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Castilla y León  >  León  >  MANZANEDA DE OMAÑA
Casa de teito de vitorina., MANZANEDA DE OMAÑA
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Casa de teito de vitorina.
Foto enviada el 07/12/2009 por Tirso
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Existe en las comarcas de León, un tipo peculiar de vivienda que tiene, sin duda alguna, un origen ancestral. Este tipo de construcción se enmarca dentro del conjunto de las “casas de teito” características de la arquitectura popular de la Región Leonesa. Encontramos vestigios, mejor o peor conservados, en las Comarcas Leonesas del Bierzo, Laciana, Babia, Luna, Los Argüellos, Las Omañas, Maragateria, y La Cabrera. A pesar de la similitud básica del conjunto regional, una serie de características propias, diferencian unos tipos comarcales de otros.
Esta variedad arquitectónica tiene su origen remoto en las construcciones del pueblo prerromano que habitaban estas tierras: los CÁNTABROS VADINIENSES, etnia autóctona celtizada y posteriormente romanizada. Ya en el período Neolítico las cabañas se fabricaban con paredes y techos de ramajes y barro, conformando los núcleos habitados denominados “castros”. El castro es un poblado fortificado en lo alto de un monte –la toponimia actual nos indica asentamientos castreños- con un fin básicamente defensivo, añadiendo unas o varias cinturas fortificadas, situando las viviendas en su interior. Estos núcleos comenzaron en el citado período y perseveraron hasta la conquista romana. Las casas tenían planta circular o rectangular. El límite entre la planta circular y la rectangular parece estar entre El Bierzo y Las Omañas. La vida en los castros se mantuvo durante la Edad de Hierro, hasta la época romana avanzada, sufriendo durante este transcurso temporal la influencia de los pueblos celtas hacia forma rectangulares. El empuje ejercido por lo celta no supuso la total desaparición de las formas circulares, si bien se produjo una adaptación a la nueva fábrica, surgiendo así construcciones más o menos rectangulares.

Con la romanización tardía, la agricultura adquiere un incipiente desarrollo y los indígenas abandonaron paulatinamente los castros, para situar sus poblados en los valles. Este asentamiento en las zonas llanas continuó durante la Edad Media favorecido por el avance de la Reconquista, surgiendo un mayor número de aldeas denominadas con frecuencia “casares”, que mantendrían su tipo primitivo de construcción, con techumbre de paja y paredes de mampostería de canto rodado, si bien su tamaño era mayor.

Enviado por Marilin el 11/10/2010 a las 10:31
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Con el paso de los siglos los medios de vida apenas evolucionaron, lo que posibilitó el mantenimiento, sin apenas variaciones, del mismo tipo de vivienda.
Nos situamos así en el siglo XVI en unas aldeas que tenían todos sus edificios, incluidas las iglesias y ermitas, con el techo de paja. La paja de centeno dominó en la totalidad de las manifestaciones arquitectónicas de la Comarca, extendiéndose su empleo a los edificios más singulares, como sus iglesias, que fueron las primeras donde se sustituyó por teja de barro a comienzos del siglo XVII.
A partir de esta época el incipiente desarrollo de las comunicaciones permitió un avance en las técnicas constructivas; el aislamiento iba cediendo y nuevos tipos constructivos fueron cobrando importancia. Se produce la sustitución de la paja por teja en la cubierta y la división en dos plantas, con el corredor de madera en la solana, como innovaciones más importantes. Aún hoy la toponimia nos indica el lugar donde se asentaban las “tejeras” o fábricas de teja. A este cambio contribuyeron también los incendios masivos que durante la Guerra de la Independencia asolaron diveras localidades –Concejos de Burón, de Pedrosa del Rey y de Boca de Huérgano-.

Enviado por Marilin el 11/10/2010 a las 10:33
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MATERIALES

Los materiales empleados en la construcción tenían su único origen en el entorno natural, que de modo abundante rodeaba a los habitantes de estos valles. También hay que tener en cuenta que el aislamiento obstaculizó durante siglos la influencia de nuevos elementos y tipologías constructivas.
En la zona abundaban, y aún hoy abundan, los bosques de haya y roble; si bien su extensión fue decreciendo con el paso del tiempo, debido a las constantes roturaciones para el aprovechamiento agrícola y ganadero. La variedad más empleada es el roble, sobre todo en los elementos estructurales de la vivienda. De madera de haya eran las horcas y la cumbrera que conformaban los pilares esenciales, y de roble o haya las llatas o ramas que con el nombre de pares, ratas y aspras, se colocaban en la cubierta para entrelazar la paja de centeno.
Junto a la madera, la piedra constituía el otro elemento predominante, siendo los cantos rodados y el barro los componentes esenciales para levantar los muros de mampostería. Para enmarcar las puertas y ventanas, y en los esquinales se trabajaba con sillares de piedra caliza, de formas más o menos geométricas.

