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QUEREÑO
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basilio
Fecha: 04/01/2011
Hora: 0:19
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quereno

mi padre era de quereno i mi abuela llevo por muchos anos la cantina de la estacion se llamaba Pilar i mi padre se llamaba Basilio como llo i tengo unos recuerdos inolvidables de vacaciones en quereno con mi abuela i mis tios i primos mi padre era ferroviario i por una temporada trabajo en la aguada que son las torres de suministro de agua para el ferrocarril mi abuela i tia vivian en la pajera i mi tio Manolo vivia en el pueblo por lo que se mis primos todavia tienen una casa en el pueblo yo vivo en Glasgow en Escocia pero tengo muchas memorias de las fiestas de Quereno i su jente i aunque desde muy lejos nun ca me olvido del pueblo de mi padre mi abuela i mucha familia estan enterrados en quereno. estuve alli hace dos anos i lo encontre muy bonito i hasta me encontre con varias antiguas amistades que aun hoy viven en Quereno.
Basilio Gonzalez Perez

lolo
Fecha: 13/08/2011
Hora: 13:06
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quereño mi pueblo

Hola a todos: Yo nací en Quereño hace 48 años y ahora siento nostalgia y a la vez cariño por ese mi pueblo, porque fué mi infancia y adolescencia hasta los 22 años que mi padre se jubiló y nos fuimos a Ponferrada.
Me llamaban Lolo y soy hijo de Josefa y José, somos 9 hermanos, los López del barrio de Poblado de Quereño, que eramos hijos de empleados de ENDESA. Yo tenía amigos tanto de mi barrio como del barrio o pueblo auténtico de toda la vida que es el que quedaba al otro lado de la Estación de Ferrocarril de Quereño, habitantes del Pueblo como nos conociamos allí, ya que nosotros eramos del Poblado por las casas de la empresa de electricidad que llevaba el embalse y la producción eléctrica de Quereño, Peñarrubia (donde trabajó mi padre) y como no acordarme de mis amigos Lolo, Luis Alberto, Javier el de Prada, Andrés, Severino (hijo del panadero) y otros que ya no nos vemos y que aunque eran mayores que yo son amigos de mis hermanos mayores, puesto que somos 9 hermanos.
Quereño, para los que no lo conocen, es un pueblo pequeño de unos 320 habitantes, en el que en verano aumenta por llegada de visitantes familiares y fiestas, como en casi todos los pueblos, pero que tiene un encanto por su entorno que animaría a visitarlo, sobre todo su rio en el que nos bañabamos de pequeño y nos lo pasabamos muy bien. En verano había torneos de futbol contra otros pueblos como Puente domingo Florez (nuestros grandes rivales) y otros como Salas, San Pedro de Trones, Carucedo, etcc.. e ibamos a las fiestas de estos pueblos a pasarlo bien y a ligar.

Anónimo - 124273
Fecha: 13/08/2011
Hora: 23:14
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Recuerdo del pueblo de QUEREÑO

Soy nativo del pueblo de Yeres y tengo recuerdos allá por los años 50, que para acceder a Quereño y cruzar el rio Sil desde Puente de Domingo Flórez o viceversa, principalmente para coger el tren para ir a Ponferrada o cuando volvías a tu pueblo, si ibas andando o en bicicleta, se pasaba por el PUENTE COLGANTE y si se cruzaba en carro tirado por la vacas, se hacía en BARCA, que desde la orilla de la margen derecha con una soga era arrastrada por una persona, que era al mismo tiempo la encargada de cobrar el peaje de paso, que según recuerdo costaba 50 ctmos de peseta por persona, y con el carro no me acuerdo porque era normalmente mi abuelo el que pagaba. Quien no vió el Puente Colgante no se puede dar idea de lo peligroso que era cruzarlo, especialmente cuando hacía aire, pues se bamboleba hacia los lados que, tenías que agarrarte fuertemente a los cables laterales para no caer al rio. Pero bueno, son recuerdos del pasado. Me gustaría ver alguna foto del Puente, ya que al parecer Sandra dispone de ella. Un Saludo desde Yeres para Quereño

Juan Carlos
Fecha: 14/08/2011
Hora: 11:37
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Añoranzas del pasado

