Los primeros asentamientos que se tienen constancia son de un poblado celtíbero que se encuentra en el paraje conocido como Retamalejos, también se cree que otro paraje conocido como Los Villares existió un asentamiento romano.
Durante la reconquista de Alarcón (1184-85) quedó como frontera de los reinos cristiano y árabe, de donde procede su nombre Limitania, hasta la conquista de Requena en el 1240 durante el reinado de Fernando III. Ese año pasó a formar parte del Marquesado de Villena como aldea perteneciente a Iniesta hasta la fecha de su emancipación como municipio la Navidad de 1705.
"Nuestra Manchuela"
Como todos ya sabemos, cada vez conocemos algo más de esta tierra. La Manchuela definida como si de una Mancha humilde se tratara, tierra castellana, llana en la actualidad rodeada de viñedos y bancales. De cielo azul y alto, ese cielo que los campesinos debieron levantar de tanto mirarlo.
Y de La Manchuela, podemos dar unas pinceladas a su inmensa riqueza histórica y cultural.
Comarca de antiguas culturas, de testimonios escritos y no escritos, poblada por asentamientos iberos, influencias fenicias y cartaginesas, según restos arqueológicos, tierra de moros hasta que Alfonso VIII, reconquisto a los almohades las plazas de Alarcón e Iniesta en los años 1184 y 1186. Zona repoblada hace ocho siglos a costa de asentamientos legitimados por el Fuero de Cuenca. Sus lugares, primero, fueron señorío, dependientes del Marquesado de Villena, y de realengo, después, desde que las Concordias de 1476 y 1480 eligieran reina de Castilla a Isabel La Católica.
Poblaciones como El Peral, Minglanilla, Ledaña, El Herrumblar, Villalpardo, Villarta, Villamalea, La Graja, El Castillejo, Quintanar, Las Madrigueras, La Casa De Simarro, Gil García, Campillo, Sisante, etc, se segregaron de las tierras de Alarcón, Iniesta, Villanueva de la Jara, Motilla, Vara de Rey o Jorquera.
Pero uno de los fenómenos que marcaron La Manchuela para siempre, fue el movimiento masivo migratorio a partir de los años 60, la sociedad rural castellana tradicional, de autoconsumo agrícola y ganadero, desaparecieron cuando el tiempo de la modernidad, con la mecanización del campo con tractores, cosechadoras, etc. Se produjo una gran masa de mano de obra excedentaria, que se vio obligada a buscar la alternativa ocupacional y vital que aquí ya no tenían. Este fenómeno migratorio alumbró el despoblamiento de casi un 40 % de nuestra comarca. Nuestros paisanos y familiares, tuvieron que mudar a Valencia, Barcelona y Madrid, entre otras.
Los que permanecieron en esta Comarca, sobrevinieron alternando cultivos tradicionales, innovando productos como el champiñón o el girasol, haciendo más competitivos los viñedos, dedicándose al transporte o a la construcción, como desde el principio de la historia, adaptándonos a los nuevos tiempos venideros, la lucha del día a día.
HISTORIA DEL SEÑORÍO DE VILLENA, POR JUAN CARLOS VILLENA HERNANDEZ.
Y POR ES0 0S DEDIC0 ESTE LIBRO.
CAPITULO I.
PRESENTACIÓN
Juan Carlos Villena Hernandez. Ledaña - Cuenca -
En 1386 tuvo lugar la constitución de la Hermandad del marquesado de Villena, uno de los acontecimientos más llamativos e interesantes entre todos los que conforman la Historia común de los pueblos -muchos de ellos hoy albacetenses y conquenses - que integraron aquel amplio conjunto territorial y jurisdiccional, uno de los más extensos y apreciados señoríos de la Castilla medieval. Se trata de una hermandad no muy distinta, en esencia, salvo en algunos rasgos peculiares, de otras que por aquellos mismos años nacieron en distintos rincones del Reino, pero que para nosotros ha de tener por fuerza un mayor atractivo como objeto de conmemoración y estudio. No en vano representa un hito en el proceso de formación de unas estructuras económicas, sociales, culturales y políticas que condicionaron la vida de nuestros antepasados y que, por muy olvidadas que puedan parecer, han seguido actuando a través del tiempo, y aún hoy son parcial y relativamente perceptibles en muchos aspectos.
