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SANTA COLOMA DE GRAMENET (Barcelona)
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Habitantes: 123.175  Altitud: 36 m.  Gentilicio: Colomenses 
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Información general sobre SANTA COLOMA DE GRAMENET
Situación:

Santa Coloma de Gramenet está situada entre Badalona, San Adrián de Besós y Montcada y Reisach y está separada de Barcelona por el río Besós. Desde la plaza de la vila de Santa Coloma hasta la Plaza de Catalunya de Barcelona sólo hay 8 kms. Santa Coloma tiene accesos directos a las autopistas A7, C58, C31, la ronda de Dalt y el cinturón del Litoral.

Su excelente comunicación la convierte en una ciudad atractiva para la localización de pequeñas y medianas empresas, especialmente del sector de servicios y talleres industriales no molestos ni contaminantes.

En los últimos años, se está llevando a cabo una actuación importante de regeneración del tramo urbano y natural de la ciudad. La construcción del parque de Can Zam y la recuperación de los márgenes del río Besós para usos ciudadanos configuran una de las mayores extensiones de zona verde de la Área Metropolitana. La construcción de la Rambla, (un paseo central que atraviesa la ciudad) y los nuevos equipamientos de modernas instalaciones, como la Biblioteca Central y el Teatro Municipal José Mª de Sagarra, se añaden al ya interesante patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.

Historia:

Varios hallazgos arqueológicos de la época neolítica y eneolítica, descubiertas dentro el término de Santa Coloma de Gramenet, ponen de manifiesto la presencia de agrupamientos humanos al menos desde el año 3500 a.C. Parece que entre los siglos X y VI aC llegaron al plano del Besós varias migraciones procedentes del norte que confluyeron, poco tiempo más tarde, en el asentamiento de la tribu ibérica de los layetanos, establecida hacia el siglo VI o V a.C. al poblado del Puig Castellar, al extremo norte del actual municipio. Los layetanos ocupaban toda la franja costera desde Siches hasta Blanes, y su cultura sobrevivió hasta que el fuerte impacto de la conquista romana (siglo III a.C.) supuso el inicio de su progresiva extinción. El poblado del Puig Castellar fue abandonado probablemente hacia principios del siglo II a.C.

Prácticamente no existen datos de la población del término en época romana y visigótica. Hay que suponer que existían varias villas dispersas en el valle, cerca del Besós, muy influidas por las ciudades vecinas: Baetulo (Badalona), activa hasta el siglo III dC, y Barcino (Barcelona). Después del relativo abandonamiento que supuso la invasión sarracena, a partir del siglo IX se inició la repoblación del sector. Los nuevos pobladores, venidos del norte, debían conocer la tradición del martirio de Santa Coloma (sacrificada por los romanos a la Galia el año 274, cuando sólo tenia diecisiete años) y es probable que le dedicaran una iglesieta prerománica -a la que podría pertenecer un capitel encontrado el 1955 por Juan Vilaseca- y que habría sido destruida por Almansor el 985. En el mismo lugar fue edificado un nuevo templo románico, documentado desde el año 1019, que subsistió como parroquial durante más de siete siglos. Alrededor de esta iglesia empezó a formarse el primer núcleo urbano, que coexistía con algunas antiguas masías, que fueron reconstruidos en aquella época.

En el siglo XI la población total del término no pasaba de los 30 hogares o fuegos. Por donación del conde Ramón Berenguer I, estaba sometida al dominio señorial del obispo de Barcelona y, a partir del siglo XIII, de la Pía Almoina. El término, separado de las principales vías de comunicación, mantuvo su integridad social y una cierta prosperidad a lo largo de toda la edad media, aunque se acentuaba progresivamente la jerarquización en beneficio de las masías más pujantes (Torre Balldovina, Torre Pallaresa). La mayor parte de los campesinos pagaba los diezmos a la Pía Almoina y algunos tenían colonos y jornaleros. En la documentación de la época aparecen citados por primera vez apellidos de gran tradición local, como los Grony, los Pascali, los Carcereny o los Pallarès. La población tenía la consideración de lugar foráneo dentro el territorio de la ciudad de Barcelona, bajo la dependencia del Consejo de Ciento, con derecho de refugio en caso de peligro y con deber de contribuir a la edificación de las murallas (el año 1367 cada masía de Santa Coloma tuvo que aportar 24 sueldos).

