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Mensajes de NARROS DEL CASTILLO
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Calma...
En la época del fax, los chips, el internet, el jet, el microondas y el control remoto, es difícil aceptar procesos con paciencia.
Queremos que todo en la vida funcione tan rápido como las comunicaciones o las computadoras. Nos dejamos presionar por un inmediatismo estresante.
Y está bien que exijamos rápidez a los lentos y los mediocres, pero no hasta el punto de querer en todo una velocidad de transbordador espacial.
Por querer volar quemamos valiosas iniciativas, no le damos espacio a los procesos de maduración y olvidamos lo importante agobiados por lo urgente.
La impaciencia nos hace tanto daño como el que sufren los niños cuyos papás quieren estos milagros: Que el pequeño a los 5 años hable tres idiomas, toque violín, sea estrella en un deporte, estudiante Uno. A. y experto karateca.
Ojalá pongamos en nuestro espejo, en el closet y en la oficina un post-it con las letras PP de paciencia y procesos.
Así tendremos ante los ojos por un buen tiempo un memorial de lo valioso que es actuar con calma y dejar tanto acelere. ¡Ojo, vísteme despacio que estoy de prisa!
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Ana Belén
Lía Colaboración de Edmundo Núñez Durán
edmundo_n@yahoo. com
abel0071
calidad texto
Lía con tu pelo de dredón de terciopelo que me pueda guarecer
si me encuentra en cueros el amanecer.
Lía con tus labios a los mios reSpirando en el vacío aprenderé
como por la boca muere y mata el pez.
Lias telaraña que enmaraña mi razón que te quiero mucho
y es sin ton ni son.
Lías cada día con el día posterior y entre día y día.
Lía con tus brazos un nudo de dos lazos que me ate a tu pecho amor.
Lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón.
Lías dos miradas a mi falda por debajo de mi espalda y digo yo
que mejor que el ojo pongas la intención.
Líame a la pata de la cama no te quedes con las ganas de saber
cuanto amor nos cabe de una sola vez.
Lías cigarrillos de cariño y sin papel para que los fume
dentro de tu piel.
Lías la cruzeta de esta pobre marioneta y entre lío y lío, lía lía
Lías cada día con el día posterior y entre día y día.
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Rome Reports
Una ayuda novedosa para transmitir la fe a los niños desde pequeños.
Actualizado 14 mayo 2012
Rome Reports
A veces los padres pueden tener la duda sobre el momento oportuno de hablar a sus hijos de la fe. Dentro de poco, tendrán una nueva opción llamada ´AB Catholic´.
A través de vídeos y archivos de audio, ´AB Cathlic´ quiere acercar la fe a los niños de una manera sencilla y muy visual, haciendo más sencillo el aprendizaje, captando la atención de los más pequeños.
Gracias a sus recursos, los padres o catequistas harán participar de la fe católica a los niños desde el principio.
Desde el próximo mes de junio, en su web abcatholic. com estará disponible en inglés su primer iniciativa: ´My Catholic ABC´s´, un DVD que ayudará a explicar qué son los ángeles, el bautismo y la crucifixión.
Con sus vídeos los niños podrán aprender el alfabeto y a la vez familiarizarse con el cristianismo. Una ayuda que puede servir a los padres y educadores a transmitir la fe desde pequeños.
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Un señor de la ciudad fue a pasar unas vacaciones a la sierra, a unas altas montañas. Tenía un trabajo que lo agobiaba, muchos problemas y quería renunciar a todo. Un amigo lo convenció que antes se tomase un descanso en la montaña y así lo hizo. Todas las tardes salía a dar un paseo y de regreso solía encontrarse una viejecita que regresaba a su casa.
Se podía observar que la anciana había estado trabajando todo el día y que le costaba trabajo subir una cuesta muy empinada con una pesada carga de leña sobre sus espaldas.
Sin embargo, la humilde anciana nunca mostraba en su rostro el más leve signo de malhumor o impaciencia. Iba siempre risueña y alegre. La saludaba todos las tardes, preguntándose cómo le haría para no quejarse. Pensaba el señor que él, con menos problemas y muchos más bienes materiales que la viejecita, era un impaciente y siempre andaba de mal humor. Por fin un día se decidió a preguntárselo. Al verla se le acercó y le pidió le explicara cómo le hacía para estar siempre alegre a pesar de lo cansada que debía estar.
La viejecita le contestó: "Tengo un secreto que me hace estar menos cansada y saber llevar el cansancio con alegría". El señor tuvo gran curiosidad por saber de qué se trataba, y le preguntó si acaso era un brebaje o una medicina. "No señor, nada de eso", respondió la viejecita.
Y continuó diciéndole: "Tengo una oración que me hace olvidar mis penas y cansancios". El señor le preguntó con interés de que oración se trataba. "Durante el día pienso a ratos en Jesús cuando llevaba cargando la cruz hacia el Calvario, y medito las palabras de Dios a Adán en el principio de la humanidad: «Comerás tu pan con el sudor de tu frente». Y entonces me repito constantemente: « ¡Que se haga como Dios quiere! ¡Que se haga como Dios quiere!». Y esa oración me da un gran aliento para continuar adelante.
