raíces de los BANDÍN,

Antonio
Fecha: 17/02/2012
Hora: 14:02
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Los Bandín

Antonio Bandín.- Me dirijo a este foro, para ver si alguna persona, me pudiera dar razón o luz, sobre una de las una rama de las raíces de los BANDÍN, que se encontraba asentada, en los terrenos de lo que hoy se conoce como barrio BANDÍN.
Gracias anticipadas. Una rama de dicha raíz de los Bandín, asentada en Valencia, desde 1819

Conde Waldstein
Fecha: 26/02/2012
Hora: 0:15
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El rápido correr hacia el vacío

“Arqueros del alba”
Para María Dolores Menéndez López

Soneto I

El viento helado que rozó el cabello,
Llenándolo de escarcha y de blancura,
No osó matar su hechizo, su ternura,
Sus luces, sus bellezas, su destello:

Manchado de granizo fue más bello,
Más puro que la nieve cuando, pura,
Desciende de los cielos, de la altura,
Tan diáfano que el sol luce en su cuello.

Hiriéronla los años, la carrera,
El rápido correr hacia el vacío,
Más no perdió la luz de su alegría.

Sus risas, floración de primavera,
Fluyeron como, rápida en el río,
El agua en su correr, helada y fría.

2005 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las campanas de la muerte”
Primera parte: "Los arqueros del alba"
Todos los derechos reservados por el autor.

José Ramón Muñiz Álvarez
(Breve reseña)

José Ramón Muñiz Álvarez nació en la villa de Gijón y sigue residiendo en Candás (concejo de Carreño). Su infancia transcurre de manera idílica en dicho puerto, donde pasa su juventud hasta el término de sus estudios. Licenciado en Filología Hispanica y especialista en asturiano, vive a caballo entre Asturias y Castilla León, comunidad en la que es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Su afán por las letras y las artes lo ha llevado al cultivo de la poesía. Es autor de varios libros, de los cuales ya ha dado a conocer "Las campanas de la muerte", aunque en una tirada modesta.

Conde Waldstein
Fecha: 26/02/2012
Hora: 0:17
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Hirió el color luciente de la rosa

“Arqueros del alba”
Para María Dolores Menéndez López

http://jrma1987. blogspot. com

Soneto II

Un ángel vi de niño en la mirada
De aquella anciana dulce y cariñosa,
Más bella que la aurora perezosa
Cuando apagó su voz de madrugada.

En su cabello blanco la nevada
Hirió el color luciente de la rosa,
Y el pardo de sus ojos hizo hermosa
De su mirar la luz, alma hechizada.

De niño vi en su rostro la dulzura
De aquella vieja a la que, agradecido,
Besaba con amor en la mejilla.

Su voz hablaba llena de ternura,
Amable siempre, en tono suspendido,
Mostrando, con amor, su alma sencilla.

2005 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las campanas de la muerte”
Primera parte: "Los arqueros del alba"
Todos los derechos reservados por el autor.

José Ramón Muñiz Álvarez
(Breve reseña)

José Ramón Muñiz Álvarez nació en la villa de Gijón y sigue residiendo en Candás (concejo de Carreño). Su infancia transcurre de manera idílica en dicho puerto, donde pasa su juventud hasta el término de sus estudios. Licenciado en Filología Hispanica y especialista en asturiano, vive a caballo entre Asturias y Castilla León, comunidad en la que es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Su afán por las letras y las artes lo ha llevado al cultivo de la poesía. Es autor de varios libros, de los cuales ya ha dado a conocer "Las campanas de la muerte", aunque en una tirada modesta.

Conde Waldstein
Fecha: 26/02/2012
Hora: 3:08
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Paseo por Carreño

José Ramón Muñiz Álvarez
LAS HIEDRAS EN LOS MUROS DE UNA TORRE
ESTAMPAS DE UNA TORRE EN
DECADENCIA

http://jrma1987. blogspot

Los frutos de los árboles, maduros, quedaron por los suelos, esparcidos, y, helada, la caricia del otoño, llenó la brisa fresca con sus lluvias, en tanto que el camino de la fuente, vencido por las aguas abundantes, quedó en un barrizal impracticable para las gentes que iban a por agua. La brisa dulce y suave del verano, tan fresca y halagüeña, con la aurora, cedió al aire violento que, indignado, mostraba su rencor por cada calle, quebrando los tendales de las casas, rompiendo los paraguas de la gente, si acaso, con la lluvia, los vecinos tenían que salir con tiempo malo. Algunas, fueron tardes de delirio, sintiendo las familias, en sus cuartos, en la cocina acaso, aquellos truenos, la fuerza del granizo, la dureza del golpe de las olas en las rocas, no lejos de las playas aterradas por esa furia llena de coraje que elevan, cuando quieren, las espumas.

