| Fiestas: |
Santa Ana el 25,26 y 27 de Julio, con verbenas populares, corridas y encierros.
El día de SAN MARCOS 25 de Abril con verbena en la "Peña de San Marcos" en la Dehesa.
En San Marcos entran las vacas a la Dehesa Boyal.
Otras fiestas de interés son: San Sebastian (20 de Enero) y San Blas 3de Marzo. En estos dos días se efectuaba el tradicional "tiro al gallo" que se hacía por la tarde desde la carretera en el camino de los Barreros y al precio, últimamente, de seis piedras por 5 duros y el que diera al gallo, para él, no era facil y se empleaban varias horas para que una "pedrada" diera en el blanco.
PREGÓN DE SANTA ANA 2003.
por Santiago Martín Mateos.
Buenas tardes y bienvenidos, Señor Alcalde, Autoridades y "ALBERGALLOS", todos. Hombres y mujeres, jóvenes y niños. Propios y foráneos, bienvenidos todos a la fiesta mayor de ALERGUERÍA DE ARGAÑAN, que desde hoy nos agrupa en uno de los mejores y más antiguos municipios de la comarca de Argañan, el de mas solera y abolengo en el Oeste de Salamanca.
La Alberguería de Argañan está inmersa en los viejos caminos de la piel de toro Ibérica; en el borde de las rutas de penetración fenicia y céltica. Esta es tierra de Wectones, cosida en la linde lusitana, por la ribera del Coa y la Sierra de la Estrella con el Sabugal que fue "tierra de Ciudad Rodrigo".
Estas cañadas fueron anchas vías de Cartago y de Roma, mas tarde inviolables caminos de trashumancia que van entre cercados de piedra cruzando el monte.
Nuestro pueblo, que es el vuestro, el de todos que se acercan a estas tierras, tiene mucha historia, escrita y sin escribir. Buena muestra son los vestigios de los poblados primitivos de Val de la Mancha, de los Pedernales, Val de Redondo, Los Cotorritos y algunos mas en las Remalladas y.. luego en el centro, el Señorío, en torno al cual vivían aquellos.
Nuestro pueblo siempre tuvo fortaleza, símbolo de poder y grandeza. Con el transcurso de los años, de los siglos, fue cambiando y desde 1400 (Siglo XV)ya tenemos datos escritos y certeros de lo que era el Señorío de Alberguería (tierra de acogida) y eso queremos que siga siendo, sobre todo en estas fechas y más que nunca ahora que los hombres y mujeres gracias a los medios de comunicación, la cultura y el conocimiento, vamos por otras tierras y traemos personas para que nos acompañen y disfruten de la buena acogida de los Albergallos;
Que nos se sientan forasteros, que participen de nuestra alegría, que vivan con nosotros y que se lleven allá donde quiera que vayan el recuerdo de un pueblo que hace honor a su nombre: ALBERGUERÍA. Así haremos que el pueblo, (nuestro pueblo) sea más grande:  (Bienvenidos a todos, estáis en vuestra casa!.
Muchos no sabíamos que nuestro gentilicio es ALBERGALLOS, tampoco que nuestra gente, que ahora puebla nuestra tierra, tiene nada que ver con los últimos señores conocidos, "Los Pacheco".
Aquí somos, como algunos han señalado, producto de una encrucijada de caminos que siempre ha sido Alberguería.
A nuestro pueblo han llegado Castellanos, gallegos, de ahí todos los Martín y López que a su vez procedían de Francia. Pero antes, mucho antes, están los Iberos. Tenemos influencias musulmanas y por eso nuestro espíritu aventurero, recordemos varios de nuestros antepasados recientes que se fueron a descubrir el nuevo mundo, "Las Américas".
A nuestro pueblo, en cambio, llegaron los alemanes y buen recuerdo lo tenemos en D. Oscar que en los albores del SIGLO XX eligió nuestro pueblo para desarrollar sus conocimientos y dar a una zona perdida en el mapa el mayor invento hasta entonces conocido y que luego fue motor de desarrollo del mundo y en todo el siglo XX: La energía Eléctrica.
Recuerdo que me decían los de la época 1908-1910 que cuando llegó D. Oscar se fijó en la Ribera del Risco (porque no del Muro que se hizo después). Los más pequeños al oír hablar de lo que allí se iba a hacer y como las palabras eran desconocidas para cualquiera del vulgo, se oía entre los chiquillos "Que viene la LITRECA" y otros que lo habían escuchado de distinta forma decían (no! "viene la TRIANGA". Lo cierto es que nuestro pueblo fue pionero en tener electricidad, solo Ciudad Rodrigo, que estaba a un día de camino, tenía electricidad, y algunos, no todos. Ahora tiene TV.
Nuestro pueblo, Alberguería, ha sido siempre ganadero y agricultor, buena muestra de ello son la cantidad de molinos de piedra, movidos por las corrientes de agua de las Riberas del Risco, Los Basiles o Moheda. Unos muy antiguos, otros que aún siéndolo convivieron con el desarrollo, como el de Isidoro que aguantó él desbanque de la electricidad, hasta que ya no llovía tanto y los costales eran demasiado pesados para su frágil estatura.
Alberguería tiene historia y con ella sus mujeres y hombres que día tras día, noche a noche han sabido sortear los avatares de la vida.
Muchos recordarán aquella época en la que por nuestro pueblo pasaban, camino de Portugal, piedras de molino. Las yuntas iban por ellas a Espeja, que tenía tren y luego, con los carros, camino de la RAYA y de allí a Portugal.
Nuestro pueblo fue importante y así tenemos que desearlo e intentar que continué.
Como Aduana que fue, ya en 1600, en Alberguería siempre hubo funcionarios de hacienda, por tanto buenas casas, luego como tal llegaron los carabineros para el Resguardo Fiscal y aquí se establecieron y algunos se quedaron para siempre y sus hijos continúan amando el pueblo aunque ahora hayan salido a otras partes de España hoy vienen a visitarlo.
Buena muestra de la importancia de Alberguería la da el que el día 22 de Febrero de 1909 fue creado un embrión de BANCO, el llamado SINDICATO AGRÍCOLA, cuando la población rondaba los MIL habitantes y cuyo Presidente fue D. JUAN ANTONIO SANTOS y firmaban el acta de fundación Florencio Carreño, Juan Ruperto Cantero, José Acosta, Guillermo Pascual, Francisco Mateo, Mariano Alvarez, Demetrio Mateos, Narciso Díaz y Francisco González.
Como decía Alberguería siempre ha sido lugar importante y por los años 30 se hizo la carretera con añoranza de revitalizar la Aduana.
Con la aparición de los vehículos a motor, un tío mío pensó en poner una línea desde aquí a Ciudad Rodrigo y sin apenas saber conducir y teniendo menos conocimientos de mecánica se compró un coche y se vino para acá por el camino que había y no llegó a Martihernando. Allí terminó su Odisea y se rompieron las esperanzas de tener un vehículo a motor desde Alberguería a Ciudad Rodrigo. Mas tarde lo pondría Fidel Carabinas.
Los años siguen, se hace la carretera, el pueblo aumenta de población, son años de esperanza y estraperlo. Por Alberguería pasaron mucha comida y utensilios para aquella España maltrecha por la Guerra y luego por el Ciclón del 40.
Pensemos en nuestras fiestas en honor a Santa Ana, Patrona por excelencia de muchas ciudades castellanas.
Recuerdo aquellas fiestas donde todo el pueblo participaba en los actos religiosos y lúdicos.
A primeros de año las jovencitas y los muchachos estaban temblando. )Me nombrarán Madrina, seré Padrino?. Se preguntaban. Eran 12, seis de cada y aquello suponía, dependiendo de las economías, tener un vestido de madrina, mantilla y peineta incluida, para la Procesión y la Misa. Los jovencitos un traje y la mejor camisa. Por la tarde, para el Ofertorio había que tener otro traje o vestido mas desenfadado y con el cual irías al baile. Los mejores zapatos.
Los actos oficiales comenzaban el día de la Ascensión donde todos, padrinos y madrinas nombrados visitaban a cada uno de los compañeros y así de casa en casa sintiendo desde ese momento la hermandad de la Fiesta Grande del día de Santa Ana, se procuraban los trajes parecidos, para conjuntar la pareja. Con los bizcochones era otra tragedia, a ver donde se hacían, nadie quería ir a comprarlos, Fuenteguinaldo era el sitio más cercano, pero no sabían igual.
