Pueblos de España

Mensajes de LA HABA (Badajoz)

 Mensajes de LA HABA
Desde este punto de vista, se plantea una cuestión: ¿es cierto que los trabajadores en Cataluña poseen el control de las fábricas, una vez que los anarquistas han sindicalizado la producción? Para responder a esta cuestión solamente necesitamos subrayar unos pocos párrafos del folleto, ¿Qué es la C. N. T y la F. A. I.? (publicación oficial de ambas organizaciones).

"La dirección de las fábricas colectivizadas queda en manos de los consejos de fábrica, que son elegidos en la asamblea general de la fábrica. Los consejos están constituidos por un número que varía entre cinco y quince miembros. El periodo durante el cual ocuparán sus cargos será de dos años..."

"Los consejos de fabrica son responsables ante la asamblea plenaria de la empresa y ante el Consejo general de su rama industrial. Junto con el Consejo general de su rama industrial se encargan de llevar adelante la producción. Además, se encargan de las cuestiones referidas a los daños laborales, condiciones de trabajo, asistencia sanitaria, etc."

"Cada Consejo de fábrica elige un director. En las fábricas con más de 500 trabajadores, la elección ha de contar con la aprobación del Consejo de industria. Con la aprobación de los trabajadores, cada fábrica nombra un delegado del Consejo de la fábrica para el Consejo de Industria de la Generalitat. El consejo de fábrica rinde cuentas regularmente a la asamblea de fábrica y al Consejo de Industria sobre sus actividades y planes."

"En caso de incapacidad o rechazo del cumplimiento de las tareas asignadas, la asamblea de la fábrica o el Consejo de Industria pueden obligar a dimitir a los miembros del consejo de fábrica."

"Si un miembro del consejo de fábrica es obligado a dimitir por el Consejo de Industria (CI) contra la voluntad de los trabajadores, entonces éstos pueden apelar la decisión ante el CI de la Generalitat que toma una decisión después de haber oído el informe del Consejo Económico General Antifascista."

"El Consejo Económico General, que agrupa las diferentes ramas industriales, está formado por cuatro representantes de los consejos de fábrica, ocho representantes de los diferentes sindicatos (respetando la proporcionalidad de todos los grupos políticos) y cuatro técnicos. Estos últimos son nombrados por el Consejo Económico General Antifascista. Este consejo está encabezado por un miembro del Consejo de Industria de la Generalitat."

"El Consejo Económico General tiene las siguientes tareas: organizar la producción, evaluar los costes, eliminar la competencia entre las empresas, averiguar la demanda de los productos industriales, así como estudiar el mercado interior y exterior, evaluar la rentabilidad y consolidar las empresas, reorganizar los métodos de trabajo, controlar los precios, crear mercados centrales, adquirir medios de producción y materias primas, conceder créditos, crear laboratorios técnicos, realizar estadísticas de producción y consumo, reemplazar las materias primas extranjeras por productos autóctonos, etc."

No hace falta pensar mucho para darse cuenta de que estas propuestas dejan todas las funciones económicas en manos del Consejo Económico General [CEG]. Como hemos visto, el CEG está formado por ocho representantes de los sindicatos, cuatro del consejo económico general antifascista, en calidad de técnicos, y cuatro representantes de los consejos de fábrica. El CEG antifascista fue formado al comienzo de la revolución y está compuesto por representantes de los sindicatos y de la pequeña burguesía (Esquerra Republicana de Catalunya, etc.). Como representantes directos de los trabajadores solamente pueden contabilizarse los cuatro delegados de los consejos de fábrica. Hay que subrayar, además, que en caso de retirada de los representantes del comité de fábrica, la Consejería de Industria de la Generalitat y el Consejo Económico General antifascista tienen una influencia decisiva. El CEG puede destituir a los miembros de la oposición en el consejo contra lo cual los trabajadores pueden apelar al consejo de Industria, pero la capacidad de decisión queda en manos del CEG antifascista. Los consejos de fábrica organizan las condiciones de trabajo, pero son responsables no solamente ante los trabajadores en la fábrica, sino también ante el consejo de industria. El consejo de fábrica puede nombrar el director, pero para las grandes empresas se necesita el consentimiento del consejo de Industria de la Generalitat.

