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Mensajes tema: ***
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Poema
QUIEN SE COMA LA CARNE……..
Iba por la montaña
cruzando valles y collados
un pícaro pastor
cuidando su ganado.
El mastín que a su lado caminaba,
de flaco, ni corría ni ladraba.
cansado a su lado se tendía
mientras él, la merienda se comía.
El pobre se lamía y le miraba
más como es natural
no dice nada.
Después de haber saciado su apetito,
las migajas tiraba al pobrecito.
El era fiel guardián de su ganado
más como no comía
el pobre correr ya no podía.
En esto llega el lobo que muy fiero,
con ligereza se lleva un cordero.
El pastor asustado
le decía a su perro con enfado:
¡Levántate holgazán, y ve ligero!
¿No ves que el lobo se lleva un cordeo?
El perro le entendía
y aunque el pastor gritaba
no se movía
y es que el pobre tenía sus razones:
no puede trabajar el que no come.
Así les pasa a muchos
que no comprenden
que el que todo lo quiere
todo lo pierde,
pues hoy la mayoría piensa eso:
quien se coma la carne…..
que roa el hueso
Guadalupe López
Yoli
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EL DESVÁN
La casa de mis padres
donde he nacido,
cuando a su lado paso
siempre suspiro.
Porque yo siento
que algo se quedó mió
allí muy dentro.
Aunque todo se ha ido
allí ha quedado
un rincón que yo siempre
he recordado.
¡Ay si pudiera
a aquel rincón oscuro
yo me subiera!
Pues casi estoy segura
que encontraría
recuerdos que hasta el alma
me llegarían.
Será poco: una rueca, un fuso,
y un escarpín roto.
un libro muy antiguo
de piel forrado,
y un sombrero de fieltro
ya estropeado;
una escudilla,
la mortera rajada
y una gafilla,
el pote de tres patas
negro y ahumado
y de una pandereta
ya solo el aro,
un par de abarcas viejas
que era las que llevaba
con las ovejas,
un trozo de melena
ya apolillado,
un trozo de la piel
del fiel “Navarro”,
del viejo amigo,
el perro que llevaba
mi padre al río;
Un collarón que tiene
la hebilla rota,
el collar que llevaba
siempre la “Roja”.
Tras su cencerro
bajaban mis vaquitas
del “Abeseo”.
En un rincón oscuro
está tirada, una muñeca rubia
desmelenada,
allí escondida
está la muñequita
que ha sido mía,
ya cubierta de polvo
triste y callada
está la pobrecita
sin decir nada;
como los muertos,
esperando que alguien
saque sus restos.
Un rosario de cuentas
ya desgastadas,
rosario que mi padre
siempre rezaba
mientras la madre buena
hacía para todos
la frugal cena.
Quizás ya no haya nada,
mas eso es todo
lo que allí había.
Mi gran tesoro.
Y no se rían,
que por nada del mundo
lo cambiaría.
Guadalupe López
Yoli
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LA PALOMA
Cruzando va es espacio muy ligera
una hermosa paloma mensajera,
en su ambarino pico transportaba
un mensaje de amor que ella llevaba
a la lejana torre de un castillo
que está del monte en la ladera,
par una hermosa niña
que en él estaba prisionera.
Mas un traidor milano la acosaba
y en su carne clavó su dura garra
y flotaba en el aire un papelito
que al cogerla cayó de su piquito.
Herida la paloma ya en sin vida
el milano glotón la devoraba,
sin pensar que en la torre la esperaba
una niña que de pena moría
al ver que no llegaba.
Y allá en un gran palacio
un príncipe esperaba su regreso
porque allí en el castillo solitario
está su corazón enamorado y preso.
Arriba en el tejado del palacio
la paloma anidaba y como no volvía
sus pichones piaban y piaban
abrían y cerraban sus piquitos
y de hambre van muriendo ¡pobrecitos!