Como tercer elemento indispensable contaban con la paja de centeno. Para separar el grano, se “majaba”; actividad que consistía en golpear los haces contra las tablas de un trillo, obteniendo así los haces de paja denominados “cuelmos” que se empleaban para conformar el tejado, cumbrera o “teito”.
La agricultura es pobre y de subsistencia; se aprovechaban las laderas cercanas a los pueblos para cultivar el centeno, reservando antes de la trilla los haces o cuelmos necesarios para realizar una nueva cumbrera o reparar las ya existentes valiéndose de la "techadora", herramienta de madera indispensable para entrelazar la paja.
Como fácilmente podemos deducir, vida y naturaleza se encontraban íntimamente ligadas; la interdependencia era total y sus edificios no podían ser una excepción.
Con el paso del tiempo y la adversa climatología, las casas llegaban a confundirse con el paisaje. El color pardo verdoso de los tejados, apenas sobresalía del entorno cromático del valle. La paja se iba cubriendo de musgo que tamizaba prácticamente la superficie de los faldones.

Enviado por Marilin el 11/10/2010 a las 10:35
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Tomando como base los elementos antes enunciados –madera, piedra y paja- la construcción se llevaba a cabo con escasos medios técnicos, con la concurrencia de vecinos y parientes y una vez acarreada la piedra y trabajados con "azuela" y hacha los troncos de los árboles, que previamente se habían cortado y bajado del monte por las "trincheras".

La construcción se dividía en tres fases:

En la primera fase se montaba el "Castro de Madera"...

... Se denominaba así al conjunto formado por las “horcas de madera” y la cumbrera. Las “horcas” son grandes pies derechos de roble o haya con forma de horquilla en el extremo superior. Se colocaban tres en el eje longitudinal de la vivienda, uno en el centro y dos adosados a los muros astiales, y sobre ellos, en sentido horizontal sentaban otra gran viga, a la que llamaban “ pontón o cumbrera”. La cumbrera no apoyaba directamente sobre los muros de mampostería, dada la inconsistencia de éstos.
Este castro de madera sería el esqueleto básico para las sucesivas fases de edificación.
El tipo constructivo no era uniforme en todos los casos; encontrándose variantes con soluciones diversas; así la horca situada en el "testero" o puntal, puede situarse en la cara interior, no siendo visible en la fachada. En otros casos, al construir dos viviendas colindantes, la horca que corresponde al muro medianero suele ser común para los dos edificios contiguos. También existen ejemplares en los que solo existe una horca central, apoyando los extremos de la cumbrera directamente en los muros laterales.

Enviado por Marilin el 11/10/2010 a las 10:40
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La entrada, generalmente es el "testero", tanto puede ser única para todas las estancias mencionadas, como independiente en un lateral para dar acceso exclusivo a la cuadra, que en este caso se separa de la vivienda por un muro. Se accede a un portal grande, utilizado preferentemente para guardar los aperos de labranza. Su suelo es de tierra. Desde él se accede a la cuadra, a la cocina y al dormitorio.

Enviado por Marilin el 14/10/2010 a las 14:58
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La cuadra, con suelo de tablas de haya para preservar a los animales de la humedad, tiene a un extremo del entablado la “corredera” –canal de canto rodado o maderas de roble para las aguas-. Las vacas se atan a pesebres de madera, separados entre sí por paredes de tabla a media altura. En otro ángulo se compartimentaba el “cubil” –para el ”gocho” -cerdo- y la “corte” para las ovejas.

Enviado por Marilin el 14/10/2010 a las 14:59
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La cocina era la pieza básica y a veces única, donde las personas hacían su vida. En el centro colocan el “llar” donde se encendía el fuego; su base era empedrada y su superficie no solía sobrepasar el metro cuadrado. El resto del suelo era de tierra. Al tratarse de construcciones adaptadas a un clima frío, conservan en su interior una temperatura agradable. No existe chimenea para salida del humo, que se filtra a través del techo de paja; contribuyendo así a conservar el armazón de madera. El techo de la cocina, negro y brillante como el charol tiene la peculiaridad de estar formado por un entramado de vigas entrecruzadas cubiertas con “tapines”- musgo- y tierra. Usaban el "tapin" para evitar que las chispas prendieran la paja de la techumbre. Encima el tapin se situaba la "priegol", especie de desván.

