Pueblos de España
España - Provincias - Fotografías - Últimas fotos - ¿El mejor Pueblo? - Mensajes - Vacaciones - Hoteles - Turismo rural - Libros
  Castilla La Mancha  -  Ciudad Real  -  ALDEA DEL REY

Mensajes de ALDEA DEL REY

El jardinero de las nubes En el muy visitado blog de Natalia Gaete, una prestigiosa poetisa chilena, aparece Feliciano Moya en la portado de Hoy día 7 de mayo:

http://antaria. blogspot. com/2008/05/artes-visuales-fel iciano-moya-alcaide. html

la dirección general del blog es:

http://antaria. blogspot. com/

Merece la pena visitarlo, sobre todo aquellos que gusten de las letras y las artes.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 07/05/2008 a las 18:26 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes BALADA A LA PRIMAVERA

En aquel entonces no fui capaz de proferir el grito que atraería tu atención. La voz se me quedó ligada a la garganta. Yo desesperaba por que pudieras reparar en el débil destello de mi alma sumida en el silencio de mi pequeña vida melancólica. Pasabas a mi lado, brisa y flor de primavera, y tus ojos buscaban la alegría de tu nombre. Me pasabas de largo, y el silencio de mis labios no era quebrado en tu requerimiento.

Yo gastaba mis horas junto a las ventanas en sombra, suspirando por capturar una mirada oblicua de tus ojos. Bordabas los campos de amapolas y posabas las perlas del rocío sobre las encendidas rosas del camposanto. Hacías que las calandrias te rindieran al amanecer el tributo de sus vibrantes gargantas cargadas de canciones. Te arrullabas en sábanas de heno fresco, mientras la luna te vertía sus cuencos repletos de plata húmeda. Le pedías sal a los mares y nieve a las altas cumbres, nieve que tu aliento convertía en lágrimas que las nubes no derramaron en el atardecer otoñal. Eran tus cabellos neblinosos rayos de sol y tus espejos los charcos que esmaltaban los caminos pedregosos tras los chubascos de abril... Todo lo podías, en todo estabas, y aun así me ignorabas.

Entre las sombras de las hojas del ailanto, yo contemplaba el resplandor de los cielos que te cobijaban, y tú te colocabas en la cabeza caprichosos sombreros de nubes y tu sonrisa tenía la curva del arco iris en postura inversa. Aun cuando tú vieras el brillo de mis lágrimas en las alas de la libélula, ponías a funcionar tu rueca de abejas y vilanos, sembrando florecillas azules en las grietas de la muralla.

El cordón de tus perlas se partió, y quedaron esparcidas en el lóbrego capuz de la noche, marcando las rutas de los navegantes. Y en la noche también me ignorabas, mientras llevaba la cuenta de cada una de tus perlas nacaradas; no tenías ojos más que para la risueña luna, que a la voz de tus requiebros se le pintaba el rubor en sus níveos riscos y en sus mares de tranquilidad. Las golondrinas te traían en el sable de sus alas las fragancias de la Arabia lejana, la suavidad de los filamentos de los nenúfares del lago Tchad. Y el limonero ponía sus flores en el troquel para llenar sus bandejas de soles amarillos con los que obsequiarte... Mi corazón era una pobre ofrenda en medio de tanta largueza como la Madre Naturaleza tenía contigo.

Y te gustaba el trémolo de las risas que el invierno había amordazado. De mis labios sólo salía el silencio; eras demasiado hermosa para que te fijaras en mí.

Y entonces quise ponerte en el olvido; quise hacer del otoño la estación de mi consuelo. Me replegué en las sombras, allá donde tu mirada no me alcanzara. Sepulté el amor que me inspiraste en los más recónditos surcos de mi corazón. Abrí mi boca en un triste suspiro, y esperé a que el invierno disolviera mi vida entre su polvo de nieve.

Entonces te diste cuenta de mi ausencia, y mandaste a las golondrinas a que golpearan los vidrios de mi sombría ventana. Te ignoré y sentí tus lágrimas golpeando mi tejado. Querías encontrarme...

Sentí que mi cuerpo se retorcía por el dolor del amor escondido que quería volver a germinar en la oscuridad de mi corazón. ¿No era lo bastante tarde para ti? ¿Querías que te franqueara la puerta de mi balcón?

Es cierto que lo hice y que llamaste luna plateada a las canas de mi cabeza, surco de labrador a las arrugas de mi frente y agua dormida a mis ojos apagados. Y yo entonces, entonces... volví a amarte con la fuerza del diluvio y rendí mi vida ante tus brazos.

¡No me abandones nunca, primavera querida!

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 03/05/2008 a las 14:54 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El viento sopla con gran furia; algunas remas de los árboles cercanos son arrancadas, y arrastradas hasta una vaya cercana. Los mas pequeños de mi jardín se inclinan como si de una reverencia, aprendida se tratara, un saludo, o un afán de librarse de las embestidas en este vaivén, que luego se me antoja, una defensa natural, resistiendo las embestidas que se suceden irregularmente. me nace una ves mas, la pregunta de siempre: ¿Si hubo un Creador Todopoderoso, ("o lo hay en alguna parte,) el porque de estos elementos inútiles? Andaba en esta observación, mientras la lluvia, golpeaba los cristales de mi ventana, por lo que mi gesto de desagrado, se torna en una sonrisa. mientra me digo "! Esto si, de esto regará los campos, las tierras mitigarán su sed, y tras ella nacerán las flores...!"! Y también algunas plantas inútiles! - me digo es alta voz... y con rabia, por que mis ojos presencian como algunos fritos se desprende de los jóvenes árboles, que morirán sin madurar, en la tierra mojada.
Estando sumido en estas reflexiones, sin apenas darme cuenta, me sentí trasladado a otras, barajando, lo que debiera ser o no ser a los humanos... sus cualidades y defectos, lo que estimo debiera ser y no es, mientras imagino a un labriego, caminando contento bajo la lluvia, empeñado en empaparse de ella, dejándose acariciar, amándola, por que EL como nadie cono ce sus bienes... otra vez me reaparece, la desolada imagen de trigos que ya dorados, ha destrozado una granizada. Alegría y desolación-me digo- mientras prosigo en mi soliloquio...
Se ha empañado, mi ventana: paso el revés de mi mano, por el cristal, y a través de un circulo irregular, contemplo, lo que considero,útil o inútil, bueno o malo... y esta vez reaparece, mas allá del viento y de la lluvia, el ser humano: su cualidades y defectos. lo que se define en el, de bueno y de malo.
Pero esto he querido dejarlo para otro día... en que aún tratando de empuñar la esteba del mejor arado para todos los hombres; no dudo encontrar barbechos, en que la reja, no labre la tierra de la misma manera.
LIBERTAD.

Mensaje enviado el 19/04/2008 a las 7:25 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Semana Santa en Aldea El RETABLO DE LAS MARAVILLAS,

Cuando ser simplemente sospechoso de ascendencia judía te podía costar una condena a la muerte administrativa y, si no andabas ojo avizor, convertirte en un asado perfecto de barbacoa en un vistoso y colorista auto de fe, presidido por prebostes eclesiásticos y bates inquisitoriales, el pueblo llano comulgaba con ruedas de molino con tal de no ser señalado con el dedo acusador. Es así que, según nos cuenta D. Miguel de Cervantes –sí, el del IV Centenario- en uno de sus más brillantes entremeses, luego de llegar unos cómicos de la legua a un lugarejo o aldehuela congregaron a los escasos lugareños ante un raquítico tablado desde el que un fullero ventajista comenzó a predicar mentiras y realidades de humareda bajo la terrible amenaza de que, quien de los presentes no viera y oyera aquello que el desvergonzado peroraba, señal segura sería de que por sus venas corría sangre de judío expulso.
Viérades allí desnudos a caballeros bien vestidos de jubón encordobanado y gregüescos de terciopelo, señoras a teta limpia luego de cubrir su palmito y nalgas con vestido de siete candados; oíanse mugidos saturnales de un Minotauro enfurecido y finalmente correr en desbandada a la concurrencia por miedo al toro.
Pasada la batahola, aquel sinvergüenza bujarrón huyó como alma que agarra el diablo, si bien con la bolsa henchida y el embuste flotando en la aldea. Un Juan de buen alma que entre la turba aposentaba sus reales quedose boquiabierto y renegando. Había asistido a la función eterna, sin principio ni fin. Sólo había visto y oído a un patrañuelo trufando embustes. ¡El probo aldeano era cristiano viejo!