No es tiempo de que salgan los pesqueros, si vienen ya los meses de galerna, y el golpe de las olas arremete, ni es tiempo de salir por las callejas y hablar con los vecinos que regresan por las estrechas cuestas de la villa, sabiendo que en los próximos villorrios muy pronto iniciarán otra cosecha. Atrás queda el verano con su calma, con su mesura dulce, con sus besos, sus horas de calor y sus fatigas, a veces aliviadas con un baño, con un suspiro leve de la brisa, rozando las camisas y las blusas de gentes que se vienen de las fábricas o suben a la ermita, allá en el monte.

En cambio, sí es momento de reposo, de espera, mientras llueve y los cristales nos cantan la balada juguetona del agua en la ventana, del azote del viento encabritado contra nadie, gruñón, como lo es siempre, al repetirnos las viejas regañinas que acostumbra, de la que danza libre en el espacio. Pero es posible siempre una escapada de las mansiones tristes del mal tiempo, cuando el otoño quiere (si es que quiere) dejar, como un respiro, tardes buenas; y el sábado habrá sol, ese sol bajo tan típico, vencido ya setiembre, que muestra en cada brillo la tristeza que llama, melancólico, al estío.

Y, en esas tardes llenas de belleza, qué bello es sorprenderse por los prados, mirando el color pardo de las hojas, a punto de soltarse de las ramas, los densos amarillos en las copas de los castaños, siempre generosos, que esconden su tesoro todavía, para cuando noviembre se avecine. Y cierto es que, en otoño, son más bellas las densas arboledas del paisaje, que pronto perderán sus hojarascas, mas quieren invitarnos con sus frutos, promesa codiciada por los viejos, y acaso por los niños, cuando, un viernes, llegada ya la tarde, no hay colegio, y entonces van por higos y castañas. También hay otros ocios que practican los chicos en los fines de semana, como perderse, alegres en las rocas que están bajo el cantil y buscar bígaros de formas caprichosas en las piedras de calas tan recónditas que solo podréis allí llegar por los caminos y sendas que os ofrezcan mayor riesgo.

No importa que el otoño haya arrancado los cantos de las aves, de mañana, rompiendo, con sus voces, la penumbra que juega con las últimas estrellas, porque hay belleza aquí, donde las nubes recorren las alturas de los cielos, amenazantes siempre, caprichosas, dispuestas a arrojar otra tormenta. Y el pueblo sigue siendo tan hermoso como en la primavera, cuando encienden los campos su hermosura y los pesqueros se admiran con frecuencia en lo lejano, manchando el mar azul con sus colores, tan raros como vivos, tan lucientes como el color del alba cuando llega con un destello dulce en la mirada. Ha vuelto ya el momento de dejarse por fin al ejercicio de las piernas, de recorrer los campos y los montes, de divisar el sol en lo lejano desde que el alba arranca, y ser dichoso corriendo los caminos del concejo, las sendas, los caminos, los cantiles, llevando, en previsión, el chubasquero.

Tal vez en otro tiempo era más dado que hoy día a esas temibles caminatas, que no es capricho mío ser prudente, sabiendo que los años van corriendo, que pesan en las piernas y en el pecho, por lo que es bueno hacerse el humildito, sin demostrar valor en demasía, buscando, de momento, rutas cortas. De modo que, sacando del recuerdo de las que ya hice antaño, se me ocurre volver a repetir ese trayecto, que muestra el mar en toda su hermosura, llegados por la vera del paseo, que arranca, desde el pueblo hacia Coyanca, para perderse luego entre los prados y ver crecer los raros eucaliptos.

