Los vestigios más antiguos para Moncada, relacionados con el poblado ibérico del Tos Pelat, permiten suponer un posible asentamiento con posterioridad a la primera mitad del II milenio a. C.
En el termino moncadense se han reconocido en las denominadas Paretetes dels moros, en el Bordellet, así como en la partida del Pouaig, villas romanas que datan de los siglos II-IV d. C. demostración de la intensidad y carácter de la ocupación y explotación de nuestro territorio en aquella época. Dentro de estos vestigios, recordamos, ante todo, el valioso hallazgo, en el Pouaig, del Mosaico de las Nueva Musas, maravilla del arte suntuario romano, que representa a las nueve hermanas de Apolo provistas de los atributos de su dedicación.
El desconocimiento del poblado rural de época islámica en la comarca de l'Horta Nord es una triste realidad. Al margen de la Torre de Bufilla, al límite oeste de la comarca, nunca ha habido la más mínima oportunidad de documentar este tipo de hábitat. Sabemos, a través de la Crónica de Jaume I, que la alquería disponía grosso modo de un sistema defensivo consistente en una gran torre "de las mejores de toda la huerta "según la narración medieval, rodeada por un recinto amurallado no demasiado grande, el albacar, donde se refugió la gente en 1235 cuando es atacada por la Corte de Jaume I. Por otra parte encontramos la maqbara o cementerio, que se ha podido constatar arqueológicamente.
Uno de los datos más significativos -si no queremos decir de mayor transcendencia en la historia del pueblo es la de la ocupación de la torre y la alquería de Moncada por Jaume I. El rey cambia Moncada y Carpesa a la Orden del Temple por Ruzafa y otras propiedades. Con el dominio del Temple se llegó a una consolidación definitiva del repoblamiento por carta de población el 29 de mayo de 1248. A penas medio siglo duró el dominio del Temple. Moncada y su Bailía pasaron a la Orden de Santa María de Montesa.