Mensaje enviado el 17/04/2008 a las 14:03 por Saturnino Sarmiento de la Parra
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Me he enterado con sorpresa y ulterior tristeza del fallecimiento de nuestro paisano don Pascual López, para mí el mejor capitán de Armaos que ha conocido Aldea. Aprovecho este medio para hacer testimonio de mi más sentido pésame a su viuda, a su hija y a su nieta.

La verdad es que nunca había hablado con él. Recuerdo que una vez me reprochó cordialmente que me cruzara tantas veces con él y yo no fuera capaz de abrir la boca para saludarle. Una vez le oí hablar en la peluquería de Castellanos, y me pareció un hombre muy sensato. En otra ocasión me prestó una ayuda espontánea (en estos casos se ve la calidad de las personas) y siempre me consideraré en deuda con él. Nunca olvidaré esa ayuda, y en virtud de la misma rezaré por el descanso de su alma y por el consuelo y bienestar de su familia.

Sé que fue un hombre al que la vida puso muy a prueba: conoció el sufrimiento del fallecimiento de su hija mayor, acaecido hace ya casi una década, y se vio en la precisión de ser abuelo y padre a la vez.

Y ha sido abuelo de nuevo, justo cuando daba su último suspiro. De ahí la conmoción que ha sacudido mi alma, hasta el punto de las lágrimas: su hija menor ha tenido que sobreponerse en tiempo real al dolor del fallecimiento de su padre para dar a luz a su bebé. Que Dios los compense, y que nunca deje de proteger a la familia de don Pascual López y a ese bebé que ha nacido en mitad del dolor de su ausencia.

Descanse en paz.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 13/04/2008 a las 19:50 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No



DIJE HACE UNOS DÍAS, que el hombre, si se empeña, siempre tiene algo bello que contar: tal es el caso de el recién incorporado, SATURNINO:! Bienvenido seas! Y también bienvenida la historia de esa fuente inagotable de ideas, que es nuestro amigo "el jardinero". Amigo: tu huerta es in extenso campo, donde crecen historias, humanamente abonadas... y que en algunas de ellas, te transportan a épocas, como su pretendieran despertarte de un sueño, que hoy contemplado desde lo alto de las canas, acumulan extrañas añoranzas.
Aquel niño, que desde lo alto de la colina, en compañía de otros niños por un extraño impulso que no entendía; interrumpían sus sencillos juegos, para recibir a pedradas, a los aviones, que lentamente, y a baja altura, surcaban los cielos de aquel Cielo Alcarreño... ocupado por soldados, que ayudaban a los viejos y a las madres en las tareas del campo. Eran sus amigos: Algunos tenían hijos pequeños y contaban "cuentos" de otros niños en otros lugares. En ocasiones, ofrecían una naranja, rojiza por dentro, o una onza de chocolate... A veces amanecían albas serenas, que besaban los sembrados, y en un altozano, junto a una ametralladora, chalaban juntos los niños aquellos y los soldados. Un día partieron, y los niños se quedaron tristes...

Mensaje enviado el 12/04/2008 a las 20:50 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes En julio de 2003 el mercurio del termómetro se disparó. Comentan que fue el verano más caluroso de los últimos cincuenta años. Durante las horas de mayor insolación, no había quien parara en el interior de las casas, pues las paredes irradiaban un calor insufrible.

Harto de bregar en un mar de sudor, encontré un rincón de frescor en el parque al que yo solía ir a pasear. Un banco cercano a una fuente cantarina y bajo la frondosa copa de un pangío. Era una bendición, puesto que los pangíos expelen un gas insecticida y ese verano había especial población de moscas y mosquitos. Enfrente del banco se extendía un espacio habilitado para los juegos de los niños con toboganes, areneros, columpios y balancines... Hasta había un remedo de barco con su timón y todo, muy próximo al banco.

Yo solía ocupar ese enclave a eso de la media tarde, cuando el sol moderaba un poco sus ardientes embestidas. Me sentaba en el banco, constelado de las monedas de luz que proyectaban las ramas del pangío, y me enfrascaba en la lectura de algún libro que al efecto me trajera de casa.

Sin embargo, no tardé en descubrir que la vida es un libro de lectura más apasionante que cualquiera de los de letra impresa. Empecé a presenciar los juegos de los niños sin intenciones subversivas, por simple curiosidad.

Venía en ocasiones un grupo de niños de un campamento de verano, con sus relucientes gorras y camisetas estampadas. Podían comprarse helados y hasta hacer llamadas con teléfonos móviles. Sus padres no podían tenerlos en casa durante las vacaciones de verano, y por ello los enviaban a esos campamentos de placer. Como digo, este grupo de niños aparecía por el parque de vez en cuando.

Pero había otro grupo de niños que nunca faltaba a su cita diaria con el parque. Aparecían al punto de las seis de la tarde, con tal alharaca que enmudecían el matraqueante chirriar de las cigarras. Su aspecto no era tan esplendente como el de los otros niños. Iban acompañados por muchachos jóvenes que tenían toda la traza de ser voluntarios de una ONG. Algunos de esos niños evidenciaban taras físicas o mentales. Eran hijos de la marginación, reunidos en un mismo centro de acogida, abandonados por unos padres que no podían cuidarlos.

Yanira era una niña traviesa y pizpireta. Llevaba los oscuros cabellos cortados en forma de tazón; sus mejillas estaban manchadas de restos de comida. Sólo tenía dos vestidos, ya de suyo muy usados: uno estampado de múltiples florecillas y el otro de color vainilla, que le venía un poquito grande. Yanira tenía un hermano que se llamaba Florentino, y era ciego y sordomudo (como Helen Keller). Me enteré que Florentino tenía siete años y Yanira cinco.

Los niños del centro de acogida acaparaban todas las atracciones del parque. A Florentino le gustaba pasar el rato subido en lo alto del tobogán. Parecía como si el tibio sol de las últimas horas de la tarde supliera la carencia de luz que sus ojos acusaban. Yanira subía a cada nada para darle un beso y un abrazo. Pobre y dulce Yanira, con tu vestidito plagado de florecillas primaverales.

A Yanira le gustaba acercarse al barquito para manejar el timón. Desde allí comenzó a dirigirme furtivas miradas con el rabillo del ojo. Al cabo de una semana ya me sonreía, y yo aprendí a mi vez a sonreírle para que ni una nube de tristeza empañara el cielo azul de su infancia desdichada.

Recuerdo que en mitad de los juegos, uno de los voluntarios aparecía con una bolsa de gominolas y las iba repartiendo entre los niños del centro de acogida. Yanira cogía la gominola que le correspondía a su hermano, y, dando brincos de alegría, se la llevaba a lo alto del tobogán. Florentino se relamía que era un gusto verle. El rato de las golosinas era para esos niños todo un paroxismo de felicidad. Lo malo era si aparecían los del campamento de verano comiendo helados. Surgían las envidias y los agravios comparativos. Los voluntarios sólo podían encogerse de hombros cuando los niños a su cargo les pedían helados; el presupuesto que la Consejería de Bienestar Social destinaba a este efecto no daba para más.

Un día Yanira se atrevió a acercarse a mi vera, y me dijo:

- ¿Por qué estás siempre solo?

Yo me sentí profundamente conmovido, registré lo profundo de mi alma y respondí:

-Porque de niño no fui niño, y ahora, de hombre, me he hecho niño.

Ella no pareció entenderme. Se fue corriendo, con su usado vestido de florecillas, al encuentro de su hermano, que parecía contemplar, aunque sin ver, las acrobacias de las golondrinas crepusculares. Cuando se fueron, Yanira encontró el momento de dirigirme una de sus sonrisas de golosina.

No volvió a acudir a mi encuentro. Se diría que la habían advertido de los peligros de aproximarse a un hombre extraño y solitario. No obstante, cuando venía a jugar con el timón del barquito, siempre encontraba ocasión de dirigirme una sonrisa de complicidad. Y yo le daba gracias al sol por arrancar destellos a sus bonitos dientes de leche.

Y aparecieron de nuevo los niños del campamento de verano comiendo helados. Surgieron otra vez las quejas y las disputas entre los del centro de acogida... y otra vez, en respuesta, los encogimientos de hombros.

Una vez en la vida sentí que debía hacerlo; una vez en la vida lo hice... Me levanté del banco y me acerqué al kiosco de helados. Pedí que me llenaran una bolsa.

Luego fui al encuentro de uno de los voluntarios, le tendí la bolsa y le dije:

-Déles un helado a estos chicos.