Esto pasa en el mundo y no se asombren,
yo comparo al milano con el hombre
que por saciar su avaricia y apetito
a otros dejan morir como a los pinchoncitos
Fábula de Guadalupe López Diez
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que lo lleven en una caja. Mi madre levanta la voz y dice que es lo último que hará por su amiga y, si es la única mujer que la acompaña, mejor, que así tendrán algo de qué hablar en el pueblo. Las voces se han callado, pero conociendo a mi madre, sé que él la acompañará a donde sea. Se abre la puerta y sale mi padre con cara de pocos amigos y detrás mi mamá, muy bonita; parece más joven: se ha dejado el pelo suelto y lo sujeta con sus guardadas horquillas de plata. Pasa por mi lado y me dice:
-Te vas a casa de tu amigo, y no andes por la calle hasta que yo vuelva.
Se agarra del brazo de mi padre, que alegra la cara y no parece ya enfadado, y se van los dos juntos.
Voy corriendo a casa de Toñín. Allí esta su madre con más vecinas. Cuando yo me acerco se callan y llama a mi amigo. Nos ponemos a jugar a los cartones, y le pregunto si sabe qué ha pasado. Me cuenta que ha escuchado a su madre que Manuela se ha muerto; que hacía días que sus ventanas estaban cerradas y alguien ha llamado a la guardia civil; que, cuando han abierto, la han encontrado acostada en la cama, vestida y arreglada como para ir a una fiesta; que se la veía muy guapa y joven, como si esperara a alguien.
-Pobrecita -le digo-. Para una vez que alguien la invita, va y se muere. Si es que hay personas con mala pata.
-Muy mala pata -contesta Toñin-. Pero ya era mayor, ¿verdad?
-No mucho; de la edad de mi madre.
Seguimos jugando y, cuando creo que ya es hora, me despido de mi amigo. Su madre y las demás vecinas siguen cuchicheando.
En mi casa, todo parece triste. Llevamos unas semanas en que mi mamá no habla, solo nos regaña, y algunas veces la veo llorar. Espero que no haga lo que la madre de Manoli, porque nosotros sí le hacemos caso y la queremos.
Hoy ha venido mi hermano con el pequeñajo y la casa parece otra, había risas y mi mamá le ha cantado una nana para dormirlo. No me gusta el renacuajo, que todo lo desordena, pero si mi mamá va estar feliz otra vez, lo aguantaré.
Las clases han comenzado. Nada parece lo mismo; paso por delante de la casa de la señorita Manoli, su jardín está seco y están creciendo los espinos. Las hojas muertas y los papeles se acumulan en el rincón y los hombres no están en la puerta del bar. Añoro sus risotadas y sus batas floreadas y su “Adiós rapaz, pórtate bien y quiere mucho a tu mamá”. Hoy se me escapó una lágrima de pena, o quizás fue que me entró polvo de la suciedad acumulada.
* * *
Va pasando, el otoño; después el invierno, más helado que otros años. O seré yo, que me hago mayor y noto más el frío. Hasta suspiro igual que mi madre, cuando paso por delante de la vieja y vacía casona. Esta mañana, a mi regreso de la escuela, he visto un enorme coche negro delante de la puerta, las ventanas de la casa abiertas, y un hombre grande y fuerte jugando con dos niñas morenas encima de los papeles y las hojas amontonadas. Muy formal, les he dado los buenos días. Me han sonreído y él, con un acento un poco extraño, me ha contestado:
-Buenos días, pibe, ¿y vos quién sois?
Con voz fría como la mañana y parecida a la de mi madre, le he contestado:
-El hijo de la única amiga de la señorita Manoli.
Y he seguido mi camino con la cabeza alta y la boca abierta, tragando el fresco aire y pensando que mi madre se sentiría orgullosa de mí.
M. BLANCO
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-Porque en los pueblos pequeños todo se sabe. ¡Y vale ya de preguntas! Vete a hacer el recado.