Que si se hacen en el horno de tal o de cual. Todos tenian sus preferencias para que supieran mejor y crecieran más.
Luego venían las corridas, que no podemos llamarlas de toros aunque alguna vez vi alguno de la dehesa, el Guadañas y el Salino, que más que bravos eran muy grandes y asustados con tanto barullo.
Quiero recordar los años en que vinieron varias tómbolas y aquellos cayados de caramelo. Entonces nuestro pueblo era muy conocido por los alrededores y más allá. Las fiestas comenzaban la víspera de Santiago, (Patrón de España) ahora... devaluado, continuaban con Santa Ana Grande, Misa Mayor, Procesión, convite y Ofertorio. Luego Santa Ana Chica con encierro y corrida y al siguiente día, otra corrida mas aunque fuera en un corral de los muchos y grandes que hay o en alguna "cortina" para que con los carros no se estropearan las vacas, porque siempre se escapaba alguna que juraba por debajo de algún carro o no llegaba a la Calle Grande.
Recuerdo los años, unos de prohibición y otros no en que se celebraban las corridas en cualquier lugar. Muchos, casi siempre, en la Plaza, al lado de la antigua puerta de la Iglesia y en torno al Álamo. No hacía falta arena, la Plaza era de tierra y el Álamo hueco y gordo, para con sus dos peldaños, hacer de burladero, sortear a las vacas o toros (Que años aquellos! Donde las ramas parecían llenas de una manada de pájaros con sombrero.
Los carros se venían abajo abarrotados de gente, muchos foráneos, de Portugal, gran parte.
También la plazuela del Potro dio sus tardes y allí comenzamos a ver al torero de nuestro pueblo, a Andrés Duque.
En esas segundas o terceras corridas de la Fiesta de Santa Ana se hicieron en el corral de "Tío Gordo" hoy casa de Amadeo, allí, a la sombra del cerezo, que a su vez hacía de burladero y las higueras que había dentro del recinto.
Nuestras fiestas han sido y son grandes, todo Portugal venía a nuestro pueblo, gente de Casillas, Alamedilla y Fuenteginaldo hacían los encierros.
Ahora que estamos recordando es bueno tener un recuerdo y un aplauso para: y perdón por lo de Tía o Tío, (propio de nuestro pueblo) y digo de "Manuela Alfonso, tía Sarralleira" que acogía a muchos forasteros o antes a "María Cruz Díaz"con su posada en la plaza, de la cual soy biznieto. A Isidro Alfonso, carpintero y artista de pro.
Tampoco hay que olvidarse de "tío Fermín " el de la Moheda o de Culón el de Guinaldo que fueron piezas clave de nuestros festejos. Como tampoco podemos olvidarnos, si bien es mas reciente el recuerdo, de Luciano Nava que siempre tenía el salón lleno y que siempre se esforzó por unir todos los pueblos, también Portugal y España.
Después de estas añoranzas pido a todos los paisanos y paisanas que iniciemos nuestras fiestas que con el nuevo milenio le demos nuevos aires y que no nos olvidemos de lo añejo y volvamos a darle a Alberguería el prestigio que ahora recordamos y seguro que tenemos.
Tampoco nos olvidemos del pueblo, de sus calles y sus casas, por ellas también pasa el tiempo, que estén acordes a los tiempos. Mas nuevas, que cada día estén mas llenas de alegría, luz y amor.
Que Santa Ana nos ayude, nos dé salud para ver muchos inicios de Fiesta como este, por eso...
Decid todos conmigo:
VIVAN LOS MAYORDOMOS.
VIVAN LOS PADRINOS Y LAS MADRINAS.
VIVA SANTA ANA.
VIVA ALBERGUERIA.
PREGÓN DE SANTA ANA 2002
ESTA REPETIDO EL PREGON DE 2003 Y HAY QUE DEJAR EL DE 2002 POR ANTONIO RIOS ESPARIZ
Buenas tardes y bienvenidos, Señor Alcalde, Autoridades y "ALBERGALLOS", todos. Hombres y mujeres, jóvenes y niños. Propios y foráneos, bienvenidos todos a la fiesta mayor de ALERGUERÍA DE ARGAÑAN, que desde hoy nos agrupa en uno de los mejores y más antiguos municipios de la comarca de Argañan, el de mas solera y abolengo en el Oeste de Salamanca.
La Alberguería de Argañan está inmersa en los viejos caminos de la piel de toro Ibérica; en el borde de las rutas de penetración fenicia y céltica. Esta es tierra de Wectones, cosida en la linde lusitana, por la ribera del Coa y la Sierra de la Estrella con el Sabugal que fue "tierra de Ciudad Rodrigo".
Estas cañadas fueron anchas vías de Cartago y de Roma, mas tarde inviolables caminos de trashumancia que van entre cercados de piedra cruzando el monte.
Nuestro pueblo, que es el vuestro, el de todos que se acercan a estas tierras, tiene mucha historia, escrita y sin escribir. Buena muestra son los vestigios de los poblados primitivos de Val de la Mancha, de los Pedernales, Val de Redondo, Los Cotorritos y algunos mas en las Remalladas y.. luego en el centro, el Señorío, en torno al cual vivían aquellos.
Nuestro pueblo siempre tuvo fortaleza, símbolo de poder y grandeza. Con el transcurso de los años, de los siglos, fue cambiando y desde 1400 (Siglo XV)ya tenemos datos escritos y certeros de lo que era el Señorío de Alberguería (tierra de acogida) y eso queremos que siga siendo, sobre todo en estas fechas y más que nunca ahora que los hombres y mujeres gracias a los medios de comunicación, la cultura y el conocimiento, vamos por otras tierras y traemos personas para que nos acompañen y disfruten de la buena acogida de los Albergallos;
Que nos se sientan forasteros, que participen de nuestra alegría, que vivan con nosotros y que se lleven allá donde quiera que vayan el recuerdo de un pueblo que hace honor a su nombre: ALBERGUERÍA. Así haremos que el pueblo, (nuestro pueblo) sea más grande: ¡(Bienvenidos a todos, estáis en vuestra casa!.
Muchos no sabíamos que nuestro gentilicio es ALBERGALLOS, tampoco que nuestra gente, que ahora puebla nuestra tierra, tiene nada que ver con los últimos señores conocidos, "Los Pacheco".
Aquí somos, como algunos han señalado, producto de una encrucijada de caminos que siempre ha sido Alberguería.
A nuestro pueblo han llegado Castellanos, gallegos, de ahí todos los Martín y López que a su vez procedían de Francia. Pero antes, mucho antes, están los Iberos. Tenemos influencias musulmanas y por eso nuestro espíritu aventurero, recordemos varios de nuestros antepasados recientes que se fueron a descubrir el nuevo mundo, "Las Américas".
A nuestro pueblo, en cambio, llegaron los alemanes y buen recuerdo lo tenemos en D. Oscar que en los albores del SIGLO XX eligió nuestro pueblo para desarrollar sus conocimientos y dar a una zona perdida en el mapa el mayor invento hasta entonces conocido y que luego fue motor de desarrollo del mundo y en todo el siglo XX: La energía Eléctrica.
Recuerdo que me decían los de la época 1908-1910 que cuando llegó D. Oscar se fijó en la Ribera del Risco (porque no del Muro que se hizo después). Los más pequeños al oír hablar de lo que allí se iba a hacer y como las palabras eran desconocidas para cualquiera del vulgo, se oía entre los chiquillos "Que viene la LITRECA" y otros que lo habían escuchado de distinta forma decían (no! "viene la TRIANGA". Lo cierto es que nuestro pueblo fue pionero en tener electricidad, solo Ciudad Rodrigo, que estaba a un día de camino, tenía electricidad, y algunos, no todos. Ahora tiene TV.
Nuestro pueblo, Alberguería, ha sido siempre ganadero y agricultor, buena muestra de ello son la cantidad de molinos de piedra, movidos por las corrientes de agua de las Riberas del Risco, Los Basiles o Moheda. Unos muy antiguos, otros que aún siéndolo convivieron con el desarrollo, como el de Isidoro que aguantó él desbanque de la electricidad, hasta que ya no llovía tanto y los costales eran demasiado pesados para su frágil estatura.
Alberguería tiene historia y con ella sus mujeres y hombres que día tras día, noche a noche han sabido sortear los avatares de la vida.
Muchos recordarán aquella época en la que por nuestro pueblo pasaban, camino de Portugal, piedras de molino. Las yuntas iban por ellas a Espeja, que tenía tren y luego, con los carros, camino de la RAYA y de allí a Portugal.