En resumen, puede afirmarse que en la actualidad los trabajadores tienen muy poco que decir acerca del control y organización de las fábricas. En realidad, los sindicatos gobiernan. Lo que esto significa los investigaremos a continuación.

A partir de los escasos hechos mencionados, no podemos compartir el entusiasmo de la C. N. T. acerca del "desarrollo social". "En las oficinas públicas late la vida de una verdadera revolución constructiva", escribe Rosselli en ¿Qué es la C. N. T y la F. A. I.? (pag. 38 y 39 de la edición alemana). Desde nuestro punto de vista, los latidos de una verdadera revolución no laten en las oficinas públicas sino en las fábricas. En las oficinas palpita el corazón de una vida diferente, la de la burocracia.

No criticamos los hechos. Los hechos, las realidades, están determinados por circunstancias y condiciones que están más allá del control de los grupos particulares; que los trabajadores de Cataluña no hayan constituido la dictadura de proletariado no es culpa suya. La razón principal hay que buscarla en la confusa situación internacional que pone a los trabajadores españoles en oposición al resto del mundo. En tales condiciones, es imposible para el proletariado español liberarse a sí mismo de su aliado pequeño-burgués. La revolución estaba sentenciada antes de que realmente comenzase.

No, no criticamos los hechos. Criticamos, por contra, a los anarquistas por confundir las condiciones existentes en Cataluña con el socialismo. Todos los que hablan a los trabajadores de socialismo en Cataluña, en parte porque así lo creen, en parte porque no quieren perder su influencia sobre los acontecimientos, impiden a los trabajadores ver lo que sucede realmente en España. No comprenden los principios revolucionarios y por eso hacen más difícil el desarrollo de una lucha revolucionaria.

Los trabajadores españoles no pueden luchar realmente contra la dirección de los sindicatos, ya que esto supondría el total colapso de los frentes militares. No tienen otra alternativa. Tienen que luchar contra los fascistas para salvar sus vidas, tienen que aceptar cualquier ayuda independientemente de donde venga. No se preguntan si el resultado de todo ello será el socialismo o el capitalismo; sólo saben que tienen que luchar hasta el fin. Solamente una pequeña parte del proletariado es conscientemente revolucionaria.

Mientras los sindicatos organicen la lucha militar, los trabajadores los apoyarán; que esto lleva a compromisos con la burguesía no puede negarse, y se considera como un mal necesario. La consigna de la C. N. T., "Primero la victoria sobre los fascistas y luego la revolución", expresa el sentimiento todavía predominante entre los militantes obreros. Pero este sentimiento también se puede explicar por el retraso general del país que no sólo hace posible, sino que fuerza al proletariado a compromisos con la burguesía. De ello se sigue, pues, que el carácter de la lucha revolucionaria está sometido a profundos cambios y, en vez de apuntar hacia el derrocamiento de la burguesía, lleva hacia la consolidación de un nuevo orden capitalista.
La clase obrera en España lucha no sólo contra la burguesía fascista, sino contra la burguesía de todo el mundo. Los países fascistas, Italia, Alemania, Portugal y Argentina, ayudan a los fascistas españoles en su lucha con todos los medios a su alcance. Este hecho por sí mismo imposibilita la victoria de la revolución en España. El enorme poder de los Estados enemigos es demasiado fuerte para el proletariado español. Si los fascistas españoles, con su enorme poder, no han conseguido vencer por ahora, y han sufrido derrotas militares en varios frentes, es a causa del suministro de armas modernas desde el extranjero para al gobierno antifascista. Mientras México, desde el comienzo, ha suministrado municiones y armas a pequeña escala, el apoyo de Rusia comenzó solamente después de cinco meses de guerra. La ayuda llegó después de que las tropas fascistas, equipadas con modernas armas italianas y alemanas, y contando además con todo tipo de ayuda por parte de los países fascistas, hicieran retroceder a las milicias antifascistas. Con ello, resultó la posibilidad de prolongar la lucha. Otra consecuencia fue que Alemania e Italia fueron obligadas a enviar aún más armas, e incluso tropas. De ahí que esos países tuvieran cada vez más influencia en la situación política. Ante ese desarrollo de los acontecimientos, Francia e Inglaterra, inquietas a causa de la relación con sus colonias, no podían permanecer indiferentes. A la luz de esos acontecimientos, la guerra española adquiere el carácter de un conflicto internacional entre las grandes potencias imperialistas que, abierta o solapadamente, participan en la guerra con el fin de preservar o de obtener nuevas posiciones de dominación. Ahora, los dos frentes que combaten en España cuentan con armamento y demás ayuda material. Ya no se puede prever cuándo y donde acabará esta guerra.