Me voy paseando y, cuando llego a la casa, allí están las dos, sentadas en el umbral de la puerta: Manoli haciendo ganchillo y su mamá quietecita a su lado, con los brazos apoyados en el regazo. Tiene unas manos menudas, de piel transparente y venas azuladas. Me dirige una mirada apagada y una tenue sonrisa. Manoli dobla con cuidado la labor, se levanta de la silla y con voz fuerte y cantora me dice:
-Ya te echaba de menos. Esta primavera las manzanas se han adelantado. Pensé que tu madre no te mandaría, pero aquí estás, como siempre. ¿Todo bien por casa? ¿Y tu sobrinito? ¿Y tú mamá?
No me da tiempo a contestar. Como dice mi mamá, en un pueblo pequeño todo se sabe, y ella pregunta por preguntar. Coge mi cesta y añade:
-Lo de siempre, ¿verdad? Siéntate un momento con mi madre, mientras te lo preparo.
Debo de haber puesto cara rara, porque ha soltado una risotada y me ha dicho:
-No te preocupes, que aunque no habla, no es sorda y estar en tu compañía le vendrá bien. Cuéntale tu mañana en la escuela, que para ella será una novedad.
Y se ha ido canturreando y balanceando el cesto. Me he sentado junto a la anciana y he pensado qué le podría contar que le parezca interesante. La he mirado y he visto que estaba esperando, así que me he decidido y he comenzado:
-Esta mañana me he portado bien… Bueno, un poco bien… Cuando he llegado, el maestro nos ha puesto un problema, era facilito y lo he hecho muy pronto. Y estaba dibujando, cuando Toñín, se ha puesto a darme con el codo y a moverme. Toñín es mi amigo y nos sentamos juntos. Me estaba cabreando, porque el dibujo ya lo había borrado dos veces; a la tercera le he metido un empujón y lo he tirado del banco. Se ha hecho daño al caerse y se ha puesto a llorar, y el maestro me ha castigado de cara a la pared, pero al recreo me ha dejado salir, y hemos hecho las paces y hemos jugado juntos, porque seguimos siendo amigos. Y estábamos…
-Además de bueno, sabes contar historias. Mira a mi madre, parece más animada y feliz.
-Señorita Manoli, ¿por qué su mamá no habla?
-Hace mucho tiempo, me regañaba y me daba consejos, supongo que como todas las madres, pero notando el poco caso que le hacía, un día me dijo: “Visto que pasas se mí, desde hoy no te volveré a hablar, pero siempre te apoyaré en lo que te pase.” Y así ha sido: siempre ha estado a mi lado, pero nunca más me ha hablado. Ahora vamos a lo nuestro: aquí tienes las manzanas -te he puesto dos más, para que te las comas por el camino- y tu bolsita con las vueltas. Anda, vete a casa. Pórtate bien, y quiere mucho a tu madre.
* * *
Pasó la primavera y llegó el verano, y con él las vacaciones. Hoy he visto a mi mamá arreglada, le he preguntado a dónde iba y me ha dicho que se va a la iglesia, que se ha muerto la madre de Manoli. Lo siento por la viejecita, pero era muy mayor y seguro que se cansó de vivir, lo mismo que un día se cansó de hablar. Escucho a mi mamá suspirar y decir: “Que será de ella, ya nada le queda”. No sé de quién hablará, porque la anciana se irá al cielo y tendrá la compañía de sus familiares.
