Mensajes de SANTIBAÑEZ ZARZAGUDA - Burgos
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SANTIBAÑEZ ZARZAGUDA
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Chindasvinto
Fecha: 25/08/2011
Hora: 20:43
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El Santibáñez de antaño (2)

Un buen día del año pasado me pidió Tapiz que escribiera algo sobre mi niñez en estas tierras que tan dentro llevo grabadas y que tanto añoro. Le respondí que mi estancia en Santibáñez fue muy reducida y completamente circunstancial. Son mis raíces paternas las que están muy, pero que muy arraigadas en esas tierras de mis recuerdos infantiles.
Ahora he visto que uno, que sólo firma con el nombre de Santibáñez, pide colaboración para "dar vida" al pueblo y he pensado que la histoia de un pueblo se escribe no sólo con lo que sucedió en él, sino --y quizá principalmente-- con la historia de sus hijos, de los que en él nacieron y que siempre le añoraron; sus historias son la historia viva de Santibáñez y de la cual el pueblo tiene que sentirse orgulloso. Ahí sí, ahí puedo llenar páginas sobre la vida de uno de sus hijos, el cantero de Santibáñez, mi padre, hijo a su vez de otro cantero (como puede leerse en una de mis intervenciones anteriores) y familiar cercano de otros canteros que, entre todos, tantas obras anónimas de arquitectura popular dejaron diseminadas por la meseta castellana. ¡Santibáñez tiene una excelente tradición de buenos canteros!
Romperé una lanza en honor de ese cantero que fue mi padre, pero quisiera que en su historia se vieran reflejados todos los demás, e incluso aquellos que, en cualquier profesión, cumplieron fielmente con el trabajo que el destino les impuso y contribuyeron con ello a demostrar lo recia que es a veces el alma castellana (seguirá la historia). Chindasvinto

Chindasvinto
Fecha: 27/08/2011
Hora: 17:15
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El Santibáñez de antaño (3)

Estas vivencias no tienen otra finalidad que la de figurar como documento gráfico de la vida de un cantero de Santibáñez que trabajó para la posteridad y cuya obra perdura diseminada por las austeras tierras burgalesas; será a la vez un homenaje personal a aquel hombre cuya lucha por la vida comenzó ya cuando aún no habían terminado los años de su infancia.
Ese hombre, a quien tocó vivir una época de escased y de miseria, provocada primero por los tristes acontecimientos que presagiaban un conflicto armado entre hermanos de la misma raza, pero de diferentes ideologías, y después por las secuelas de la guerra, se hizo útil a la sociedad iniciándose en los secretos de uno de los oficios más duros de aquel entonces, pero también uno e los más bellos y honrados: dar cobijo a quien lo necesita, oficio que hoy, parte por su dureza intrínseca, pero sobre todo por los modernos adelantos en la técnica de la construcción, casi ha desaparecido.