Mientras los trabajadores españoles se salvan gracias a la ayuda extranjera, simultáneamente se le da a la revolución el golpe definitivo. Las modernas armas extranjeras contribuyen a la batalla militar y, en consecuencia, el proletariado español se somete a los intereses imperialistas, en primer lugar, a los intereses rusos. Rusia no ayuda al gobierno español para avanzar en la revolución, sino para impedir la creciente influencia de los italianos y alemanes en el Mediterráneo. La detención de barcos rusos y el embargo de su carga indica claramente lo que Rusia puede esperar si permite la victoria de Italia y Alemania.

Rusia intenta hacerse fuerte en España. Indicaremos solamente de qué manera, como resultado de la presión rusa, los trabajadores españoles van perdiendo progresivamente su influencia sobre el desarrollo de los acontecimientos, cómo se disuelven los comités de milicias, se excluye al POUM del Gobierno y se ata las manos a la C. N. T.

En los meses transcurridos hasta ahora, en el frente de Aragón se les han negado las armas y las municiones al POUM y a la C. N. T. Esto demuestra que el poder del que depende la ayuda material antifascista a España, también controla la lucha de los trabajadores españoles. Estos pueden intentar librarse de la influencia rusa, pero no podrían prescindir de la ayuda rusa y, en última instancia, habrán de aceptar todas sus exigencias. Mientras los trabajadores de fuera de España no se rebelen contra su burguesía y, mediante su acción, contribuyan con una ayuda efectiva a la lucha revolucionaria de España, los trabajadores españoles tendrán que sacrificar sus objetivos socialistas.