* * *
El verano se fue muy deprisa y falta poco para que comience la escuela. Escucho a mis padres discutir; mi madre dice que tiene que ir con ella a la iglesia y no piensa ir sola; mi padre, un poco enfadado, le contesta, que él no piensa poner un pie dentro hasta el día
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LA SEÑORITA MANOLI
Vivía en una casa grande que hacía esquina con otra que estaba deshabitada. Aquel rincón siempre estaba cuajado de flores: rosas de un rojo fuerte, dalias de mil colores y otras flores blancas que desprendían un olor intenso y penetrante. Enfrente de la casa estaba el bar, siempre con parroquianos que entraban y salían a cualquier hora del día
Para ir a la escuela pasaba por delante de su puerta y la veía barriendo los papeles y las hojas muertas que el aire acumulaba en aquel costado. Hoy me paré un poco antes y la observé: vestía una bata con muchos colores, que la hacía parecer más joven de lo que es. Yo sabía que era del tiempo de mi mamá, pues habían sido muy amigas de niñas y de jovencitas. Cuando alguna vez le preguntaba por qué ya no lo eran, mi madre muy seria decía: “Cosas de mayores y de pueblos, cotillas…” Y así zanjaba el asunto, sin esperar otra pregunta. Sin querer las comparé y vi que eran como la noche y el día. Manoli, como se llamaba, era morena, con el pelo largo, muy negro, recogido en las sienes con unas horquillas de plata; corpulenta y con grandes pechos, que se movían cuando reía, con esa risa tan fuerte y sonora que ella tiene. Mi mamá es rubia y siempre lleva el pelo recogido en un apretado moño; pocas veces se ríe, pero si alguna vez lo hace, su risa es bajita y silenciosa; y también tiene unas horquillas de plata, pero guardadas en una cajita, supongo que para que no se le pierdan.
Esta mañana había cuatro hombres a la puerta del bar y uno, haciéndose el gracioso, le ha dicho a gritos:
-Manuela, tienes todo tan limpio como la entrada de tu casa.
Ella, soltando una carcajada ruidosa y le ha contestado:
-Un poco menos que tú, la esquina del mostrador del bar.
Y ha seguido barriendo con aires de marquesa. El gracioso se ha puesto colorado, los demás se han echado a reír y todos se han metido para dentro.
Reanudo mi marcha y cuando paso por delante de ella, le doy los buenos días y, sin parar de barrer, me aconseja:
-Rapaz, sé bueno y quiere mucho a tu madre.
Asiento con la cabeza, pensando que siempre me dice lo mismo.
* * *
Estamos en primavera y mi mamá me ha mandado a casa de Manoli a por manzanas. Mientras preparaba la cesta y el bolsillo de tela con el dinero, le he preguntado si ella solo tiene de familia a su madre: esa viejecita a quien peina, arregla y coloca entre la puerta para que le dé el sol en las piernas y nunca en la cabeza. Mi mamá me ha contestado que tiene un hijo pero que se fue lejos. La miro y, como parece que quiere hablar, vuelvo a preguntarle:
- ¿Y nunca viene de visita? Porque a nosotros nos vienen a ver, nuestros tíos y primos...
Se ha parado con la cesta en la mano y un poco enfadada me ha contestado:
-Cuando se hizo mayor, se fue porque se avergonzaba de su madre por todas las cosas que escuchaba, pero eso no es de un buen hijo. Seguro que, cuando se muera, regresará para quedarse con todo lo que tiene, y ya no le interesará lo que digan de ella. Ni le importará todo el daño que ha causado al irse y no llamarla ni por teléfono, porque ella fue la que lo parió y llevó sola la carga y la vergüenza.
- ¿Cómo sabes que no la llama, si tú, no hablas con ella?
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Rincón del Calecho
Ay María, cómo me gustan tus relatos y cómo me intrigas! En este me has hecho recordar un día de siega, el Caleo, a Tino, que ya no está con nosotros, y a Fina, y sobre todo la mantequilla... Ay que rica... se me hace la boca agua de pensar en ella.