Es la fe y el amor a Dios lo que me da fuerzas en mi debilidad". El señor después de meditar las palabras de la viejecita, regresó a su vida cotidiana con una razón suficientemente fuerte para ya no desesperarse y continuar luchando.
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San Isidro Labrador nace en Madrid el 4 de abril de 1082, donde vive humildemente con su familia hasta que, ante la inminente invasión árabe, se traslada a Torrelaguna. Allí se casa con Santa María de la Cabeza, en el 1109, y 10 años después regresa a Madrid para trabajar como criado para la familia Vargas, viviendo en la casa que ésta tenía para los mozos de labranza, junto a la parroquia de San Andrés. Allí nace su único hijo, Juan.
Labrador y carpintero de vida sencilla, marcada por una profunda fe y devoción a la Virgen, y espíritu caritativo. Todos los días, de madrugada, acudía a la iglesia de Santa María de la Concepción, hoy Catedral de la Almudena, y a la ermita de Santa María Magdalena, por la que tenía especial devoción. Por la tarde, repetía sus itinerarios marianos, lo que provocaba las críticas de algunos de sus compañeros, que le calumniaban por tener abandonado el trabajo. Además de esta vida de oración y este fervor por la Virgen, se consagró a los pobres, con la ayuda de su mujer, que compartía con él su amor por los más necesitados.
Sus milagros, muy sencillos, se correspondían con su tipo de vida. Así, una vez hizo brotar un torrente de una roca, para dar agua a su amo sediento. Salvó con sus oraciones a su hijo Juan, que cayó a un pozo, del que fue salvado milagrosamente. Su patrón fue testigo de algunos de estos milagros, por lo que cuando San Isidro murió, el 30 de noviembre de 1172, a los 90 años, todos lo consideraban ya un santo.
Enterrado primero en el cementerio de la parroquia de San Andrés, fue trasladado a la Iglesia, ya que la lluvia desenterró su cuerpo incorrupto. Alfonso VIII en 1212 mandó que hicieran un arcón para enterrar su cuerpo. Allí permanece hasta 1619, fecha en que es beatificado por la Santa Sede, con 438 milagros aprobados. Pablo V firma el decreto y se fija su fiesta para el 15 de mayo. Fue canonizado en 1622 por el papa Gregorio XV. En tiempos de Carlos III, su cuerpo se traslada a la Colegiata donde se encuentra hoy.
El 11 de agosto de 1697, Inocencio XII declara a su mujer Beata, y en 1752 es proclamada como Santa María de la Cabeza.
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El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.
- ¿Qué cosa es lo que más te gusta de la vida, anciana?
La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.
- Los atardeceres –respondió.
El vasallo preguntó, confundido:
- ¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré.
Y reafirmándose, exclamó:
- ¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres.
La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:
- Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.
- ¿Cosas? ¿De ti misma...? – inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.
Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:
- Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio el precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... - ¡mira!
La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.
La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado “historia”, coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.
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buens dias amigos bonito barril
saludos para todos
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hola amigo luis saludos desde alamedilla y
pon algunna foto mas que tienen muy pocas donde elejir
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bonita foto yo tanbien me acia ese moño
estan muy guapas estas chicas
las fotos de blanco y negro son estupendas
saludos desde alamedilla
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Encontrar el sentido de la vida es descubrir
caminos hacia el encuentro con Dios.
Es llenar el gran vacío que dinero ni posición llenan.
Valorice cada instante de su día, pues los
momentos pasados no vuelven más.
Es una irreparable pérdida para una
vida demasiado corta. La vida es como
un ramo de flores, bello y perfumado,
que recibimos con satisfacción.
Cada flor es una alegría, cada espina una
decepción. Pero, es un ramo de flores
que apreciamos porque nos gusta.
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ARTÍCULO DE PACO ROBLES / Madrid
Una comida diferente
Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia, de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta.
Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.
Entró en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto; iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte povera.
De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le servía la comida en la bandeja, era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres.
Quiso retirarse; pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida; había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. «Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale…». No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos.
Al salir, no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve. «Vuelve cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza».
Pregunta:
¿Hay algún comedor social regido por ateos o por los sindicatos?
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<< la guerra el amor y la historia >>
Las cosas y fenómenos son tal cual son porque, en el mundo de la realidad, lo que progresa es a base de unión y complementariedad, no de confusión ni, mucho menos, de oposición.
Actualizado 19 mayo 2012
Cuando, sin los tapujos del derrotismo relativista, repasamos la historia o, de la mano de un científico, observamos los entresijos de la realidad material, podemos muy bien creer que evoluciona hacia mejor todo aquello que responde positivamente a las potencias del Amor: ¿Por ventura, no se aprecia ya un remedo de amor en la partícula más elemental cuando, siguiendo lo que Teilhard de Chardin llamó el Plan General de Cosmogénesis se “une y participa” en la formación de una realidad material superior? Para ello ha necesitado volcar hacia lo otro parte de su energía interior... y sintonizar con la Energía Exterior, esa misteriosa fuerza de la que puede decirse que está permanentemente empeñada en abrir caminos de más‑ ser a todo lo que opta por la Unión.