La causa real de la derrota interna de la revolución española hay que buscarla en el hecho de que los trabajadores españoles dependen de la ayuda material de los países capitalistas (y, más concretamente, del capitalismo de Estado de Rusia). Si la revolución se extendiese sobre un área suficientemente amplia, si, por ejemplo, afectase a Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, entonces las cosas serían muy distintas. Sólo si se aplastase la contrarrevolución en las principales áreas industriales de Europa, como lo ha sido en Madrid, Cataluña y Asturias, se quebraría el poder de la burguesía fascista. Desde luego, las tropas de la guardia blanca supondrían una amenaza para la revolución en las zonas reaccionarias, pero no conseguirían derrotarla. Las tropas que no se basan en una industria relativamente importante pierden pronto su poder. Si se realizase la revolución proletaria en las áreas industriales más importantes de Europa, los trabajadores no dependerían de los poderes capitalistas extranjeros. El poder estaría en manos de los trabajadores. Por eso, una vez más, afirmarnos que la revolución proletaria solamente puede alcanzar la victoria si es internacional. Si queda reducida a una pequeña región será aplastada por las fuerzas armadas, o bien degenerará, utilizada por los intereses capitalistas. Si la revolución proletaria es suficientemente fuerte a escala internacional, entonces no deberá temer su degeneración hacia el capitalismo privado o de Estado. En el apartado siguiente, abordaremos las cuestiones que se nos plantearían en esas circunstancias.
A la espera de lo que digan las urnas de fin de año, el panorama previo a unas elecciones ha sido a unas elecciones generales tan movedizo, multicolor, embarrizado, sorprendente, convulso. La consulta que se celebrará en Cataluña el 27 de Septiembre plebiscitaria en la práctica, conducirá a un Parlamento en buena medida apartidista y, por tanto, difícilmente gobernable que reflejará con claridad el entusiasmo y, o el rechazo a la independencia.
En el último minuto, el gobierno derrocha promesas sin cuento. Son tantas y tantas variadas que hasta resultan ridículas. Busca conseguir una votación decente, como mínimo. Mientras, mantiene cara de póquer ante las nuevas inmundicias de la “operación Púnica” que afloran diariamente. El déficit de la Seguridad Social supera los 30.000 millones cuando el mantenimiento de las pensiones es la única alternativa vital para nueve millones de españoles.
Concluida su larga travesía del desierto, el Partido Socialista marca tendencia y Pedro Sánchez consolida su autoridad, pero el último escándalo de la concesión irregular de los derechos mineros de Aznalcóllar es la gota que colma el vaso de los desmanes de la Andalucía socialista.
Los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, apuntan varias grietas. Desde su desafío al bipartidismo, que anunciaba dar la vuelta completa a la tortilla, han quedado a complementos necesarios, eso sí, de los dos grandes partidos.
Por no hablar del escándalo Rato… ¿Fue alguna vez vicepresidente económico del Gobierno? Pero como grandes males requieren grandes remedios, los cabezas pensantes del Partido Popular estudian con febril dedicación un eventual cambio en la ley electoral, que garantizara el control de los partidos mayoritarios en el Parlamento español. Una movida de cuidado.
No sería de aplicación en las próximas elecciones generales, asegura la secretaria general, María Dolores de Cospedal. Pero el estudio está en marcha y se marcha y se concreta en dar un plus de escaños a la lista más votada, para coaliciones parlamentarias indeseadas. Algo que recuerda al interruptus proyecto de ley que buscaba el ayuntamiento la lista más votada. Para su puesta en práctica necesaría el apoyo del Partido Socialista, que no está en absoluto por la tarea, además de provocar un escándalo político mayúsculo: las reglas de juego no se pueden cambiar al final del partido.
Será mejor confiar en el creciente voluntad de participación, frente a este panorama movedizo, desconcertante. Y dejar en manos de la voluntad popular la forma popular de poner punto final al deterioro, y deterioro, y de encarar una nueva etapa. Al parecer, muchos de los que votaron en las municipales ya dieron a entender que querían “políticos/limpios/buenas personas”. Está claro.
Pues mira tú por donde, todo eso lo tengo leído, y hasta olvidado, y hasta repetido (pero veo que han borrado mi corta contestación). He incluso puede que lo haya vivido.
El estigma de la enfermedad mental