Y recordando recordando, me acordé de lo que me pasó a mí un día de siega, después de haber estado una tarde ayudando a Tino y a Fina. Tras una tarde de muchísimo calor, con las manos llenas de burras, y después de haber dejado el trabajo hecho, me invitaron a darme un baño. Sí, sí... un baño, pero no te vayas a creer que el baño era en el arroyo, era en un hermosos cuarto de baño, el único que había en Canales, y además, con agua corriente. ¡Ésto sí que era novedoso! yo que estaba acostumbrada a darme un baño una vez a la semana... y en un balde. Así que me fui a casa a por una toalla, espona y jabón (sería jabón lagarto, ya que de aquella no había ni geles ni cremas para después del baño) Cuando ya me disponía a darme el baño, vi que me faltaba la esponja, y desde arriba llamo a Fina y le digo: "Fina, mira a ver si se me cayó la esponja por ahí abajo!", y me dice ella: "Pilarina, por aquí no la veo, pero mira tú por las escaleras". Bajo, miro y veo algo en un peldaño, así que le doy una voz a Fina y le digo: "ya la encontré!", y sin fijarme más, me agacho y la cojo con la mano al mismo tiempo que doy un grito (y no de dolor porque me hubiera dado un lumbago, sino de asco). Tenía en mis manos una cagada blanda de gato. Este fue mi primer baño en bañera, con unos grifos echando agua fría y caliente (ahí es nada), y con una mano que apestaba. Eso sí, muertos de risa y feliz de haber estrenado un cuarto de baño, y de haberme metido en una bañera que me parecía una piscina. Y es que la diferencia de un balde a una bañera era muy grande. Un beso, María... Ah, se me olvidaba! De la esponja no supe qué fue de ella. A veces pienso que se la comió el gato.
Pilarina.
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Rincón del Calecho
Apreciadu e inolvidable amigu: Recibi tu carta cón mucho retrasu, y nun facia un ratin pa contestarte, pero ahora que se acaba la faena del campo y antes de que empezemus con la mata el gochu voy contarte el final de la boda de nuestru amigu Chagu. Fue muy comentada entre los invitadus la tolada que le hizu Chagu a la novia ella veiase un pocu acobardada
La misa la catarun las mozas, Tomasin y Tano, y despues del casorio fuimos todus en comitiva hasta casa la novia, nus convidaròn a pastas y mistela
Ya fue llegando la hora del banquete, y lus mozus nos emburriamus unos a otros para poder sentarnos al lau de una moza que vinu de León. AL tiempu que cantabamos esu de.
Ya te pusierun el yugo......
Mucha juerga en la comida y algun viva a la cocinera. Ya dispues empezo el baile en la era, llegarón las mozas de la Magdalena, Garaño y alguna de quintanilla y Bobia.
Uy ¡que toscu estoy que se me olvidaba contarte que antes corrimos la rosca, y aunque vinierón de otros pueblos, la gano Varin que ya sabes que corre como una bala.
Y nu se ya si contarte esta otra cosa. Ya llego la hora de retirarse los novius a sus aposentus y nosotrus que estabamus al acecho comu si fueran llobus, los seguimos pur detras del portalón, alli trepamus hasta la ventanina que da al portal y cuzeabamus lo que facian.
Y mira tu lo que le paso al pobre Chagu, como ya te dije ese dia facia mucho frio, y Chagu se habia puesto para la ocasión unos marianus nuebus (parecierunme blancus) Ya sabes que la luz de Quico alumbra pocu. Con las prisa nu se diu cuenta de que habia puesto lu de atras palante. Pusose tan toscu que quitolos, al tiempu que decia estorbus de la leche, y tirabalus por la ventana.
Y alli estabamus nosotrus pa cogerlus y pasearlus por tol pueblu cun el sello de Chagu. Al dia siguiente cuandou se entero de la tolada que le habiamos hechu pareciole muy mal, y nus diju que esu nu se face a un amigu. Y es que el vinu ya nos habia hechu efectu.
Buenu amigu ya nu te cuentu más, por que creu que toda queda contadu Esperu que te encuentres bien y que algun dia vengas al pueblo en ese aiga que nus facia soñar.
Un abrazu amigu y perdon pur las faltas, peru es que nu pongu atenciòn en la escuela.
Pilarina.