Las nubes del crepúsculo se llenaron de chillidos de felicidad, de sonrisas de nata y bigotes de fresa y chocolate. Sentí que el corazón se me oprimía; pensaba que no era bastante. Los adultos que allí había me miraban con extrañeza. La vergüenza me hizo empezar a alejarme del lugar a paso quedo.

Mi mirada se prendió en Yanira. Estaba con su hermano en lo alto del tobogán, comiendo ambos con delectación sus respectivos helados. Sé que si me hubiera mirado en esta ocasión, mis ojos hubieran terminado por reventar de lágrimas. Ellos eran felices. En el vestido de florecillas primaverales cayeron algunas gotas de helado.

Huí de semejante emoción, y no volví a personarme en el lugar en días sucesivos. Ya había pasado la ola de calor.

Estarás a punto de hacer tu primera comunión, Yanira. ¡Ojalá las florecillas de la primavera no se hayan marchitado en el fondo de tu corazón... como una vez se marchitaron en el mío!

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 11/04/2008 a las 18:54 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Semana Santa en Aldea Sigue lloviendo Dios y la espesura en el soto, el alcor o la loma reflejan su rostro en el verdor que estos días se hace lujurioso. La cebada está amacollada y, a poco que crezca un poco más, si el viento permanece habrá balago. En esa espesura de cereales, entre la marea verde, hacia el sur de la aldea cada vez mas pequeña, siguiendo el carreterín el Cortijillo, pasados unos tres kilómetros, uno de esos milagros de la Mancha espera al viajero. Si viramos a la derecha, pasado el arroyo del Zurrero, enfilando en paerón que conecta con el camino de Valsordo, la esplendente naturaleza muerta manchega alza el grito de la presencia del agua permanente: estamos en La fuente del Judío. Lo que otrora fuera una fontecica, pasado el tiempo se convirtió en una alberca baja en la que fluye el agua, donde se remansa el cielo y crecen ovas en armonía geológica con juncos, mastranzos y yerbabuena. Humilde y solitaria, como la peonía; atrapada en el juncal y oculta por un arroyuelo menor se encuentra una lágrima de lo que la naturaleza siempre fue y que, pese a los ataques del homo destructor, sobrevive. La paz se respira allí y el alejamiento del ruido, en soledad amena, invita a mirar al sur, a las esribaciones de la Sierra de Calatrava que enraíza justo por esos pagos. Es la del Judío, una fuente desconocida para los aldeanos, pero no menos hermosa que otras. El paseante encontrará allí expansión a sus anhelos y belleza incontaminada, todavía.

Mensaje enviado el 11/04/2008 a las 10:30 por Saturnino Sarmiento de la Parra
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Hay quien dice:"El Jardinero de las nubes" y "libertad" ESTÁN SOLOS en estas páginas y añaden otros: "vacías" casi abandonadas y que no son lo que han sido. Todo sería cuestión de arroparlas de alguna manera, para que no perezcan en el frío. Todo hombre, tiene algo que decir, todo es cuestión de hablando consigo mismo, exponer sus puntos de vista, en lo que nos toca vivir. Siempre hay un hecho un gesto, una imagen: algo a dibujar.
Hoy (por ejemplo) frente a mi ordenador, estoy convencido de que se me ocurrirá algo, que no será otra cosa que un saludo, para mis desconocidos amigos. Huy (repito) desde mis viejos y huesos, que cansados me crujen a la par que mis inquietudes, emergen y se rebelan, tengo una historia triste, pero no voy a entrar en ella, porque la vida esta llena de estas historias. Pero si decir que no es fácil pasar (ni se debe) de ellas. Yo paso calladamente y escucho, mas allá del viento que furioso, balancea mi jardín en esta Llanura Manchega, quedándome a solas con el llanto que me gotea muy cerca. Y sin mas, prosigo mi camino, hasta otro día que me amanecerá mejor, y que alimente mis ojos de cosas mas bellas. No quiero hoy revelar mi angustia, que no dudo sea de otros, pero quiero caminar, solo en ella, y mañana, tal vez, encuentre una mano amable que no rechace esa mano que, que no dudo, siempre hay en alguna parte, tendida.
Estoy convencido, de que las flores no se alumbran al mismo tiempo para todos. de que unas brillan de colores y otras palidecen y hasta se agostan. Pero después de cada día nublado, amanecerá otro, y así hasta el último; en cada soledad de las calles. En alguna parte, hay una pareja de jóvenes que se ama. Unos ancianos, que pasean sus canas, cogidos de la mano en un parque... son imágenes suficientes para recordarme para recordarme que estoy en el presente, y con el pasado. Y que a la vez, si me lo propongo, a mi alrededor, escucho risas y llantos, dependiendo de mi estado de ánimo. Aún muy lúcido, en mi grito rebeldía, por lo contemplado en mi pasado, escojo las horas felices, sin pensar demasiado en mi inrremediable futuro...

Mensaje enviado el 10/04/2008 a las 12:18 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Semana Santa en Aldea Da gusto en estos días de lágrimas de ángel ver cómo progresa nuestro pueblo. Reconforta el espíritu y el alma constatar cómo nuesta aldea, cada vez con más minúscula, se proyecta como una unidad de detino en lo universal. En trance vamos a entrar cualquier día de estos viendo como "vamos a más". Vamos a más paro; ha cerrado el bar de Celestino -y cuando cierra un bar la cosa va mal, mal, mal-, ha cerrado la empresa de los "bolas", y ese dato es malo, malísimo; las viviendas construidas a precio de oro al lado de ese parque "que no es parque ni es na", como dijera aquella vieja canción de Victor y Diego, no se venden; la macrooperación de construcción de, en principio 60 viviendas, en los terrenos del "Salchichero", se han ido al garete, el empresario se dio cuenta a tiempo del humo que le vendieron y ha decidido huir de la quema; los terrenos de palacio no se compran porque, con toda justicia, los propietarios dicen que venden, pero al precio que el Ayto. vendió en el parque, a unas 20.000 ptas m2. Pero a ese precio no compra el Consistorio porque su política de suelo es vender caro y comprar barato. Como ven, en estos días de Dios los impuestos en Aldea suben y suben: Hasta el 40% en el de vehículos, ha subido el impuestode construcciones, el agua, y hasta han creado un impuesto nuevo de Plusvalías, o sea, cada vez que alquien venda algo tendrá que pagar un aproximadamente 3% al Ayto. Que llueva, que llueva que el Ayto. hará caja, que para eso está y, además, como Chanchullito dice, "Si a la gente le da igual, la gente no se entera". Pues a seguir, pero piénseselo dos veces antes de pasar por aquí.

Mensaje enviado el 10/04/2008 a las 9:25 por Saturnino Sarmiento de la Parra
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No



El jardinero de las nubes Aldea del Rey es famosa en Chile:
http://antaria. blogspot. com/2008/04/narrativa-el-seor- gardiner-en-pars-i. html

Tengan en cuenta los consejos que nos dio Inocente en este foro.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 09/04/2008 a las 19:57 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Jardinero he visto en tu paseo mis pasos de todos los dias por este barrio de Madrid.

Mensaje enviado el 09/04/2008 a las 12:34
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Anoche, estando en mi lecho presa de cierto desasosiego, oí cómo las gotas de lluvia impactaban sobre los tejados de Madrid. No es que quisiera hacer oficios de Diablo Cojuelo, pero en ese momento me hubiera sido grato recorrer la urbe matritense saltando de tejado en tejado. Me adormecí con el grato pensamiento de que al día siguiente la jornada sería lluviosa.

Nada más lejos de tales previsiones: por la mañana lucía un sol espléndido, si bien el azul del cielo estaba moteado de nubes blancas y aborregadas, inmensas como catedrales. Por la ventana penetraba una brisa rezumante, una fresca brisa de primavera, perfumada por la lluvia de la pasada noche. Esa tarde me aguardaba un paseo delicioso. Fue agradable trabajar bajo tan favorables auspicios.

Tras la comida, tomé el metro y me enteré del socavón que se había producido en la línea 2, entre las estaciones de Banco de España y Ópera. Yo me apeé en la estación de Callao, y en el exterior me encontré con un rebaño de mis nubes favoritas: blancas de algodón, con las panzas levemente ensombrecidas y un halo de luz solar por toda su cresta. Las aletas de mi corazón se desplegaron al unísono.