Él, en su tiempo, fue el ingeniero que examinaba el terreno, el arquitecto que trazaba los planos, el aparejador que dirigía las obras, el simple cantero que las llevaba a cabo y, ¿por qué no?, el humilde barruco que preparaba la masa, y, a hombros, por una escalera de quita y pon, la subía a lo alto del andamio.
Yo le vi alguna vez, con los pies clavados en la tierra, balancear una pesada piedra entre las piernas, y, en un último impulso y con un supremo esfuerzo, levantarla hasta el hombro e iniciar, encorvado bajo el peso de 40 kilos, la ascensión por una escalera de banzos hasta depositarla en el andamio donde debía de ser usada; yo le vi descender las escaleras y repetir una y otra vez la misma operación hasta completar las horas de una jornada de trabajo. Yo le vi también subir en cadena los ladrillos, arrojarlos desde el suelo, uno a uno, a lo alto del andamio donde eran recibidos y depositados formando una nueva pila; cuando era necesario que subieran más arriba, la operación se repetía desde el primer piso hasta el segundo. Yo le vi subir sobre los hombros uno y otro cuezo de argamasa, sacos de cemento y yeso, pesados machones de madera y toda suerte de materiales necesarios en una obra. Yo le vi colocar enormes vigas al amparo de una rústica palanca: un montón de piedras en el suelo y un machón apoyado sobre ellas, haciendo presión sobre un extremo para que del otro se levantara la pesada viga. Yo le vi recoger con la mano y la paleta grandes pellas de yeso o de argamasa, impulsarlas con violencia hacia adelante y salir disparadas hacia el mechinal donde una viga, un jabalcón o un marco de ventana había de ser recibido y aplomado.
Ese hombre, que como recuerdo de su paso y testimonio de su esfuerzo para mantener una familia numerosa, tantas casas rurales dejó diseminadas por los pueblos de la meseta, no asistió a universidades ni academias, no recibió títulos ni diplomas, no hizo cursillos de especialización; todos sus conocimientos en el arte de la cantería, conocimientos nada despreciables, los heredó de sus mayores: su padre fue cantero (también de Santibáñez), conocido a lo largo y a lo ancho de la provincia; sus primos, de cuya competencia en el oficio hablan no sólo las gentes sencillas de los pueblos, sino los enormes mampuestos y sillares de jambajes y esquinazos, intactos e inamovibles después de 80 años, fueron canteros (también de Santibáñez); su hermano, aquel a quien la gente llabama sin ironía "el cantero de la pinta", siguió el mismo oficio, casado de por vida con el cuezo y la paleta, con la maceta y el punzón, con el martillo y la escoda. Sus sobrinos, donde ya la tradición comenzó a perderse invadida por las nuevas técnicas de la construcción, fueron canteros, y a sus hijos, donde la tradición quedó rota para siempre, los llevó el destino por otros derroteros, pero eso sí, añorando en muchos aspectos la vida de cantero de su padre (continuará). Chindasvinto

