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Este hayedo era el último escollo a franquear para llegar a la majada que el pueblo posee en el valle de Valdosin, con el fin de realizar el relevo a los pastores que cumplian los días correspondientes por número de reses enviadas a pastar a dicho valle; por cada animal un día de guardar el grupo.
Y digo que era porque a partir de los años ochenta del pasado siglo la organización ha ido cambiando mucho y el pastoreo y la forma de acceder a dicho valle se efectua de otra manera más cómoda.
El antiguo camino se recorria en su mayor parte durante la tarde-noche, más de dos horas de camino para llegar a dormir a la majada y por la mañana temprano, al amanecer, hacer el recuento de las reses. De no ser así el camino se recorrería saliendo del pueblo hacia las tres de la mañana para llegar al recuento y hacer dicho relevo.
En cualquier caso el paso del monte La Cardosa, siempre tocaba de noche bien al comienzo o al final de ella, coincidiendo con la mayor actividad de los animales del bosque en la busca de sus presas; el silencio más absoluto a ratos, los ruidos desgarradores en otros al ser cazados y por consiguiente muertos, generalmente pájaros, ratoncillos etc. hacían extremecer. Si a esto sumamos cantos monótonos, tanto lejanos como al lado, aleteos, carreras, las sombras en noches de luna o no tan claras, parecia que uno entraba en un mundo de embrujo donde todos eramos expiados perseguidos y casi insultados. Algunos hemos mirado para atras en alguna ocasión. ¿Había brujas por allí?.
Al salir del monte, y ver nuestra cabaña, la mayor felicidad.
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