Estuve mirando libros en la FNAC. Rodeado de libros me siento como en un balneario, relajado y sin penas en la mente. Me encanta el tacto, la forma, el olor y el color de los libros. Me encanta absorber con mis ojos la letra impresa; es alimento para mi mente y mi corazón. Miguel de Unamuno (1864-1936) dejó dicho: "Leer mucho es uno de los caminos de la originalidad; uno es tanto más original y propio cuanto mejor enterado está de lo que han dicho los demás". Mis ojos ejecutan una danza placentera entre los anaqueles repletos de libros. Me siento como pez en el agua, como albatros sobrevolando las olas del mar, como astro en el santuario de los cielos. La economía no me permite hacerme con todos los libros que quisiera, pero con uno solo siento que puedo abrazar el universo. Suscribo las palabras del sabio oriental Omar Khayyan (1040-1121): "Cúbrete con el manto de la pobreza. Los viandantes no te saludarán, pero oirás cantar en tu corazón todos los ruiseñores del cielo". En el caso que nos ocupa, el libro que he comprado se titula "Vida y destino" de Vasili Grossman (1905-1964). Lo he estado hojeando y verdaderamente promete. Algunos críticos lo han considerado el "Guerra y Paz" de la Segunda Guerra Mundial. A mí me ha despertado el interés porque, según parece, se trata de una saga familiar que alcanza su punto álgido con el dramático telón de fondo de la batalla de Stalingrado. Curiosamente, este autor fue el primero en dar la noticia al mundo de la existencia de los campos de exterminio nazis.

Después me di un paseo por la Calle del Arenal, que en fechas recientes han hecho peatonal. Me pidió limosna una mendiga que tenía los brazos patológicamente cortos, y me avergüenzo de no haber detenido mi marcha para haberle dado algo. Estoy muy lejos de alcanzar la perfección en mis pretensiones cristianas.

Poco después tomé el Pasaje de San Ginés, y me deleité con la vista de una añosa librería, una tienda de artículos de filatelia y numismática, una tentadora y fragante chocolatería, un acogedor restaurante y una ostentosa tienda de artesanía religiosa; casi sentí vergüenza ajena al ver una sotana y una capa pluvial bordadas con hilos de oro, eso sin hablar de las costosísimas custodias y demás menaje litúrgico. Sigo opinando y siempre opinaré que la predicación del Evangelio no precisa de tales dispendios. El pasaje, debido a su estrechura, tenía los muros revestidos de una suave penumbra.

La luz de la tarde me aguardaba, junto con mis legiones de nubes primaverales, al desembocar en la Plaza Mayor. Una bandada de palomas revoloteaba sobre la estatua ecuestre de Felipe III. Un momento maravilloso. Se veían nutridos grupos de turistas tumbados sobre los adoquines de la plaza, cuyo polvo había sido barrido por la lluvia de la noche anterior; cualquiera que viera a estos turistas pensaría que talmente se encontraban en la playa, disfrutando de la caricia del sol y del viento primaveral. Normalmente, siempre que he ido a la Plaza Mayor la he atravesado raudamente; esta vez sentí la necesidad de hacer más pausado mi tránsito por tan hermoso lugar. Había mucha gente con la mirada puesta en el cielo y en los tejados de la plaza; se percibía en el aire una magia contagiosa.

Tras mi rapto de fascinación inicial, tomé sentido hacia el arranque de la Calle de Toledo. Allí me topé con un pintor callejero. Sus cabellos eran rojos como los de Vincent Van Gogh (1853-1890), aunque las canas de las sienes les conferían a los mismos un cierto matiz arenoso. Tenía a la venta cuadros de paisajes madrileños, de molinos y escenas Quijotiles, de montes nemorosos y lagunas verdes, de playas rocosas y brumosos horizontes marinos, de bodegones y escenas de caza... También se alquilaba para realizar retratos al natural, y precisamente le veía empleado en uno, dejando entrever la misma concentración que un cortador de diamantes. El modelo era un niño de pocos años, al cual le estaba costando Dios y ayuda mantener la estabilidad de la pose.

Luego he descendido por toda la Calle de Toledo hasta alcanzar el puente del mismo nombre sobre el esquilmado río Manzanares. Río ultrajado por causa de las obras mastodónticas que se han llevado a cabo en la M-30... El viento ha azotado mi rostro con espinas de barba. El sol ha iluminado mi camino, y he cogido la escalera del arco iris para auparme de nuevo a la cima de las nubes.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 09/04/2008 a las 9:48 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Hacía más de un año que nadie entraba a comprar flores a su sombría tienda. Su pequeña floristería de la rue Martignon. Todas las mañanas pulverizaba las hambrientas corolas con fino aljófar de lluvia.

El mar lloraba a las nubes, y las nubes barnizaban con su llanto los adoquines del puerto de Cherburgo. Los paraguas crecían en las aceras como setas en una pradera empapada por los chubascos de marzo.

Sus flores estaban solas como la luna en el corazón de la lluvia, solas como la mariposa que revolotea en el muladar. Sus flores estaban solas porque ella se encontraba sola. El sol tenía pereza de asomar a los bajos de la rue Martignon. Callecita próxima al puerto, tan estrecha, tan solitaria. El color de los ojos de ella se había esfumado entre nubes de melancolía, como la sombra de una nube que se pierde bajo la hierba crecida en un jardín abandonado. Sus ojos estaban húmedos de la humedad de sus flores, en aquella calle oscura e ignorada de los arrabales del puerto de Cherburgo. Las lágrimas de lluvia no bastaban a alimentarlas; en aquella penumbra acabarían poniéndose mustias. Las flores se morían, y la tristeza convertiría la tienda de ella en una vaguada en otoño.

Pasó a la trastienda, y vio su guitarra de miel y naranja. Su vieja guitarra metida en la vieja funda ajedrezada de cuadros verdes y blancos. Afinó las cuerdas olvidadas, y quiso tocar una melodía de despedida para las flores que se morían en las sombras de la rue Martignon.

Las cuerdas sonaron, y la lluvia dejó de barnizar los adoquines del puerto de Cherburgo. Las nubes fueron barridas por un húmedo suspiro de la primavera. Los paraguas fueron cerrados. El sol se encaramó a las alturas de la rue Martignon para indagar la procedencia de esos dulces acordes de guitarra. El sol atravesó el polvo del viejo escaparate, y las flores se contagiaron de vida.

Ella seguía tocando la guitarra, y vinieron de todas partes a comprar las flores. En los balcones y las avenidas de Cherburgo, las flores de la rue Martignon bebieron la luz del sol, una luz que tenía sabor a música de guitarra.

Ella quedó sola en su pequeña tienda. Siguió tocando la guitarra, y enseñó a las nubes a soltar flores en lugar de lágrimas.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 02/04/2008 a las 16:51 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes La persiana se quejaba amargamente mientras la alzaba. Los rayos de luz de la mañana atravesaron densas constelaciones de motas de polvo, confiriéndoles a las mismas cierto resplandor de oro neblinoso. Y el cajón estaba allí... Tantos años olvidado, y aún permanecía allí.

El vértigo a enfrentarme a mi primera vida de escritor me hizo caer de espaldas sobre una vieja silla de asiento de enea. En el caballete del muro destellaba una telaraña polvorienta. Dentro del cajón se encontraría..., se encontraría la carpeta de escay verde.

¿Qué tenía de especial esta carpeta verde? Nada que la diferenciara de otras similares, salvo que contenía las frases que creé hacia el final de mi infancia y durante el transcurso de mi adolescencia. En todos mis paseos de búsqueda y soledad iba conmigo la carpeta verde. Si había un pájaro cuyo canto me embelesara; si había una nube con arreboles sangrantes por el atardecer; si había un sueño que anotar, una dulce mirada de jovencita que salvaguardar, una esperanza por la que suspirar; si había una receta mágica que pudiera ayudar a mantener la tristeza apartada; si el azul del cielo traía el recuerdo de un océano apartado; si las estrellas de la noche y los rayos de la luna buscaban el abrigo de una hoja de papel; si Aldea cobraba aspecto de Paraíso Terrenal; si había unos labios que pedían ser comparados a pétalos de flor, si unos cabellos de centeno maduro eran amados por los vientos, si las pieles juveniles tenían el esplendor de la fruta en los árboles; si había un verdor de hierba y un lapislázuli de piscina que proteger de los estragos del tiempo; si había algo que causara hormiguillo en el corazón... Entonces todo ello quedaba capturado en el interior de la carpeta verde, la carpeta de las verdes horas de juventud.

El cajón, de buena madera de cerezo, la había resguardado de la acción envejecedora de décadas implacables. Allí estaba la carpeta, con el mismo aspecto de antaño.