Mª Carmen
Fecha: 29/08/2011
Hora: 10:29
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Respuesta al mensaje, enviado el 30/06/2011 a las 20:57 por Mª Carmen:

Hola a todo el foro, a mi marido le gustaria saber si alguien conoce a una maestra de este pueblo llamada Isabel Fuentes, ejercio su profesion en Avellanosa de Rioja alla por los años 60, tiene alguna foto con ella y guarda gratos recuerdos. UNn especial saludo a todo el foro

un saludo a todos que visitais este pueblo que no conozco pero creo sera preioso me parece muy bien potenciar y dar a conocer con vuestros mensajes y fotografias yo por mi parte insisto si alguien conoce maria isabel fuentes me gustaria tener alguna aunque pequeña informacion sobre esta persona que fue maestra y ejercio en avellanosa de rioja

Mª Carmen
Fecha: 31/08/2011
Hora: 12:13
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(Respuesta al anterior mensaje)

un saludo a todos como quereis subir y dar aconocer vuestro pueblo si ni siquiera escribis unas palabras o poneis una fotografia

Chindasvinto
Fecha: 04/09/2011
Hora: 17:30
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El Santibáñez de antaño (4)

Ese hombre, que trabajaba con las manos ateridas de frío por los rigores del crudo invierno burgalés (era un problema que le aquejaba a él particularmente), nunca escurrió el bulto por temor a las heladas invernales: había que ganar el pan para la familia y él lo ganaba con las manos frías, haciendo frente a los hielos del invierno, pero contento por el deber cumplido.
Tras una dura semana de trabajo en cualquier rincón de la provincia, había que coger aquella vieja y pesada bicicleta, que de vieja había perdido la marca que la identificara, y de pesada bien podía compararse a un artefacto blindado, algo así como "una bicicleta de guerra". ¡Cuántos méritos habrá hecho aquella humilde bicicleta al servicio de un humilde trabajador! ¡Cuántos esfuerzos habrán recibido sus pedales impulsados por dos piernas cansadas de trabajo!
Por aquellos caminos donde el asfalto llegó muchos años después, las ruedas se hundían en el barro haciendo de la marcha un maratón lleno de dificultades.
Pero la vuelta a casa era siempre un motivo de alegría, aunque esa vuelta no siempre estuviera presidida por el bien merecido descanso: había que ver a la familia, había que llevarle el fruto de tantos sudores, había que tapar aquellas bocas, ignorantes de lo que costaba ganarlo, con aquellas dos hogazas semanales o su equivalente en harina que, como única condición, eran exigidas a la hora de un contrato. Aquel pan que tanta alegría iba a causar, no pesaba apenas en la vieja bicicleta y por eso aquel hombre, cuando divisaba una silueta en lontananza, al fondo de la carretera, encorvado sobre el manillar, no cesaba eb su rítmico pedaleo hasta haberla dado alcance.
Al final de este viaje, cuando aún le faltaban unos centenares de metros para llegar a casa, semana tras semana, veía a un rapazuelo salir de entre las tapias para darle el alto: era su hijo que le esperaba y que quería recorrer los últimos metros conduciendo la vieja bicicleta de su padre; y así, este hombre, para clausurar su semana laboral, llegaba a casa en plan de peregrino.
Los tiempos eran duros para todos y el trabajo no abundaba; había que buscarlo por los pueblos porque aquel no siempre se ofrecía en casa. Por eso, tras unas horas de descanso, en la mañana del domingo, había que coger de nuevo la vieja bicicleta y viajar de nuevo rumbo a cualquier parte; el pan no podía faltar y era menester sudarlo ya antes de comenzar el trabajo
Así se llegaba a la mañana del lunes en la que había que desandar lo andado el sábado, y para que esta jornada no se viera recortada por las horas de camino, se ponía rumbo al tajo mucho antes de que aparecieran en lontananza las primeras horas de la mañana. Comenzaba otra semana, se reanudaba la ardua faena y se volvían a poner en movimiento el cuezo y la paleta, la plomada y el nivel, la llana y el carretillo el martillo y la piqueta.
En las largas noches de invierno, cuando el trabajo no abundaba o era menester quedarse en casa por otros motivos de más fuerza, el cantero de Santibáñez no descansaba. Horas antes de que llegaran los primeros rayos de luz se oían sin descanso los golpes del martillo o de la sierra y se adivinaba su fiebre de trabajo al compás de cualquier herramienta.
Las casas donde siempre vivió con su familia fueron fruto de sus sudores; en ellas se montaba siempre su rústico taller en espera de aquellas horas que era difícil llenar con otros trabajos más rentables.
El oficio de albañil fue siempre de la mano con el de carpintero y difícilmente se podría concebir aquél, sin un buen bagaje de conocimientosen el campo de la carpintería: puertas a cuarterones, imitando el más bello estilo español, ventanas de fuerte marco, armarios y sillas, bancos y mesas, taburetes y rinconeras, todo lo que fuera necesario para las obras de su propiedad, era concebido y salía de su taller realizado. El cepillo y la garlopa, la sierra y el formón, el escoplo y la escofina, el mazo y la azuela, el martillo y la escuadra el barreno y el berbiquí, fueron para él herramientas tan familiares como las de su misma especialidad. El oficio de cantero fue su oficio por derecho propio, en el cual llegó a consumado maestro; el de carpintero lo fue por adopción, habiendo logrado en él sorprendentes resultados. (Así era El Cantero de Santibáñez) Chindasvinto.