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Rincón del Calecho
Noche de San Juan
La noche de San Juan es la màs poetica del año. Es la noche en que al amanecer ocurren cosas maravillosas. El sol baila, los culebres pierden sus poderes magicos. Las mozas encantadas, las janas, salen de las cuevas o de las fuentes a peinar sus cabellos con peines de oro, y a ofrecersus riquezas al que sepa y tenga valor para desencantarlas.
De las peñas y de los manantiales brotan joyas preciosas. Aparecen gallinas con polluelos de oro picoteando las flores silvestres. Las janas juegan a los bolos con bolera de oro.
Pero todos estos actos maravillosos desaparecen antes de que llegen a ellos los rayos del sol naciente.
En estas lagunas de Selga cuenta la leyenda que vive una jana, que vaga por el lugar expiando un pecado de amores. Es muy rica en gargantillas de oro y pedreria preciosa, tambien tiene una gallina de oro con sus polluelos. Un dia se le aparecio a una pastora que vivia en Somata y le lleno el mandil de canicas diciendole que no las mirara hasta que no llegara a casa. Pero ella no pudiendo resistir la tentaciòn abrio el mandil y al ver que eran unas simples canicas las tiro al llegar a la Llama.
Cuando llego a casa y fue a quitarse el mandil, vio que en el tenia una moneda de oro.
Fue cuando se dio cuenta de que si no hubiera tirado las canicas todas se abrian convertido en monedinas de oro.
La jana solo se deja ver en la noche de San Juan, a las doce en punto. Dicen que es billisima, y que sua cabellos rubios brillan a la luz de la luna; y que entregara sus amores al mozo montañes que la desencante dàndole a beber agua bde la fuente del Carballo en el cuenco de la mano.
El tio Fortunato cuando era mozo, se fue a buscar a la Jana a las lagunas de Selga, pero se durmio a las doce de la noche, cansado como estaba de segar hierba.
A la mañana siguiente hallò el peine de castròn que la Jana se dejo olvidado, junto a las aguas cristalinas de las Lagunas de Selga.
Pilarina.
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Recuerdos para el Rincón
UN DIA DE PASTOREO
Fue un día de principios de verano, a finales de los años cincuenta, época de la siega del centeno en el pueblín. Con ocho años recién cumplidos tuve un regalo muy especial, ir con las vacas, y… sola. Normalmente el pastoreo, cuando era necesario la realizaban los hermanos “hombres”, a las niñas nos tocaba fregar, lavar y hacer las camas…cosas de la discriminación por sexo, de la que en aquellos tiempos casi ni se hablaba. Así que no es de extrañar que aquella novedad para mi si supusiera un regalo, claro, todavía no se conocían consolas y nintendos… y el Bill Gates aún debía andar a gatas.
Muy contenta, satisfecha y sintiéndome muy mayor guardé en la fárdela la merienda, nada de donuts ni zarandajas publicitarias, por entonces el único anuncio que nos sonaba era aquella canción del negrito del África tropical que escuchábamos en la radio cuando seriaban las venturas y desventuras de Matilde, Perico y Periquín. La merienda, un cacho de pan con chorizo, envuelto en papel de periódico. Por la bebida no había que preocuparse, pues a la cimera de la campar había una fuente donde arrodillándome podía beber, cogiendo el agua con las dos manos juntas haciendo cuenco.
A la ida no hubo ningún problema, en cuanto les abrí el portalón, las vacas enfilaron carretera arriba. A la altura de Valdoreo torcieron a la izquierda y llegaron por el camino, cruzando el pontón sobre el Arroyo hasta la campar entre las Llatas y los Rozos, por encima de las eras que había detrás de la casa de Perpétua la de Moisés, que era nuestro punto de destino… vamos, que ni que llevaran un GPS.
