Se habla de historias y leyendas en el valle de San Pelayo, como que: "En el Prado de Villar hay enterrado un pellejo de toro, lleno de monedas de oro, que abandonaron los moros" y que en el Monte El Corón lucharon los antiguos habitantes cántabros contra los soldados de Augusto y los derrotaron.
Por los nombres de sus valles, laderas y picos, Liegos puede ser latino, prelatino, céltico y románico. A nuestra Villa debe referirse un diploma del año 1164 por el que un magnate leonés, de nombre Rodrigo Fernández, como regalo de arras, dona a su esposa Urraca Martínez, varias Villas, entre ellas "Legos", es decir, Liegos. Por esta donación la Villa pasa al señorío abacial de la Comunidad Cisterciense femenina de Gradefes. Hacia 1250 Villa e iglesia eran ya del señorío episcopal de León.
Permaneció así hasta 1580 en que fue desamortizada y pasó a ser de realengo, ya que Hernando de Frias daba por ella 2.734 ducados; pero los vecinos pagaron esa suma para mantener su independencia y ser ellos los amos de su Villa, por lo que pasó a ser Villa exenta e independiente. En el padrón de habitantes, figuran todos los habitantes como hidalgos, hecho excepcional.
Desde 1581 hasta hoy, la historia de Liegos está muy documentada, conservándose en el Archivo de Simancas y en el Histórico Provincial de León, un padrón completo de los vecinos en ese año y el Catastro de Ensenada, respectivamente.
En el siglo XVIII ya contaba Liegos con un "maestro de letras", en la escuela de los niños.
En esa época todas las casas del pueblo estaban cubiertas con paja, una parte de la casa la constituía la cuadra: caballeriza y pajar, la otra la vivienda: cocina y cuartos de dormir. Muchos tenían al lado de la casa su horreo y un huerto. Los cultivos y el ganado eran para uso propio.