Chindasvinto
Fecha: 14/09/2011
Hora: 11:55
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El Santibáñez de antaño (5)

El cantero de Santibáñez fue un trabajador honrado por excelencia, sí, pero raramente el trabajador honrado suele ser un excelente hombre de negocios; éstos parecen ser el patrimonio si no de quienes carecen de escrúpulos, al menos, de quienes no tienen reparos en actuar con mano izquierda, conociendo a fondo la coyuntura económica del momento. Diríae que el trabajo honrado, aquel que pide una remuneración proporcional al esfuerzo realizado, es incapaz de aceptar un dinero fácil, una ganancia que no haya sido proporcionada por el sudor de la frente. Por eso este hombre, si alguna vez --apoyado en sus módicos ahorros-- intentaba adentrarse en ese camino reservado a las mentes calculadoras, su estrella se oscurecía y los negros nubarrones aparecían en el horizonte turbando la paz y la seguridad de una familia que siempre vivió apoyada en el trabajo del cantero.
Las compensaciones que nunca pudo tener en el terreno financiero las tuvo, y muy sobradas, en el terreno que le era familiar: en su oficio de cantero. Él sabía que trabajaba para la posteridad y, aunque de forma un tanto velada, tenía el oculto presentimiento de que su obra le sobreviviría en muchos años y que su recuerdo no se borraría con su muerte. Yo he tenido la oportunidad de de escuchar a la gente sencilla de los pueblos de la Meseta hablar con entusiamo de los canteros de Santibáñez; varias generaciones de artesanos de la piedra habían dejado entre ellos su obra realizada a golpe de martillo, piqueta y escoda, habían regado con su sudor las calles de sus pueblos y la gente les estaba agradecida.
Nadie se sintió defraudado por su trabajo de maestro, y nadie manifestó haber sido extorsionado por precios abusivos: su trabajo tenía un precio más bien bajo (lo escuché de uno de los mismos interesados) y la gente lo pagaba sin regateos, sabiendo que pagaba un trabajo honradamente ganado. Sólo aquel que --dicho sea para su deshonra--, quizá apoyado en su traje talar, quiso sacar partido de un posible error en la construcción, mereció ser puesto en evidencia tras una actuación que ocultaba intenciones poco nobles.
La obra, una vez terminada, quiso que un aparejador la revisase con la remota esperanza de encontrar un detalle que no fuese del agrado del técnico, a fin de usarlo como trampolín para sus aspiraciones: obtener una reducción en un precio honradamente estipulado. Pero su estupor no fue menor que el disgusto ocasionado al cantero de Santibáñez. El aparejador, presintiendo quizá los intereses que se ocultaban tras la sotana, no solamente no vio el defecto buscado, sino que se sintió orgulloso de de poder felicitar al artífice de aquella obra de cantería.
La aspiración de toda su vida, aspiración que encajaba perfectamente en los límites de su profesión, fue proporcionar a su familia un cobijo salido de sus propias manos y hecho con los retazos de tiempo que su profesión le dejaba libres. Esta aspiración, concebida y realizada sin otra intención lucrativa que la de liberar a su familia del pago permanente de un alquiler, fue una y otra vez coronada por el éxito. La propiedad privada sobre algunos medios de subsistencia parece ser tan connatural al hombre como la satisfacción de ciertas necesidades ineludibles, y por eso el cantero de Santibáñez, mientras se mantuvo en este nivel, vio sonreirle la fortuna.
Con sus módicos ahorros y la valiosa colaboración de quien había entrado a formar parte de su familia, pudo ver inscrito su nombre en la lista de los pequeños propietarios, y a un paso de dar cumplimiento a aquel ideal de su juventud. Había que trabajar duro, pero él ya contaba con ello y nunca fue de los que se arredraron ante el trabajo.
Así fue, poco a poco, transformando el fruto de sus sudores en pequeñas fincas urbanas que él era el primero en habitar hasta que veía llegado el momento de abandonarlas por otras de condiciones más ventajosas.
Pero estas mejoras económicas, si no abrían la puerta a la especulación, al menos daban pie para sacarle un rendimiento a aquel dinero ganado con paciencia y a fuerza de sudores. Por lo general, cuando esto sucedía, la estrella del cantero se apagaba nuevamente y nuevamente llegaban, sin saber por qué, los problemas de todo género; una cañería que se ha roto y el agua penetra en la propiedad del vecino, un inquilino que no paga, un desagüe que se encenagado, una canal rota que inunda de agua la buhardilla, dos vecinos que se querellan y exigen puertas de acceso independientes, otros dos que se han despedido a la francesa dejando algunos meses pendientes de pago, una cloaca que se obtura y hay que levantarla hasta su encuentro con la general, y del mismo modo otros muchos etcéteras que no vale la pena recordar. (Así era el Cantero de Santibáñez) Chindasvinto

