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Me sitúo en la calle La Parra, y doy rienda suelta a los recuerdos de mi niñez. Primeros amigos, primeros juegos, los vecinos... Cuánta gente en la calle en aquellos años, (finales de lo cincuenta y principio de los sesenta más o menos) y como la emigración, fué cerrando las casas unas tras otra. En otros casos, los que se quedaron, se le fueron echando los años encima y, poco a poco, se fueron marchando definitivamente a ése destino final que nos espera a todos. Cuando voy al pueblo, si no me doy una pasada por ella, es como si no hubiera estado. Rara es la vez, que no psao por ella un par de veces por lo menos. Miro las puertas de las casas cerradas, y recuerdo sus antiguos moradores: Barriendo a las mujeres la puerta, llegando al atardecer montados en los burros a los hombres, sentados al fresco en las noches de verano a unos y otros, y mientras nosotros, (los críos) corríamos sin para arriba y para abajo. También recuerdo alguna radio en la que cantaba Antonio Molina, Juanito Valderrama o la Paquera de Jerez. Y las cigüeñas y cigüeños de la torre de la iglesia y la sombra fresca de sus casas, y las parras que en ella había que de ahí su nombre... Y tantas y tantas cosas. Fué mí infancia... La única Patria dicen... Saludos
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