Nuestro pueblo fue importante y así tenemos que desearlo e intentar que continué.
Como Aduana que fue, ya en 1600, en Alberguería siempre hubo funcionarios de hacienda, por tanto buenas casas, luego como tal llegaron los carabineros para el Resguardo Fiscal y aquí se establecieron y algunos se quedaron para siempre y sus hijos continúan amando el pueblo aunque ahora hayan salido a otras partes de España hoy vienen a visitarlo.
Buena muestra de la importancia de Alberguería la da el que el día 22 de febrero de 1909 fue creado un embrión de BANCO, el llamado SINDICATO AGRÍCOLA, cuando la población rondaba los MIL habitantes y cuyo Presidente fue D. JUAN ANTONIO SANTOS y firmaban el acta de fundación Florencio Carreño, Juan Ruperto Cantero, José Acosta, Guillermo Pascual, Francisco Mateo, Mariano Alvarez, Demetrio Mateos, Narciso Díaz y Francisco González.
Como decía Alberguería siempre ha sido lugar importante y por los años 30 se hizo la carretera con añoranza de revitalizar la Aduana.
Con la aparición de los vehículos a motor, un tío mío pensó en poner una línea desde aquí a Ciudad Rodrigo y sin apenas saber conducir y teniendo menos conocimientos de mecánica se compró un coche y se vino para acá por el camino que había y no llegó a Martihernando. Allí terminó su Odisea y se rompieron las esperanzas de tener un vehículo a motor desde Alberguería a Ciudad Rodrigo. Mas tarde lo pondría Fidel Carabinas.
Los años siguen, se hace la carretera, el pueblo aumenta de población, son años de esperanza y estraperlo. Por Alberguería pasaron mucha comida y utensilios para aquella España maltrecha por la Guerra y luego por el Ciclón del 40.
Pensemos en nuestras fiestas en honor a Santa Ana, Patrona por excelencia de muchas ciudades castellanas.
Recuerdo aquellas fiestas donde todo el pueblo participaba en los actos religiosos y lúdicos.
A primeros de año las jovencitas y los muchachos estaban temblando. )Me nombrarán Madrina, seré Padrino?. Se preguntaban. Eran 12, seis de cada y aquello suponía, dependiendo de las economías, tener un vestido de madrina, mantilla y peineta incluida, para la Procesión y la Misa. Los jovencitos un traje y la mejor camisa. Por la tarde, para el Ofertorio había que tener otro traje o vestido mas desenfadado y con el cual irías al baile. Los mejores zapatos.
Los actos oficiales comenzaban el día de la Ascensión donde todos, padrinos y madrinas nombrados visitaban a cada uno de los compañeros y así de casa en casa sintiendo desde ese momento la hermandad de la Fiesta Grande del día de Santa Ana, se procuraban los trajes parecidos, para conjuntar la pareja. Con los bizcochones era otra tragedia, a ver donde se hacían, nadie quería ir a comprarlos, Fuenteguinaldo era el sitio más cercano, pero no sabían igual.
Que si se hacen en el horno de tal o de cual. Todos tenian sus preferencias para que supieran mejor y crecieran más.
Luego venían las corridas, que no podemos llamarlas de toros aunque alguna vez vi alguno de la dehesa, el Guadañas y el Salino, que más que bravos eran muy grandes y asustados con tanto barullo.
Quiero recordar los años en que vinieron varias tómbolas y aquellos cayados de caramelo. Entonces nuestro pueblo era muy conocido por los alrededores y más allá. Las fiestas comenzaban la víspera de Santiago, (Patrón de España) ahora... devaluado, continuaban con Santa Ana Grande, Misa Mayor, Procesión, convite y Ofertorio. Luego Santa Ana Chica con encierro y corrida y al siguiente día, otra corrida mas aunque fuera en un corral de los muchos y grandes que hay o en alguna "cortina" para que con los carros no se estropearan las vacas, porque siempre se escapaba alguna que juraba por debajo de algún carro o no llegaba a la Calle Grande.
Recuerdo los años, unos de prohibición y otros no en que se celebraban las corridas en cualquier lugar. Muchos, casi siempre, en la Plaza, al lado de la antigua puerta de la Iglesia y en torno al Álamo. No hacía falta arena, la Plaza era de tierra y el Álamo hueco y gordo, para con sus dos peldaños, hacer de burladero, sortear a las vacas o toros (Que años aquellos! Donde las ramas parecían llenas de una manada de pájaros con sombrero.
Los carros se venían abajo abarrotados de gente, muchos foráneos, de Portugal, gran parte.
También la plazuela del Potro dio sus tardes y allí comenzamos a ver al torero de nuestro pueblo, a Andrés Duque.
En esas segundas o terceras corridas de la Fiesta de Santa Ana se hicieron en el corral de "Tío Gordo" hoy casa de Amadeo, allí, a la sombra del cerezo, que a su vez hacía de burladero y las higueras que había dentro del recinto.
Nuestras fiestas han sido y son grandes, todo Portugal venía a nuestro pueblo, gente de Casillas, Alamedilla y Fuenteginaldo hacían los encierros.
Ahora que estamos recordando es bueno tener un recuerdo y un aplauso para: y perdón por lo de Tía o Tío, (propio de nuestro pueblo) y digo de "Manuela Alfonso, tía Sarralleira" que acogía a muchos forasteros o antes a "María Cruz Díaz"con su posada en la plaza, de la cual soy biznieto. A Isidro Alfonso, carpintero y artista de pro.
Tampoco hay que olvidarse de "tío Fermín " el de la Moheda o de Culón el de Guinaldo que fueron piezas clave de nuestros festejos. Como tampoco podemos olvidarnos, si bien es mas reciente el recuerdo, de Luciano Nava que siempre tenía el salón lleno y que siempre se esforzó por unir todos los pueblos, también Portugal y España.
Después de estas añoranzas pido a todos los paisanos y paisanas que iniciemos nuestras fiestas que con el nuevo milenio le demos nuevos aires y que no nos olvidemos de lo añejo y volvamos a darle a Alberguería el prestigio que ahora recordamos y seguro que tenemos.
Tampoco nos olvidemos del pueblo, de sus calles y sus casas, por ellas también pasa el tiempo, que estén acordes a los tiempos. Mas nuevas, que cada día estén mas llenas de alegría, luz y amor.
Que Santa Ana nos ayude, nos dé salud para ver muchos inicios de Fiesta como este, por eso...
Decid todos conmigo:
VIVAN LOS MAYORDOMOS
VIVAN LOS PADRINOS Y LAS MADRINAS
VIVA SANTA ANA
VIVA ALBERGUERIA
PREGÓN DE SATA ANA 2002
PREGÓN DE SANTA ANA 2003
Buenas tardes y bienvenidos, Señor Alcalde, Autoridades y "ALBERGALLOS", todos. Hombres y mujeres, jóvenes y niños. Propios y foráneos, bienvenidos todos a la fiesta mayor de ALERGUERÍA DE ARGAÑAN, que desde hoy nos agrupa en uno de los mejores y más antiguos municipios de la comarca de Argañan, el de mas solera y abolengo en el Oeste de Salamanca.
La Alberguería de Argañan está inmersa en los viejos caminos de la piel de toro Ibérica; en el borde de las rutas de penetración fenicia y céltica. Esta es tierra de Wectones, cosida en la linde lusitana, por la ribera del Coa y la Sierra de la Estrella con el Sabugal que fue "tierra de Ciudad Rodrigo".
Estas cañadas fueron anchas vías de Cartago y de Roma, mas tarde inviolables caminos de trashumancia que van entre cercados de piedra cruzando el monte.
Nuestro pueblo, que es el vuestro, el de todos que se acercan a estas tierras, tiene mucha historia, escrita y sin escribir. Buena muestra son los vestigios de los poblados primitivos de Val de la Mancha, de los Pedernales, Val de Redondo, Los Cotorritos y algunos mas en las Remalladas y.. luego en el centro, el Señorío, en torno al cual vivían aquellos.
