| Situación: |
A 9 km. de la localidad de Cervera de Pisuerga y a unos 110 km. de la capital provincial, Palencia. Se encuentra enclavado entre dos comarcas tradicionales, La Ojeda y la Montaña palentina, al pie de las primeras montañas de la cordillera Cantábrica y en situación equidistante con las provincias de Burgos y León. |
| Fiestas: |
San Fructuoso Mártir, 20 de enero (misa y comida comunal)
San Isidro, 15 de mayo (misa y procesión del santo)
Ntra. Sra del Rosario, primer domingo de octubre (Baile, comida comunal, misa y procesión de la Virgen) |
| Turismo: |
Situado en el centro de la comarca más rica en arte románico de Europa, dos son los principales atractivos de la zona: las iglesias románicas y la naturaleza.
Por razones de cercanía, se puede trazar una ruta desde el mismo Colmenares con su pila bautismal románica (la mejor de la provincia en ese estilo, siglo XII), hasta los monasterios de S. Andrés de Arroyo y Santa Eufemia de Cozuelos (ss. XII-XIII), y las iglesias de Perazancas (ss. XI-XII) y Moarves de Ojeda (s. XII).
Cerca también del pueblos se sitúa una ruta que conduce al espectacular paraje natural de "La tejeda de Tosande", con uno de los más antiguos y extensos bosques de tejos de Europa. |
| Costumbres: |
Antiguamente se celebraban el "antroído" (Carnaval), la Epifanía (6 de enero, donde se cantaban los "Reyes", canción popular que aún se recuerda), y la procesión del "Encuentro" el día de Pascua. Todas estas costumbres se han ido perdiendo con el tiempo. |
| Historia: |
En la Antigüedad, las tierras altas de la actual comarca de la Ojeda estuvieron pobladas por las gentes cántabras, tribu prerromana que se extendía desde la costa atlántica hasta el sur de la actual Palencia. Una de sus capitales o núcleos principales fue Camárica, según menciona Ptolomeo en su "Geografía". Hay indicios de que esta ciudad se encontraba en las proximidades de Colmenares, en un pago conocido como "El Otero", yacimiento arqueológico que desde hace tiempo espera ser excavado e investigado. La ciudad debió ser conquistada y tomada como punto estratágico esencial en las Guerras Cántabras (s. I), con las que los romanos se hicieron con el control de la práctica totalidad del norte peninsular.
Durante la Edad Media (ss. V-XV), el antiguo núcleo de Camárica debió ser abandonado con la caída y descomposición del Imperio y la aparición de los sistemas feudales. Durante la Reconquista la zona norte de la provincia de Palencia tomó gran importancia; el posterior florecimento del monacato y el arte románico en la zona muestran el esplendor que se alcanzó en los ss. XI-XII. Es en esa época cuando surge la figura de Rodrigo Gustios, importante y legendario personaje mencionado en numerosas crónicas, restaurador de la Abadía de Lebanza (s. XII), y que nació y murió en Colmenares según la epigrafía de su sepulcro en la citada abadía. De esta época y relacionado con dicho prohombre ("vir valde bonus" se le llama en algún lugar) data la pila bautismal románica conservada en la iglesia de San Fructuoso, una de las cimas del arte palentino medieval. Relacionado con la estirpe de este noble debió estar el Castillo (s. XIV?), una torre fuerte de gran altura contruida en sillarejo cuyos escasos y maltratados restos sobreviven a duras penas al lado del río Burejo. De ese esplendor hablaba también la antigua iglesia románica, algunos de cuyos restos se conservaron en la reconstrucción del edificio que se debió iniciar a fines del s. XV, dando como resultado una de las iglesias góticas más bellas del norte palentino, con algunas singularidades notables como su doble nave, el coro pétreo o el pórtico de la entrada.
El fin de la época medieval trajo consigo la decadencia de Colmenares y de los núcleos rurales en general, quedando éstos en manos de la nobleza. Es entonces cuando surge la figura del "hidalgo" que tanto significó en el panorama español de la Edad Moderna, como paradigma de inmovilismo social, económico y vital. En las zonas de montaña como Colmenares, y más aún en la vertiente cántabra de la cordillera, estos segundones de la nobleza fueron determinantes en la vida de los pequeños núcleos, promocionando la construcción de mansiones o casonas señoriales, o patrocinando obras en iglesias. En la iglesia de Colmenares se observan los escudos de la familia epónima en muchas de las claves de las bóvedas, así como en la capilla mayor. El pueblo tuvo un rico patrimonio de casonas tradicionales hidalgas que se fueron perdiendo por el paso del tiempo y la incuria, aunque aún quedan algunos ejemplares, como la bellísima "Casa de los Leones", restaurada por su actual propietario.
La vida de los pueblos se mantuvo casi sin variciones hasta la época Contemporánea, cuando una fortísima emigración del campo a la ciudad trajo la ruina y la despobación a los pueblos, proceso que aún no ha culminado. |