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CAMPANADAS EN LA ALDEA
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Sonaron las diez
en una esquina de la noche,
y se quedaron suspendidas
como anillos en el viento.
Eran las diez campanadas
que rompían el silencio
resonando en el valle
y por el cerro.
En el silencio impresionante
de la aldea,
cuando se cansa de esperar
hasta el que espera,
las diez son unas horas
que hasta de contar las campanadas
parece que se escuchan los bostezos…
la última vez que escuché tañir
las campanas en el pueblo,
fui contando los seres que faltaban
que yo quise y me quisieron,
y dediqué su sonido mortecinos a ellos.
¡Diez campanadas ¡Diez amores!
que más tarde resonaron como un eco …
y los helechos, y los robles,
las montañas repitieron…
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Esta sensación la sentí la última vez que dormimos en "LA FRAGUA" en la casa de Irene, hija del alemán, a la que tengo gran aprecio. Y aunque el relog apunte las siete, eran las diez las campanadas que rompian el silencio...
Manuel Gonzalez
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