La abrí, y me topé con mis primeras historias ilustradas. Historias de una mente imberbe e idealista. Seguían borradores y cuentos pasados a limpio, el argumento de muchos de ellos ya olvidado. Luego una considerable profusión de poemas, que una vez fueran sometidos a público escarnio y, en consecuencia, yo los repudiara y abandonara injustamente. Reflexiones y hasta alguna que otra sentencia filosófica. Y sueños de amor y deseos de gloria mundana y celestial. En fin, la sangre de un muchacho que no podía ser como los demás, el embrión de sus escrituras de años posteriores.

He cogido la carpeta, y no la he vuelto a meter en el cajón. Necesito aprender algo que antes me afanaba en olvidar.

Ni siquiera he vuelto a bajar la persiana cuando me he ido de la oscura y fría habitación. El sol deseaba redimir, el polvo quería ser redimido.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 29/03/2008 a las 18:34 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No



Plato de Moje Contigo lloro, amigo jardinero, el crimen cometido en los aros del tiempo que poco a poco van sembrando la madera de cualquier árbol. Unos plantan, otros talan. Pese a la eufonía enumerativa, la realidad es mucho más fea, trágica, inaceptable y censurable. ¿Delito ecológico?, para mí, sí, mucho más grave que una falta de tráfico o administrativa. Los árboles y su presencia son un indicativo fiel de la cultura de los pueblos. En Francia nació el noble arte de la jardinería y el amor por los árboles. Un libro minimalista en francés llamado L'homme qui plantait des arbres es un canto al amor a la naturaleza. Este hombre dedicó su vida a plantar semillas en el nordeste francés, en su asomada a los Alpes; consiguió en más de 50 años repoblar montañas completas. Evidentemente los prebostes de la incultura y barbarie ecológica aldeana ni conoce al autor ni leyeron el libro ni tienen interés por algo tan pedestre como la madera. Ellos a cobrar y cumplir con su sanbenito perfectamente fiel de mileuristas. Así va la cosa...

Mensaje enviado el 28/03/2008 a las 13:45 por Saturnino Sarmiento de la Parra
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Semana Santa en Aldea Flaco favor se ha hecho eliminando el foro anterior de los pueblos de España. No acabo de comprender las razones que llevaron a los mantenedores del mismo a su abolición. La verdad es que, si no hay participación, no hay vida. Este sistema de acallar a la gente es muy propio de regímenes impropios de los años que vivimos y del país que habitamos. ¿Tanto cuesta soportar la libertad? ¿Tan dura resulta la carga de aceptar la discrepancia y el libre albedrío? ¿O es mejor vivir permanente en la modorra intelectual, en el adoctrinamiento trujillista (República Dominicana, cfr. Mario Vargas LLosa, La fiesta del Chivo) o la indolencia chochitil? Refiriéndome a Aldea, no puedo por menos que exclamar aquello escrito a mediados del XII, "Qué buen pueblo, si hobiese buen señor"

Mensaje enviado el 28/03/2008 a las 13:36 por Saturnino Sarmiento de la Parra
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Estimada amiga Mª Ángeles:

Me parece muy legítima su observación.

Si lee nuevamente mi texto, podrá apreciar que no me refiero más que a cierta gente que en un tiempo me criticaba por no hacer lo que ellos, críticas muy virulentas por otra parte. Mi texto ha sido como una especie de revancha hacia esa gente en particular; en modo alguno quiero meter en el mismo saco a la totalidad del pueblo. Si usted y otros más se han sentido ofendidos, vayan mis disculpas por delante, habida cuenta de posibles ambigüedades en mi texto.

Estoy de acuerdo con usted en cuanto a la escasa participación que se observa en el foro. Empero, en modo alguno es mi intención monopolizarlo. Intento seguir expresando mis inquietudes, pensamientos, opiniones y quejas de un modo libre y respetuoso. Creo que me asiste este derecho, en tanto que habitante de un país libre y democrático.

Reciba mis más atentos saludos.

Aprovecho la ocasión para agradecer los comentarios de libertad e Inocente.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 27/03/2008 a las 22:03 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Jardinero, veo que no es error tuyo. A mí también me lo ha hecho.

Es el editor de textos de Pueblos de España quien mete ese espacio en blanco detrás del punto.

Voy a poner la web del pueblo sin espacio en blanco entre puntos y cuando se publique seguramente aparecerá un espacio en blanco detrás de los puntos.

www. aldeadelrey. es (ESTA DIRECCIÓN HA SIDO ESCRITA CORRECTAMENTE, SIN ESPACIOS EN BLANCO).

Bueno, pues nada...

Mensaje enviado el 27/03/2008 a las 9:59 por Inocente
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Permíteme un consejo, Jardinero:

Cuando haces referencia al blog de Magdalena Gabetta en tu escrito del 14 de marzo a las 12:14, pones la dirección exacta, que copio tal como tú la has escrito:

http://magdalenagabetta. blogspot. com/2008/03/el-jardinero-de-las-nubes. html

Si pruebas entrar, verás que te da error.
Usa ésta otra, que parece la misma pero no lo es:

http://magdalenagabetta. blogspot. com/2008/03/el-jardinero-de-las-nubes. html

Verás como sí entras.

¿Cuál es la diferencia?

En la que tú has escrito, has dejado ESPACIOS EN BLANCO DETRÁS DE LOS PUNTOS y una dirección URL no debe tener espacios en blanco.

Me he dado cuenta porque yo, como todo el mundo, aplicando la ley del mínimo esfuerzo, he marcado con el ratón el texto y le he dado a copiar y pegar.

Si lo hubiera escrito en un papel y después tecleado, no habría tenido este problema, pero tampoco me habría dado cuenta del detalle que te comento.

Un saludo.

Mensaje enviado el 26/03/2008 a las 20:45 por Inocente
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No



El jardinero de las nubes He sentido el dolor de vuestras heridas, queridos árboles de Aldea. He oído vuestros estertores. He sentido vuestras lágrimas de savia al contacto de la sierra eléctrica que ha arrebatado la sombra y el aire fresco de nuestros verdes años.

En Aldea prefieren los horrorosos y turísticos carteles rojos, anunciando la venta de Judas, antes que el esplendor de vuestras ramas, repartiendo en silencio y con amor el fluido de la vida, el gas oxígeno que tan generosamente procesabais a cambio de nuestro indigno dióxido de carbono.

Estabais enfermos, bien es cierto. Han considerado más barato cortaros por entero antes que gastarse el dinero en un tratamiento que os retornara la salud. Ya habrá otros medios más placenteros de gastarse el dinero de nuestros impuestos. Dicen que plantaran nuevos árboles, pero pasaran más de 45 años antes de que se aproximen a vuestra sombra. He aquí otro ejemplo de que lo viejo y enfermo sólo sirve para la muerte, triste axioma. "Si esto han hecho con el leño verde, ¿qué no harán con el seco?" (Lc 23, 31).

Aquellos que habéis ordenado éste para mí crimen contra un árbol amado, contra una vida que pertenecía al pueblo entero (a los niños que nos sucedan), me habéis defraudado. El período de beneficio de la duda ha terminado. Ya sé qué puedo esperar de vosotros. Quienes destruyen inútilmente las creaciones de la Naturaleza, no cuentan con el apoyo del jardinero de las nubes (siempre con minúsculas).

Primero los árboles de la “picina”, ahora éstos. Lamento profundamente la ausencia de las ramas y las hojas que nunca más serán y que no nos pertenecían. Con razón los indios quechua decían: "La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos".

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 24/03/2008 a las 17:27 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Ahora, como hay que dar correo, clave de acceso y mas señas el monopolio del foro es del Jardinero y de Libertad, me parece estupendo?, pues no.
Señor Jardinero, quiero decirle que lo que opina sobre sus paisanos? de los bares, la SS y fiestas en general no me parece bien del todo. Gente hay de todo tipo, como la que Uds enumera, la que va a todas las procesiones vestido con su túnica o armadura, la que va toda la procesión detrás del paso y la que se va a los bares a incharse de lo que le dá la gana pues el dinero que se está gastando es suyo (alguno gorronea alguna cañeja pero no pasa nada). Todo es muy respetable, tanto su opinión como el que está deseando que pase la procesión para irse al bar. Yo cro que eso no es criticable, hay cosas peores que ni se comentan. Y decir que eso pasa en Aldea, Calzada.... y hasta en Sebastopol. Un saludo.

