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Aquí os dejo la letra de la primera canción, Molondrón, del primer disco, Romances y Canciones Populares, del grupo de folk de nuestra hermana tierra segoviana, Nuevo Mester de Juglaría:
MOLONDRÓN
Me pegó mi padri,
me pegó mi güelu,
por andar de nochi
de ronda y de juegu
(bis)
Molomolondrón,
molondrón,
molondrero
(bis)
Por andar de nochi
de ronda y de juegu
me han zumbau la cara
me han zumbau el cuerpu (bis)
Molomolondrón
molondrón
molondrero
(bis)
Me han zumbau la cara,
me han zumbau el cuerpu,
Me han llenao de golpis
y no soy panderu (bis)
Molomolondrón
Molondrón
Molondrero
(bis)
Me han llenao de golpis
y no soy panderu
no quiero de nochi
más rondas ni juego (bis)
Molomolondrón,
molondrón,
molondrero
(bis)
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Seguimos con NUEVO MESTER DE JUGLARÍA
Una Niña se Ha Muerto
Una niña se ha muerto de mal de amores,
la culpa la han tenido Juan y Dolores.
Madre que linda noche cuantas estrellas
abra usted la ventana que quiero verlas.
No hija mía no, que estás enferma
y el aire de la noche dañarte pueda.
¿qué es ese ruido madre? son rondadores,
es sábado y cortejan los mis amores.
La voz de Juan escucho entre unas cuantas
mira no te equivoques como son tantas.
No madre mía, porque Juan me ha jurado
que me quería. Ya no me quiere
que triste queda el mundo cuando una muere.
Todas irán a verla menos Dolores
a poner en su tumba lirios y flores.
Todos irán a verme al cuarto mío
a besar en mi rostro pálido y frío.
Diga usted a Dolores que venga a verme
que ella no tiene culpa si Juan la quiere.
écheme de mortaja la ropa toda
que tenía bordada para mi boda.
Después de que me hayan amortajado
quíteme los pendientes que Juan me ha dado.
Porque no crea que le he estado queriendo
hasta que muera
Si viene Juan a verme después de muerta
no le deje usted entrar cierre la puerta.
jueves por la mañana pasó el entierro
Juan estaba en la puerta se metió dentro.
Adela mía, que no pensaba yo que te morías.
allí en la lejanía se escucha un tiro
y un grito que decía me voy contigo.
Adela mía que no pensaba yo que te morías.
Adela mía que no pensaba yo que te morías.
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12 ABRIL
Santos: Zenón, Constantino, Damián, obispos; Julio I, papa; Sabas, Víctor, confesores; Lázaro, Menna, Juan, David, mártires; Visia, virgen y mártir; Florentino, abad.
12 de abril
Julio I, papa († 352)
Se conocen pocos datos de su vida anterior a la elección para Sumo Pontífice el 6 de febrero del 337, muerto el papa Marcos y después de ocho meses de sede vacante. El Liber Pontificalis nos dice que era romano y que su padre se llamaba Rústico.
La primera de las actuaciones que deberá realizar -que le seguirá luego por toda su vida- está directamente relacionada con la lucha contra el arrianismo. Había sido condenada la herejía en el Concilio universal de Nicea, en el 325; pero una definición dogmática no liquida de modo automático un problema, cuando las personas implicadas están vivas, se aferran a sus esquemas y están preñadas de otros intereses menos confesables.
A la muerte del emperador Constantino, por decreto, pueden regresar a sus respectivas diócesis los obispos que estaban en el destierro. Es el caso de Atanasio que vuelve a su legítima sede de Alejandría con el gozo de los eclesiásticos y del pueblo. Pero los arrianos habían elegido para obispo de esa sede a Pisto y comienzan las intrigas y el conflicto. El Papa Julio recibe la información de las dos partes y decide el fin del pleito a favor de Atanasio.
Eusebio de Nicomedia, Patriarca proarriano con sede en Constantinopla, envía una embajada a Roma solicitando del papa la convocatoria de un sínodo. Por su parte, Atanasio -recuperadas ya sus facultades de gobierno- ha reunido un importante sínodo y manda al papa las actas que condenan decididamente el arrianismo y una más explícita profesión de fe católica.
Julio I, informado por ambas partes, convoca el sínodo pedido por los arrianos. Pero estos no envían representantes y siguen cometiendo tropelías.
Muere Eusebio y le sucede Acacio en la línea del arrianismo. Otro sínodo arriano vuelve a deponer a Atanasio y nombra a Gregorio de Capadocia para Alejandría.