Una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida. En la gran mayoría de casos, la superará y en otros, si bien la enfermedad perdura, el paciente, con ayuda de familiares, amistades y profesionales, será capaz de afrontar su situación. También puede ser un proceso largo y doloroso, no sólo por la gravedad de su patología, sino por la imagen negativa que la sociedad posee de las personas con enfermedad mental. Gran parte del sufrimiento que padecen estas personas tiene su origen en el rechazo, la marginación y el desprecio social que tienen que soportar, y no en la enfermedad en sí misma.
La percepción social de la enfermedad mental está sesgada por el desconocimiento y la desinformación, e influye en el aislamiento de las personas que la padecen, haciéndoles creer que su enfermedad es una losa demasiado pesada de la que no podrán sobreponerse, y poniendo barreras a su recuperación. Nos referimos al estigma de la enfermedad mental, sustentado en prejuicios y causante de discriminación social, que se debe combatir por injusta, cruel y por no tener base científica.
El estigma social, basado en prejuicios y tópicos, impide la total recuperación del enfermo mental y le mantiene aislado en su enfermedad
La estigmatización es casi siempre inconsciente, basada en erróneas concepciones sociales, arraigadas en la percepción colectiva. Por ejemplo, que una persona con esquizofrenia es violenta e impredecible y no podrá nunca trabajar o vivir fuera de una institución ni tener una vida social. Que una persona con depresión es débil de carácter. Que no puede casarse ni tener hijos e hijas. Que la enfermedad mental no tiene esperanza de curación. Que es imposible ayudarle.
Y tiene diversas fuentes. Los vecinos que se sienten incómodos con estas personas, evitan cruzarse con ellas y desearían que en el edificio no hubiera gente así. Los empleadores que temen que estén siempre de baja y las relegan a funciones de menor responsabilidad. Los periodistas que reflejan las creencias erróneas de la sociedad, como parte de la sociedad que son, y las transmiten en sus informaciones. También los profesionales socio-sanitarios, incluidos los de salud mental, son fuente para la estigmatización cuando en la consulta ven sólo la patología y no a la persona. E incluso la propia familia, que por causa del estigma siente vergüenza y esconde la enfermedad, la niega y con ello también niega a la persona.
El estigma de la enfermedad mental viene heredado de siglos de incomprensión, de una mentalidad proclive a encerrar al loco y alejarlo en lugar de ayudarlo desde una perspectiva de salud e integración. Hace ya más de 20 años que se inició la reforma psiquiátrica, se desmantelaron los psiquiátricos y el loco pasó a ser un ciudadano. Pero desmantelar el estigma de la conciencia colectiva parece una tarea mucho más difícil. Las barreras de los antiguos manicomios han dejado paso a otros muros, invisibles, que mantienen el aislamiento e impiden la total recuperación de los pacientes, mediante prejuicios y tópicos que los encierran en su enfermedad.
El silencio que rodea a cualquier problema de salud mental forma parte del problema. Las enfermedades mentales están silenciadas, ausentes e invisibles. Están muy cercanas pese a que siguen siendo grandes desconocidas para la sociedad. La realidad es que una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida, y eso son muchas personas. Puede ser una amiga, un novio, un padre, una hermana o un compañero de trabajo. El 9% de la población española sufre una enfermedad mental. Estas cifras crecerán, en una tendencia común en el mundo occidental y con un elevado coste social y económico.
Las autoridades políticas y sanitarias han identificado el estigma como una parte sustancial del problema de las personas con enfermedad mental, en el afrontamiento de su recuperación. Y su erradicación se está convirtiendo en objetivo prioritario de intervención institucional; de la Organización Mundial de la Salud, de la Unión Europea, del Ministerio de Sanidad, que establecen la necesidad de una mejor concienciación de la población respecto a las enfermedades mentales y su posible tratamiento, así como el fomento de la integración de las personas afectadas mediante acciones de sensibilización. "Una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida. Reconócelo, la salud mental importa" es el eslogan de una campaña de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía.
Además de las campañas de sensibilización, la atención en la comunidad con servicios sanitarios y sociales de calidad, y sobre todo el contacto directo y en lugares normales de vida con las personas afectadas, parecen ser las estrategias más eficaces para luchar contra el estigma. Es necesario que nos cuestionemos la visión que poseemos de la enfermedad mental y nuestras actitudes con quienes la padecen. Tenemos múltiples barreras que superar. También hay mucho que ganar.

