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| Fiestas: |
Fiestas y tradiciones que han desaparecido Al desaparecer las ermitas fueron desapareciendo ciertas fiestas religiosas. Son aquellas festividades que ya no existen, o aspectos concretos de algunas fiestas que desaparecieron, aunque se mantengan en la actualidad. Durante la Navidad se celebraban festividades religiosas, reforzamiento de lazos familiares y la animación de los quintos en particular. Las dos primeras son fundamentales para celebrar las navidades en Miraflores, pero la última se ha perdido. Los jóvenes solían salir en Nochebuena a pedir el aguinaldo por las casas. Con el dinero recogido se pagaban el baile de los mozos. Estas fiestas se celebraban haciendo hogueras en la plaza del pueblo. Se perdieron también las actuaciones juveniles en la noche de Todos los Santos, fecha en la que repicaban las campanas sin parar durante toda la noche para recordar la importancia de esa noche, y se colocaban por las calles falsas calaveras huecas, iluminadas desde su interior con la luz de una vela. La fiesta más importante que no resistió los efectos de la modernidad fue la de San Antonio, en la que las mujeres buscaban la intercesión del santo para buscar novio. Su capilla en la iglesia fue destruida durante la guerra civil, lo que probablemente contribuyó a que la fiesta desapareciera. Otra fiesta recordada es la de la Purísisma Concepción, celebrada el día ocho de diciembre. La celebración de esta fiesta buscaba nuevas formas de religiosidad, centradas en el culto a la Virgen y a Cristo. Basadas en estas formas se crearon las Hijas de María, asociación de jóvenes Mirafloreñas que promovían el rosario y el culto a la Virgen. Celebraban este día con una procesión llevando un escapulario distintivo por las calles del pueblo. |
Turismo:
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| Costumbres: | ¿En este pueblo es dónde se desarrolla la serie "Un lugar en el mundo" (Antena3, Primavera 2003)? Si es en este pueblo donde se rodó. |
| Historia: |
Leyendas e historias curiosasPorquerizas Porquerizas fue el primer nombre que tuvo el pueblo de Miraflores. La palabra "porquerizas" tiene como significado el sitio donde se encierran o se crían los puercos. Así que siempre se ha supuesto que el nombre viene de los rebaños de cerdos que cuidaban los segovianos en los bosques. Aunque ésta es una teoría poco probable. Lo que más convence es que las porquerizas no se refiriesen a cerdos domésticos. Antiguamente al jabalí se le llamaba puerco y poblaban en número muy elevado los montes de la sierra, donde la caza era abundante y uno de los deportes preferidos por los reyes y los nobles. Los jabalíes tenían sus refugios en las montañas que rodean Miraflores, y allí se retiraban después sus aventuras por el Pardo y el Real de Manzanares. La gente conocía estas costumbres de los animales y no resulta extraño que llamasen "porquerizas" a estas montañas. Miraflores de la Sierra La reina Isabel II esposa de Felipe IV Cuenta una bonita tradición que el cambio de nombre se debe a la Reina Isabel de Borbón esposa de Felipe IV cuando se dirigía al Paular para descansar. En mitad del viaje hizo un descanso al pie de la Najarra, en una meseta que se encuentra en la cima de la Raya y que aún hoy se conoce como la Parada del Rey. La reina se fijó en unas flores y exclamó: "¡¡Mira, flores!!". Al oirla, alguien de su comitiva propuso a su majestad cambiar el nombre de Porquerizas por aquella expresión. No sabemos si es cierta o no esta historia. Sin embargo existen pruebas de que Porquerizas cambió su nombre por el de Miraflores a finales de 1627. No consta en ningún documento la orden del cambio de nombre de la villa. No puede determinarse tampoco el motivo concreto del cambio de nombre. Ni siquiera se hace mención del supuesto documento en ninguno de los numerosos escritos que se conservan. Sería lógico que de haber existido una cédula real, o un acuerdo del concejo que hubiese provocado el cambio de nombre se hubiese reflejado en el informe del letrado que cada año, el duque del Infantado, enviaba de inspección a los pueblos de su señorío. Por otro lado, es muy probable que la reina quisiera tomar un descanso lejos de la corte. Y no tiene nada de extraño que anduviese por éstos lugares, ya que la Parada del Rey discurría por el camino real, que era paso frecuente para llegar al Paular y a tierras segovianas. Tampoco extraña que la reina se sorprendiese de ver flores en la montaña a finales de noviembre o principios de diciembre, cuando ya no debía quedar ninguna en los jardines de palacio. ¡Brujas! Dibujo de Enrique Herreros, de 1953 En 1644 se denuncia a la Santa Inquisición y se detienen bajo sospecha a dos vecinas de Miraflores, María de Manzanares y Ana de Nieva, que ingresan en prisión el 18 de octubre. Se llama a declarar a 24 testigos, entre los que se encuentra la misma Ana de Nieva. Las acusaciones coinciden en señalar que ambas mujeres son brujas y mujeres maléficas, y que así se las conoce en el pueblo. Se las acusa de provocar enfermedades a quienes les niegan lo que piden y de causar la muerte de varios niños. A María de Manzanares se le acusa de haber sido vista desnuda en el bosque un par de veces, una de ellas recogiendo escuerzos y