El papa recoge en Roma a los nuevamente perseguidos y depuestos obispos con Atanasio a la cabeza. Como los representantes arrianos siguen sin comparecer, Julio I envía pacientemente a los presbíteros Elpidio y Filoxeno con un resultado nulo en la gestión porque los arrianos siguen rechazando la cita que pidieron.
En el año 341 se lleva a cabo la convocatoria del sínodo al que no quieren asistir los arrianos por más que fueron ellos los que lo solicitaron; ahora son considerados por el papa como rebeldes. En esta reunión de obispos se declara solemnemente la inocencia de Atanasio; el papa manda una encíclica a los obispos de Oriente comunicando el resultado y añade paternalmente algunas amonestaciones, al tiempo que mantiene con claridad la primacía y autoridad de la Sede Romana.
Los arrianos se muestran rebeldes y revueltos; en el mismo año 341 reúnen otro sínodo en Antioquía que reitera la condenar a Atanasio y en el que se manifiestan antinicenos.
Estando así las cosas, el papa Julio I decide convocar un concilio más universal. En este momento se da la posibilidad de contar con la ayuda de Constancio y Constante -hijos de Constantino y ahora emperadores- que se muestran propicios a apoyar las decisiones del encuentro de obispos arrianos y católicos. El lugar designado es Sárdica; el año, el 343; el presidente, el español -consejero del emperador- Osio, obispo de Córdoba. El papa envía también por su parte legados que le representen.
Pero se complican las cosas. Los obispos orientales arrianos llegan antes y comienzan por su cuenta renovando la exclusión de Atanasio y demás obispos orientales católicos. Luego, cuando llegan los legados que dan legitimidad al congreso, se niegan a tomar parte en ninguna deliberación, apartándose del Concilio de Sárdica, reuniendo otro sínodo en Philipópolis, haciendo allí otra nueva profesión de fe y renovando la condenación de Atanasio. El bloque compacto de obispos occidentales sigue reunido con Osio y los legados. Celebran el verdadero Concilio que declara la inocencia de Atanasio, lo repone en su cargo, hace profesión de fe católica y excomulga a los intrusos rebeldes arrianos. Como conclusión, se ha mantenido la firmeza de la fe de Nicea, reforzándose así la ortodoxia católica.
Aún pudo Julio I recibir una vez más en Roma al tan perseguido campeón de la fe y ortodoxia católica que fue Atanasio, cuando va a agradecer al primero de todos los obispos del orbe su apoyo en la verdad, antes de volver a Alejandría.
Julio I escribirá otra carta más a los obispos orientales y de Egipto.
En los 15 años de papado, sobresale su gobierno leal no exento de muchas preocupaciones y desvelos por defender la verdad católica. La lealtad a la fe y la búsqueda de la justicia en el esclarecimiento de los hechos fueron sus ejes en toda la controversia posnicena contra el arrianismo. Su paciente gobierno contribuyó a la clarificación de la ortodoxia fortaleciendo la primacía y autoridad de la Sede Romana.
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Buenos dias amigos de Soria, buenos dias visitantes de este foro castellano.
Un abrazo.
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13 ABRIL
Santos: Hermenegildo, Eugenia de Córdoba, mártires; Martín I, papa; Carpo, Urso, obispos; Agatónica, Agatodoro, Eleuterio, Zoilo, Teodosio, Justino, Quintiliano, Dadas, mártires.
13 de Abril
San Martín I, papa y mártir († 656)
Nació en Todi (Umbría). Sienndo miembro de la clerecía romana, fue elegido papa el año 649.
Condenó la doctrina del monotelismo que negaba en Jesucristo la existencia de dos voluntades.
Sufrió la deportación decretada por el emperador Constante en el año 653. Después de sufrir mucho, murió desterrado en el año 656.
13 de Abril
San Hermenegildo, mártir († 585)
San Hermenegildo es el gran defensor de la fe católica de España contra los durísimos ataques del arrianismo.
Fue arriano como Leovigildo, su padre, rey de los visigodos españoles; pero contrajo matrimonio con una hija del rey de Francia que contribuyó en su conversión al catolicismo.
Resistió con toda firmeza a los intentos de su padre que ansiaba recuperarle para la fe arriana, hasta que fue martirizado por orden suya el año 585. El hecho de este martirio influyó de modo decisivo en la conversión al catolicismo de su hermano Recaredo, a los pocos años de ser rey, lográndose así la unidad religiosa del pueblo visigodo hispano.
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Feliz martes y 13, amigos sorianos.
Un abrazo.
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14 ABRIL
Santos: Tiburcio, Valeriano, Máximo, Antonio, Juan, Eustaquio, mártires; Próculo, Lamberto, obispos; Domnina, Liduvina (Ludiwina, Lidvina, Lydvid o Lidia), vírgenes; Tomaides, Ardalión, mártires; Frontón, abad; Abundio, confesor; beato Raúl (Rodolfo), obispo.