No son pocas las cuestas del paisaje, por lo que toda calma es conveniente, merced a las durezas de las muchas pendientes inclinadas que se encuentran, mientras, al caminar, se lleva un ritmo que no hay que abandonar, pues toda marcha nos pide un ejercicio mesurado, mas nunca interminable al peregrino. Me fueron conocidos, ya en la infancia, lugares tan recónditos que, a veces, parece uno perderse por los cuentos, leyendas y patrañas que las viejas contaban, junto al fuego, en otros siglos, hablando de las brujas de los pueblos, de sus hechizos raros y su magia, capaz de hacer que vuelen por los aires. Entonces iba yo con los amigos a recoger castañas, cada viernes, por más que son tempranos los ocasos, si va mediado el tiempo del otoño, y es justo recogerse pronto entonces, que así lo quieren esas buenas madres al darles a sus hijos las meriendas envueltas en papeles de cocina.

En cambio, la batalla es ya distinta, siguiendo, a mi capricho, esos instintos que llevan a los cuentos y leyendas que cuentan las ancianas pueblerinas con ojos más escépticos y sabios, quién sabe si, tal vez, menos románticos, cuando, parando a alguno, en pleno campo, me gusta conversar unos instantes. Un sábado cualquiera es buen momento para partir en busca de aventuras, oyendo el curso casi alborotado de fuentes y arroyuelos del camino. A veces son regueros, solamente, mas la costumbre quiere hacerlos ríos según cuentan las gentes de los pueblos que aguardan nuevas lluvias este otoño.

Cabalgará de nuevo el conde Olinos, y lo verá la mora que, en la fuente, callada, espera al bueno de don Bueso, que ignora que es la hermana que robaron los moros para Pascua, en primavera, si espera a su marido Catalina sentada en el laurel que ella tenía, no lejos de la casa, tras la guerra…

Es tierra bella y sabe a romancero la vasta pradería carreñense, que cuenta con bastiones orgullosos allí donde la piedra se hace muro: si en ella no hay castillos, a lo menos, se pueden divisar torres rendidas al peso de la edad desde el Medievo, guarida de mochuelos y de zorros. Y el Torruxón de Yavio es como un símbolo de lo que hay de perenne o bien de efímero, dormido entre las hiedras que lo cubren, de la que caminando, se divisa, como un árbol de formas regulares, acaso coronado por almenas, en actitud guerrera, tras milenios, vestigio de otras épocas pasadas.

La paz de estos lugares no recuerda los tiempos que admiraron con asombro las luchas de las gentes más osadas, cruzando las espadas con bravura, ni el grito de la guerra, siempre fiero, que consagrado a rudos espatarios, bañó esta zona idílica de sangre, de fuerza, de coraje y de grandeza. Y quién recuerda, en fin, aquellos nombres de gentes linajudas que forjaron la historia de estos campos singulares, de las veredas dulces que camino, si, al cabo, no han quedado más vestigios que torres orgullosas y casonas de hidalgos que ostentaron sus escudos sobre sus altas casas palaciegas.

2010 © José Ramón Muñiz Álvarez
Viajes por Carreño

silvia
Fecha: 27/02/2012
Hora: 18:52
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mi madre

Mi madre como esta el patio de pesadines.

Ani
Fecha: 12/03/2012
Hora: 14:24
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saludos

saludos a todos los candasinos, es un sitio precioso, ya llega el veranillo y abra que aprobechar la playa, la pena que tengo que no vivo alli que si no con estos dias que tenemos, yo ya estaba en primera fila tomando el sol, como siga asin el tiempo igual me escapo esti fin de semana, un saludo para todos

silvia
Fecha: 12/03/2012
Hora: 21:37
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sin prisas

Pica demasiado así que tampoco merece la pena correr tanto, un paseín, unas sidrinas casi mejor

Conde Waldstein
Fecha: 16/03/2012
Hora: 18:46
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La orilla alborotó un mar coralino

VISITE: http://jrma1987. blogspot. com

“Arqueros del alba”
Para María Dolores Menéndez López

Soneto III

La orilla alborotó un mar coralino
Y el cielo asaltó, puro y despejado,
Aquel caballo raudo que, embrujado,
Pincel se hizo del aire cristalino.

