Para Antonio Solano de Malaga: por las décadas de los 50 y 60, Maliaño y toda la comarca, tuvo un gran desarrollo industrial y de infraestructuras; por lo que se generó una gran necesidad de mano de obra. Por lo que llegaron cantidad de trabajadores de otras regiones, en particular de Andalucia y Extremadura. No hubo nunca problemas de integración, y los trabajadores forasteros con sus familias se fueron adactando a este acojedor pueblo. Yo que tengo una edad parecida a la del señor Antonio Solano, recuerdo estos años perfectamente. Y en la escuela, denominada Grupo Escolar Juan de Herrera, había numerosos niños hijos de estas familias. Como recordatorio para don Antonio, le recordaré los nombres de los maestros: 4º grado y director, don Diego; 3º grado don Jesús, 2º grado don Salustiano y 1º grado don Benceslado. En la actualidad, esta escuela, es un centro cultural que está situado al lado de la iglesia parroquial. La casa donde vivian de alquiler, que a su vez era tienda de comestibles y ultramarinos lo regentaban el matrimonio formado por Rogelio Rivas y Gidrina Sierra, también atendida por Roberto, hermano de Rogelio; logicamente ya fallecidos los tres. Actualmente queda el hijo del matrimonio Rogelio y Gidrina, de nombre Roberto.
Sobre los juegos, el "Alto de Maliaño" era un lugar idílico, donde se desbordaba la imaginación infantil. Los campos proximos a las viviendas serían suficientes para cualquier juego, pero........ al haber sido lugar de explotaciones mineras a cielo abierto, una vez abandonado estas actividades, al paso del tiempo se fue cubriendo de maleza y vegetación, cerrandose las cuevas con arbustos y hierbajos, las antiguas trincheras por donde pasaban las vagonetas se transformaron en tuneles cubiertos de grandes bardales, que por cierto al final del verano estaban colmados de riquísimas zarzamoras. De esta manera, todo este entorno, era un paraiso para los niños; donde buscabamos "tesoros", guardandolos en nuestra propia cueva, con el fin de que los de otra "banda" no lo descubriera. Otro lugar de juegos, era el patio de la iglesia, donde lo mismo se jugaba al futbol, que se organizaban grandes partidas de canicas, o a bailar la trompa, al marro, la cadeneta, "a la una anda la mula", el pañuelito, etc. etc. A todo esto llevábamos pantalones cortos, con lo que nuestras rodillas estaban llenas de "mataduras": Pero no teníamos ninguna alergia.
Esperando que esto sirva para refrescar la memoria a don Antonio; pero que sea consciente de que esto ha sufrido un gran cambio. No obstante la casa - tienda, sigue en su sitio.
Saludos de Luis
Santander