Enviado por Marilin el 14/10/2010 a las 14:59
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De la viga del techo se colgaban las “llares” o “pregancias”, especie de cadena de forja terminada en un gancho, donde se colocaba el pote de cobre para cocinar. La única ventilación de la cocina era un ventanuco; entre el espacio situado sobre él y el techo, se curaban al humo los productos de la matanza, colgados éstos de varales de avellano. En un ángulo de la estancia construían el horno para cocer el pan de centeno que ellos mismos amasaban. Alrededor del llar se situaban los “escaños” –bancos de madera- y más alejados del fuego los camastros. No hay que olvidar que no todas las viviendas disponían de dormitorio independiente.
En el piso superior el pajar y la priegol lo completaban. Este piso solía tener alguna ventana pero de escasas proporciones, a excepción hecha del “boquero”, ventana de mayores proporciones situada sobre la puerta para meter la paja y el heno. A la "tenada" también se accedía desde el portal por una escalera de mano.

Enviado por Marilin el 14/10/2010 a las 15:00
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Esta es

Enviado por Marilin el 16/10/2012 a las 9:16
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La palabra teito es una voz asturleonesa que designa cualquier cubierta de cualquier edificio hecha con material vegetal. 1 Este nombre, teito, se utiliza en la zona occidental del dominio lingüístico asturleonés, que se corresponde con zonas bastante extensas del SO asturiano, en todo el oeste leonés y NO zamorano, así como zonas del NE portugués. Por extensión se ha venido llamando teito al edificio en sí, siempre que su cubierta sea vegetal. 2 Un teito asturiano tiene mucha relación con una palloza gallega o leonesa de los Ancares, en cuanto a la cubierta vegetal se refiere, aunque se diferencian en la forma y estructura del edificio habitacional que cobija dicha cubierta; se diferencia también en su ubicación geográfica y en la distribución del espacio. En Asturias y León se prefiere la voz teito, mientras que en Galicia utilizan la voz palloza. nota 1

Las construcciones con teito pertenecen a la arquitectura popular autóctona, destinadas a viviendas, pajares, cabañas para ganado, hórreos y otros pequeños edificio auxiliares. De todas estas construcciones han resistido el paso del tiempo las cabañas, los hórreos, los pajares y alguno más. Las viviendas o bien han ido desapareciendo o se han modificado ostensiblemente. En algunos casos se han mantenido hasta finales del siglo XX y comienzos del XXI, hasta la muerte de sus propietarios. Algunas de estas casas han mantenido su vida por haberse convertido en museos etnográficos o por haber cambiado su uso rehabilitándolas como establos o pajares.
Etimología

La palabra de la variedad asturleonesa occidental teito y la castellana techo derivan del latín t&#275; ctum. La palabra asturleonesa teito sufrió una diptongación de la vocal 'e', mientras que en castellano el grupo de consonantes 'ct' derivó en la palatización 'ch'.3

Enviado por Marilin el 23/10/2013 a las 18:00
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Origen y evolución
Casa de teito en El Bierzo. Fotografía realizada a principios del siglo XX por el filólogo alemán Fritz Krüger.

Las casas habitacionales con teito, formando pequeñas aldeas de temporada o diseminadas a lo largo de la geografía asturiana y leonesa, fueron herencia y evolución de las casas que configuraron los castros. La planta circular de los castros es considerada como la más antigua, pero en alguno de ellos como el de Coaña coexistió con la planta rectangular. nota 2

Durante la segunda mitad del milenio I a. C., la población fue cambiando de lugar asentándose en tierras apropiadas para el cultivo. Las casas siguieron siendo circulares al principio y más tarde se fueron construyendo rectangulares como venía ocurriendo en el resto de la península. 4 Los arqueólogos han sacado a la luz enclaves que así lo demuestran, pertenecientes al primer milenio a. C.:

El Molá (una aldea de Tarragona), del 700 a. C.
Purullena, en Granada, del 800 a. C.
Crevillent en Alicante
Caspe, en el valle del Ebro donde llegaron a contarse hasta 57 casas, bien alineadas y con calle central. 5

Casa con teito en Campo del Agua.