Nuestro pueblo siempre tuvo fortaleza, símbolo de poder y grandeza. Con el transcurso de los años, de los siglos, fue cambiando y desde 1400 (Siglo XV)ya tenemos datos escritos y certeros de lo que era el Señorío de Alberguería (tierra de acogida) y eso queremos que siga siendo, sobre todo en estas fechas y más que nunca ahora que los hombres y mujeres gracias a los medios de comunicación, la cultura y el conocimiento, vamos por otras tierras y traemos personas para que nos acompañen y disfruten de la buena acogida de los Albergallos;
Que nos se sientan forasteros, que participen de nuestra alegría, que vivan con nosotros y que se lleven allá donde quiera que vayan el recuerdo de un pueblo que hace honor a su nombre: ALBERGUERÍA. Así haremos que el pueblo, (nuestro pueblo) sea más grande: ¡(Bienvenidos a todos, estáis en vuestra casa!.
Muchos no sabíamos que nuestro gentilicio es ALBERGALLOS, tampoco que nuestra gente, que ahora puebla nuestra tierra, tiene nada que ver con los últimos señores conocidos, "Los Pacheco".
Aquí somos, como algunos han señalado, producto de una encrucijada de caminos que siempre ha sido Alberguería.
A nuestro pueblo han llegado Castellanos, gallegos, de ahí todos los Martín y López que a su vez procedían de Francia. Pero antes, mucho antes, están los Iberos. Tenemos influencias musulmanas y por eso nuestro espíritu aventurero, recordemos varios de nuestros antepasados recientes que se fueron a descubrir el nuevo mundo, "Las Américas".
A nuestro pueblo, en cambio, llegaron los alemanes y buen recuerdo lo tenemos en D. Oscar que en los albores del SIGLO XX eligió nuestro pueblo para desarrollar sus conocimientos y dar a una zona perdida en el mapa el mayor invento hasta entonces conocido y que luego fue motor de desarrollo del mundo y en todo el siglo XX: La energía Eléctrica.
Recuerdo que me decían los de la época 1908-1910 que cuando llegó D. Oscar se fijó en la Ribera del Risco (porque no del Muro que se hizo después). Los más pequeños al oír hablar de lo que allí se iba a hacer y como las palabras eran desconocidas para cualquiera del vulgo, se oía entre los chiquillos "Que viene la LITRECA" y otros que lo habían escuchado de distinta forma decían (no! "viene la TRIANGA". Lo cierto es que nuestro pueblo fue pionero en tener electricidad, solo Ciudad Rodrigo, que estaba a un día de camino, tenía electricidad, y algunos, no todos. Ahora tiene TV.
Nuestro pueblo, Alberguería, ha sido siempre ganadero y agricultor, buena muestra de ello son la cantidad de molinos de piedra, movidos por las corrientes de agua de las Riberas del Risco, Los Basiles o Moheda. Unos muy antiguos, otros que aún siéndolo convivieron con el desarrollo, como el de Isidoro que aguantó él desbanque de la electricidad, hasta que ya no llovía tanto y los costales eran demasiado pesados para su frágil estatura.
Alberguería tiene historia y con ella sus mujeres y hombres que día tras día, noche a noche han sabido sortear los avatares de la vida.
Muchos recordarán aquella época en la que por nuestro pueblo pasaban, camino de Portugal, piedras de molino. Las yuntas iban por ellas a Espeja, que tenía tren y luego, con los carros, camino de la RAYA y de allí a Portugal.
Nuestro pueblo fue importante y así tenemos que desearlo e intentar que continué.
Como Aduana que fue, ya en 1600, en Alberguería siempre hubo funcionarios de hacienda, por tanto buenas casas, luego como tal llegaron los carabineros para el Resguardo Fiscal y aquí se establecieron y algunos se quedaron para siempre y sus hijos continúan amando el pueblo aunque ahora hayan salido a otras partes de España hoy vienen a visitarlo.
Buena muestra de la importancia de Alberguería la da el que el día 22 de febrero de 1909 fue creado un embrión de BANCO, el llamado SINDICATO AGRÍCOLA, cuando la población rondaba los MIL habitantes y cuyo Presidente fue D. JUAN ANTONIO SANTOS y firmaban el acta de fundación Florencio Carreño, Juan Ruperto Cantero, José Acosta, Guillermo Pascual, Francisco Mateo, Mariano Alvarez, Demetrio Mateos, Narciso Díaz y Francisco González.
Como decía Alberguería siempre ha sido lugar importante y por los años 30 se hizo la carretera con añoranza de revitalizar la Aduana.
Con la aparición de los vehículos a motor, un tío mío pensó en poner una línea desde aquí a Ciudad Rodrigo y sin apenas saber conducir y teniendo menos conocimientos de mecánica se compró un coche y se vino para acá por el camino que había y no llegó a Martihernando. Allí terminó su Odisea y se rompieron las esperanzas de tener un vehículo a motor desde Alberguería a Ciudad Rodrigo. Mas tarde lo pondría Fidel Carabinas.
Los años siguen, se hace la carretera, el pueblo aumenta de población, son años de esperanza y estraperlo. Por Alberguería pasaron mucha comida y utensilios para aquella España maltrecha por la Guerra y luego por el Ciclón del 40.
Pensemos en nuestras fiestas en honor a Santa Ana, Patrona por excelencia de muchas ciudades castellanas.
Recuerdo aquellas fiestas donde todo el pueblo participaba en los actos religiosos y lúdicos.
A primeros de año las jovencitas y los muchachos estaban temblando. )Me nombrarán Madrina, seré Padrino?. Se preguntaban. Eran 12, seis de cada y aquello suponía, dependiendo de las economías, tener un vestido de madrina, mantilla y peineta incluida, para la Procesión y la Misa. Los jovencitos un traje y la mejor camisa. Por la tarde, para el Ofertorio había que tener otro traje o vestido mas desenfadado y con el cual irías al baile. Los mejores zapatos.
Los actos oficiales comenzaban el día de la Ascensión donde todos, padrinos y madrinas nombrados visitaban a cada uno de los compañeros y así de casa en casa sintiendo desde ese momento la hermandad de la Fiesta Grande del día de Santa Ana, se procuraban los trajes parecidos, para conjuntar la pareja. Con los bizcochones era otra tragedia, a ver donde se hacían, nadie quería ir a comprarlos, Fuenteguinaldo era el sitio más cercano, pero no sabían igual.
Que si se hacen en el horno de tal o de cual. Todos tenian sus preferencias para que supieran mejor y crecieran más.
Luego venían las corridas, que no podemos llamarlas de toros aunque alguna vez vi alguno de la dehesa, el Guadañas y el Salino, que más que bravos eran muy grandes y asustados con tanto barullo.
Quiero recordar los años en que vinieron varias tómbolas y aquellos cayados de caramelo. Entonces nuestro pueblo era muy conocido por los alrededores y más allá. Las fiestas comenzaban la víspera de Santiago, (Patrón de España) ahora... devaluado, continuaban con Santa Ana Grande, Misa Mayor, Procesión, convite y Ofertorio. Luego Santa Ana Chica con encierro y corrida y al siguiente día, otra corrida mas aunque fuera en un corral de los muchos y grandes que hay o en alguna "cortina" para que con los carros no se estropearan las vacas, porque siempre se escapaba alguna que juraba por debajo de algún carro o no llegaba a la Calle Grande.
Recuerdo los años, unos de prohibición y otros no en que se celebraban las corridas en cualquier lugar. Muchos, casi siempre, en la Plaza, al lado de la antigua puerta de la Iglesia y en torno al Álamo. No hacía falta arena, la Plaza era de tierra y el Álamo hueco y gordo, para con sus dos peldaños, hacer de burladero, sortear a las vacas o toros (Que años aquellos! Donde las ramas parecían llenas de una manada de pájaros con sombrero.
Los carros se venían abajo abarrotados de gente, muchos foráneos, de Portugal, gran parte.
También la plazuela del Potro dio sus tardes y allí comenzamos a ver al torero de nuestro pueblo, a Andrés Duque.
En esas segundas o terceras corridas de la Fiesta de Santa Ana se hicieron en el corral de "Tío Gordo" hoy casa de Amadeo, allí, a la sombra del cerezo, que a su vez hacía de burladero y las higueras que había dentro del recinto.
Nuestras fiestas han sido y son grandes, todo Portugal venía a nuestro pueblo, gente de Casillas, Alamedilla y Fuenteginaldo hacían los encierros.
Ahora que estamos recordando es bueno tener un recuerdo y un aplauso para: y perdón por lo de Tía o Tío, (propio de nuestro pueblo) y digo de "Manuela Alfonso, tía Sarralleira" que acogía a muchos forasteros o antes a "María Cruz Díaz"con su posada en la plaza, de la cual soy biznieto. A Isidro Alfonso, carpintero y artista de pro.