Me las prometía tan felices…. las vacas pastaban tranquilamente, así que me pasé un par de horas entretenida haciendo diademas con flores, siemprevivas silvestres que recogí en la orilla de un sembrado que había al otro lado del camino del cementerio, por encima de la casa de Herminia y Agapito. Comí agrinas de una planta que había en un ribazo, incluso trepé a un árbol, no recuerdo si era chopa o palero, que había en la esquina, desde donde intentaba distinguir a mi familia, mi madre, mi abuela, mi tía Inés … que estaban segando en las Camparinas, por encima de las eras de Valdálvaro.
Un par de veces tuve que volver las vacas al prao, se salieron por la parte que quedaba enfrente de la casa de Frutos, en busca de la hierba fresca que crecía junto a las escobas del camino que subía por los Rozos y a una tierra que llevaban los del tío Jesús, ya se sabe, la misma comida en casa del vecino está mucho más sabrosa.
Todo marchaba estupendamente, la mañana pasaba y el sol ya empezaba a picar, me habían dicho que entre las doce y la una las llevara de vuelta. Por supuesto, no tenía reloj, y la hora la tendría que calcular…a ojo.
Pero no hizo falta. De repente, la Marinera, la vaca más grande echó a correr dando saltos como poseída, brincó la pared y cogió el camino de vuelta dándose rabotazos a izquierda y derecha, y no paró hasta que llegó a la plazoleta de casa. La Bonita la siguió, con menos aspavientos, pero también corría, más que yo, que al tiempo que corría, lloraba como una Magdalena, gritando y maldiciendo mi mala suerte. Luego me explicaron la causa de lo que había pasado, la había “picado la mosca” y que era una cosa que yo no hubiera podido evitar, aunque eso no supuso un consuelo para mí. Ya con los años cada vez que alguien se enfada y da una espantada, me acuerdo de aquel día y entonces no me puedo reprimir y pregunto…y a ti, qué mosca te ha picado?
Carmina Teso
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(Respuesta al anterior mensaje)
Carmina me gusta mucho tu relato con el ya dejas inagurado la nueva temporada del Calecho.
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(Respuesta al anterior mensaje)
Os mando un saludo Pilarina y Toño. Ahora me tengo que ir.
Sed felices.
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(Respuesta al anterior mensaje)
Hasta luego J. Angel, sé bueno.
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(Respuesta al anterior mensaje)
Buenas tardes calecheros, hola Toño si sigues por ahí
Os dejo en pendientes alguna foto de la boda
La de los novios no la arrastréis por favor que luego la quito
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EL GRAN SUSTO
En una ocasión, allá por la guerra civil, mi madre, que tendría alrededor de once años, tenía por costumbre ir a recoger las sobras del rancho de los militares que estaban en La Magdalena.
Iba acompañada de Beatriz, que era una rapaza de San Román de los Caballeros, esta paraba en casa de María Vega. En el camino, donde está la huerta de Sefa, que entonces llevaba el tío Ángel "el Puchero", vieron unas hermosas peras y decidieron encaramarse a las tapia, para poder cogerlas y probarlas. Cuando se encontraban en plena faena, mi madre vio el ala de un sombrero y dijo a su amiga: ¡Beatriz, ahí en la pared de enfrente veo el ala de un sombrero, será el tío Ángel que viene a por nosotras! Se tiraron de la tapia abajo y salieron corriendo como alma que lleva el demonio.
No pararon hasta los Acadales. Allí estuvieron hasta el anochecer, que fue cuando decidieron volver a casa. Eso sí, volvieron por donde no las viera nadie, esto es, por El Espinadal, La Cuesta, La Fuente el Carballo….. así, hasta llegar a Somata.
Mi abuela al verlas llegar dijo: ¡Ahhh! ¿Estabais ahí?, pues la Guardia Civil os anda buscando. Volvieron a salir corriendo con más miedo si cabe. Eso sí, en ésta ocasión como no regresaban tuvieron que salir a buscarlas.
Durante todo el día estuvieron con los calderos a cuestas sin poderlos llenar, seguro que los gochos echaron en falta tan preciado manjar.
¿Será ésta la razón, por lo que a mi madre no le entusiasman las peras?
Tuti. Agosto 2011
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