En el territorio astur-leonés y en Galicia estas casas-vivienda tenían sus correspondientes edificaciones también con teito que servían para las faenas agrícolas y ganaderas. Son testimonio de la evolución de la vida rural desde los primeros agricultores del Neolítico. Muchos de estos edificios han perdurado en mayor o menor cantidad hasta el siglo XXI mostrando lo que pudieron ser las casas con teito, casas habitacionales desaparecidas o transformadas la mayoría, tanto en su estructura como en su uso. Estos edificios anejos (hórreos, establos, pajares, etc.) se han mantenido gracias a su situación geográfica en lugares estratégicos, protegidos por la naturaleza. 6 Su pervivencia se debe también a que esas zonas no llegaron nunca a ser enteramente colonizadas por Roma por lo que los métodos de construcción de los romanos no cambiaron ni influyeron nunca en los métodos ancestrales de estas gentes. 7

Junto a las primeras casas circulares habitacionales existieron unos cercados que a veces alcanzaban una altura de 2 m, construidos con piedra cuando era fácil de obtener o con maderas. En estos cercados se guardaba el ganado. 8 Se han identificado estos establos por el tupido nivel de estiércol encontrado. 9 Este sistema evolucionó durante el tiempo protohistórico cuando el establo pasó a formar parte de la propia casa, cuyo ejemplo más conocido y perdurable es la palloza de los Ancares. Los arqueólogos consideran que fue ésta la gran innovación del periodo protohistórico en las construcciones del norte de la península y del norte europeo y que es posible que influyera tanto el clima como la necesidad de mantener a los animales bien vigilados día y noche al ser su gran riqueza y objeto de subsistencia. 10

En el noroeste de España la cubierta vegetal fue predominante hasta el siglo XX, debido a sus propiedades como aislante térmico, superiores a las de otras cubiertas como la losa: el teito puede mantener la temperatura en el interior de una estancia calentada por un fuego a unos 15 °C en invierno, incluso en zonas de montaña donde las temperaturas medias mínimas no suelen rebasar los 2 °C; a la vez, el techado vegetal también conserva el ambiente fresco en la vivienda durante los días calurosos. Un teito bien confeccionado y reparado periódicamente dura unos veinte años. 11

El principal inconveniente de los teitos radicaba en su mayor propensión a ser un punto de inicio y propagación de incendios, y era habitual que varios edificios o incluso pueblos enteros quedaran destruidos al prender las llamas en los techados. 11 El elevado riesgo de incendio dejó su marca tanto en las técnicas de construcción como en las leyes y ordenanzas de las poblaciones, entre las que se pueden mencionar la prohibición de hacer pan durante la noche, y la inspección periódica rigurosa de hornos y cocinas; 12 también fue un factor importante en la gradual sustitución por la losa o la teja en los edificios destinados a la habitación durante el siglo XX y a la gradual restricción del uso de teitos en construcciones auxiliares aisladas de las viviendas. 11

Enviado por Marilin el 23/10/2013 a las 18:01
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Estado de conservación en el siglo XXI
Ejemplo de deterioro y abandono de un teito en Campo del Agua. Se ha quedado al descubierto su armazón de madera.

En los primeros años del siglo XXI se aprecia por un lado una alarmante disminución de los teitos, incluso de la casa entera. Son difíciles de conservar, las familias que los mantenían van desapareciendo o emigrando y la razón de su existencia, el uso, también desaparece en muchos casos. La emigración supuso en algunas regiones una disminución drástica de la superficie dedicada al cultivo del centeno, privando a las zonas donde se usa este material de la materia prima para reparar y confeccionar los teitos: por ejemplo, en la comarca leonesa de OMAÑA, muchos teitos se empezaron a cubrir con fibrocemento a partir de los años 70 por este motivo. En algunos municipios se aprobaron ordenanzas sobre techados de paja que contribuyeron a su desaparición.

Por otro lado, ya desde los últimos años del siglo XX surge un gran interés por la conservación de estos teitos, tanto por parte de los descendientes de los propietarios como de las autoridades y arqueólogos junto con los etnólogos. Se concentra este interés en Asturias, sobre todo en los concejos de Somiedo y Teberga, donde se encuentran los más extensos conjuntos de cabañas teitadas bastante bien conservadas. 14 La creación del Parque Natural de Somiedo —que es también Reserva de la Biosfera— ha contribuido a que se reconozca la valoración de las ancestrales cabañas ayudando a su conservación. Muchas siguen vivas y esto favorece las medidas de ayuda y conservación. nota 3

Existen subvenciones por parte de algunos ayuntamientos, como el de Somiedo y el de Cangas de Narcea. En el año 2007 se consiguió ayuda en Somiedo para los 373 teitos que lo solicitaron y en Narcea se subvencionó un 80% del gasto para reparación de teitos en hórreos. El mayor problema que surge es la falta de teitadores profesionales; es un oficio que va desapareciendo.