Tampoco hay que olvidarse de "tío Fermín " el de la Moheda o de Culón el de Guinaldo que fueron piezas clave de nuestros festejos. Como tampoco podemos olvidarnos, si bien es mas reciente el recuerdo, de Luciano Nava que siempre tenía el salón lleno y que siempre se esforzó por unir todos los pueblos, también Portugal y España.
Después de estas añoranzas pido a todos los paisanos y paisanas que iniciemos nuestras fiestas que con el nuevo milenio le demos nuevos aires y que no nos olvidemos de lo añejo y volvamos a darle a Alberguería el prestigio que ahora recordamos y seguro que tenemos.
Tampoco nos olvidemos del pueblo, de sus calles y sus casas, por ellas también pasa el tiempo, que estén acordes a los tiempos. Mas nuevas, que cada día estén mas llenas de alegría, luz y amor.
Que Santa Ana nos ayude, nos dé salud para ver muchos inicios de Fiesta como este, por eso...
Decid todos conmigo:
VIVAN LOS MAYORDOMOS
VIVAN LOS PADRINOS Y LAS MADRINAS
VIVA SANTA ANA
VIVA ALBERGUERIA
PREGÓN DE SANTA ANA 2002
PREGÓN
PARA LA FIESTA MAYOR DE ALBERGUERIA DE ARGAÑAN
26 de julio de 2002
Por Antonio Ríos Espáriz.
Buenas tardes, queridos amigos. Un saludo muy cordial a cuantos os encontráis aquí con el ánimo dispuesto a escuchar este modesto pregón, felicidades a todos los que os habéis acercado a este maravilloso pueblo para celebrar con vuestros amigos, vuestros paisanos y familias las entrañables fiestas en honor a Santa Ana y un agradecimiento muy especial a mi mujer e hijos que han hecho el sacrificio de acompañarme desde Galicia con el único objeto de celebrar este acto.
Apenas contaba yo tres años de edad y ya mis padres me enviaban aquí a pasar largas temporadas con los abuelos, tios y primos con los que compartí muchos de los mejores momentos de mi vida. Luego, durante la pubertad y en mi juventud, seguí acudiendo a estas citas albergallas aprovechando cualquier tipo de vacaciones, por cortas que fuesen, para encaramarme en el “coche de línea” de Fidel, primero, y de Aníbal, después, y venir a Alberguería.
Pero, en todas estas mis idas y venidas, jamás pasó por mi imaginación que, andando el tiempo, iba a tener el honor de protagonizar un acto tan emotivo como el de ser pregonero de unas fiestas tan dignamente presididas por una Santa que, a fuerza de ser santa, fue incluso la madre de la Virgen. Creo que vuestra elección se ha debido mas al cariño que me profesáis que a los méritos que hayáis podido encontrar en mi persona para merecer semejante honra.
Ante todo, permitidme que os haga partícipes del orgullo que siento al considerarme hijo de un pueblo con tanta historia a veces de gloria y esplendor y otras de dolor y desengaño, habitado por unas gentes no menos dignas de ser ensalzadas, que no aduladas, a las que siempre he querido porque supieron hacerme feliz durante mis largas estancias en este municipio.
Y porque quiero trasmitiros este sentimiento de orgullo, porque pretendo que vosotros también os sintáis orgullosos, concededme unos minutos para sacar a la palestra unos apuntes sobre el devenir de la historia de esta villa y del castillo que la preside.
Cuando empecé a indagar en las posibles fuentes que me permitieran reconstruir, siquiera vagamente, la historia de este pueblo, lo primero que se me ocurrió fue bucear sus orígenes en las enciclopedias. Todas ellas me decepcionaron enormemente porque apenas se refieren a la extensión del término municipal, unos 30 kilómetros cuadrados-o lo que es lo mismo, unas 3.000 hectáreas-, y al número de habitantes, variable en cada una en función de la fecha de su edición.
Ni siquiera la célebre Enciclopedia Espasa se extiende mucho más; pero añade un dato nuevo que a mi me parece revelador de la magnitud y relevancia del pueblo a comienzos del siglo XX: en 1909, Alberguería contaba con 377 edificios y 958 habitantes, cifras muy superiores a las de los poblados de su entorno, lo que constituye un indicador clave de la importancia del pueblo en el conjunto de la comarca. Pero en ninguna de estas publicaciones se hace referencia a ese castillo que tanto llama mi atención a pesar de su ruinoso estado. Era necesario, por tanto, seguir investigando.
El manejo de las enciclopedias me sugirió una nueva línea de investigación derivada hacia la semántica: ¿Cuál sería la procedencia de un nombre tan altisonante? Acudí al Diccionario de la Real Academia Española y allí descubrí que Alberguería, en su primera acepción, significa “posada, mesón o venta” ; y en la segunda y última, “casa destinada a recoger a los pobres”. Mientras que el términos Argañan parece provenir, según nuestro querido historiador don Mateo Hernández Vegas en su obra Ciudad Rodrigo, la catedral y la ciudad, de la palabra argaña, “conjunto de filamentos de la espiga”. En mi modesta opinión, el apelativo debe referirse a que los terrenos de esta comarca estuvieron desde antaño dedicados a los cultivos de secano, especialmente de cereales, es decir, estarían en su mayoría cubiertos de espigas y, por tanto, de argañas. Y de ahí el genitivo que se aplica a la comarca de Argañan.
Así pues, debemos establecer, sin ánimo de sentar cátedra, que Alberguería pudo empezar siendo algo así como una posada situada, dentro del campo de Argañan, en una importante encrucijada de caminos que conducían a la Lusitania. Quizás por eso de haber sido antes “posada”, o “casa destinada a recoger a los pobres”, ha sido luego un pueblo tan hospitalario y acogedor.
Abandonando la etimología y entrando de lleno en la historia que Alberguería ha compartido con tantos pueblos de la Raya, como se llama aquí la frontera con Portugal, recordaremos, en breve resumen, lo que imaginamos que puede haber sido ese devenir histórico, aunque carezcamos de los datos necesarios para situar inequívocamente la fecha de nacimiento de este precioso pueblo.
La Edad del Bronce y la Edad del Hierro dejaron ya por estas tierras ídolos y esculturas zoomorfas que representan a verracos y toros dispersos por toda la geografía fronteriza, así como algunos conjuntos funerarios que precedieron al levantamiento de los castros y aldeas amuralladas.
El belicoso pueblo vetón ocupa y domina en estos primeros tiempos la comarca mirobrigense, y suponemos que esta influencia se extendería a estos confines albergallos hasta la llegada de la cultura romana, que se impone finalmente en todo el territorio de la Lusitania, en que quedó integrado nuestro querido pueblo.
Una etapa de cierta obscuridad histórica se desarolla durante la denominación de los pueblos bárbaros, y posteriormente de los árabes, conservándose escasas referencias de su establecimiento en la zona.
Habrá que esperar al siglo XII para que el rey Fernando II de León inicie sucesivas repoblaciones con gentes traidas de provincias limítrofes, e incluso de Francia, que se consolidan los núcleos predominantes de la frontera. A partir de entonces, la Raya se puebla de castillos, fortalezas, murallas y torres de vigía.
Los siglos XIV y XV contemplan los periodos de enfrentamiento y gran belicosidad, que tendrán en los siglos XVII y XVIII un notable recrudecimiento con el advenimiento de la guerra con Portugal, hecho éste que coincidirá con el nacimiento de nuevas y poderosas fortificaciones fronterizas. Pero, para el momento de iniciarse la guerra con el vecino país, nuestro querido castillo contaba ya casi 200 años de edad, pues debió construirse hacia 1450 (es decir, hace la friolera de 550 años), según la descripción que de él se hace en el Tomo I de Los Castillos de España y que reza así:
Castillo de Alberguería (finales del s. XV)
“Es un recinto de forma trapezoidal cuyos muros, de mampostería de granito, están reforzados en los ángulos con torres de sillería. Los restos de almenado hacen suponer que fueron remate, aunque suprimido a finales del s. XVII o principios del XVIII, para adecuar la fortaleza a las necesidades estratégicas de aquella época.
Las ventanas, algunas de regular tamaño, indican cierta comodidad y elegancia en las habitaciones domésticas. El motivo de bolas que aparece en las ventanas, nos lleva al reinado de los Reyes Católicos.