santibañez
Fecha: 20/09/2011
Hora: 10:47
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mensaje para chindasvinto

Hola chindasvinto, he visto que al parecer tienes fotos antiguas de nuestro maravilloso Santibañez, estoy realizando un album fotografico con fotos antiguas del pueblo, de sus gentes, tradiciones.... me gustaria si porfavor te podrias poner en contacto conmigo a trvaes del siquiente mail: santibanez_zarzaguda@hotmail. es para pasarme las fotos antiguas que puedas tener relaccionadas con el pueblo, me seria de gran ayuda para seguri completando este album fotogrñáfico que estoy relaizando. muchisimas gracias de antemano. un saludo

Chindasvinto
Fecha: 04/10/2011
Hora: 22:16
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El Santibáñez de antaño (6)

Un buen día quiso el destino que el cantero de Santibáñez, con sus pequeños ahorros, comprara en Burgos una minúscula propiedad junto a la carretera, ignorando durante muchos años que había realizado la mejor operación de toda su vida; en ella construyó con sus propias manos aquel pequeño inmueble que fue durante bastante tiempo la morada de los suyos. En él trabajó con la ilusión redoblada de saber que lo hacía directamente para dar un cobijo holgado a su propia familia. Aquella casita fue durante años el lazo de unión de una familia que aún vivía de los recursos exclusivos del cantero de Santibáñez.
Un buen día quiso la fortuna, esa fortuna que tan esquiva le había sido en numerosas ocasiones y que tantas jugarretas le había hecho a lo largo de la vida, que los lugares por donde estaba enclavada su propiedad fuesen declarados polo de promoción industrial. La propiedad vio centuplicado su valor, comenzó la especulación y hasta la gente más sencilla vio llegado el momento de olvidar las estrecheces de antaño.
Aquella casita de reducidas dimensiones, fruto de no pocos sudores, fue reducida a escombros en muy pocas horas y reemplazada por un enorme inmueble, obra de una empresa constructora, a quien el cantero había transmitido sus derechos de propiedad.
Pero para demostrar una vez más que el cantero pisaba fuera de su terreno, la compañía constructora le dio a firmar un contrato de venta fraudulento y él, no acostumbrado a poner un solo grano de malicia en sus operaciones, lo firmó sin saber apenas a qué se comprometía.
Así fue como, tras largos años de ver rodar sus asuntos por los tribunales, y una vez solucionado todo de forma más o menos satisfactoria, el cantero de Santibáñez vio llegada la hora de su retirada. Entonces pudo comprobar que su gran oportunidad estuvo siempre en su oficio y no en la especulación; así pudo sentirse orgulloso más que del dinero amasado, del trabajo realizado.
El hombre trabajador, aquel que tuvo que luchar duramente no sólo porque era responsable de una familia, sino, sobre todo, para sentirse un hombre de provecho, para alejar de sí el fantasma de la inutilidad, no se avergüenza de ver sus manos encallecidas al contacto de las herramientas. El que en su humilde sencillez de hombre sin pretensiones piensa que él vino al mundo para trabajar, no siente envidia de quien ha logrado eludir esa ley inexorable para el común de los mortales.
El trabajo, como tantas cosas en la vida, es un arma de dos filos: es capaz de embrutecer a quien queda moralmente triturado entre sus engranajes, buscando ansiosamente la liberación de su pesado yugo, y es capaz también de ennoblecer a quien lo toma como un simple medio de poder ofrecer una alegría a los demás.
El cantero de Santibáñez perteneció al grupo de estos últimos. No sólo no trató nunca de eludir la pesada carga del trabajo, sino que la buscó afanosamente, pensando en su humildad que él no valía para otra cosa.
Y cuando los años y el esfuerzo de toda una vida cargaron sus hombros e inclinaron ligeramente su cuerpo hacia la tierra, se le veían brillar los ojos cuando podía cumplir, como en sus años mozos, los encargos de quienes iban recabando sus servicios.
Pero el hombre, y más aún quien ha dejado jirones de su vida en el oficio, ha de pagar inexorablemente su tributo. En su juventud hace frente con valentía a fríos y calores, a lluvias y humedades, a esfuerzos y contrariedades de todo género; le sucede lo que vulgarmente se llama "no tener tiempo de ponerse enfermo". Con los años, sin embargo, la vida se lo irá cobrando todo y quizá a un precio muy elevado.
Cuando el cantero de Santibáñez fue pagando poco a poco ese tributo y las fuerzas ya no eran las de su juventud, aún pudo volver la vista atrás y mirar con orgullo esas casas diseminadas por las tierras burgalesas cuyos sillares y mampuestos tanto saben de sus sudores, de sus alegrías y de sus penas. Todas sus "chapuzas" (nombre que él mismo daba a las obras de poca importancia) pregonarán por mucho tiempo que por allí pasó un maestro en albañilería que en su oficio lo era todo menos un "chapucero".
Y un buen día ese hombre se fue, se fue con los hombros un tanto cargados (las pesadas piedras algo tendrían que ver en ello) y con el cuerpo un poco inclinado hacia la tierra. Diríase que se fue algo triste, pero no, se fue pensando, sin duda, en tantas cosas útiles como puede hacer un hombre a lo largo de su vida.
A él no le fue dado saborear las mieles del éxito en muchas de sus empresas; ni siquiera pudo sentir el orgullo de ver a sus hijos sucederle en el oficio como él hiciera con su padre. Hoy ese oficio, en la modalidad que él practicara, está en trance de desaparición pero, precisamente por eso, si se vio privado del orgullo de ver su obra continuada, al menos tuvo motivos para estarlo, y mucho, al saberse quizá el último representante de un oficio que desaparece. (Así fue El Cantero de Santibáñez) Chindasvinto