Seiscientos años después de aquella fecha, y tomando la efemérides como motivo, yo, Juan Carlos Villena Hernandez, crei llegado el momento de llevar a cabo un esfuerzo de recopilación y síntesis destinado a rescatar, reunir y poner de manifiesto, en la medida de lo posible, los datos hoy disponibles sobre aquel señorío que durante siglos hizo sentir su influjo en la política castellana y sirvió de marco al acontecer de muchos de nuestros pueblos. Un señorío importante, desde luego, por la recia personalidad y elevado linaje de sus titulares, de los Manuel a los Pacheco, que, haciendo valer su influencia, impusieron con frecuencia su voluntad a los mismos monarcas, a menudo parientes suyos, y llegaron a hacer de su tierra un estado tapón que, colocado en la frontera de las coronas de Castilla y Aragón, mantuvo durante largos períodos una virtual autonomía, y sirvió a menudo de fiel en la balanza de poderes. Pero importante también por su extensión y su estratégica situación geo-política, que lo hizo siempre objeto de las ambiciones de la nobleza y de los mismos reyes, que en diferentes ocasiones y en diversas maneras intentaron anexionarlo a los dominios de realengo o someterlo al control de personas que, por su vinculación a la familia real, no supusieran un peligro. Y notable también, por último, aunque quizá en menor medida, por su relativa pujanza ganadera y comercial, más que agrícola, derivada de su emplazamiento en un nudo de comunicaciones vital para el tráfico pecuario y mercantil entre la Mancha, Andalucía, y los Reinos de Valencia y Murcia.
La historiografía relativa al asunto que nos ocupa es breve y, en su mayor parte, reciente. Los estudios disponibles, pese a ser en su mayor parte apreciables y meritorios, son fruto de esfuerzos no coordinados, emprendidos desde planteamientos diferentes por investigadores aislados, que no han tenido oportunidad de tomar contacto entre sí. En consecuencia, difícilmente consiguen dar una visión global del fenómeno tratado. Por lo que se refiere a la bibliografía de carácter general, el señorío de Villena pasa aún bastante inadvertido, por más que ya comience a ser mencionado, con reconocimiento expreso de su importancia, en algunas grandes obras de conjunto.
El estudio ha servido ya para despertar el interés de especialistas en Historia Medieval y Moderna que hasta el momento no se habían acercado al asunto tratado. Ha permitido poner en claro algunos puntos dudosos sobre el comportamiento jurídico y económico del señorío y sus instituciones, incluso fijar una fecha precisa que marca desaparición legal del mismo como unidad administrativa. Ha aportado también nuevos puntos de vista sobre aspectos ya estudiados, y ha profundizado en otros que siendo conocidos, no lo eran suficientemente. Y, lo que es todavía más importante, ha sacado a la luz gran cantidad de datos y documentos inéditos que dormían hasta ahora en legajos y carpetas de diferentes archivos, y que habrán de tener en el futuro numerosos aprovechamientos y aplicaciones.
Como cabía esperar, dada la gran extensión geográfica y la dilatada duración que el marquesado de Villena alcanzó, y teniendo en cuenta, además, que por primera vez se congregan en torno a esta compleja realidad estudiosos de las múltiples facetas que la misma ofrece, el conjunto de las comunicaciones presentadas resulta heterogéneo y dispar en temática, metodología y tratamiento. Unas son de carácter estrictamente local y centradas en uno solo de los pueblos que formaron parte del señorío, otras intentan abarcar la totalidad de ellos o una parte significativa. Las hay que se refieren a momentos muy concretos, mientras que otras se extienden largamente en el tiempo. Por lo que respecta al contenido, la variedad es igualmente notable, desde la que pretende profundizar en un aspecto fundamental de la Historia política, económica o institucional, a la que toca asuntos relativos a la biografía de alguno de los distintos señores pasando por la aportación documental o la reflexión sobre las circunstancias geo-políticas de una comarca.
JUAN CARLOS VILLENA HERNANDEZ-ASOCIACION JUVENIL ILDANENSE.
LAS RENTAS SEÑORIALES DE LA CASA PACHECO EN EL SEÑORÍO DE VILLENA EN LOS ALBORES DE LA EDAD MODERNA
Tras la guerra civil que asoló Castilla a fines del siglo XV, la casa de los marqueses de Villena fue una de las que mayores pérdidas territoriales sufrió debido a su apoyo al bando de Juana la Beltraneja. Sin embargo, ello no fue óbice para que continuase siendo una de las principales familias del reino. Gran prueba de ello fue la conservación de importantes rentas de realengo y eclesiásticas que van a mantener en sus posesiones, todas ellas sancionadas por la Corona y por el papado, lo que confieren un gran poder económico y social a esta familia. Su importancia y presencia en la parte no reducida a la Corona del señorío de Villena queda patente a las gentes del lugar tanto en las figuras administrativas y judiciales que el señor nombra y que rigen la vida de los vasallos como en las figuras impositivas que sigue controlando la casa Pacheco. A lo largo del presente trabajo se irán analizando cada una de las imposiciones de las que seguirá conservando el marqués derechos, rastreando en los orígenes de los mismos y mencionando las vicisitudes e intentos de la monarquía por intentar recuperarlas, si bien, en algunas de las ocasiones, deberá plegarse a los derechos de la tradición y a los privilegios donados por monarcas anteriores. Aunque desarrollaremos brevemente los principales impuestos, sin duda alguna haremos especial hincapié en la renta de las tercias reales y su variante local conocida como los "cahíces del pan", que nos servirán como ejemplo para intentar demostrar como la fiscalidad medieval y del antiguo régimen tiene un claro matiz redistributivo entre los grupos dirigentes, ya que en dicha renta tendrán cabida tanto los poderes locales, señoriales, eclesiásticos y Corona. ETC......