A través de ciertos documentos de esta época, sabemos que Esteban Pacheco tenía castillo sin jurisdicción señorial, y que el 1464 Alvar Pérez de Osorio “tenía horca” (es decir, podía administrar justicia e imponer la pena de muerte) y había construido una fortaleza que sería la actual. Las restantes noticias que tenemos se refieren a la guerra de Sucesión portuguesa. En el año 1660, tropas portuguesas consiguieron apoderarse de él y lo fortifican. Sería quizás este momento cuando se suprime el almenado y se abren las troneras para la artillería. Un año mas tarde es recuperado por las tropas españolas. En el XVIII se le describe como perteneciente al marqués de Cerralbo y totalmente arruinado, aunque en los informes redactados hacia 1735, al plantearse la reorganización de las defensas de la frontera portuguesa, era considerado como uno de los puntos de apoyo de la línea formada por el Fuerte de la Concepción ( en Aldea del Obispo), Ciudad Rodrigo y San Felices de los Gallegos”.
Hasta aquí la referencia.
Pero sigamos removiendo la historia gloriosa de nuestro querido castillo, que no deja de ser también la del propio pueblo. Según Dionisio Nogales Delicado, otro gran historiador mirobrigense, “ya se habla de él en una escritura de venta de la mitad del lugar de Abusejo, otorgada en 1466 a favor de Ropdriguez Pacheco y su sobrina, doña María Pacheco, mujer de Alvar Pérez de Osorio, señores de Alberguería”, apunte que corrobora la noticia que obra en el citado Tomo I de Los Castillos de España.
Pero fue durante la guerra de la independencia portuguesa –también llamada de la restauraçao-, que comenzó en 1640 con el nombramiento como rey portugués, contra la autoridad de Felipe IV, del duque don Juan de Braganza, cuando mas avatares sufrió nuestro querido fortín. Y así cuenta el mismo don Dionisio en su Historia de Ciudad Rodrigo, que el tal duque de Braganza, “abandonando la actitud defensiva que hasta allí (es decir, hasta aquellos momentos) había mantenido, atacó a Alberguería de Argañan, pueblo entonces fuerte, (y esto lo subrayo porque una expresión tan contundente se lo merece) del cual se apoderó e hizo una inmensa hoguera, mas como no pudiera reducir el castillo que la protegía, se retiró a Alfayate, no sin antes talar la campiña y llevarse los ganados”.
No quedó ahí la cosa, ya que veinte años después., precisamente el 10 de marzo de 1660, vuelve nuestro querido pueblo a sufrir otro embate al invadir nuestros vecinos portugueses el campo de Argañan, en esta ocasión sí que consiguieron no solo apoderarse del castillo, sino que hasta tuvieron tiempo de fortificarlo. Sin embargo, es de suponer que los españoles volvimos a recuperarlo en poco tiempo, ya que dice don Mateo Hernández Vegas en la obra antes citada, que “el día 11 de agosto de 1661 (es decir, al año siguiente), en la catedral de Ciudad Rodrigo se celebra con una misa solemne la toma de Alberguería”.
No obstante, tampoco esta vez nos duró mucho la alegría, pues según Sánchez Cabañas- un insigne historiador mirobrigense que murió a principios del siglo XVII -, el conde de Mesquitelle, gobernador de (la provincia portuguesa de) Tras-os-Montes, vino expresamente desde Castel Rodrigo a poner sitio al castillo de Alberguería, cuyo gobernador Antonio de Andrade “no supo defender mas de seis horas”.”
Nada menos que 28 años duró esta cruenta guerra con Portugal, que terminó en 1669 cuando, al morir Felipe IV, la reina viuda doña Mariana firmó un tratado reconociendo la independencia del país vecino. Alberguería, como tantos otros pueblos y ciudades de la Raya, tardó mucho en recuperarse después de estos años de inquietud continua, de incendios de pueblos, mieses y bosques; de saqueos de aldeas y robos de ganados; de paralización completa en la agricultura, industria y comercio; de epidemias, despoblación y ruina total para toda la región.
Pero tampoco terminaron aquí las penas para esta Alberguería de nuestra alma. En el año 1704, apenas comenzada la guerra de Sucesión española, en la que Portugal estuvo aliada con Alemania, Austria, Inglaterra y Holanda en contra de nuestro futuro rey Felipe V de Borbón, “por orden del comandante de la frontera, y para que el enemigo no se aprovechase de ellos, quemaron todos los campos de pan (es decir, las tierras de cereales) del campo de Argañan y de muchos pueblos, obligando a todos los vecinos a abandonar sus casas, templos y haciendas y refugiarse con sus familias en Ciudad Rodrigo, lo cual causó tanta desesperación, sobre todo a los labradores, que de repente se veían reducidos a la más espantosa miseria y desamparo, que muchos se entregaban y entregaban a sus hijos a las llamas por no sufrir tan mortal congoja”.
Así se despoblaron totalmente mas de veinte lugares de Argañán –entre ellos nuestra Alberguería, por ser plaza fuerte y de importancia estratégica-, situación que duró hasta octubre de 1707. Como consecuencia de haberse aglomerado en Ciudad Rodrigo todos los vecinos del campo de Argañán, y en parte los de Robledo y Camaces, sobrevino una epidemia tan espantosa que murieron mas de 30.000 personas, la mayor parte labradores refugiados, lo que me da pie para pensar que muchos de aquellos nuestros convecinos ni siquiera tuvieron la oportunidad de regresar a sus hogares, o a lo que quedara de ellos, cuando alumbró la paz por estas tierras.
De la importancia de Alberguería en el entorno de la comarca a mediados del siglo XVIII nos deja constancia el célebre Libro del Bastón, redactado por el Corregimiento de Ciudad Rodrigo, en que se dan respuestas al cuestionario real dictado en 1769, reinando Carlos II, para preparar la repoblación de las regiones despobladas, entre la que se contaba la provincia de Salamanca.
Alberguería era entonces una villa de realengo, es decir, libre, no perteneciente a ningún señorío ni orden religiosa, que contaba con 57 vecinos- lo que equivale a un censo de unos 350 habitantes-, mientras que Alamedilla no pasaba de los 40 vecinos, Casillas de Flores andaba en los 25, Puebla de Azaba tenía 17 e Ituero de Azaba se situaba en los 30. El pueblo mas importante de la comarca de Arganán era en aquellos tiempos Fuenteguinaldo, villa de señorío perteneciente a la Casa y Estados del Duque de Alba, que ya por entonces contaba con 185 vecinos(o sea, mas de mil habitantes). Todo ello de un total de 8.600 vecinos que habitaban en el corregimiento de Ciudad Rodrigo.
También, en esta misma fuente, se dice que Alberguería contaba con una de las 18 aduanas que salpicaban la frontera de Salamanca con Portugal.
Para terminar este resumen histórico hay que añadir que sería pueril pensar que Alberguería saliera de rositas y no sufriera también, en mayor o menor grado, las consecuencias de la terrible Guerra de la Independencia, aunque no fuera de una forma directa, como parece probar la falta de referencias concretas en los legalos históricos que hablan de la cruenta contienda. Pero mucho nos extrañaría que, estando situada a escasas leguas de Ciudad Rodrigo, ciudad largamente asediada por las tropas francesas, primero, e inglesas, después, no sufriera también las correrías de uno u otro bando en sus propias carnes. En cualquier caso, seguro que tuvo que soportar la hambruna y las escaseces propias de estos desgraciados avatares, que no cesaron de castigar estas tierras hasta el año 1812.
En fin, creo que toda esta relación de hechos y anécdotas que nos presentan la historia y las estadísticas es más que suficiente para ensalzar las grandezas objetivas de nuestro pueblo, y para hacer que nos sintamos un poquito mas orgullosos de ser sus hijos. Porque no cabe duda de que el sabernos nacidos a la sombra de un edificio tan noble que llegó a constituir uno de los cuatro baluartes de la raya de Portugal en nuestra provincia, es algo que satisface íntimamente por su propia esencia.