14 de abril
Liduvina, virgen (1380-1433)
Nace en Schiedam, en una casa pobre y honrada, cerca de La Haya. Es la hija de Pedro, el sereno. La llaman Liduvina, Ludiwina, Lidvina, Lydvid o Lidia.
Con quince años comienza su historia de dolor cuando cae en el hielo del lago Schie donde patinaba con sus amigas, al producirse un choque con una de ellas. Se rompió una costilla y entró en cama para no levantarse más. A partir de este momento ya se suceden todos los males y los intentos de curación conocidos en el pueblo. Apostema pertinaz en el lugar de la herida, salen llagas, úlceras, por fin gangrena con gusanos y mucho dolor. Se pasan el día cambiándola de una a otra cama, pero cada traslado es un espantoso tormento; sus piernas ya no la sostienen un día y ya es preciso arrastrarla por el suelo. Enfermedad del fuego sagrado, como lo llamaban en ese tiempo, en un brazo que se consume. También tiene neuralgias. Por si fuera poco, el ojo derecho se extingue y le sangra el izquierdo. Se le producen equimosis lívidas en el pecho que se convierten en pústulas cobrizas. Empieza el mal al hígado y a los pulmones. El cáncer le hace agujero profundo en el pecho. Y para colmo de males, la peste bubónica que asolaba Europa llegó a Holanda y se estableció en Liduvina regalándole dos bubones terribles junto a su corazón. Ella dijo: "dos no está mal, pero tres sería mejor, en honor de la Santísima Trinidad"... y el tercero le brotó en la cara. Sólo la lepra no visitó su cuerpo.
Cualquiera de estos males era de muerte. Pero aquella vida era un milagro continuo. Ahora es un montón de pellejos rotos y huesos; lejos queda la niña crecida y guapa que fue, cuando su buen padre le buscaba pretendientes con los que ajustar una boda que le sacara de apuros y a la que ella se negaba rotundamente.
¿Y los olores? Los chorros de pus, a rosas; los emplastos retirados llenos de insectos, embalsaman la casa, y de aquel cuerpo que todo se pudre, jamás salió olor de muerto.
¿Y el alimento? Una rodaja de manzana asada para un día. El estómago se rebela por una tostada de pan mojado en leche o en cerveza. Después hubo de contentarse con unas gotas de agua azucarada o con un poco de vino matado con agua.
¿Y el descanso? Desaparecido el sueño, noches en vela, de espaldas con la piel que salía como la corteza del árbol. Sus biógrafos dicen que en treinta y ocho años no durmió veinte horas.
¿Y el ánimo? El sufrimiento la llenó al principio de espanto. En cama, estuvo con frecuencia a punto de desesperación. Por cuatro años pensó que estaba condenada; Dios no se interesa por ella, no aparece, o mejor, ha desaparecido por indiferente; casi se diría es un enemigo implacable y cruel. Es incapaz de rezar en ese estado de sufrimiento y postración donde no hay ni una ayuda del cielo, ni un consuelo de la tierra.
El cura del pueblo no se interesa por la enferma mientras tenga que ocuparse de cebar sus capones y de mantener bien repleta la despensa.
Algún alma buena le puso en pista, aunque al principio, ella no entendió nada. "La Pasión de Cristo la has meditado poco hasta ahora". Ni siquiera eso daba resultado; sus dolores le dolían más que los del Señor; pero lo intentaba. La Comunión que le llevaron un día fue el remedio. Iluminada por una gracia repentina descubrió su misión en la tierra: acompañar a Jesús en el Calvario, reparar, clavarse voluntariamente en la cruz, ayudar al Mártir divino a llevar los pecados del mundo.
Las cosas cambiaron. Es la hora de la longanimidad. Empieza a ver lo positivo de su vida. Ahora, ayudada por el pensamiento de la generosidad de los mártires, agradece sus dolores al Señor. Comienza a preocuparse de los otros y de sus necesidades. Mantiene su día en la presencia de Dios aunque se produzcan demencias, apoplejías, neuralgias, dolores de muelas, mal de piedras y contracciones de nervios. De su boca salen a un tiempo sonrisas, bondades, alaridos y sollozos y ella misma decía que se olvidaba de su penoso estado cuando veía el rostro del Ángel de su guarda, que le hacía intuir cuál no sería la hermosura del rostro de Dios. Aparecen estigmas junto a los bubones y en los pies y en las manos.