Mensaje enviado el 24/03/2008 a las 14:17 por Mª Angeles
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

No acierto a saber que extraña curiosidad, mas de una vez me ha conducido a los suburbios... y me he detenido para contemplar a los niños, dando patadas a una enorme pelota manchada de barro pateaban los charcos.. En la puerta, una anciana acurrucada en sus viejas y sucias ropas, me miraba con cierto recelo... Proseguí mi marcha por la calle evitando los charcos, mientras los niños, se perdían en el interior de las cabañas. "Se aleja la tarde, y los aullidos de la fría noche caerá sobre quienes habitan las cabañas" -me dije. Sentada sobre una caja de madera, una madre amamantaba un niño... "De ese niño, brotará en la noche un llanto acusador"- me repetía, como queriendo acallar mi conciencia. Y regresé queriendo dibujar una sonrisa, en mis labios... Creo que me nació una mueca de impotencia que se torno en soledad, en una cobarde huída. Me té un café caliente unos minutos depués,, para regresar a mi hogar, alumbrando solo con mi recuerdo, a aquel rincón "del olvido"... Repasando los hechos, presientes que alguien, siempre. implora en silencio... y cuando gritan, pocos tienden su mano.

Mensaje enviado el 23/03/2008 a las 20:05 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes La conciencia me exige reparar una injusticia que cometí hace más de año y medio, fiándome de mi memoria. Entonces la atribuí a cierto señor de Aldea la autoría de un escrito que en su momento me hizo auténtico daño. Revisando recientemente mis archivos, he dado con el escrito en cuestión y he visto que pertenecía a otro autor.

Me permito reproducir el párrafo que hace muchos años me impactó de mala manera:

"... Otros pasan por la vida callados, de puntillas, sin hacer ruido, tratando de evitar ser molestos, pero también sin aportar algo positivo a la vida comunal. Son esos seres grises a los que hay que mirar reiteradamente para percatarnos de que están en nuestra presencia. Se diría que son casi transparentes, que no dan sombra. Y, con seguridad, no hacen historia, aunque están ahí, han nacido, viven, se reproducen y mueren. Cuando son las fiestas, tal vez se atrevan a ponerse su traje más nuevo, a salir a la Plaza, comprarse un helado y oír la música, incluso salen a ver la procesión y se asombran de los cohetes de cada año. Entonces, el resto de los vecinos, se da cuenta de que existen, que no han emigrado o que todavía no se han muerto" (sic).

Por aquellos años, con la lectura de este texto deduje que sólo el enfermo tiene la culpa de su enfermedad. Entonces Internet era un mero experimento, y los tímidos, entre los que me incluyo, no lo tenían fácil para participar en la vida aldeana. Ahora, gracias a Internet, la sombra se ha llenado de luz.

Afortunadamente, el mismo autor dejó escrita una receta de vida en su párrafo final, que ha borrado de mi alma todo anterior resentimiento hacia su escritura:

"La vida, con sus cosas buenas o malas, merece vivirse con intensidad, procurando dar lo que se tiene, aquello de lo que se está dotado, para contribuir, en poco o en mucho, a hacer historia. Los pueblos, para bien o para mal, son movidos por las personas. Procuremos siempre que los pasos que se dan sean firmes, recios y bien sentados, para que el futuro de nuestra comunidad sea un poco mejor. Sólo así nuestra vida y la historia que dejemos tendrá sentido" (sic).

En resumen, quiero pedir perdón públicamente a aquel señor al que le atribuí la autoría de los citados párrafos. Cargué las tintas en su contra sin motivo, y ahora, con las pruebas que he presentado, considero el escrito que le dediqué como inexistente. Perdóneme, señor. Me fiaba de las excelencias de mi memoria, y me he dado cuenta de que la misma es tan imperfecta como mi propia persona.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 22/03/2008 a las 22:15 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

"Jardinero de las nubes"! Saludos! Me ha llamado la atención tu escrito, pues, me recuerda una "anécdota," larga en el tiempo; que me situó, en el lugar, en el que estoy. Es decir, a partir de aquel día, se agudizó mi observancia, en procesiones y otros actos religiosos, y lo bautice, con el nombre de: ARRASTRADOS POR LA COSTUMBRE.
Yo tenía, ya la hermosa edad de 17 años: Madrid. Hacía ya algunos años, en que habían quedado atrás, las procesiones en mi pueblo, y esa devoción (supe mas tarde, que no era tal para algunos) y quise participar en una: me extrañó que unos encapuchados, arrastrando cadenas, penetraran en los bares, en el trayecto y levantando sus cónicas capuchas, le dieran al tinto o blanco y... hasta cantaran canciones que estaban muy lejos de aquello... Yo sentía (entonces) un profundo respeto para lo que en realidad, no entendía del todo. Este sufrió aquel día "un ligero desmayo" que se mayor en el tiempo, hasta situarme, donde estoy. Sigo en aquel respeto, pero al mismo tiempo, no se porque extraño, voz me dice, que "LA COSTUMBRE", está invadida de folclore. No pretendo molestar a nadie: es mi impresión. Mi concepto de Dios o dioses, te es conocido, y oy tu escrito, ha despertado aquel lejano recuerdo, que entre otros, mas desagradables aún, me han apartado de esta clase de exhibiciones. Ayer y hoy mismo, me comeré el potaje (como buen manchego "que sigue las tradiciones, unas torrijas, y poco más... mientras contemplo las carreteras invadidas de coches y las consecuencias, de tanto desplazamientos... sin dejar de pensar en lo real y lo ficticio.

Mensaje enviado el 21/03/2008 a las 11:59 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No



El jardinero de las nubes DE CÓMO DISFRUTAR CON CATEGORÍA LA SEMANA SANTA EN ALDEA

En un correo reciente, un buen amigo aldeano me ha dado su opinión acerca de los cambios que de unos años a esta parte percibe en la Semana Santa de Aldea del Rey. Según él, se aprecian mesnadas de gentes en las esquinas, mirando el paso de las procesiones, para a punto continuo salir de estampida hacia los bares. Y en no pocas ocasiones se entablan riñas por apropiarse de un velador o un rincón en la barra.

Cuando yo aún pasaba la Semana Santa en Aldea, pude corroborar los detalles que me comenta mi buen amigo; pude apreciar que muchas presuntas devociones religiosas eran regadas con los ricos caldos tabernarios.

Llegados a este punto, deseo manifestar que no es mi intención malquistarme con el honrado ramo de la hostelería aldeana; sólo quiero cargar las tintas contra aquéllos que menosprecian a los que no frecuentan demasiado los bares.

En mi caso particular, tuve que soportar maledicencias y no pocas filípicas por no visitar los bares en Semana Santa. Querían hacerme ver que la "categoría" se demostraba a pie de barra durante tan señalada época del calendario litúrgico. Quien no frecuentaba los bares entonces, era un insociable, un tacaño, un acomplejado, un apestado y todo aquello negativo que se pudiera decir de una persona. Además me decían que yo me pegaba a las paredes por evitar los encuentros en el centro de la calle.

Y fue que me aconsejaban pasar las horas festivas confinado en los bares y cafeterías, alternando con la gente y consumiendo a manos llenas para demostrar que no era un agarrado con el dinero. ¡Ay de mí como me vieran comer pipas o kicos sentado en un miserable de la Plaza! Con razón llaman "miserables" a los bancos de granito que se ven al lado de las terrazas de los bares. Nada, que por no hacer lo que todo el mundo hacía, cogí peor reputación que el dómine Cabra del "Buscón" de Quevedo.

Ahora ya no paso la Semana Santa en Aldea, y hago con mi tiempo de asueto lo que me da la real y santísima gana. Si me apetece pasear, paseo; si me apetece asistir a una celebración religiosa, allá que voy; si me da por entrar en un bar a tomar un refresco, pues tan ricamente... En una palabra, dejo que mi tiempo discurra placentero a mi antojo.

Atrás quedaron los tiempos de escuchar tanta absurda conseja de los que, según ellos mismos, saben disfrutar como nadie de la Semana Santa aldeana. Vamos a hacer, en honor suyo, un certero decálogo del perfecto disfrutador de nuestra Semana Santa local:

1º Ponte los trapitos conseguidos en las rebajas y los zapatos que más aprieten, eso sí, bien embetunados.

2º No vayas a la iglesia más que para que te bendigan el pertinente ramito de olivo; y si vas, figura lo que puedas con tus atuendos de estreno.

3º Búscate una buena esquina para ver el paso de las procesiones.

4º No dejes que terminen las procesiones; vete pitando para el bar a pillar sitio.