Y hallaste, al avanzar en el camino,
Crepúsculos sin voz, un mar dorado,
Y pudo descansar, ya fatigado,
Tu aliento, firme ayer, hoy peregrino.

La noche vino larga y duradera
Con el amanecer, robando el día,
Su luz, su brillo, toda la hermosura:

Mi pecho será luz, y, dondequiera,
Habrá de iluminarte cuando, fría,
Te aceche, sin pudor, la noche oscura.

2005 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las campanas de la muerte”
Primera parte: "Los arqueros del alba"
Todos los derechos reservados por el autor.

José Ramón Muñiz Álvarez
(Breve reseña)

José Ramón Muñiz Álvarez nació en la villa de Gijón y sigue residiendo en Candás (concejo de Carreño). Su infancia transcurre de manera idílica en dicho puerto, donde pasa su juventud hasta el término de sus estudios. Licenciado en Filología Hispánica y especialista en asturiano, vive a caballo entre Asturias y Castilla León, comunidad en la que es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Su afán por las letras y las artes lo ha llevado al cultivo de la poesía. Es autor de varios libros, de los cuales ya ha dado a conocer "Las campanas de la muerte", aunque en una tirada modesta.
"Las campanas de la muerte" es una obra que consta de tres poemarios:

1-. "Arqueros del alba", dedicado a su abuela materna, Dolores Menéndez López.

2-. "Ballesteros de la tarde", dedicado a la abuela paterna, Pilar Muñiz Muñiz.

3-. "Lanceros del ocaso", dedicado a uno de sus tíos: Gervasio.

El poemario demuestra el extraordinario vínculo del poeta con sus abuelas, en un momento delicado: el del fallecimiento de las mismas. Es indicativo que el libro se escribiese en tres tandas, las dos últimas muy seguidas. Las partes del libro datan de diciembre de 2005 a enero de 2006, primavera verano de 2007 y enero de 2008.
En este tipo de poesía se recurre a las estrofas más tradicionales, con dos únicas excepciones de verso libre. Además de un romance, las demás estrofas son silvas blancas, espinelas y, sobre todo, sonetos.

Antonio
Fecha: 16/03/2012
Hora: 18:52
Mensaje / responder
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mi madre
Respuesta al mensaje, enviado el 27/02/2012 a las 18:52 por silvia:

Mi madre como esta el patio de pesadines.

Estimada amiga Silvia: Solamente te llamo para indicarte que me gusta la forma de hablar en vuestra tierra. "Pesadines".
Un saludo Antonio Bandín

Conde Waldstein
Fecha: 09/04/2012
Hora: 3:50
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Los cisnes

visite http://jrma1987. blogspot. com

Las alas de los cisnes se encresparon,
Buscando un cielo azul, bello y hermoso,
Y, allí, tú y yo, gozando del reposo
Que tantos parques gratos nos negaron.

Las horas del crepúsculo llegaron,
Cubiertas por un halo misterioso,
Y aquel lugar sereno y silencioso
Los rayos de su luz iluminaron.

Las aguas del estanque sosegadas,
Los remos en la mano, con pereza,
Miraron mis pupilas asombradas.

Detrás de ti las flores, la maleza,
Y, a la pared asidas, anudadas,
Las hiedras de una vieja fortaleza.

2006 © José Ramón Muñiz Álvarez
"El libro de los fresnos"
Todos los derechos reservados.

Conde Waldstein
Fecha: 12/04/2012
Hora: 16:58
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Cangas de Onís

VISITE: http://jrma1987. blogspot. com

Poema dedicado a la familia Cantora de Cangas de Onís

Soneto I

DDDDLos hielos van cuajando del granizo,
donde la aurora halló su raro espejo,
que el alba quiere clara, en oro viejo,
si brinda el resplandor que la deshizo.
DDDDTestigo de su brillo vio el hechizo,
no lejos de la iglesia, el verde tejo,
amigo de sus llamas y el reflejo
que teje la mañana en cada rizo.
DDDDTorrente que quebró la madrugada
y vio el paisaje del desfiladero,
Abamia de su sueño se despierta.
DDDDAsturias brilla más con la alborada,
y el verde es de sus prados verdadero
ante la aurora que abre su ancha puerta.