Entiende de la dulzura de mezclar su dolor con el dolor de Dios porque su mundo es el de Pedro que llaman el Cruel, el de Carlos IV y Enrique de Lancaster con pantanos de sangre y de guerra de bulas entre los antipapas, de violencia de los magnates y ambiciones de los clérigos; era la época en que la cabeza tiarada de Cristo es arrojada de Aviñón a Roma y de Roma a Aviñón. Siente de lejos el pecado y repara. Detecta el mal de quienes la visitan y lo desenmascara para poner remedio. Su habitación es un hospital de almas.
Esta glosa del libro de Job pasó al cielo el día 14 de abril de 1433.
Sus reliquias están en santa Gúdula de Bruselas.
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Buenos dias amigos de Soria, feliz dia a todos.
Un abrazo.
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15 ABRIL
Santos: Basilisa, Anastasia, mártires; Paterno, obispo; Marón, Máximo, Quintiliano, Dadas, Victoriano, Olimpiades, Eutiquio, Crescente, Teodoro, Cirilo, Pausilipo, mártires; Telmo, confesor; Potenciana, virgen; Silvestre, abad.
15 de abril
Telmo, confesor († 1240)
Es uno de los santos medievales más populares, cuya figura se agrandó por el juego de la fábula y cuyos milagros verdaderos o menos contribuyeron a meterlo en las entrañas del pueblo.
Su verdadero nombre de pila es Pedro y llevó como apellidos González Termo. Nació en una familia muy cristiana alrededor del año 1185, cuando es rey en León Fernando II y en Castilla Alfonso VIII; se bautizó en la iglesia románica de san Martín de Frómista, en Palencia.
Un tío suyo que es canónigo y llega a obispo se encarga de su educación. El joven Telmo entra en los Estudios Generales - centro, orgullo de los palentinos, recientemente establecido por Alfonso VIII, el vencedor de las Navas, antes aún que el de Salamanca, fundado en el siglo XIII por Alfonso IX-. Su inteligencia está mejor dotada que la de muchos; rinde más por los buenos maestros que por el esfuerzo que pone. No está Palencia para mucho intelectual esfuerzo ya que en la época no mandan los letrados teólogos sino los armados caballeros; es el tiempo del romance con juglares y trovadores que ganan su vida cantando batallas por el camino de Santiago bien cercano. A decir verdad, a Telmo le va la jarana, la bulla, la chanza y los torneos. Influye en la estudiantina y en el pueblo. Tiene éxito entre las mozas y es ¡sobrino mimado del obispo! Aunque las disposiciones son mínimas y parece que no habrá muchas promesas de buen clérigo, su tío lo hace canónigo y al poco tiempo lo eleva a deán con pingüe beneficio.
Telmo quiere tomar posesión el día de Navidad con cabalgata sonada. Así se disponen las cosas y nunca tuvo Palencia aire de mayor festejo. En bello alazán va el joven caballero, elegante, enjaretado, orgulloso y arrogante. El aplauso y los gritos van in crescendo, es el frenesí, el paroxismo del triunfo... pero en el cénit de la aclamación empieza Dios a prepararle un encuentro. Cabriolas del caballo y cuerpo en lodazal del ilustre caballero. Muestra vergüenza en la cara y siente vergüenza por dentro. Levantado entre las burlas, -es grande la chacota del pueblo y el ridículo que ha hecho- entra en casa. Es la ocasión de Dios. A lo Damasco hay conversión en un momento. Un fulminante cambio se da en Telmo. Está rezando, pide luz para ver el mejor modo de morir al mundo para siempre.
Rechaza el deanato, renuncia a la canongía y a sus prebendas. Llama a las puertas del convento de Dominicos que ha poco fundó en Palencia Domingo de Guzmán y donde se forman monjes que para la disputa con los albigenses. Allí se entrega a la oración, con disciplina y sacrificio, orden, obediencia, sacrificio, humildad, estudio, servicio a los demás y... ¡con alegría por dentro! Pasado un tiempo, con dotes de predicador innatas, explica la doctrina al pueblo, se producen conversiones, dedica tiempo a los pobres y visita a los enfermos.
Andalucía es promesa ahora que Fernando el Santo es rey de los dos reinos. Se ha pasado la línea de Sierra Morena y la arrebatar el sur a la Media Luna es el empeño de la cruzada. Los ejércitos están necesitados de ilusión, los soldados tienen alma que cuidar cuando los avances y retrocesos son vandálicos y las pasiones entran en juego. Allá está Telmo predicando, perdonando, alentando y encauzando a caballeros y mesnadas.
Un insólito hecho, provocado bien por la basteza de los descontentos o quizá por la zafiedad de los soldados, pone a prueba la solidez del santo que juzgaban "de cartón". Contratando una mujer ligera, experta en bajos oficios, han preparado la tentación. Telmo enciende un buen fuego y se arroja a las llamas solucionando el asunto ante el horror de la desgraciada y el asombro de los "listos".