5º Si no encontraras sitio en el bar, apretújate bien, cual si te encontraras en un vagón de metro en hora punta.

6º Disfruta de la atmósfera saturada de humo de tabaco; es sanísimo.

7º Si tienes calor, ajo y agua; que la cerveza corra por las comisuras de tu boca como reguero de sudor en la frente de un edil.

8º Habla de todo menos de Dios, no sea que des una imagen alejada de la mentalidad progre y liberal.

9º Resiste, resiste todo el tiempo que puedas dentro del bar; cuanto más resistas más categoría creerán que tienes, pues los bares se nutren de tu fortuna. Y no hagas caso de los que te invitan a dar una vuelta por el campo en primavera para cambiar de aires; es que no tienen ni un duro los pobrecicos.

10º No lo olvides, hijo mío: en la Semana Santa aldeana la felicidad no se demuestra con un buen comercio, sino con un buen bebercio (y hasta con un buen fumercio).

Quiero manifestar mi escasísimo reconocimiento a aquellos filósofos de taberna (cuando no cómicos de la legua) que tantos desvelos se tomaron por adoctrinarme. Fracasasteis: sigo siendo lo contrario de vosotros..., y me alegro mucho de serlo.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 20/03/2008 a las 17:36 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

-Y que nazcan flores calientes, en los lechos miseros de niños, culpables de nada.
-Y broten manos generosas, para trenzar escaleras, que lleguen hasta una nube hermosa.., donde curar la carencia.
-Y que las madres no corran en en el hambre, en busca de un pedazo de pan... o acuestas sus hijos buscando refugio, de las culpas sin castigo.
Y... que no nazcan mas niños, para que sus oídos aprendan los ruidos perversos, que espantan las aves.
Y que el poderoso que ordena, se le seque para siempre, su lengua perversa... para que nodos los hombres pronuncien: LIBERTAD

Mensaje enviado el 19/03/2008 a las 10:13 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

ANTECOMIENZO
No detenerse.
Y cuando ya parezca que has naufragado para siempre en los ciegos meandrosde la luz, beber aún en la desposesión oscura, en donde sólo nace el sol radiante de la noche.
Pues también está escrito que el que sube hacia ese sol, no puede detenerse y va de comienzo en comienzo por comienzos que no tienen fin. (José Ángel Valente)

(AZAR)

Mensaje enviado el 18/03/2008 a las 13:00 por Estrella
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

ANTECOMIENZO
No detenerse.
Y cuando ya parezca que has naufragado para siempre en los ciegos meandros de la luz, beber aún en la desposesión oscura, en donde sólo nace el sol radiante de la noche.
Pues también está escrito que él que sube hacia ese sol no puede detenerse y va de comienzo en comienzo por comienzos que no tienen fin.

(Jose Ángel Valente)

(Al azar)

Mensaje enviado el 18/03/2008 a las 8:54 por Estrella
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

HOY SOLO puedo hablarme de flores en el olvido, que me nacen y duelen... Contándome, "mil cuentos" que me cuentan los hombres:
-Descubro en mi y en ELLOS, su llanto en los andenes, por las calles del mundo y sus grandes soledades.
-Hoy escribo este cuento con las letras mas grandes, en único deseo: que se borren los vientos, los fríos y la nieves, y se miren los hombres... y y que el dolor me cese.
LIBERTAD

Mensaje enviado el 18/03/2008 a las 5:24 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No



El jardinero de las nubes El enlace en concreto es:

http://magdalenagabetta. blogspot. com/2008/03/el-jardinero-de-las-nubes. html

Mensaje enviado el 14/03/2008 a las 12:14 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Feliciano Moya está logrando un gran reconocimiento en las lueñes tierras de Sudamérica.

La prestigiosa autora argentina que me dedicó el poema, ha colocado en sitio destacado la pintura pastel que Feliciano me dedicara. He aquí el enlace, indicado con el permiso de la autora (doña María Magdalena Gabetta):

http://magdalenagabetta. blogspot. com/

Gracias, Feliciano, embajador artístico de Aldea. Gracias por tu arte y hacer historia en este pueblo que tanto amamos.

Gracias, María Magdalena, por tu generosidad y tus desinteresadas atenciones.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 14/03/2008 a las 11:45 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Hace ya mucho tiempo que dejé de concurrir a la Semana Santa de Aldea. En esta época suelo darme un garbeo por las costas del Mediterráneo. Aunque yo sea animal de secano, necesito sentir de cuando en cuando la presencia del mar, aunque parezca una traición y una ostentación en relación a las tan queridas personas que conozco que nunca han visto el mar, porque vivieron en tiempos de estrecheces, en los cuales no se estilaban los viajes de placer.

No obstante, conservo recuerdos nítidos de la Semana Santa de Aldea. Me gustaba mucho. Las velas goteantes con tulipas de botella de lejía, las procesiones, los nazarenos, los blanquillos, los armaos, los cornetas y tambores y aquellos arqueros de boinas rojas. Me acuerdo del matriarcado que la Pilar del Chato y la hija del Remendao ejercían con toda simpatía hacia los jóvenes cornetas y tambores. Una vez, hace muchisimos años, asomaron unos tunos por las procesiones, y estas maravillosas señoras no hacían más que encargarles canciones (Clavelitos, Compostelana, etcétera). Nunca pude olvidarlas, y espero que sigan siendo y siempre sean las madrinas de las procesiones de Aldea.

¡Dios Santo, qué recuerdos del Prendimiento del Jueves Santo! Los madroños del huerto de Getsemaní. Los nazarenos aguardando a los armaos dentro de este nemoroso recinto. Después los armaos llegaban a la Plaza y empezaba el relato del Prendimiento, pronunciado por la voz del Cardinche. A mi siempre me hacía gracia la respuesta que los armaos daban a la pregunta " ¿A quién buscáis?", y entonces la soldadesca entonaba con ribetes onomatopéyicos: " ¡A Eússs Anareno!". Esas voces tenían sabor a cigarrillos Ducados y a sudor de armadura. Aunque se tratara de un momento dramático en la vida de Jesús, no podía evitar que la risa se me trabara en la garganta. Luego el Cardinche se encaramaba al pedestal de Jesús, y era curioso ver a un Judas Iscariote con unas gafas de vidrios tan gruesos; no sé si en la antigua Palestina se estilaban semejantes anteojos. Acto seguido las cuerdas, y empezaba lo más granado de las procesiones.

Un espectáculo muy vistoso y encantador. Desde el punto de vista religioso, a mí me aportaba muy poco. Pero era encantador de todas veras.

La Semana Santa de Aldea, a pesar de los pesares, causa recuerdos grandiosos, y en los últimos años, cuando llega esta época, teniendo el mar a la vista, mi corazón le da varios repasos.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 06/03/2008 a las 12:52 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Cuando quisimos aguardar a hacerlo, la arena del tiempo interpuso una barrera insalvable. Soñábamos con hacer ese viaje a Córdoba. ¿Te acuerdas cuando nos contaban que el abuelo se fue de este mundo con las ganas de llevar a su familia a visitar la Mezquita de Córdoba? La guerra le impidió realizar este deseo, y la vida me había dejado a mí solo para realizarlo.

Con el primer dinero que acopié en mi vida, hice el equipaje y puse rumbo a la capital andaluza. Mis ojos serían los tuyos, y en mi corazón sangrante iría el recuerdo de la primavera de tu corazón.

El cielo estaba azul y despejado, pero soplaban aires muy fríos y recios en el Puente Romano, por delante de la Torre de la Calahorra. Bajo sus arcos, el río Guadálquivir cabrilleaba con el sol y sus ondas se fragmentaban en rabiones de espuma junto a las orillas arboladas. Y vi que, entre caminos de vilanos, tus ausentes cabellos se llenaban asimismo del oro del sol invernal.

Dimos un paseo por los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Había rosales que bajaban al encuentro del río. Y sentí tu olor, el olor de ese agua de colonia que solías utilizar en las festividades aldeanas. Quise sentir tu abrazo, cerré mis ojos y me estrechaste con el viento que soplaba desde el otro lado del río.

Fue bonito nuestro recorrido por la Judería, por esos rincones de rejas, fachadas, patios y macetas de geranios. Sin darnos apenas cuenta, arribamos a la recoleta plazuela del Cristo de los Faroles. Tú tenías mucha fe, y una oración tuya se quedó enredada entre las flores que había al pie de la Cruz.