Polaquilla
Fecha: 13/10/2011
Hora: 22:44
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busca de familia
Respuesta al mensaje, enviado el 24/05/2011 a las 18:24 por leopoldo gonzalez palau:

Mi padre era deste pueblo. Tenia 16 hermanos y estudio para ser jesuita. En 1940 fué para Barcelona e conocio a mi madre. Su nombre: Leopoldo Gonzalez Miñon. Se murió en la década de 80. Alguíen conoze familiares vivos?
Leopoldo Gonzalez Palau

Buenas!

Pues SI, parece que SI, que tienes família y además numerosa. Mi madre es prima tuya y dice que tu padre no tenía tantos hermanos. Tu padre era hermano de mi abuela y por lo que me cuentan los últimos días los pasó en casa de mi abuela! Y también me cuenta mi madre que tu padre y mi abuela Delfina González murieron el mismo día! Tu por donde andas? Las últimas notícias son de que estabas en Brasil!

leopoldo gonzalez palau
Fecha: 19/10/2011
Hora: 17:50
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busca de familia
(Respuesta al anterior mensaje)

Hola, parece que somos primos. Me acuerdo del nombre de tu abuela Delfina, y si no me falta la memória, mi padre contó que ella tuvo un accidente grave en su mano cuando era pequeña.És verdad? Vivo en Brasil desde 1958, soy casado, tengo un hijo de 14 años, y me gustaria saber de ti para estrechar nuestros lazos familiares.
Espero notícias tuyas. Leopoldo.