2011 © José Ramón Muñiz Álvarez
"El beso del granizo de las cumbres"
Primera parte: “Las nieves y el granizo en lo lejano”
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

José Ramón Muñiz Álvarez
(Breve reseña)

José Ramón Muñiz Álvarez nació en la villa de Gijón y sigue residiendo en Candás (concejo de Carreño). Su infancia transcurre de manera idílica en dicho puerto, donde pasa su juventud hasta el término de sus estudios. Licenciado en Filología Hispánica y especialista en asturiano, vive a caballo entre Asturias y Castilla León, comunidad en la que es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Su afán por las letras y las artes lo ha llevado al cultivo de la poesía. Es autor de varios libros, de los cuales ya ha dado a conocer "Las campanas de la muerte", aunque en una tirada modesta.

mair carmen
Fecha: 13/04/2012
Hora: 23:23
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buscar

Busco alguna persona que haya estudiado en la laboral de Gijón que tenga ahora 69 años sobre una información de quien regentaba la universidad en aquella época, si eran jesuitas, o salesianos, es muy importante para mi, por la puntuación de un nieto mío para entrar en un colegio. Saludos

Conde Waldstein
Fecha: 20/04/2012
Hora: 15:38
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Amanecer en los Picos

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Soneto III

Un rizo hizo en el aire, una cabriola
que dibujó elegante aquel overo
donde la luz del alba el mundo entero
alegre descubrió, si estaba sola.

El mar la saludó, y, ola con ola,
pintó por fin la vela del velero,
brillando y encendiendo su sendero,
destello que se vuelve caracola.

El carro de la aurora, clara estrella,
miraron en la altura el arroyuelo,
el bosque y las lagunas silenciosas.

Sus llamas, miró alegre el viejo Sella,
y brillos despertó feliz el cielo
que quiso nuevas flores olorosas.

2011 © José Ramón Muñiz Álvarez
"El beso del granizo de las cumbres"
Primera parte: “Las nieves y el granizo en lo lejano”
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Conde Waldstein
Fecha: 27/04/2012
Hora: 18:31
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Nacimiento de Mael Muñiz en Cabueñes

EL NACIMIENTO DE MAEL MUÑIZ

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El brillo bordó bermejo
de ese sol que, ya lejano,
con un aire soberano
se derramó en oro viejo,
porque su fuego perplejo,
como valiente corcel,
derrotado se vio en él
y vencido en el reproche
de la sombra de la noche
que el aliento dio a Mael.

Y, al arder tanta belleza
en las alturas del cielo,
entre el granizo y el hielo,
cedió la luz con pereza,
que, con mucha sutileza,
se apoderó del vergel
la noche que el cielo aquel,
en azabache cautivo,
hizo del viento furtivo
que el aliento dio a Mael.

Y, siendo la noche muerte
honrada por las estrellas,
murió con dulces querellas
el sol con su brillo fuerte,
donde el paisaje lo advierte
como purpúreo clavel,
en el aire siempre fiel,
en que vive suspendido,
mas por la noche vencido
que el aliento dio a Mael.

De modo que los castillos
al fin se desmoronaron,
si primero los alzaron
las auroras con sus brillos,
porque sus fuegos sencillos,
como agitado lebrel,
vieron que la noche cruel,
acabando con el día,
bellamente se encendía
y el aliento dio a Mael.

Pues la luz de la alborada
se lanzaba en un torrente,
al arrojarse, valiente,
desde la altura callada,
para luego, alborotada,
ceder su raro bajel,
su corona de laurel,
el cetro de sus naciones
a la noche en las mansiones
que aliento dio a Mael.

2010 © José Ramón Muñiz Álvarez
“El nacimiento de Mael”

José Ramón Muñiz Álvarez
(Breve reseña)

José Ramón Muñiz Álvarez nació en la villa de Gijón y sigue residiendo en Candás (concejo de Carreño). Su infancia transcurre de manera idílica en dicho puerto, donde pasa su juventud hasta el término de sus estudios. Licenciado en Filología Hispánica y especialista en asturiano, vive a caballo entre Asturias y Castilla León, comunidad en la que es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Su afán por las letras y las artes lo ha llevado al cultivo de la poesía. Es autor de varios libros, de los cuales ya ha dado a conocer "Las campanas de la muerte", aunque en una tirada modesta.




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