cucarachas que metía en una taleguilla. Ana de Nieva se acusa a sí misma de haber practicado la hechicería junto a su amiga María. Cuenta que una noche al dar las doce María invocó a los demonios, acudiendo a su llamada muchas brujas montadas en machos cabríos y un brujo. Tras bailar una danza diabólica se marcharon a beber tres tinajas de vino en una bodega. Otra noche las dos brujas se untaron con una pomada que María guardaba en dos tiestos. Tras decir María unas palabras se transportaron a aquella bodega donde estaban los demás, y bebieron y bailaron hasta las tres o las cuatro de la madrugada. Dice que repitieron su viaje nocturno varias veces, y que tras la orgía, algunas noches, montaban en sus machos cabríos y se llegaban a Peñarredonda donde seguían bailando al son de unos tamboriles. En todas sus declaraciones María negó que fuese bruja. Confesó haber estado desnuda por el campo, la primera vez para librarse de las pulgas que había cogido mientras sacaba estiercol de una cuadra, y la segunda para enjugar el manteo en el río cuando estaba lavando la ropa. Dijo que no cogía nada ni era hechicera, pero que había practicado el curanderismo. Ana de Nieva se defendió de sus acusaciones cargando la responsabilidad sobre María. Ana de Nieva fue absuelta. La sentencia final contra María de Manzanares, del 15 de marzo de 1646, la condena al destierro de Miraflores, Toledo y Madrid a una distancia de cinco leguas en contorno durante tres años. El Cura Borizo Uno de los personajes más curiosos de la historia de Miraflores. Se llamaba Juan González Borizo y fue capellán en la villa. Recibió el bautismo el diez de septiembre de 1567 y murió el 23 de septiembre de 1631. La importancia de su nombre radica en la memoria que funda el 20 de septiembre de 1631 para fines sociales y que incluye en su testamento, otorgado ante el escribano Antonio de Alameda. Era un hombre muy rico, poseía numerosas fincas y recibía cuantiosas rentas de censos. Cuando murió dejó una buena dote para sus sobrinos y los hijos de éstos. El resto lo reparte en numerosas obras sociales como ayudar a casar huérfanas, vestir cada año a diez pobres, atender ancianos sin medios, criar niños huérfanos, crear una beca para estudiantes, dar limosnas en tiempos de necesidad... Añade que, si al terminar el año sobrase dinero, se emplease en vestir a los pobres. El inventario de los bienes destinados a sufragar los gastos de esta obra social llena trece folios del Libro Becerro. Se cuentan un total de treinta fincas y 115 censos con un importe de 97.760 reales de vellón que rentaban al año (al 5%) 4.888 reales. Esta obra social desapareció el siglo pasado. El cazador de lobos Antonio Robledo Palomino, conocido también como "el tío Francachela", era pastor. Recibió el bautismo el día 13 de enero de 1826 y murió el 29 de enero de 1893. Desde niño había oído contar el daño que hacían los lobos al ganado y decidió dedicarse a la caza de éstos animales. El primer lobo lo cazó con una escopeta de pistón utilizada a modo de garrote, y el ayuntamiento recompensó con dos duros la aventura. Se dedicó a rastrear, conocía a cada lobo por su nombre y se sabía a la perfección sus costumbres. Llegó incluso a meterse en las madrigueras para llevarse a los lobeznos. En el archivo municipal existen datos que prueban que Antonio mató un total de 219 lobos. La Diputación Provincial le otorgó una renta vitalicia de 80 céntimos diarios. Se dedicó a esta tarea hasta que murió tranquilamente en su cocina, junto a la lumbre. En la carretera de Rascafría se encuentra una fuente monumento que lleva su nombre. La tía Boyona Antonia González Pontilde nació el siete de febrero de 1816 en el seno de una familia acaudalada. Blas González, su padre, tenia mucho dinero. Su tío Dámaso poseía una reconocida ganadería brava. Antonia se casó con Eugenio González González, muerto en 1886. El matrimonio no tenía hijos. El día doce de octubre de 1886 apareció muerta, asesinada por asfixia con un colchón en su casa de la calle Eugenio Guadalix. No se encontró culpable. Una de las versiones dice que entraron en su casa para robarle, pero no encontraron dinero. Otra, que fueron sus propios parientes quienes la asesinaron para poder heredar. El inventario realizado tras su muerte hace cuenta de cuadros, muebles, ropa, espejos, ganado, fincas e incluso un cierro, el de la Boyona, que se encuentra en la carretera de Madrid en el camino de la dehesa. Poseía también 4.000 pesetas, 3.000 de ellas en metálico y más de 8.000 en créditos. Francisco Ramírez Este señor vivía en la calle Eusebio Guadalix y quería hacer reformas en su casa. Contrató a un albañil que se llevó a tres ayudantes. Poco tiempo después de comenzar la obra apareció una lata que contenía 60 monedas de oro de Carlos IV y Fernando VII Se repartieron las monedas entre los cuatro y juraron silencio sobre el hallazgo. Dos de ellos volvieron a la casa y aún encontraron una bolsa con onzas y medias onzas. En el pueblo empezaron a darse cuenta de que las cuatro familias iban mejorando su posición. El dueño de la casa empezó a sospechar y puso una denuncia en la Guardia Civil. Los cuatro confesaron el robo y fueron condenados a prisión. El señor Francisco aún pudo recuperar 52 onzas y media, tras pagar los costes del juicio. |