Enviado por Marilin el 23/10/2013 a las 18:02
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Teiteros. Técnicas y materiales

Los teiteros o teitadores son las personas que tienen conocimientos suficientes para retechar las casas, cabañas y hórreos. Suelen o solían ser los propietarios o los arrendados —llamados llevadores—. Estas personas en el siglo XXI se ocupan además de conseguir la oportuna subvención oficial y de reunir a los miembros de la familia para ayudar, pues al ser un trabajo complejo se necesitan varias manos. En muchos casos, además de la familia reciben la ayuda de los vecinos, siendo ésta una práctica de colaboración muy antigua llamada andecha, que viene a significar colaboración. nota 4
Haces de carrizos a la espera de su colocación en un teito.

La materia vegetal de los teitos se superpone sobre un entramado de madera que también tiene su técnica. La estructura está concebida con el propósito de ser duradera; es bastante habitual emplear la madera de avellano y de serbal de los cazadores. Esta compleja estructura ha dado lugar a un rico vocabulario o jerga, pues cada pieza, cada viga, cada terminación, tienen su propio nombre que los identifica.

Es norma general aprovechar para la construcción del teito la paja obtenida en la propia cosecha o bien las plantas adecuadas que pueda ofrecer el entorno. Esto ocurre no sólo en Asturias, León, Galicia y resto de la península sino en toda la Europa donde existen teitos. En Inglaterra se utiliza el triticale; en Irlanda la avena; en Escocia paja de cereales y juncos acuáticos; en Gales, junto a la paja, carrizos y juncos de los humedales; en Alemania carrizos; en Dinamarca paja de centeno, carrizos e incluso algas marinas; en Noruega cortezas de abedul entrelazados con los tepes; nota 6 en Suecia centeno y carrizos siempre acompañados de tepes; la isla de Gotland es muy particular: se utiliza desde tiempo inmemorial una planta muy abundante —mansiega— que los nativos llaman ag; en Islandia está documentado desde el Neolítico el uso de los tepes ya que carecen de otro vegetal; en Francia paja de trigo y centeno, cañas y retamas; en Italia en el Piamonte utilizan la paja de centeno.

En el occidente asturiano y Ancares, en las áreas agrícolas donde se puede sembrar el cereal, se utiliza preferentemente la paja de centeno. En otras zonas que son principalmente ganaderas y donde el suelo se aprovecha para pastos se utiliza la escoba, el piorno y otros arbustos suministrados por el monte. En las cabañas de teitos somedanos se emplea en mayor abundancia la escoba negra también llamada hiniesta. Se emplea además el arbusto retama blanca. Otro material vegetal es el brezo que abunda en las montañas de Somiedo. 16 Son los llamados teitos de escoba muy abundantes en las cabañas de Somiedo, Teberga
Mayal, también conocido como mayo o pértigo.

Los teiteros asturianos tienen especial preferencia por el centeno cuya paja es resistente y de calidad. Tradicionalmente este cereal se sembraba en otoño y se recogía en junio o julio. Se cortaba con la hoz procurando hacerlo a ras del suelo para un mejor aprovechamiento. Con la paja cortada se hacían gavillas y con las gavillas, manojos más grandes. Después se procedía a separar el grano; antiguamente, esto se hacía golpeando los manojos con el mayal, utensilio que en Asturias se hacía de acebo, hasta la aparición de las máquinas de majar. Cuando el grano ya estaba bien separado se hacía una selección en los manojos separando la mejor paja que de nuevo iba formando otros manojos llamados colmos o cuelmos, libres de roturas y suciedad. El desgrane del centeno constituía una gran fiesta con participación de toda la aldea. 17 Por otra parte se iban preparando de manera muy especial unas cuerdas hechas con paja entrelazadas por la parte de la espiga; venían a medir un metro de largo y con ellas se ataban los colmos a la estructura de madera. Las cuerdas reciben el nombre de bincayos, venceyas y bilortas.
Enrasado de la paja.