Publicado por Pedro González Martín 19/08/2015
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A lo largo de nuestra historia hemos tratado de forma especial a todos aquellos que eran diferentes a nosotros. Si bien algunos se han beneficiado en mayor o menor medida de nuestra empatía, otros han sufrido hasta lo más profundo de sus entrañas el desprecio y el rechazo del que somos capaces.
En nuestra sociedad actual (estemos en comunión o no con las ideas de Steven Pinker), hemos reducido mucho la violencia, de algún modo el conocimiento nos ha hecho más empáticos. Por eso me sorprende el gran desprecio que aún sufren muchos enfermos mentales, que probablemente sean los pacientes peor comprendidos de nuestra sociedad. Quizás se deba al hecho de que no hemos terminado de asumir que el dualismo cartesiano está superado, y no comprendemos cómo pueden existir enfermedades de la mente. Puede que también se deba al miedo, miedo al cambio, a perder la identidad, algo que en el fondo es muy similar al miedo a morir.
Referirnos a alguien con profundo desprecio como un “enfermo mental” es muy común, demasiado común. Referirnos con esa desconsideración un enfermo de SIDA, de cáncer, o leishmaniasis, por el hecho de estar afectados por una dolencia sería considerado como una crueldad, (con algunas excepciones, que la religión nos recuerda de vez en cuando). Incluso tratar con rechazo la enfermedad de Alzheimer, siendo como es una enfermedad mental, se saldría de lo común.
¿Por qué ocurre esto? Pues probablemente por desconocimiento y miedo. En el caso del Alzheimer, somos conscientes de que (normalmente) afecta a personas de edad avanzada, de que no es contagioso, y de que rara vez pueden ser peligroso para terceras personas. Estamos acostumbrados a ello, y lo clasificamos fácilmente. Pero, ¿qué hay de otros trastornos mentales?, de aquellos que no se identifican tan fácilmente, o que no tiene una etiología tan fácil de detectar*.
Despreciamos a las personas depresivas que parecen tenerlo todo en la vida, nos reímos de los tics nerviosos de los Tourette, hacemos programas humorísticos de televisión con deficientes mentales, y llenamos las cárceles de inadaptados sociales (en algunos casos TDHA, TPA, esquizofrénicos, etc.).
Facing Mental Illness (http://msw. usc. edu/) El caso de los esquizofrénicos acusados de cometer crímenes resulta particularmente interesante, es un lugar común de confrontación entre nuestra naturaleza como animales sociales, y nuestro conocimiento científico actual. Como un error del pavo inglés, somos animales sociales que buscan venganza/castigo (que solemos vestir de justicia), al tiempo que somos conscientes (tal vez por primera vez) de que todos somos susceptibles de cambiar, de que tocando el cerebro afectamos a la mente, y de que con el trastorno adecuado, todos podemos ser asesinos potenciales. Es el clásico problema del libre albedrío, en este caso enfrentado a nuestras reglas sociales, como los animales que somos. Si en un juicio por asesinato vemos que se plantea la posibilidad de que el imputado sea declarado enfermo mental, a la sociedad general le arden las entrañas, en apariencia deseosos de tener hoces y antorchas para hacer la “justicia” que los magistrados parecen no querer practicar.
Por supuesto, no creo que sea correcto asociar directamente las enfermedades mentales en general (o la esquizofrenia en particular), con los crímenes. No al menos sin hacer un previo razonamiento que los enlace, porque lo cierto es que las personas con enfermedades mentales graves suelen ser mucho más peligrosas consigo mismas que con los demás. Al menos entre los enfermos de clase social media o alta. Otro mundo es el de la pobreza, donde una enfermedad mental puede suponer una gran tragedia social. Encuentro que en EEUU un 31% de los llamados “sin hogar” tienen enfermedades mentales múltiples (me pregunto cuántos no han sido diagnosticados, y me fijo en ese “múltiples” para valorar la fracción).
Hay que recordar que actualmente la mayor parte de los crímenes son cometidos por individuos clínicamente sanos (aunque quizás esto cambie con el avance de la neurociencia).
También podríamos tratar de la difusa línea que separa a esa supuesta “normalidad” del trastorno mental, normalidad que probablemente no tenga nada que ver con la media poblacional. Existen puntos intermedios beneficiosos, muchas personas se han beneficiado al estar en esa posición, y nosotros de sus descubrimientos, inventos, relatos y obras de arte. Ser normal es muy aburrido, pero en el otro extremo hay gente que realmente lo pasa muy mal. Pero lo mejor es que os deje ya con el inspirador discurso de Elyn Saks, psicóloga de la USC, y esquizofrénica. Ella sabe de este tema mucho más que yo.
Aunque os quiero adelantar la conclusión; debemos cambiar nuestra forma de ver a los enfermos mentales.
*La etiología de algunos trastornos mentales comienza a esclarecerse, ejemplos como la enfermedad de Lyme, causada por una espiroqueta transmitida por garrapatas, o la aparente relación entre la toxoplasmosis (causada por un protozoo Toxoplasma gondii) y la esquizofrenia, podrían ser solo la punta del iceberg.
Os animo a que destruyáis algunos mitos leyendo y compartiendo este enlace (en inglés): ”Time toChange”.

