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MATAPORQUERA (Cantabria)
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Información general sobre MATAPORQUERA
Situación:

Valdeolea se extiende por una superficie de 83,7 km2 al sur de Hermandad de Campoo de Suso y Campoo de Enmedio. Limita en su flanco occidental con los municipios palentinos de Brañosera y Aguilar de Campoo, y en su flanco oriental con el término cántabro de Valdeprado del Río. El río Camesa y sus numerosos afluentes recorren sus bellos paisajes de colinas cubiertas de roble melojo que enmarcan pueblos con casas de piedra e iglesias románicas. Su capital, Mataporquera, es sede de un importante nudo ferroviario en el que coinciden las líneas de Renfe y FEVE.

Ayuntamiento:

Valdeolea

Monumentos:

Desde la Antigüedad estas tierras han sido lugar de paso y asentamiento de grupos humanos, que han dejado llamativos restos arqueológicos. Con el transcurrir de los siglos cristalizaron una serie de asentamientos permanentes que devinieron en los catorce concejos de la hermandad de Valdeolea, una de las siete que, durante el Antiguo Régimen, constituían la jurisdicción conocida como Corregimiento de Reinosa y Merindad de Campoo. En la actualidad son diecinueve los núcleos de población de este municipio en el que viven 1.372 habitantes.

Valdeolea atesora un sobresaliente patrimonio arqueológico y artístico que viene a ilustrar el transcurso de las centurias medievales en tierras cántabras. Entre ellos se cuentan los restos de una ermita y un cementerio de la época de la Repoblación, levantados sobre las ruinas de una antigua villa romana en Camesa Rebolledo, en la actualidad sede de un centro de interpretación; la torre de San Martín de Hoyos y el Torrejón de las Henestrosas, testimonios de la presencia de los poderes feudales; y, por último, los conjuntos de pinturas murales de las iglesias románicas de Santa Eulalia de La Loma, Santa María de Las Henestrosas y San Juan Bautista de Mata de Hoz, ejecutados ya a finales del siglo XV por un artista partícipe de la corriente hispanoflamenca.

Bienes de interés cultural:

Ermita de San Miguel en Olea

Iglesia de Sta. María la Real en Las Henestrosas

Iglesia de San Martín de Hoyos en San Martín de Hoyos

Iglesia de Santa Eulalia en La Loma

Iglesia de San Juan Bautista en Mata de Hoz

Torre medieval en San Martín de Hoyos

Zonas arqueológicas:

Yacimiento arqueológico de Monte Ornedo

Yacimiento romano-medieval de Camesa-Rebolledo



Bienes de interés local:

Edificio noble en Las Henestrosas

Puente de Casasola

Bienes de inventariados:

Locomotora de Vapor Begoña nº. 3 en Mataporquera

Puente de Santa Olalla

Puente de Reinosilla

Museos:

Museo y centro de interpretación del Ferrocarril de la Robla en Mataporquera.

Fiestas:

Santa Eulalia. La festividad de esta santa mártir tiene lugar el día 12 de febrero en Mataporquera, cuya iglesia parroquial se encuentra bajo su advocación. Durante la primera jornada se oficia una misa y los asistentes tienen la oportunidad de degustar las orejuelas, dulce típico en el lugar.

Nuestra Señora del Carmen. El 16 de julio se celebran las "Fiestas del Carmen", en las que es típico el concurso de "Ollas ferroviarias". La capilla del Carmen fue fundada por los ferroviarios del Ferrocarril de la Robla, por lo que durante la procesión de la Virgen se recorren sus vías a lo largo de la estación y sus instalaciones.

Costumbres:

Etnografía y folklore

Olla ferroviaria.

Este plato fue creado por los empleados en el ferrocarril de La Robla, cuyas máquinas paraban a repostar en Mataporquera, momento que era aprovechado para comer. Con el paso del tiempo, los maquinistas, fogoneros y guardafrenos idearon ingeniosos sistemas para cocinar sobre la marcha. Así nació la olla ferroviaria, un artilugio que se utiliza en la preparación de una suculenta receta de carne con patatas.

La industria tradicional de la lana.

Todavía pueden verse en Valdeolea y su entorno los restos de los pequeños refugios levantados en piedra y utilizados en el pasado por los ‘veceros’, vecinos encargados del ganado menor compuesto por ovejas, cabras y cerdos. Al final de la primavera o al principio del verano se procedía a esquilar las ovejas para obtener los vellones. A continuación, éstos se limpiaban arrancando las impurezas y lavando las matas de fibra en el río. Después de secar el material al sol, se procedía a carmenarlo, es decir, a deshacer los vellones en porciones orientando las fibras con los dedos y formando montones dispuestos para su carda. Este proceso tenía el propósito de esponjarlo y dejarlo listo para el hilado y se realizaba con dos tablas armadas con púas metálicas.

La hiladura se realizaba por medio de dos procedimientos: el más antiguo recurría al huso manual y la rueca; el otro, más moderno, fue el torno de hilar, que podía ser torno simple, llamado en Campoo ‘carro’ o ‘carrete para hilar’, o torno de pedal y aleta, conocido aquí como ‘máquina’. Después de obtener los ovillos de hilo, el material quedaba listo para ser tejido en grandes telares manuales (posteriormente podía someterse al proceso de enfurtido en batanes.

