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LA CALLE DEL BAR DE JESUS Y DE ALBERTA: Por allí todo el mundo pasaba, era el centro de la vida social y había que calentarlo. Aquellos braseros de cisco aireándose en la acera para que prendieran bien y no dieran tufo.
Si llovía todo el día tenía vida, sino, sólo la noche acogía el barullo y la porfía. Las partidas de Tute de Tío Manolo Miles, Tío Rufo, el Sr. Francisco Coria y Tío Pedro. Los Abaneros del Tío Balta y Jesús Polo. Cerca, enjuto y estirado, Tío Agustín Cosca………Discutían si Cámpora o Perón, si el Viti o el Cordobés. De más ruido era el Cinco y Caballo y los trucos de Francisco Kile, Inocencio Golo y de Gabriel, que ahí está. Y un poco más lejanas la Brisca de Luis Zarpas, Manolo Salero…. Nombres que llegaron y hombres que se fueron.
Tío Bienve calle arriba, con el cigarro de caldo en la boca, Tio Vitorio con su risa a flor de piel, el Sr. Leonardo sentado al lado de la estufa, Rafa el de María, Manolo Choto, Germán, Inocencio Chula, Tío Juanito Cíbiris, Angel el de Tina, Tío Agustín Confite, Agustín Grillo, Eulogio Pito, Tío Julián el de la Extremeña, Tío Celedonio, el Sr. Miguel, el Tío Tristán, el Sr. Aquilino, Doro Peral….
Las corridas de toros, o los combates de boxeo daban animación a la hora que los dieran por aquel Telefunken en Blanco y Negro, que trajera Nemesio. Y todo aquello mojado con el vino de aquellas inmensas cubas que Manolo Clemente nos traía desde La Maya. Con qué destreza las rodaban desde el Pegaso, con la cabina naranja y la caja verde, aparcado en la calle hasta el “comedero” y allí siempre con los mismos palos, subirlas hasta las pesebreras para, ya en lo alto, escurrirlas en las garrafas o en los cuartillos.
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