De nuevo en Galicia, es Lugo quien se beneficia de su actividad apostólica. Las predicaciones son multitudinarias y con frecuencia son insuficientes los templos. Difunde ampliamente el Santo Rosario y tiene los primeros contactos con los marineros.
Córdoba es también, cuando la toman en el 1236, el lugar donde ejerce Telmo el ministerio y ahora es consejero y confesor del rey Fernando, además de atender a los ejércitos. Una preciosa tabla de la catedral de Tuy representa al rey arrodillado dentro de la real tienda con Telmo sentado impartiéndole perdón y consejo. Pero, como no es palaciego, terminado el encargo, vuelve a la Galicia de sus sueños.
Tuy se aprovechará de sus desvelos. Enseña lo que sabe, tiene cura de almas, resalta su oficio de padre de los pobres, dirige conciencias, socialmente influye -con la formación que da a los pescadores y marineros- poniendo los cimientos de lo que luego serán las cofradías y los gremios. Dicen que le vieron hacer milagros, mandar a las nubes, aplacar tormentas, atravesar a pie el Miño, conseguir milagrosamente comida y predecir el día y hora de su muerte conocidos por aviso del Cielo.
El obispo don Lucas -el autor del Chronicon Mundi- presidió sus funerales, mandó fabricar su mausoleo, conservar religiosamente sus reliquias y recoger información judicial para abrir su proceso.
Tantos portentos ha habido por medio del santo de tierra adentro que los marinos y pescadores aprenden a leer en el fenómeno eléctrico la presencia de san Telmo, y aún hoy no dejan de invocarle sin descanso cuando llega la tormenta y retumba el trueno.
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Buenos dias Soria, buenos dias amigo Manuel, te agradezco mucho tu colaboración en el foro de Bernúy de Coca, al que puedes considerar como tu casa.
Un fuerte abrazo.
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16 ABRIL
Santos: Toribio de Liébana, Fructuoso, obispos; Lamberto, Calixto, Cayo, Cremencio, Carisio, Irene, Leónidas, Baudilio, Urbano, mártires; Benito José Labre, Joaquín, confesores; Magno, conde; Engracia, virgen y mártir; 18 mártires de Zaragoza; María Bernarda Soubirous, virgen.
16 de abril
Engracia, virgen y mártir (c. a. 304)
Habían proliferado los cristianos en el Imperio al amparo de la menor presión de las leyes en tiempo de Galieno. Los había en el campo y más en las ciudades, se les conoce en el foro, se les ve entre los esclavos, en el ejército y en los mercados. Han contribuido otras causas a desparramar la fe de Cristo entre las gentes: el aburrimiento del culto a los vanos dioses paganos, el testimonio que dieron los mártires y que muchos vieron, la transmisión boca a boca de los creyentes y el buen ejemplo.
Diocleciano ha conseguido la unidad territorial, política y administrativa; quiere unificar también la religión y para ello debe hacer sucumbir la religión de Cristo frente a la del Estado. Da cuatro edictos al respecto y elige cuidadosamente a las personas que sean capaces de hacerlos cumplir. Daciano será quien siembre el territorio de España, bajando desde el noreste hasta el centro, con semillas de cristianos.
Engracia es la joven novia graciosa que viaja desde Braccara, en Galecia, hasta el Rosellón, en Francia, para reunirse con su amado. Dieciocho caballeros de la casa y familia la acompañan y le dan cortejo. Al llegar a Zaragoza y enterarse de las atrocidades que está haciendo el prefecto romano, se presenta espontáneamente ante Daciano para echarle en cara la crueldad, injusticia e insensatez con que trata a sus hermanos. Termina martirizada, con la ofrenda de su vida y la de sus compañeros.
Las actas del martirio - ¡qué pena sean del siglo VII, tan tardías, y por ello con poco valor histórico!- describen los hechos martiriales con el esquema propio a que nos tienen acostumbrados en el que es difícil atreverse a separar qué cosa responde a la realidad y qué es producto imaginativo consecuencia de la piedad de los cristianos. El diálogo entre la frágil doncella y el cruel mandatario aparece duro y claro; ella emplea razonamientos plenos de humanidad y firmes en la fe con los que asegura la injusticia cometida -hoy se invocarían los derechos humanos-, la existencia de un Dios único a quien sirve, la necedad de los dioses paganos y la disposición a sufrir hasta el fin por el Amado; él utiliza los recursos del castigo, la amenaza, la promesa y el regalo. En resumen, la pormenorizada y prolija descripción del tormento de la joven cuenta que primero es azotada, luego sufre los horrores de ser atada a un caballo y arrastrada, le rajan el cuerpo con garfios, llegan a cortarle los pechos y le meten en su cuerpo un clavo; para que más sufra, no la rematan, la abandonan casi muerta sometida al indecible sufrimiento por las heridas hasta que muere. Los dieciocho acompañantes fueron degollados a las afueras de la ciudad.