Me llamo Juan Carlos Blanco, y soy de Jaén, pero tengo mucha familia en Castroquilame, todos los años regresamos a este querido pueblo por vacaciones. Recuerdo que en mi infancia no habia coche para accceder a Castro, y despues de 48 horas de tren desde jaen a Quereño, teniamos que atravesar el rio en barca incluido el carro de vacas de mi tio Benjamin que nos recogia en la misma estacion de quereño, y nos trasladaba al pueblo, por un camino de tierra de mas de 8 kilometros, aunque parezca mentira recuerdo con cariño aquellos viajes, Hoy apenas si tardamos 7 horas en el mismo trayecto, Jaen-Castroquilame. Un saludo a todos los vecinos de Quereño,

María Rita Pousa
Fecha: 17/08/2011
Hora: 0:12
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leyendo los mensajes

Hola todos y todas: como dice nuestra hermosa presidenta Cristina que es descendiente de gallegos. Estoy como siempre trabajando en mis escritos y descanso leyendo los hermosos mensajes, de Quereños no he podido aún tener datos de mi familia paterna comprendo que es difícil ha pasado mucho tiempo. Les cuento algo que refería mi abuela Amparo. Decía que en Quereño había una feria cada tanto. Allí mi bisabuelo compraba cerdos que luego por navidad cuando la nieve estaba bien alta, faenaba y ahumaba para comer durante todo el año. Lo más gracioso era que tanto cuidaban esos cerdos que mi abuela que era chiquita los llevaba a bañar al río Sil, pero los muy chanchos al salir se volvían a revolcar entre los tréboles. Bueno un saludo desde el invierno argentino.

quinito
Fecha: 22/10/2011
Hora: 11:06
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Conocer Quereño
Respuesta al mensaje, enviado el 15/02/2010 a las 0:13 por María Rita Pousa:

Hola gente de Quereño: quisiera que alguien me cuente si saben algo de una familia: Herrero-Nuñez. Les cuento que experimenté una gran emoción cuando vi la foto de la estación porque allí llegaba la familia de mi abuela Amparo Herrero Nuñez hace cien años para comprar aceite y otras cosas que ellos no tenían en su pueblo muy cercano. Les cuento que ella vivió en Buenos Aires Argentina hasta los 101 años de edad. Siempre me contaba todo lo que ocurría en la aldea.
Un saludo afectuoso María Rita.

He visto todo lo que poneis de Quereño, todo está bien, yo nací en Rubiana, que es el Ayuntamiento al que pertenece Quereño, y también Cobas. Quereño tenia en aquellos tiempos hace 70 años, mucha importancia, los trenes en Quereño tomaban el agua los que venia de Galicia, todavia existia el puente colgante para pasar al Puente Domingo Flórez, es verdad que existia mercados, habia mucho vino, y castañas, todos recordamos a "los perniles" de Quereño. La estación tenia su importancia; hoy todo quedó en el olvido, pasan los trenes y no paran. Recordar siempre, que el pueblo principal es Rubiá en gallego y Rubiana en castellano, ese es vuestro Ayuntamiento, que puedo decir es muy importante. Saludos a todas esas personas que están por el mundo, fuera de raices; los que podais, volver a visitar los sitios de vuestros antepasados, es una experiencia inolvidable. Un saludo. Quinito.

Carlos
Fecha: 22/10/2011
Hora: 17:44
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quereno

Una pequeña precisión sobre los trenes que pasan por Quereño. Podría haber mejor servicio, pero de momento se detienen dos en cada sentido y afortunadamente dos de los convoyes son Media Distancia, un tren bastante moderno y cómodo con enchufes en los asientos y máquina expendedora de refrescos. Resumiendo, hay un regional por la madrugada a Vigo, otro regional por la tarde a Ponferrada y León, un MD por la mañana a Ponferrada y León y otro MD por la tarde que va a Ourense y Vigo.

María Rita Pousa
Fecha: 23/10/2011
Hora: 3:48
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Conocer Quereño
Respuesta al mensaje, enviado el 22/10/2011 a las 11:06 por quinito:

He visto todo lo que poneis de Quereño, todo está bien, yo nací en Rubiana, que es el Ayuntamiento al que pertenece Quereño, y también Cobas. Quereño tenia en aquellos tiempos hace 70 años, mucha importancia, los trenes en Quereño tomaban el agua los que venia de Galicia, todavia existia el puente colgante para pasar al Puente Domingo Flórez, es verdad que existia mercados, habia mucho vino, y castañas, todos recordamos a "los perniles" de Quereño. La estación tenia su importancia; hoy todo quedó...