¡Cómo disfrutaste pataleando entre los surtidores de agua que brotaban del pavimento de la Plaza de las Tendillas! Tus risas me llegaban al oído, obligándome a sonreír a mi vez. Bonitas fuentes; seguro que no estaban en tiempos del abuelo, porque si no las hubiese recordado.

Nos cayó la noche, y te llevé a que vieras otra vez el Cristo de los Faroles. Y sentí tu silencio y las sombras con que las flores se habían arropado.

Los pájaros dejaban oír sus arpegios la mañana azul que fuimos a visitar la Mezquita-Catedral de Córdoba. La belleza circundante se salpicaba con la luz de tu rostro. Por un momento te perdí entre el bosque de columnas y arcos de herradura. Me quedé extasiado: el abuelo tenía razón cuando refería las excelencias de este recinto. Estuvimos un rato acomodados entre los asientos de madera barroca del coro del minúsculo reducto catedralicio. ¿Sería cierto que creí sentir tu mano estrechando la mía? ¿Sería cierto que lloré sin lágrimas?

Abandonamos el recinto y nos dimos una vuelta por el Patio de los Naranjos, donde las frutas semejaban en las ramas estrellas doradas. Llegamos junto a la fuente de las abluciones, y allá, en el pilón, vi tus ojos hechos de alegría. Tus ojos, que se enfrentaron a la tristeza de los míos. Tus ojos, que atraían a las palomas a beber del agua tranquila... Nunca más volví a verlos.

Así fue nuestro viaje a la patria de los Omeyas. Así ha sido mi vida desde entonces.

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 04/03/2008 a las 21:21 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

AMANECEMOS

! No! No estoy solo,
Siempre encuentro un sendero donde caminar,
al girar de cada hora, acuestas mis desvelos
! Imposible de conciliar el sueño
cuando voces niñas, me dibujan abriles!
Aun en la oscuridad total, descubro que en alguna parte
unos ojos me miran con amor.
Me pregunto; me convenzo
que alguien se hace eco de mis desvelos...
! Maldita aholmada dibujando un gemido en mi garganta...
! Tenaz testigo en sus silencios, en huertos
lejanos floridos de lluvias y rocíos!
Ta veo. Te contemplo: te retengo
en las largas noches, en mi solitario lecho
y en todas sus horas cultivo estrellas.
Me acerco y te acerco en la niebla y las sombras
Te hablo ofreciéndote, cielos, plagados de rosas.
Te imagino, flor hacia mi y te respiro.
Me hablas, y tu voz me amanece en el Alba.
Me tienes en tu ternura.
Te tengo en mi hermosa locura...
Y mi mano se te acerca portando un manojo de estrellas, que contemplamos abrazados.
se prolonga EL INSTANTE
y emerge la luz en los caminos:
los mismos de aquel día primero.
Te tomo de la mano y nos miramos...
Y reanudamos luego la marcha para dibujar mas besos.
Nos decimos mil cosas... en el abrazo de la memoria...
Y lloramos, a la vez que reímos
con aquella risa niña...
Y nos decimos:
"Somos felices, AMANECEMOS.
LIBERTAD,

Mensaje enviado el 02/03/2008 a las 9:33 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No



El jardinero de las nubes Figaro, tampoco me he olvidado del texto y del poema que me dedicaste.

¡Qué lástima que entonces no tuve la precaución de haberlos copiado!

Gracias, de corazón.

Mensaje enviado el 01/03/2008 a las 13:42 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Una gran poetisa argentina, me ha dedicado esta poesía que realmente pertenece a mi pueblo. Hoy las nubes van a descargar perfumes de felicidad, en forma de lágrimas. Gracias Magdalena.

"Jardinero de las Nubes

Desde una cómoda nube,
a horcajadas del infinito,
observas el mundo cual escenario que gira
mostrando día a día una escena diferente,
que cultivas con amor.

Son tus ojos los que miran,
pero es tu alma la que está mirando.
No es el paisaje que rodea tu tierra
un repetido cuadro inanimado.

Es tu vida y tu pasión....

Para tu alma....
No es inadvertido el temblor del pétalo,
ni el tremolar de las hojas,
ni el susurro del viento.
No son las personas títeres articulados,
ni es la música un pentagrama oxidado.

Tu esencia recoge sabiduría de lo simple
y la transforma en letras de lo bello.
Porque no hay nada más bello
que la simplicidad de la gente
o el aroma de los campos
que engalanan tu tierra.

Es vida, es sentimiento
que procesas con conocimiento
transformándolo en cálido placebo
que riega tu interior para florecer en tus manos,
descansar en tus letras y....
encandilar al lector.

................................
Espadachín de antifaz y pluma.
Jardinero de las nubes.
Juglar de tu tierra.

María Magdalena"

El jardinero de las nubes.

Mensaje enviado el 01/03/2008 a las 13:21 por jardinero de las nubes
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

Yo también me he encontrado, a un guitarrista, tecleando nostalgias: oí su música que se me antojó un lamento de antiguas primaveras. Las notas, sonaban a amor: a apego a la tierra en la que interrumpieron su niñez. Hablaban de la ancha Castilla...
De El Sol que caía encendido sobre las cumbres, vestidas de blanco, tiñendo de colores las nubes que cabalgaban sobre el horizonte; mientras el viento, tenaz y frío mecía las comas de los pinos...
"un niño caminaba, arrastrando sus albarcas, por el áspero sendero; azada al hombro: demasiado pesada para su edad. Hacia El Este apuntaban las primeras estrellas, cuando un ruido ensordecedor, se invadió los campos... la guitarra calló, para transcurridos unos minutos, proseguir en sus lamentos. El ruido cesó y el muchacho, reanudó la marcha hacia "el lugar". Las sombras aún no habían borrado las casas grises, apretujadas sobre la torre de ladrillo rojizo. Las palomas revoloteaban asustadas, regresando a los huecos que habían dejado las bigas en el viejo castillo. El muchacho no entendía: le habían hablado de que el autor de sus días, estaba lejos, junto a otros hombres... a los niños no les contaban nada.
! Hola!-Era "el tío José uno de los viejos del lugar.
! Hola!-respondió el muchacho.
"El tío José (se decía) era un hombre muy sabio, y como si adivinará las las preguntas que se hacía EL MIÑO DE NUESTRO CUENTO, le dijo:
"Escucha, pequeño, los hombres nacemos con una especie de locura, que permanece dormida, hasta que alguien la despierta, y entonces, se torna en locura colectiva; algún día lo entenderás, y espero, que yo, yo, desde las sombras eternas, no presencia jamás, una tarde que naciera hermosa, empañada por las locuras de los hombres."
Había anochecido, cuando llegamos a las primeras casas.
Apenas durmió el niño aquella noche.
Algunos años después, con otros muchos niños, en un país desconocido, se escribió "este cuento" al hombro su guitarra, de tristes recuerdos.
LIBERTAD.

Mensaje enviado el 01/03/2008 a las 10:44 por libertad
¿mantenemos este mensaje?   Sí    No

El jardinero de las nubes Allí me lo encontré, tocando la guitarra en la hondura del valle. Yo ya había cumplido los veinte años, y llevaba puesta la misma chaqueta que ahora, toda raída y desabotonada, cubre la tristeza de mis carnes en este momento de escritura... Lo encontré tocando la guitarra en ese valle escondido de Aldea, que por la abundancia de olivos me gustaba llamar "El bosque de las aceitunas". Faltaba poco para el advenimiento de la primavera. Las nubes bajas, pesadas y esponjosas, soltaban con el roce del viento astillas de lluvia.

La primavera naciente me traía un soplo de tristeza, y ¡qué mal debe pintar la vida para estar cansado de la misma con sólo veinte años! Pasé entre los olivos sin mirar si había cañamones en las ramas redivivas. Entonces fue cuando noté cómo los acordes de la guitarra reverberaban en las rampas calizas del valle. Pasarían muchos años antes de que reconociera esa nostálgica melodía: se trataba del "Concertino para guitarra y orquesta" del madrileño Salvador Bacarisse, compositor que sufrió el destierro en Francia tras la Guerra Civil… Música del destierro para cantar el amor de una patria perdida.

¿Dónde está el guitarrista?, me pregunté yo, el guitarrista que ha enmudecido el canto de la avutarda y le ha robado el susurro a la brisa del olivar. Está escondido y toca para la soledad desde su propio sentimiento de soledad. Una música que expresa toda ella la añoranza del hogar perdido.

El bosque de las aceitunas está apartado de Aldea. Allí Cristo daría las tres voces y no le oirían. La figura del guitarrista apareció al pie de una encina; frente a