Publicado por Pedro González Martín 19/08/2015
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pues nada, a ver si alguien se anima y escribe algo interesante sobre la "ESQUIZOFRENIA ESQUIZOTÍMICA".
Saludos a los que todavía estén de fiesta.
meseolvidaba: si no recuerdo mal, hoy se cumplen 65 años del asesinato de Lev Davidovich Bronstein.
interesantísimo el consejo ibérico de liberación de "AMAR ES PARA SIEMPRE" de atresmediaplayer.
Panaderos
Hola amigo Antonio "Leganes" ya he puesto la foto que nos hicimos junto al antiguo ayuntamiento, mira en las últimas fotos subidas y la veras, ha salido muy bien, bueno espero estes bien lo digo porque de vez en cuando hecho una miradita al foro y apenas veo comentarios tuyos últimamente, bueno al parecer hay nuevos foreros ¿noo? eso es bueno para que el foro crezca.
Bueno pues nada, hechale un vistazo a la foto, en cuanto al resto de foreros un saludo para todos, abrazos amigos Jabeños.
Pues habéis salido muy guapo los tres. Mi primo Leganés parece un viejo profesor del estilo ¡Arriba Azaña! No te conozco, pero también te mando un saludo entrañable y toda la suerte del mundo.

Voy a colgar un artículo y a ver si pasados los fastos veraniegos se va animando un poco el cotarro. Por cierto, muy críptico ese mensaje de: "Panaderos". Voy a poner yo otro: "Carpinteros".
OTRO PATO DE GOMA

Siempre fui un tibio defensor de la Transición política. Pero no se trataba de ser excesivamente quisquilloso cuando el país intentaba salir del tenebroso túnel de una dictadura que había durado cerca de 40 años. Entonces, yo era un adolescente que vivía en una gran urbe tomando la pulsión de un tiempo nuevo que abría un abanico de esperanzas. Mi distanciamiento vino después, cuando gozando ya de instituciones “plenamente democráticas” pude comprobar que ni siquiera en un estado de derecho un hombre es lo más parecido a otro hombre. Pasó el tiempo y seguía manteniendo cierta simpatía por las personas e instituciones que hicieron posible el cambio de la manera más pacífica posible; eran feos y pensaban, no como estos pijos recién duchados de Ciudadanos, que para acceder a la vagina abierta del poder sólo se les exige ser jóvenes y guapos. Lo que dice mucho de los asquerosos tiempos que nos ha tocado vivir.

La agitación social era importante, la vida está muy sobrevalorada, y yo en aquella época tenía muy poco que perder. A mí alrededor caían como moscas amigos y conocidos víctimas de la heroína y el sida. Aún recuerdo tristemente sus ojos de zombi despidiéndose tempranamente de la aventura. La situación me mantenía en alerta. Por el camino, tomé distancia de la lucha política y la irresponsabilidad de unos intelectuales que viciaron de manera torticera a la opinión pública, degradando unos valores que son irrenunciables porque en ellos se basan la igualdad y la convivencia cívica. Habían encontrado su lugar en el sol y se convirtieron en los peores burgueses. Fui perdiendo la identidad, la sensación de pertenencia a un país que con el turbulento paso de los años había ido laminando las expectativas de regeneración de la vida pública para dar forma y, sobre todo, fondo, a una clase política que arrumbada ya en sus diferentes vicios tribales despreciaba el factor humano y su desarrollo en favor de intereses partidistas y particulares. Unos trepas que tenían como meta dos objetivos: la conquista del poder y la riqueza personal.

Resulta realmente demoledor que gran parte de la población de nuestro país considere a los políticos unos “jetas” que están en la política para enriquecerse. Pero esto es así y no variará con la trillada falacia de que muchos de ellos ganarían más trabajando en sus respectivas profesiones, si es que las tienen. Bastaría con leer el libro de Daniel Montero “La Casta” para darse cuenta de que esa es otra gran mentira, porque hay muy pocas profesiones en las que se gane más que en la política profesional que, como las castas superiores del hinduismo, gozan de los mejores privilegios. Eso sin contar el goloso reclamo que brindan sus activas puertas giratorias; es el caso de los ex presidentes y el estatus del que disfrutan. Hoy, está claro que el artefacto de la Transición no sirvió para corregir los males endémicos de nuestro país. La Constitución que salió de aquel pacto fue cediendo autonomías a todo el territorio nacional con el fin de adelgazar los michelines de la administración central y de paso calmar los ánimos soberanistas de las mal llamadas nacionalidades históricas. No había que ser muy avispado para pronosticar que el resultado de aquel elaborado cisma no arrojaría el efecto deseado: se multiplicó la burocracia, afloraron las duplicidades, aumentó manera desorbitada el gasto público y, como era de esperar, los nacionalismos se mostraron insaciables con el objetivo único de esconder su nepotismo y corrupción. La reforma de la Constitución no variará el estado de las cosas, un texto que en 36 años sólo ha sido modificado en dos de sus artículos: derecho de los extranjeros a concurrir en los comicios municipales; y control del déficit.