Polaquilla
Fecha: 19/11/2011
Hora: 21:23
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busca de familia
(Respuesta al anterior mensaje)

Buenas!
Sí, mi abuela era la Delfina, pero a ella no tuvo ningún accidente en la mano. Fue su hermana! jejej tanto mi familia como yo estamos encantados de contactar contigo. te paso mi mail personal esthersubi@hotmail. com y hablamos, vale?

JOSE MARIA
Fecha: 25/11/2011
Hora: 7:34
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Iglesia de Congosto

En Congosto la Junta de Vecinos y los VxC estamos con muchas ganas e ilusión peleando para recuperar la Iglesia y su entorno, lo que se ha hecho y lo que ha salido en los Medios de Comunicación, lo puedes ver en http://iglesiacongosto. blogspot. com/.

Como además de muchas ganas y voluntad de trabajar hacen falta profesionales que lógicamente cobran, parte del dinero se puede conseguir de la Obra Social de Caja Burgos que aportará dinero, según los clientes que apoyen el Proyecto de rehabilitación de la Iglesia de Congosto.

Si eres cliente de Cajaburgos, apoya sin que a ti cueste nada, elige el PROYECTO Nº 62.053, en Internet en http://bancacivica. cajadeburgos. es/buscador-de-proyectos. aspx? origen=entidad&txt=CONGOSTO, siempre antes del 30 de Diciembre, pasando por cualquier Oficina de Cajaburgos o en Congosto en casa de Heliodoro, tienen el impreso, solo hay que poner: Nombre del titular de la Cuenta y DNI o CIF, también votan Empresas, si has votado por otro proyecto lo puedes cambiar por este si te parece más interesante.

No es ni sombra de la de Santibañez, pero como es "nuestra" la tenemos mucho cariño y queremos que se mantenga en pie y con ella Congosto.

JOSE MARIA
Fecha: 15/12/2011
Hora: 23:22
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a chindasvinto.

En Santibañez había muchas familias de canteros..., al leer esas lineas tan duras y hermosas referentes a ellos me recuerdan a muchas familias de Santibañez que se dediaban a ésto. Los trabajos de los canteros eran muy duros, pero el trabajo de nuestros padres en el campo con los rudimentarios medios que tenían, a mí me parecía casi inhumano. En fin ahora nos quejamos de casi todo.

mariano
Fecha: 18/12/2011
Hora: 18:35
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los canteros de santibañez, los mejores

Me llamo Mariano y soy de Lodoso. Mi padre siempre dijo que los canteros de Santibáñez eran "máquinas" de labrar piedras. Las mejores casas de Lodoso tienen mucho que agradecer a estos maravillosos artesanos de Santibáñez, y en ellas persiste su arte y su buen hacer. Los "Paulinos" en el año 1951 le hicieron la casa a mi abuelo, en los años 30 a mi bisabuelo, tal vez sean las casas no voy a decir mejores, pero sí de mejor fachada.
Y qué decir de aquellos queseros, hueveros, pellejeros... que desde Santibáñez recorrían nuestros pueblos. Uno de ellos emigró a Valmaseda (Vizcaya, y allí lo conocí, ya que yo también tuve familia en este pueblo. Me contaba cómo recorría los pueblos, se conocía aún a muchos/as de Lodoso a quienes compraba quesos que llevaba a Valmaseda, donde los vendía con grandísima aceptación...
Lástima que la carretera de Aguilar y su desvío afectara tanto a Santibáñez donde tantas fiestas he pasado... Un saludo desde Lodoso.

burgalesa
Fecha: 02/01/2012
Hora: 15:45
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Duro trabajo para los que lo tenían que hacer siempre a pleno sol, para los que venían de la Ciudad les parecía divertido un rato montar en el trillo, en la foto la Flor haciendo la tarea junto con sus hijos.




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