Claro que de no haber tenido unos antecedentes tan linajudos, tampoco hubiéramos dejado de profesar un enorme cariño a esta maravillosa tierra. Es decir, para mí, aunque de procedencia mirobrigense me he considerado siempre albergallo, como para todos los que aquí nacieron y se criaron, Alberguería era, es i seguirá siendo, per se, el mejor pueblo de la comarca y de toda España entera, si se me permite hasta tal punto la exageración. Buena prueba de ello es que jamás tuvimos envidia de ningún otro, porque nunca echamos nada en falta que no nos fuera proporcionado a manos llenas por nuestra Alberguería
Pero personalmente no me siento orgulloso de este pueblo solo porque disfrute de unpos antecedentes históricos dignos de todo encomio, o porque esté rodeado por unos parajes tan bellos y agrestes, pero a la vez tan acogedores, como los que aquí nos abrazan desde los cuatro puntos cardinales. Alberguería tiene otros méritos y otras virtudes que han florecido y residen desde siempre en sus moradores: gentes sencillas, afectuosas, bienintencionadas, sociables y hospitalarias, que han sabido hacer de la amistad y el cariño a los demás dos de sus mas relevantes virtudes.
Sería misión casi imposible intentar recordar aquí, sin hacer interminable la lista, a todas aquellas personas maravillosas, desgraciadamente ya desaparecidas, que contribuyeron a sembrar entre nosotros el amor al terruño. Baste decir, como mas representativas y a modo de ejemplo, a las siguientes: a nuestro párroco don Silvestre y a su eficaz sacristán, el Sr. Ángel el negrito (y perdón por la familiaridad), padre de uno de nuestros queridos mayordomos, el “ que mas latín sabía, después del cura”, según propias manifestaciones, y que compartía su oficio de carnicero con aquel enorme hombretón que me parecía a mí el tío Bachán; a mi abuelo Pepe, durante tantos años médico de Alberguería y Alamedilla; a don Luis, el maestro, siempre con la coolilla entre los dedos; a doña Perpétua , aquella inolvidable señora que, amén de enseñar al que no sabía- como reza una de las obras de misericordia- era capaz de limpiar los mocos a todos los zagales del pueblo de una sentada con un mismo pañuelo; a aquel pedazo de buen hombre que era nuestro alcalde, Paco, progeni tor y predecesor del actual; al tío Ignacio el tamborilero, que tantas bodas, bautizos y bailes amenizó al son de la gaita y el tamboril; a su yerno, el buen Nicasio, que compartía el oficio de herrero con Duque; al tío Luciano Nava, navito, propietario del salón en el que aprendimos a bailar pasodobles toda la muchachada del pueblo; a la familia Tetilla, que alojó en su casa la primera y única central telefónica aquí establecida; a nuestras panaderas, Emiliana, Adelaida y Carmen, que hacían un pan que estaba de rechupete; a los zapateros Nicomedes e Ignacio que tan bien acertaban a remachar aquellas puntas que siempre perforaban el tacón de las sandalias que calzábamos por entonces; y, en fin, por no alargar mas la relación, a nuestros comerciantes: a la señora Paula, madre de Jesús, otro de los mayordomos de esta dichosa “quinta del 53”, y a mis tios Carmen y Juan. Todos ellos y muchos mas son merecedores hoy de nuestro recuerdo y nuestro cariño. Que Dios los tenga en su gloria.
Así que, con independencia de que la morriña le lleve a uno a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, yo me pregunto: ¿Cómo no añorar con fuerza aquella juventud vivida en un pueblo tan propicio para la felicidad?; ¿Cómo no echar de menos aquellas mañanas en la era disfrutando como enanos sobre el trillo alrededor de una parva cualquiera achicharrada por el sol, haciendo tiempo hasta la hora de compartir amigablemente la comida de la olla con amigos entrañables?; ¿Cómo olvidar aquellos paseos por la dehesa con la pandilla, buscando nidos de aceitunera entre los fresnos, o cazando ranas a golpe de escopeta de perdigón desde la otra orilla de la charca?; ¿cómo no evocar con melancolía aquellas tardes de verano retozando en el “prao” de tío Cecilio, en el Calvario, en los pinos, en la zorrera o en cualquier otro de los bellísimos parajes que salpican los aledaños de este pueblo de ensueño?; ¿cómo no rememorar con nostalgia aquellos atardeceres, sentados alrededor del finado pero inolvidable “árbol gordo”, echando un rato con los amigos a la salida del rosario?; ¿cómo no recordar aquellos seranos en la “fuentita”, haciendo ya los primeros escarceos para encandilar a las mozas más bonitas?; ¿cómo olvidar aquellas noches sentados a la puerta del tío ángel, o arremolinados junto al fuego de la chimenea escuchando aquellos chascarrillos que hacían desternillar de risa a todos los presentes?; ¿cómo no mencionar a aquellas otras veladas sentados a la puerta de mi abuelo Daniel, en las que nos daban las tantas escuchando a través de la entreabierta ventana las canciones de Antonio Molina con las que nos regalaba radio Andorra, “la emisora de los Valles de Andorra”, mientras contemplábamos aquel cielo transparente plagado de inquietas estrellas que recorrían como un relámpago la bóveda celeste en vísperas de San Lorenzo? Tantas horas estrechando lazos de amistad, aprendiendo a conocer y a querer a los demás no podrán desaparecer de la memoria con facilidad, no es posible que lleguen a olvidarse nunca.
Por cierto. ¿Quién no echa de menos aquel entrañable “árbol gordo” que presidió por centenares de años nuestra emblemática plaza mayor? De él dijo don Joaquín Román, canónigo que fue de la S.I.C. de Ciudad Rodrigo, en una poesía admirable que dedicó a mi querido tío Fernando, lo siguiente:
Hay delante de la iglesia de tu pueblo
Un árbol venerando,
Recuerdo de románticas leyendas
Y viejo relicario
De la fe y tradiciones, siempre hermosas,
De aquél terruño charro.
Y terminaba diciéndole al árbol:
Tú has presidido todas nuestras fiestas;
Con todos nuestros gozos has gozado;
Tú has sufrido con todas nuestras penas;
Tú has llorado con todos nuestros llantos.
¡Ojalá seas eterno, árbol querido!
Miles y miles de recuerdos, a cual mas entrañable, se agolpan en mi mente pugnando por asomarse al exterior, pero no quiero aburrir a tan dilecto auditorio con excesivas batallitas, así que, ¿qué mejor broche para rematar estas palabras que sacar a colación las entrañables fiestas de Santa Ana, a las que nunca faltaba mi familia al completo? Creo que entonces todo se vivía con mas intensidad que ahora por la sencilla razón de que estaba uno preparando para ello durante todo el año, ahorrando peseta a peseta para poder hacer esos días lo que no se hacía el resto del año. Que, por cierto, eran cosas tan sencillas como montarse en las barcas , comprarse un helado de barquillo, relamerse con un algodón de azúcar de color de rosa, o beberse una zarzaparrilla.
La verdad es que se disfrutaba a tope de las fiestas porque el resto del año se reducía a ir al baile los domingos, o pasear y charlar con los amigos los días de diario. Por eso los días de Santa Ana se vivían a tope y por eso las caras estaban así de radiantes, mas radiantes que de costumbre, para que hicieran juego con los relucientes vestidos que llevaban un año esperando en el armario. “Este año hay que hacer un esfuerzo, porque acuérdate de que la niña es madrina”, susurraba la madre al oído del padre en la intimidad del dormitorio. Y a la niña no se le quitaban los nervios desde Navidad pensando que tenía que hacer el paseillo, con el roscón y la vela, allí, delante de todo el pueblo.. Eso sí, con un vestido nuevo que era un primor.
La fiesta comenzaba sobre las doce, con la Misa Mayor. Este día se repicaban con fuerza todas las campanas para tocar la primera. Luego se tocaba la segunda y, al cabo de una media hora, la chica. Era entonces cuando las mujeres corrían a ocupar los bancos de la derecha, porque los hombres se reservaban la izquierda. No sé si eso de la izquierda ya era porque los varones siempre han sido más rojillos y menos conservadores que las damas. Algunas de éstas tenían vara alta y disfrutaban de reclinatorio, que era algo así como una prerrogativa de las más afortunadas.
A los hombres, el toque de la chica apenas les decía nada, salvo que había que juntarse alrededor del árbol gordo para fumar un último cigarro, charlar con los amigos y esperar que don Silvestre, o el cura de turno, terminara el sermón. Entonces salía uno de los monaguillos y tocaba las palmas para dar el último aviso. A partir de ese momento, la iglesia se ponía a rebosar y los chorretes de sudor corrían desde el cogote hasta los calcañales, porque hacía siempre un calor de órdago a la grande. Claro que entonces el olor a sudor pasaba inadvertido, porque se daba por descontado que esto era algo consustancial a la raza humana.