Durante el siglo XV todo el país se vio asolado por catástrofes naturales (epidemias, terremotos…), incursiones de la piratería turca y guerras interiores, que trastornaron también la vida pacífica de los campesinos colomenses y les obligó a satisfacer gravosos impuestos. Durante la guerra civil de 1462-1472 que enfrentó el rey Juan II con la Generalidad, hubo cerca de la Torre Balldovina una batalla importante (26 de noviembre de 1471). Según la crónica, el príncipe Fernando, hijo de Juan II, tenía presos a la torre treinta caballeros. Para liberarlos, la Generalitat envió 150 caballeros con 4.000 hombres de pie, los cuales fueron derrotados severamente, preludio de la capitulación definitiva que, un año después, puso fin a la guerra.

Santa Coloma, a causa de su relativo aislamiento y de la configuración física del término, padeció menos los efectos de las diversas calamidades que afectaron el país. Por este motivo, las virulentas epidemias de peste del siglo XVI, que provocaron una pérdida importante de población y el abandono de muchas masías, no tuvo demasiadas consecuencias a Santa Coloma, que mantenía estable su censo entorno de los 30 o 40 fuegos, y que hasta fue refugio de patricios y dignatarios barceloneses en diversas ocasiones (el 1589 el Consolado de Mar se refugió allí).

No es hasta el fin de la Guerra de Sucesión (el 1714) que la población del término empezó a aumentar de forma rápida (144 habitantes el 1718, 731 habitantes el 1787) en paralelo a la prosperidad notable de la agricultura, basada sobretodo en los cereales, la viña, las hortalizas y el cáñamo. El pequeño núcleo urbano empezó a extenderse a medida que aumentaba la población y la antigua iglesia románica fue sustituida por un nuevo templo barroco (1761).

El siglo XIX empezó con dos hechos trágicos. Una riada del Besós, el besossat de 1803, provocó grandes daños a los conreos, y el 1808, durante la Guerra del Francés, soldados franceses asaltaron Santa Coloma y asesinaron 14 villanos, y después se produjo la batalla de Santa Coloma (22 de septiembre de 1808) en la cual Milans del Bosch, con sólo 600 hombres, derrotó más de 2.200 franceses, y después, en la batalla de San Jeronimo, las tropas napoleónicas se impusieron a las fuerzas de Milans del Bosch, y saquearon la población provocando enormes daños. Los estragos de la guerra, la inestabilidad política del reinado de Fernando VII y las epidemias causaron miseria, hambre y una disminución importante de la población. A mediados de siglo se inició un proceso de industrialización del municipio, basado en la industria textil y una evolución demográfica positiva reforzada con la llegada de los primeros inmigrantes, y es durante aquellos años que se configura el trazado urbanístico del primer ensanche urbano con nuevas y numerosas edificaciones de veraneantes.

El 1913 se comienza a construir el puente sobre el Besós, crucial para la comunicación con Barcelona por San Andrés, y la nueva iglesia de Santa Coloma. La población siguió aumentando durante la primera mitad del siglo XX, y se llegó a los 15.281 habitantes el 1950, que diez años después se duplicaron. Durante las décadas de los años sesenta y setenta el proceso inmigratorio adquiere proporciones explosivas y el censo pasa de los 32.000 a los 140.000 habitantes en sólo veinte años, la mayoría procedentes de Andalucía y de Extremadura. Este fenómeno provoca la aparición de los nuevos barrios repartidos por todo el municipio, caracterizados por un urbanismo caótico, fruto de la especulación y la improvisación. En llegar la democracia, se inicia un periodo de enderezamiento y transformación que ha dotado la ciudad de todo tipo de servicios y ha mejorado extraordinariamente las comunicaciones, sobretodo con la construcción de nuevos puentes sobre el Besós y la llegada del Metro.

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