No obstante tan ilusionante hipótesis, que parte de la creencia de que cuanto existe es una irradiación de amor, son muchos los que, a lo largo de la Historia, han preferido aferrarse al supuesto de que, al principio de todo, está la animosidad o contradicción total: es decir, la guerra entre todos y contra todo en pura y simple imagen de desintegración total.
Entre los de la Antigüedad, el más celebrado de los promotores de esta singular y descorazonadora teoría es Heráclito el Obscuro, que vivió allá por el siglo V antes de J. C.: Defendía “que uno es siempre uno e igual a sí mismo, lo vivo y lo muerto, lo despierto y lo dormido, lo joven y lo viejo.... todo se dispersa y se congrega de nuevo, se aproxima y se distancia”. Según ello el futuro es consecuencia de la permanente oposición entre realidades en permanente oposición porque “la guerra es la madre de todas las cosas” por la voluntad de un “dios que es el día y la noche, invierno y verano, guerra y paz, saciedad y hambre, un ser permanentemente igual y desigual”. De ser ello así, carece de sentido conceder a las cosas un tilde de “energía interior” y no cabe la mínima responsabilidad al hombre puesto que no hay sitio para la libertad... mientras que “la Energía Exterior que mueve el mundo” obraría sin orden ni concierto.
Lo de la guerra como “madre de todas las cosas” cuajó fuerte en aquel apasionado defensor de Napoleón que fue Guillermo Federico Hegel, el mismo que nos ha legado la cacareada dialéctica del amo y del esclavo con la Ley de Contrarios como soporte principal. Esto de la Ley de Contrarios entusiasmó al tanden Marx‑ Engels hasta el punto de que toda su producción intelectual, desde el “Manifiesto Comunista” hasta la “Crítica del Programa de Ghota” pasando por “Das Kapital”, gira en torno al dogma de que “la historia del Mundo es la historia de la lucha de clases” con singulares apuntes como el de que “la podredumbre es la fuente de la vida”, que dijo Engels.
Visto lo visto, ¿no resulta infinitamente más razonable el aceptar, CREER, que la partícula más elemental, por su mismísima razón de ser, estaba ya animada por una energía interna capaz de responder en armonía a la invitación de la Energía Exterior y que la positiva respuesta a tal invitación obedecía y obedece a la universal tendencia a lo más perfecto por caminos de “unión que diferencia” (o personaliza)? Reconozcamos que lo que se une, más que perder su “esencia”, sigue siendo lo que era, pero en un escalón superior del ser.
Las cosas y fenómenos son tal cual son porque, en el mundo de la realidad, lo que progresa es a base de unión y complementariedad, no de confusión ni, mucho menos, de oposición: lo evidente en las partículas elementales, lo es en mayor medida en los organismos de más en más complejos. Analizado a través de los más avanzados medios de observación, un átomo muestra que es en la asociación como mantienen su relevancia y cumplen su función las minúsculas elementos que lo integran: aparecen diferentes y “necesitados” unos de otros hasta componer una realidad con mayor sentido o trascendencia; en escala ascendente, las realidades materiales continúan así hasta alcanzar la etapa de un ser capaz de amar sin contrapartida material alguna, capaz de reflexionar sobre su propia reflexión, capaz de vivir la formidable aventura de la libertad.
Hasta llegar al Hombre las distintas realidades materiales participan ciegamente en lo que, sin rebozo, puede llamarse “armoniosa y progresiva expresión de la Realidad” (¿evolución?). No hay “oposición de contrarios” ni guerra que se pueda llamar guerra hasta llegar al “homo sapiens” el único poblador del mundo que, en uso de su libertad con la capacidad de odiar o amar, puede llegar a destruirse a sí mismo. No pocos autoerigidos en dioses de barro lo han intentado y lo siguen intentando al hilo de la estúpida creencia de que el otro solamente existe para besarle los pies; claro que, cuando no el estrepitoso fracaso, la propia muerte les condenó al ridículo. Lo peor de tales comportamientos es la emulación o envidia que despiertan a pesar de que todos podemos ver ampliamente demostrado que, además de la propia infelicidad, ahí radica el origen de los enfrentamientos y guerras que, entre escasos paréntesis de sentido común y fraternal armonía, jalonan la historia de la Humanidad.
Ama y haz lo que quieras es la divisa para que la historia que más nos afecta, la propia, sea la que puede ser según nuestras respectivas circunstancias. Obviamente, por ese amor se entiende sacar el mayor partido a la propia situación con el voluntario vuelco de las personales capacidades en el trabajo creador y solidario con la suerte de los demás.
¿TE A GUSTADO EL ARTICULO? COMÉNTASELO A TUS AMIGOS Y CONOCIDOS.
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<<< ORACIÓN DE UN DESOCUPADO >>>
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?
de "Violín y otras cuestiones"
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