Un siglo más tarde del glorioso lance cantó Prudencio en su Peristephanon las glorias de los innumerables mártires cesaraugustanos, nombró a los dieciocho sacrificados y a la joven virgen Engracia, invitando al pueblo a postrarse ante sus túmulos sagrados.
Engracia es la figura de la mártir que el pueblo, siempre sensible a la grandeza, ha sabido mirar con simpatía, la ha dorado con el mimo del agradecimiento, la bendice por su valentía, la compadece por sus sufrimientos y quisiera imitarla en su fidelidad.
16 de abril
Benito José Labre, confesor (1748-1783)
Le importó siempre muy poco que le viera la gente con aspecto desarreglado; tampoco le preocupaba demasiado el lugar más o menos cubierto donde iba a pasar la noche; y lo que menos le tiempo le llevaba era el pensamiento acerca de la disposición y orden de los manjares en la mesa. A decir verdad, más parecía mendigo que monje. Como los primeros, tenía el cielo por techo y por compañía las estrellas, iba de un sitio a otro sin más necesidad que el soporte de los pies; como los segundos, una túnica con escapulario, el rosario al cuello, crucifijo en el corazón y en el bolsillo de la túnica cabían unos mendrugos de pan y el Evangelio.
Así le vieron en Roma, Loreto, Fabiano y Bari. Así estuvo en los más renombrados lugares santos de Europa, sin descontar Montserrat ni Santiago de Compostela.
Comenzó su vida de fraile errante el día tres de setiembre del año 1770, después de haber recorrido a pie las muchas leguas que medían los caminos que separaban un monasterio de otros para llamar a sus puertas. Unos eran tan pobres que no podían recibir a un fraile más por imposibilidad de alimentarlo; para entrar en otros le falta la edad requerida; en aquel es recibido, pero los seis meses que estuvo dentro los pasó en la enfermería y el último -que le abrió de par en par las puertas- tuvo que dejarlo por las terribles tentaciones que sufría. No había modo humano de vivir con los frailes. Se nota que Dios no lo quiso al otro lado de los muros; no, no quiso que sus virtudes estuvieran cubiertas por las tapias. Lo quiso fraile y libre, sufrido y pobre a la vista, piadoso y lleno de bondad ante todos, aunque él pudiera presumir sólo de pobreza.
Había nacido, a lo que parece en una familia de pocos recursos, en Amettes, el 26 de Marzo de 1748, cuando el papa es Benedicto XIV -Próspero Lambertini- y Luis XV -que supo expresarse con la altanería de la época diciendo: "después de mí, el diluvio"- es el rey de Francia. Desde bien joven muestra a sus padres la inclinación que siente por la trapa, pero los mayores dejan el incierto asunto prevocacional para más adelante y lo ponen a estudiar. Hubo dos sacerdotes que influyen en su vida, su padrino el cura de Erin -donde justamente estaba cuando llegó la epidemia, se llevó al sacerdote y tuvo que regresar a Amettes- y el cura de Conteville -que consiguió en su momento el permiso paterno para buscar convento-. Es año 1766, justo el del "Motín de Esquilache", (porque esta es la hora de los "listos", quiero decir, de los Iluminados y Enciclopedistas: la del filósofo, político y jurista Charles-Louis de Secundat, barón de Montesquieu y la del más influyente y representativo de los escritores franceses Francois Marie Arouet o Voltaire), cuando este buen hombre comienza su acá para allá a golpe de sandalia o de pie, buscando un convento, cartuja o trapa que lo admita. Val Sainte Aldegonde, Notre-Dame des Près, Gran Trapa, Sept-Fonts y quizá algún otro más lo tuvo a la puerta, pero nada más.
Llevaba al engaño su aspecto de desdichado a quien le veía; él vivía feliz. Hace vida con los mendigos, pero no admite lo que a la casta le ofrece la gente, porque él nada necesita. Reza por las noches ante las puertas de las ermitas. Y su piedad es verdadera, ¿cómo va a ser falsa cuando llega a comentar al cura de Cossignano: "se ofende a Dios porque no se conoce su bondad"?. Es personaje que llega a hacerse conocido en los ambientes piadosos de Roma. Frecuenta las iglesias de los Santos Apóstoles, de Nuestra Señora de los Montes y Santa María la Mayor. Hay quien le vió -entre ellos el P. Daffini, familiar del cardenal Achinto- con un nimbo de luz, con rostro resplandeciente y con su cuerpo elevado del suelo, en levitación. Incluso llegan a atribuirle la curación milagrosa de un niño.
El miércoles Santo del 1783, asistiendo a los oficios religiosos, rodó por las escaleras; el carnicero Zaccarelli lo llevó a su casa, recibió Benito la extremaunción y murió.
Así se hacen los santos; así son las cosas de Dios. Él propone, el hombre quiere ¡y basta! Dios es muy Quién para hacer de un hombre libre un esclavo, de un mendigo un santo y de un pobre una promesa.
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Buenos dias amigos de Soria, desde el foro de Bernúy de Coca, un abrazo.
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17 ABRIL
Santos: Landricio, abad; Elías, Pablo, Isidoro, Mapálico, Marciano, Fortunato, Hermógenes, mártires; Inocencio, Pantágato, obispos; Pedro, diácono; Esteban, Roberto, abades; Acacio, confesor; Aniceto, papa; Mariana de Jesús Navarro, virgen (beata).
17 de abril
Aniceto, papa († 166)
Las noticias que tenemos sobre su vida son pocas. Es el duodécimo sucesor de san Pedro; fue papa entre san Pío I y san Sotero; rigió a la Iglesia por el tiempo que duran once años- desde el 155 al 166- y era originario de Emesa, en Siria.
Las circunstancias en las que trabajó vienen dadas por la situación social, política, económica y cultural de la época. En el siglo II se utilizaba el griego como lengua cultual; los papas suelen ser provenientes de familias humildes del pueblo; ser elegido para ese servicio era elección para el martirio (hasta el siglo IV todos los papas dieron su vida por la fe).
El cuidado o servicio a los hermanos tenía que ser intenso, sacrificado, valiente, generoso y muy exigente pero lleno de bondad. Los discípulos de Jesús que aumentaban cada día llevaban aún una existencia precaria aún en los períodos de paz. Incluso con los Antoninos, la muerte para el cristiano podía estar detrás de cualquier acusación o acontecimiento; hasta el estoico Marco Aurelio pensó que la paciencia de los mártires cristianos era fanatismo.
Había que esforzarse en llevar a los paganos el misterio, porque el Reino era también para darlo a ellos. Fue preciso contrarrestar a los pensantes paganos listos que, con sarcasmo, ironía y calumnia, ridiculizaban el espíritu y vida de los cristianos. Por eso la fe se hizo, además, apología.
A los cuidados hacia fuera hay que añadir la atención primaria de la grey con los problemas que surgen desde dentro. Ya pululaban por doquier versiones cristianas de fe que no coincidían con el genuino modelo y era preciso mantener a cualquier precio la pureza de la fe recibida. Esa era la situación del complejo sistema que luego se llamó gnosticismo -se tienen por cristianos y enseñan el secreto conocimiento de lo divino, reciben influencias platónicas y de religiones dualistas persas, forman grupos cerrados, niegan la muerte expiatoria de Jesús y rechazan la resurrección del cuerpo terrenal-. Marción era gnóstico, vivió en Roma y en tiempo del papa Aniceto; decía que había dos principios: el bueno era Dios y el espíritu maléfico creó el mundo, la materia y el cuerpo; se hizo rico con negocios navieros; hacía estrago entre los cristianos sembrando confusión y negando el valor del cuerpo con su rigorismo extremo.
En estos cuidados discurrió la vida de Aniceto.
Hubo un asunto peculiar que merece comentario. Policarpo viene a Roma para tratar con el papa un tema serio. Él fue en su tiempo discípulo directo de san Juan, el apóstol joven, y ahora es el obispo de Esmirna. Con sus ochenta y cinco años quiere dejar acordada la fecha de la principal fiesta cristiana. Los de Oriente siguen la tradición joánica, mientras que los de Occidente siguen la tradición de Pedro. No llegaron a ponerse de acuerdo. Es una cuestión -la de la Pascua- que tardará en resolverse hasta el concilio de Nicea. Pero se despiden en comunión sin romper la unidad ni quebrantar la caridad ¡Todo un ejemplo!
No hay datos explícitos y concluyentes sobre el lugar y modo de su tránsito. El Liber Pontificalis -aunque empleando una expresión extraña por lo inusual- lo coloca entre los mártires; luego, la tradición constante de los martirologios habla de martirio y señala la fecha del 17 de abril, aunque no es unánime. En lo referente al lugar de su enterramiento, se señala en cementerio de san Calixto, donde con frecuencia se enterró a los papas.
La reliquia de su cabeza fue entregada al arzobispo de Munich, Minucio, en el año 1590, y se venera en la iglesia que rigen los jesuitas en la ciudad. Los restos reposan en el sarcófago que soporta el altar Mayor -el que consagró el cardenal Merry del Val en 1910- de la capilla del Pontificio Colegio Español de Roma; fueron traslados al que entonces era palacio renacentista de los duques de Altemps, en el año 1604. Por eso, en la bóveda está pintada, entre guirnaldas barrocas y múltiples amorcillos, la apoteosis de san Aniceto, con capa desplegada y ascendiendo al cielo.
17 de Abril
Beata Mariana de Jesús Navarro, virgen (1565-1624)
Mariana de Jesús Navarro nació en Madrid el 17 de Enero de 1565.
A la edad de 23 años se consagró a Dios, haciendo una vida de retiro y de oración, y profesando como terciaria mercedaria en 1616.
Se distinguió por su devoción a la Eucaristía, y su obediencia, humildad y espíritu de sacrificio.
La consultaban y veneraban eclesiásticos y hombres de la corte madrileña.
Murió el año 1624.
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Buenas tardes amigo Manuel, buenas tardes a todos los sorianos.
Un abrazo.
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18 ABRIL
Santos: Eleuterio, Cosme, Eugenio, Eusebio, Galdino, Gebuino, obispos; Atanasia, Aya, Abrahán, confesores; Apolonio, Antía, Ciro, Corebo, Calócero, mártires; Perfecto de Córdoba, presbítero y mártir.
18 de abril
Perfecto, presbítero († 850)
Fue el primero de los mártires cristianos que ocasionó la persecución de Abd al-Rahman II, el emir de al-Andalus, hijo y sucesor de Al-Hakam I, en el año 850. San Eulogio, contemporáneo suyo, comienza con el relato de su martirio el Memorial de los mártires.
Hijo de padres cristianos y nacido en Córdoba, conocedor del idioma árabe, aparece vinculado a la Iglesia de san Acisclo donde se formó y se ordenó de sacerdote, cuando es pleno el dominio musulmán.
En el año 850 se abre una etapa de mayor rigor e intransigencia musulmana que rompe la convivencia hasta el momento equilibrada entre las poblaciones monoteístas de la ciudad. El presbítero Perfecto encabeza la lista de los mártires cordobeses del siglo IX.
En los comienzos del 850 le rodea un malintencionado grupo de musulmanes; le preguntan su parecer acerca de Cristo y de Mahoma. Perfecto expresó con claridad su fe en Jesucristo: Jesucristo es el Señor, sus seguidores están en la verdad, y llegarán a la salvación; la Ley de Cristo es del Cielo y dada por el mismo Dios. "En cuanto a lo que los católicos piensan de vuestro profeta, no me atrevo a exponerlo, ya que no dudo que con ello os molestaréis y descargaréis sobre mí vuestro furor". Pero, ante su insistencia y con la promesa de impunidad, con la misma claridad expone lo que pensaba sobre quien ellos tenían como profeta: Mahoma es el hombre del demonio, hechicero, adúltero, engañador, maldito de Dios, instrumento de Satanás, venido del infierno para ruina y condenación de las gentes. Han quedado sus interlocutores atónitos, perplejos y enfurecidos. ¿Cómo podrán soportar que se llame al profeta Mahoma mentiroso y a su doctrina abominación? ¿Aceptarán oír que quienes le siguen van a la perdición, tienen ciego el entendimiento y su modo de vivir es una vergüenza?
Le llaman traidor, le llevan al cadí y entra en la cárcel.
Allá, junto al Gaudalquivir, el 18 de abril del 850, en el sitio que se llamó "Campo de la Verdad" por los muchos mártires que se coronaron, fue degollado por odio a la fe que profesaba,.
Luego se enterró su cadáver en la iglesia de san Acisclo y sus restos se trasladaron más tarde -en el 1124- a la iglesia de san Pedro.
Su muerte ejemplar alentó a los acorralados y miedosos cristianos. Desde este martirio, habrá quienes se acerquen voluntariamente a los jueces.
Además de claridad en los conceptos, hay exactitud en las palabras y lo que es más importante coherencia en las obras. Quizá los "hábiles dialogantes" de hoy tildaríamos a Perfecto de "imprudente" por nuestra extraña cobardía que pega al suelo; pero, si la prudencia es virtud que acerca al cielo, Perfecto fue un hombre prudente. La verdad tiene un camino y, cuando Perfecto abría la boca, en su simpleza, sólo sabía decir la verdad. No es bueno confundir la tolerancia con la indiferencia.
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