Después de toda esta preparación los teiteros procedían a la instalación siguiendo dos técnicas diferentes: a paleta y a beu. Todo este proceso fue transmitido por cada generación y es el que se usa en los retechados de los teitos que todavía se conservan. El teitado a paleta es el más laborioso y el más caro aunque también el más duradero; requiere de auténticos profesionales. El nombre lo toma de la herramienta que se utiliza para el enrasado de la paja y otras faenas. (Es un utensilio de madera que tiene forma de espada de 65 cm de largo por 12 cm de ancho.) Se prepara la tarea apilando en primer lugar junto a la casa los colmos de paja a la espera de su colocación. Se van colocando hacia arriba sobre la estructura de madera con la espiga hacia arriba dejando abajo un alero que protegerá de las lluvias. A partir de esta fila vertical de manojos se van colocando los demás, teniendo en cuenta que se debe tapar siempre el tramo de espigas. Para las uniones utilizan los llamados tornos, unos vástagos que suelen ser de madera de sauce. Los colmos se van igualando por la parte inferior utilizando para ello la paleta que da el nombre a esta técnica. Si en el proceso queda algún hueco entre manojo y manojo, se cubre con más paja bien colocada con la ayuda de la paleta. En el remate del cono se pone a veces un pote del revés que lo sujeta perfectamente. Las pallozas y los hórreos de los Ancares leoneses (Balouta y Campo del Agua) están teitados con esta técnica.

Enviado por Marilin el 23/10/2013 a las 18:03
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El teitado a beu —llamado también a baguna o a vara— resulta más económico pues no es necesario reemplazar toda la paja. Es además un trabajo más fácil de realizar. Los colmos se encajan de manera más sencilla por lo que hay que sujetarlos de otra forma. Con ramas de brezo o de avellano se fabrican unas cinchas o correas trenzadas que constituyen el beu. Esas cinchas bien retorcidas se van colocando circularmente sobre los colmos. A veces llegan a ocupar todo el teito y a veces se detienen en la mitad o en el primer tercio. La cubierta queda bien protegida de los vientos. El remate de la cumbre es a base de atados de soga de paja y retama.

El teitado de escoba es muy apreciado por su duración y consistencia. Se aplica sobre otro material que le sirve de base y que suele ser un arbusto del tipo del brezo que en Asturias y Galicia llaman uz o gorbizo. 18 Sobre este sustrato se extienden los manojos de escoba negra o de retama blanca. Para el corte de la retama o escoba se ha seguido tradicionalmente un rito relacionado con el calendario lunar, haciéndolo coincidir (el corte) con el cuarto menguante; es entonces cuando se tiene la seguridad de obtener unos ramajes que pueden durar hasta más de doce años. Con los ramajes de escoba se van haciendo manojos que en este caso se llaman feixes y que se van colocando al pie de la cabaña para teitar. No hay utensilios especiales aparte de la hoz y las escaleras de mano; las propias manos del teitero van fabricando sobre la marcha una soga llamada cibiella con la que se atan los haces. El teitero empieza su trabajo por la parte inferior, ascendiendo hacia la cumbre en andadas verticales de 1 m de ancho. El manojo se coloca con el tallo hacia arriba y la rama se encaja hacia abajo; se separan dos ramas y se mete la tercera en el medio, clavándola bien apretada. Los manojos de escoba bien colocados y bien prietos pueden alcanzar un espesor de medio metro, aumentando este espesor en la parte delantera de la cumbre porque se supone que es la zona más expuesta a las inclemencias del tiempo. Los teiteros realizan todo este trabajo en tiempo seco.

Las cabañas de escoba al ser construcciones de planta rectangular requieren una terminación en la cumbre especialmente diseñada para esa línea en que se juntan los dos faldones a dos aguas. Los remates del cume o cumbrera se hacen siguiendo una de estas cuatro técnicas:

Sujeción con zancas y yugos. Las zancas son unas ramas gruesas o tablones de haya o acebo. Sirven para sujetar el teito y se colocan a caballo sobre los faldones sujetándose en la cumbre con unos travesaños llamados yugos que a su vez quedan trabados con la ayuda de un pasador o torno. Este sistema se emplea también en la Europa del norte, en Alemania, Holanda, Dinamarca y Suecia.

Enviado por Marilin el 23/10/2013 a las 18:04
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En Omaña, cuyas viviendas cuentan con características comunes con las vecinas Laciana y Babia, también fue tradicional la arquitectura de casas de teito, aunque estos techados vegetales fueron sustituidos poco a poco durante el siglo XX por la pizarra o la teja.

Enviado por Marilin el 23/10/2013 a las 18:06
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