Luego se celebraba la procesión. Los padrinos se turnaban para portar las andas de la Santa, mientras hombres y mujeres se colocaban en fila para acompañarla hasta la Cruz entre el repiqueteo de las campanas y el estallido de los cohetes, que solía tirar siempre Nicasio, que era el experto en pólvoras y artificios. Era curioso ver cómo don Silvestre se desgañitaba intentando que el gentío se repartiera entre las dos aceras de la calle, tarea poco menos que imposible ya que cuando la procesión iba hacía la Cruz, toda la gente marchaba por la acera de la derecha; pero cuando volvía, todos giraban sobre si mismos y venían por la misma acera que habían ido. Era lógico ésta era la acera en la que daba la sombra. Y allá, a la una del medio día de un 26 de julio, nadie quería achicharrarse gratis.
A la vuelta, algunos de los “procesionarios” ya no llegaban hasta la iglesia, y entraban directamente en el convite. Es curioso, pero para acceder al salón del Ayuntamiento ya no hacía falta dar palmas, como para Misa, aunque sí que había que dar algún que otro codazo, para que no te avasallaran.
Pero el acto más popular, el acto central del día de Santa Ana la Grande, era el del Ofertorio. Después del rosario, al que casi nadie asistía, se sacaba a la Santa a la sombra del árbol gordo para que presidiera ese acto solemne, y a la vez simpático, que don Joaquín Román supo plasmar con magistral primor en esa poesía de la que ya hemos hablado, diciéndole otra vez al árbol:
Tú eres testigo de la alegre ofrenda
Con la que el pueblo cristiano
A su Patrona insigne
Honra todos los años.
...
Tú has visto a las madrinas más hermosas,
Y a los mozos mas guapos,
Ofrecer a Santa Ana
Las rosas y los ramos
Entre la admiración del pueblo todo
Y el general aplauso.
Tras los padrinos y las madrinas, que hacían dos veces el paseillo para lucirse bien, pasaba el resto del pueblo y cada uno aportaba lo que podía a aquella bandeja con la que la parroquia sacaba la tripa del mal año. Aunque también cooperaba en buena parte al mantenimiento del culto el dinero obtenido con la subasta de los exquisitos roscones que elaboraban con todo primor y esmero las madres de padrinos y madrinas:. “Doscientas pesetas, a la una; doscientas, a las dos y ... ¡doscientas, a las tres!”, se desgañitaba el Sr. Ángel, tratando de sacar el mayor provecho posible del mercadeo.
Ya entrada la tarde, cuando el solazo de julio se escondía por el horizonte, allí junto al árbol gordo, bajo montones de guirnaldas de farolillos y banderitas, empezaba el baile popular, con la orquesta de lujo subida en el templete de Jesús Lobato. A nadie molestaba entonces aquel polvazo que, a pesar del riego somero, se levantaba con tanto arrastrar los pies. Y es que éramos mas sufridos que ahora, que cualquier cosa nos molesta, sobre todo si la hace el vecino.
Por la noche también había baile, pero ya en el salón del Sr. Luciano. Allí se confirmaban las amistades que se habían ido afianzando a lo largo de un día tan repleto de emociones. Pero ya para entonces les tocaba bailar solas a las mozas, porque a los chavales del pueblo nos esperaban otras glorias. Y es que estábamos casi deseando que acabara el baile de la tarde para empezar la tarea de encaminar los carros para cerrar la plaza donde serían lidiados, por vecinos y maletillas, los toros y vacas de la esperada corrida del día de Santa Ana Chica.
Y es que este día, aunque también había Misa, lo importante eran los toros. Bien tempranito había que ir a buscar en el encierro a la dehesa, o al “prao” del toro, y traer la manada bien arropadita por los caballos hasta llegar a la Cruz. Aquí ya se empezaba a azuzar para que entrara a galope tendido en la calle grande y después en la plaza , ya dispuesta con los carros que tanto nos había divertido “acarrear” la noche anterior.
Acabado el encierro, mientras los mozos se iban a tomar una cerveza al bar, los chavales nos acercábamos a uno de los puestos para reclamar, ¡pagando, claro está!, un refresco que paliara los calores veraniegos y el ardor de la carrera. Y luego, a comer cuanto antes para ir a coger sitio en los carros. Había que tener cuidado con el emplazamiento que se elegía, porque no era raro que el toro del pueblo metiera los cuernos por entre los radios de las ruedas y levantara el carro en volandas para escapar por la querencia.
Luego el desencierro. Y, por la noche, de vuelta al baile sin perder la esperanza de que al día siguiente, y con el beneplácito de las autoridades, se pudiera repetir la capea para dar continuidad al jolgorio y regocijo que todo ello conllevaba.
Pero, antes o después habría que dar por finalizadas las celebraciones y era entonces cuando parecía que la gente se desinfla un poco pensando en que había que retornar a las duras faenas del campo y que la próxima Santa Ana no era mas que un ilusorio espejismo en un horizonte todavía demasiado lejano. Pero la gente de aquí siempre ha sabido poner el optimismo necesario a su cotidiano laborar y pronto el pueblo volvía a contagiase de su natural alegría, de tal manera que en esta Alberguería siempre había ocasiones para pasarlo bien, ya fuera invierno o verano, Semana Santa o Navidad, de día o de noche, lloviendo a cántaros o luciendo el sol. Por eso a mi me entraba la morriña dos o tres días antes de tener que volver a Ciudad Rodrigo.
Hoy los tiempos han cambiado, no sé si para bien o para mal. Yo espero y deseo que para bien. Ya en la década de los cincuenta, o todo lo más a principios de los sesenta, llegó al pueblo con intensidad una fiebre que se estaba extendiendo por las comarcas mas desfavorecidas de nuestra querida España: la emigración. Nuestro pueblo no tenía recursos para darle de comer a todos sus hijos y parte de ellos tuvo que buscarse la vida allá donde soplaban vientos mas bonancibles.
Gracias a Dios, lo que al principio fueron lágrimas y amargas despedidas, se trocaron luego en alegrías y bienvenidas gracias al esfuerzo de los emigrados. Alberguería ha tenido la suerte de contar con una juventud sana, inteligente, viva y trabajadora, que ha triunfado siempre doquiera que ha plantado sus reales. Ello trajo dinero y prosperidad al pueblo, que vio cómo sus viejas casa iban siendo remozadas, que incluso aparecían nuevas y flamantes construcciones, porque esos hijos querían disfrutar aquí de las comodidades que habían conocido en las ciudades del norte de España, o del oeste y centro de Europa, donde trabajaban. Y querían tener casas acomodadas porque nunca perdieron la esperanza de volver en cuanto llegara la jubilación, pasar el resto de sus días y ser, al fin enterrados en su pueblo.
El problema es que estos hijos, que llevaban dentro la nostalgia del terruño, engendraron a sus propios hijos, que ya no eran albergallos, que ya se habían educado en otros ambientes, que veían en esta tierra como algo lejano con lo que apenas tenían contacto, una tierra de la que no tenían vivencias de esas que graban a fuego en los corazones. Esos hijos que cuando les traían aquí sus padres, estaban deseando volver a casa, a “su casa”, allá donde tenían sus amigos, sus colegios, su forma de vida muy distinta a la que podían llevar aquí; porque para ellos la vida en un pueblo como éste era aburrida, y porque sentían que aquí no tenían tanta libertad como en las grandes urbes, allá donde cada uno puede hacer de su capa un sayo sin que los progenitores sepan de la misa la mitad.
Si no hacemos algo para evitarlo veremos, mas pronto que tarde, cómo un pueblo que fue la envidia de la comarca irá perdiendo vida hasta agotarse en la propia vejez de sus habitantes decrépitos, como ese árbol gordo que nos parecía eterno y ya no es mas que un recuerdo, eso sí, un bonito recuerdo, del pasado. Solo pensar que esto pueda suceder así me llena de pena el corazón, un corazón que ha latido siempre con fuerza por su Alberguería.
Y no es para sentirse optimista si se observa en las estadísticas del censo el declinar de la población de este pueblo en los últimos años. Porque mientras en 1950 contaba con 954 habitantes, en 1991 apenas sobrepasaba los 200. Es decir, Alberguería ha perdido en poco mas de 40 años casi un 80 por ciento de la población, nada manos que ocho de cada diez habitantes.
Por todo ello, ahora que llega el final de esta charla quizás demasiado pesada y empalagosa, quiero invitaros, mis queridos albergallos, a que os crezcáis, que os volváis a sentir orgullosos de vuestra tierra, de vuestros orígenes y de vu
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