Historia:

En las primeras décadas del siglo XX, al calor de las líneas de ferrocarril y la instalación de diversas empresas en Mataporquera, la población del municipio aumentó de 2.335 habitantes en 1900 a 4.592 en 1950 (un crecimiento de un 96%). La emigración y el cierre de varios establecimientos industriales en las décadas siguientes se tradujo en un brusco retroceso, con una pérdida del 67%, de los habitantes hasta el año 2000, que entonces eran 1.503. La tendencia regresiva persiste y en 2003 el número de vecinos de Valdeolea era de 1.372. Atendiendo al perfil de los vecinos, predominan los adultos con una edad media de 49,9 años y una tasa de dependencia general del 83,9%.

Valdeolea es clave para conocer el proceso de romanización de la Cantabria antigua. Su territorio era atravesado por la vía que unía Pisoraca (Herrera de Pisuerga) con Portus Blendium, y sus campos, marcados por numerosos términos augustales –se han localizado casi una veintena– que separaban los prata de la Legio IIII Macedonica del ager de Iuliobriga, el asentamiento romano más importante que hubo en el antiguo territorio cántabro y cuyos restos se alzan en el vecino Campoo de Enmedio. De aquellos tiempos sobresale el yacimiento de Camesa-Rebolledo, sobre el cual se especula pudiera ser Octaviolca. Se trata de una villa con varias dependencias termales, que alojó más tarde un templo cristiano y una necrópolis, ejemplos de la repoblación de la comarca en la Alta Edad Media.

En el siglo X, durante el reinado de Alfonso III de Asturias, Valdeolea y su entorno figuraban integrados en una demarcación territorial denominada Campo Pau. Ya en 1183, en una donación que el rey Alfonso VIII de Castilla hizo al obispo de Burgos, la comarca es ya registrada como Campoo y dos siglos más tarde, en el Becerro de Behetrías de 1351, figura dentro de la merindad de Aguilar de Campoo.

Entretanto, los asentamientos permanentes que surgieron en estos siglos en el territorio de Valdeolea se articularon en catorce concejos, institución llamada a pervivir durante todo el Antiguo Régimen: Camesa, con los barrios de Barriopalacio, Camesa y Rebolledo; Castrillo y barrio de La Haya; Cuena y las casas de Monasterio; Espinosa; La Loma; Mata de Hoz; Mataporquera; Matarrepudio; Olea; Reinosilla y venta de Casasola; Santa Olalla; el concejo mayor de Las Quintanillas, compuesto por Bercedo, Las Henestrosas, La Quintana y Las Quintanillas; y las villas de Hoyos y San Martín. Todos ellos dependían del rey, salvo Hoyos y San Martín, que, desde mediados del siglo XV, estuvieron vinculados a la casa Bravo Hoyos. La regulación del funcionamiento de cada concejo se establecía en unas ordenanzas, de las cuales solo se conservan las de Camesa y algunos capítulos de las de Mataporquera. Según las primeras, el concejo estaba administrado por dos regidores y contaba con un fiel, encargado del cobro de repartimientos vecinales.

En los siglos XIV y XV los concejos de los territorios de Campoo se agruparon en las hermandades de Campoo de Enmedio, Campoo de Suso, Campoo de Yuso, Valdeolea, Valdeprado, Los Carabeos y Cinco Villas. Cada una elegía anualmente a un procurador síndico general, vocal nato en las juntas del Ayuntamiento General de la Merindad de Campoo en la villa de Reinosa. Este oficial presidía la Junta de Hermandad, compuesta por los regidores y fieles-diputados de los concejos. Todos los años se celebraba una Junta (no había fecha fija para la Hermandad de Valdeolea) presidida por el corregidor de Reinosa (cargo creado a finales del siglo XV), en la cual elegían a los procuradores síndicos, a los alcaldes de la Santa Hermandad y, desde 1766, a los diputados de abastos y ‘personeros síndicos del común’. Se reunía en Casasola y formaban parte de ella todos los concejos del valle a excepción de las villas de Hoyos y San Martín de Hoyos y Cuena, que, no obstante, sí pertenecía a la Merindad de Campoo.

Durante el Antiguo Régimen las siete hermandades, la villa de Reinosa y Valderredible formaron parte de la jurisdicción conocida como Corregimiento de Reinosa y Merindad de Campoo (Partido de Reinosa), incluido en el partido de Palencia de la provincia de Toro, circunscripción fiscal surgida en torno al año 1500. Tras la llegada al poder de la dinastía de los Borbones se trató de generalizar y uniformizar la división territorial del Estado, creando intendencias que reunieran las funciones de justicia, policía, finanzas y guerra. Tras varios reajustes quedaron reducidas a 22 en 1749. En las primeras décadas del siglo XIX esta zona conoció diversos cambios: el 24 de agosto de 1803 se suprimió la provincia de Toro y el 1 de enero de 1806 el partido de Reinosa quedó incorporado a la provincia de Palencia. Entre 1810 y 1813 formó parte de la prefectura de Santander; de 1814 a 1822 pasó a la provincia de Palencia; en 1822 quedó incluida en la provincia constitucional de Santander; entre octubre de 1823 y 1833 volvió a formar parte de la provincia de Palencia. Finalmente, en noviembre de 1833 se incorporó definitivamente a la provincia de Santander. Figura como ayuntamiento en el Decreto orgánico de 23 de julio de 1835, dentro del partido judicial de Reinosa.
¡Mataporquera ya no es lo que era!

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