La propuestas de reforma de la Constitución que proponen los partidos de la oposición: igualdad en derechos básicos o derechos fundamentales de la persona, prohibición de las amnistías fiscales, igualdad entre mujeres y hombres, eliminación de los aforamientos, reforma del senado, descentralización y despolitización de la justicia, control de cuentas, derecho a la autodeterminación de los pueblos, modelo de estado federal, etc., serán barridas por las primeras lluvias y engullidas por las cloacas del olvido, donde fueron a parar las lágrimas de todos aquellos que un día demandaban “democracia para todos” y se encontraron con la cruda realidad de “y riqueza para unos pocos”. No hay nada que ame más un político que sus privilegios sobre los demás mortales. De ahí que, esa hermosa y desdichada criatura llamada Constitución, parida entre canapés, el humo de los cigarrillos y el adusto mármol del Congreso, pronto acabara en el contenedor más cercano quedándonos sólo con la placenta: millones de españoles siguen sin tener trabajo y una vivienda digna, se sienten discriminados por la justicia y carecen de mecanismos legales pacíficos para derrocar a los gobiernos que, a través del incumplimiento sistemático de sus programas, les han estafado. Sería oportuno preguntar a todos los parados de qué les sirve estar bajo la rimbombante cobertura de esa norma suprema y cómo alivia eso el sufrimiento de los más necesitados.

Ser político es un chollo, un círculo elitista tan hermético y opaco como el Club Bilderberg, que da cobertura a unas 80.000 personas aunque no existe una sola institución u organismo que conozca el número exacto de políticos que cobran del Estado: jugosas pensiones vitalicias, aforamientos, mínimas retenciones, viajes y vacaciones a cargo de los presupuestos, sillón y sueldazo en el inútil Consejo de Estado, absentismo, comisiones, dietas, protocolos y complementos, gastos de representación, coches oficiales, aparatos electrónicos gratis total, despilfarro, incumplimiento del Código del Buen Gobierno, comunidades y ayuntamientos endeudados, enchufes, endogamia… ¡Joder! Si hasta las multas que impone la DGT a los políticos las pagamos de nuestros bolsillos. Y además, con recargo. Me llegan noticias de que en todas las cafeterías, plazas y parques solo se habla de la reforma de la Carta Magna, que en Caritas, en los albergues de acogida y en las colas de los centros de (des) empleo están brindando con cava porque por fin se va a abrir el melón de la reforma constitucional que va a paliar la miseria que preside nuestras vidas. España seguirá siendo el gran latifundio que es con o sin reforma de la Constitución, un instrumento estéril que cuenta con normas para preservar un cierto orden social pero no tiene en cuenta a las personas, otro pato de goma en la bañera de nuestro descontento, un debate inane que únicamente inflama la lascivia de cuatro mustios politólogos. La Constitución es un muro de papel con el que siempre se ha tratado de esconder las entrañas podridas de un sistema donde prevalecen los privilegios de los políticos sobre el bienestar y la dignidad del pueblo. Nuestras vidas no han estado regidas nunca por la Constitución sino por el infortunio de ser españoles y nacer pensando.
que bien me lo voy a pasar en la OKTOBERFEST de Calella: ¡20 DIAS!;
hale, espero que sigais las vacaciones de otra manera esperando la navidad;
desde aquí os imagino y veo capaces de imnovar:
SALUDOS,
Mu guenas tardes a casi to er mundo mundial. Encarecidamente comunico que he decidido finiquitar mis memorias por cuestiones formales y sustituirlas para compensaros con alguna que otra historia patriótica local (sincopyrai). Hoy se me ocurre la que le sucedió a las tantas de la madrugada después de que cerrara el último garito al personaje ¨URTAIN¨, gran muchacho, Damián por más señas QUE EN PAZ DESCANSE, dejando atrás el olivar de Pedro pinche en lo que hoy es por decirlo así "el building plomache". Iba tan tranquilito por medio de lo que parecía un lejío fumandóse el cigarro y yo que me lo vi venir encaramado a horcajadas en la pared del corral (es decir allí sentado pasando la borrachera). Cuando lo tengo unos metros por detrás sin que se hubiera percatado de nada le suelto un profundo y ronco ¡EEHHH!. Y allí tienes a mi Damián con una rapidez a lo Usain Bolt, girando y agachándose por una piedra cuando rompo a reir que se le quitó hasta el cabreo y tuvimos un ratito de charla

A pasar buenas noches.