Hola Quinito: Muchas Gracias por tu respuesta. Espero más adelante poder ir a visitar esos lugares que para mi son casi míticos. En esas ferias que vos me contás, decía la abuela que compraban los cerdos. Siempre veo el canal de Galicia y como disfrutan de las fiestas en los distintos pueblos me parece muy bien que aún se conserve el sentido comunitario. Aquí está avanzando la primavera y pronto viajaré a la Patagonia a un lugar que se llama Caleta Olivia a dar una conferencia. Tal vez suba unas fotos para Uds. Un saludo Rita.

María Rita Pousa
Fecha: 23/10/2011
Hora: 4:05
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Relato de José

Después de responderle a Quinito entré al foro, y tuve el placer de leer el relato de los profesores. Me encantó así que hay un argentino o hubo un argentino por allí?. Una descripción hermosa, transmitía todo el clima del lugar. Un saludo.

Marisa
Fecha: 04/12/2011
Hora: 19:42
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un cariñoso recuerdo

Hola: Yo conozco Quereño, y de este pueblo he conocido a la persona mas maravillosa del mundo, estoy hablando de TOÑA. Si, la mujer de Julio Nuñez, hermana de Seberino, Ferrete, Dario,,, (TOÑA) ha sido para mí y para muchas personas, creo que para todos los que hemos tenido el privilegio de tenerla cerca, la cara siempre bondadosa, alegre, positiva,,, siempre dispuesta a ayudar en lo que se necesitaba, recuerdo el comentario de un amigo de ambas a los pocos días de " marcharse " hablando del dolor de su perdida, me decia, (yo creo que por TOÑA no hace falta ni rezar) si ELLA no va derechita al CIELO no vamos nadie, hoy con mucha emoción y con todo el cariño que le he tenido, pues ha sido una madre para mi, les mando un abrazo a toda su família, en especial a Julito, Ana, Pedro y David y un saludo a todos los de Quereño. MARISA.

María Rita Pousa
Fecha: 21/12/2011
Hora: 22:16
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Feliz Navidad.

HOLA amigos de Quereño En Buenos Aires la Navidad se vino con todo hacen 35grados De todos modos ya armé el pesebre y nos preparamos para recibir la Noche Buena en familia. Este año voy a cocinar una empanada gallega con la receta que me dio Amparo. Les deseo paz y felicidad para estas fiestas. Un abrazo Rita.

Conde Waldstein
Fecha: 26/02/2012
Hora: 0:42
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quereno

José Ramón Muñiz Álvarez
MEMORIAS DEL SENDERO DE QUEREÑO
RECUERDO DEL PUENTE DE DOMINGO
FLÓREZ

Esta es la historia de dos profesores amigos de la
liebre y del ciervo, en las soledades del Puente de Domingo
Flórez, allá por el curso
2009-2010.

No suelen, en invierno, retrasarse los brillos del ocaso silencioso, cuando la tarde muere en lo lejano. Los cielos, encendiendo sus colores, enseñan en la altura esos bermejos que llenan de belleza la alta bóveda. No importa, sin embargo, que, a su antojo, desciendan los termómetros, pues siempre se puede caminar por las veredas. Y es bello caminar cuando la helada, tentada por eneros aburridos, regresa, cada noche a estos lugares. Los lunes suelen ser tan rutinarios como el manjar mezquino que les niegan los campos a las aves migratorias (difícil es amar las horas lánguidas del lunes miserable que condena los sueños del descanso del domingo). Resulta bello, en cambio, por la tarde, si suenan rumorosas las corrientes del Sil, al enlazar con el Cabrera. Y, al tiempo, en su fatal melancolía parece haber un halo de emociones que envuelve a los espíritus nostálgicos.
La noche se ha instalado, impertinente, mientras, buscando la estación, con paso lento, desciendo sin apuro al puente nuevo. Se eleva sobre el Sil, donde los árboles, se lanzan, despechados, a la altura, quién sabe si queriendo saludarme. Aquí, como las aves, soy vecino de sus follajes pardos, malheridos por la maldad callada de otro otoño. Y, ya en Galicia, escucho esos rumores, dejando atrás los puentes que cruzaron en otro tiempo viejos peregrinos.

Quereño tiene trenes, que no el Puente, sin tren, con carreteras comarcales dejadas al olvido de los mapas. Por eso vengo aquí, por eso espero, dejando atrás el Bierzo y La Cabrera, que llegue el tren que viene desde Vigo. