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En el mismo convento donde se encuentra este mausoleo, hay un Cristo Yacente, cargado de millones de historias.
Durante más de 500 años, nos han estado contando que le crecían las uñas y el pelo, amén de que fue encontrado en altamar etc, etc, etc.
Pues bien. Este Cristo hubo que restaurarlo con lo cual se puso en manos de expertos y que casualidad, la historia cambió.
Os adjunto un artículo publicado en el Norte de Castilla el 21 de junio de 2006.
PALENCIA
Las Clarisas restaurarán su Cristo
Las religiosas de clausura quieren, con el apoyo económico de la Diputación Provincial, evitar que la venerada imagen del yacente siga deteriorándose
Cristo Yacente de las Claras de Palencia.
Ni le crece el pelo ni las uñas. Lo único que le pasa al Cristo de las Claras es que se está deteriorando. Conscientes de ello, las religiosas de Santa Clara han promovido su restauración, que comenzará a primeros de julio. La abadesa del convento, sor María Nieves Mora, reconoció ayer que la talla se encuentra «bastante deteriorada». «Se está abriendo por muchas partes y nos preocupa su estado actual», aseguró la monja clarisa. La llaga del costado es uno de los puntos por donde se está abriendo.
Esta talla del Cristo Yacente es de finales del siglo XIV. Realizada en Alemania, llegó a España siguiendo la estela del Camino de Santiago. Fue creada para participar en la función del Descendimiento, como lo demuestran las dos argollas con un clavo en la espalda y las articulaciones. «No se descarta que haya una puerta para meter el líquido que representaba la sangre que salía por el costado», señala la abadesa.
La pieza no ha estado exenta de leyendas. La primera, que le crece el pelo y las uñas. El verismo con el que está realizada siempre ha hecho pensar en ello. La misma leyenda dice que la abadesa es la que se encarga de cortarle las uñas y el pelo. «No es cierto. El pelo es natural, pero nunca se le ha cortado, porque no le crece. Las uñas están elaboradas de una pasta dura. El realismo es, en este sentido, muy grande, pero nunca se le corta ni el pelo ni la barba», asegura con contundencia sor María Nieves Mora.
Otra leyenda se refiere a la llegada del Cristo Yacente al convento palentino. El almirante de Castilla, Alonso Enríquez, descubrió la imagen en el mar y quiso llevarla a su castillo de Palenzuela, pero el mulo que empujaba la carroza con la talla no pasó de la iglesia que las Clarisas tuvieron en esa localidad cerrateña antes de trasladarse a Palencia. «El animal vino al actual convento, donde estaba el enterramiento familiar del almirante de Castilla, y allí se quedó hasta ahora», relata.
En principio, el Cristo Yacente se encontraba a la entrada de la capilla de San Juan, fuera de la clausura, pero a raíz de que el Concilio de Trento -mediados del siglo XVI- impusiera la clausura a estas órdenes religiosas, se trasladó a su emplazamiento actual, en una zona donde es venerada por las religiosas y por los fieles.
Desde entonces, el Cristo Yacente nunca ha salido del monasterio. Y no lo hará. La restauración se llevará a cabo en su interior. «No permitimos que salga fuera», asegura sor María Nieves Mora. Ni siquiera para que le hagan una radiografía.
¿Quien me garantiza que la historia que contaban estas mismas religiosas sobre la habitación donde durmió San Bernardino en Cuenca, sea cierta? Es más, el convento es posterior a la vida del Santo, con lo cual, a ellas también se lo tuvieron que contar.
Cada uno que saque sus conclusiones.
Salud.
Angela Chanin
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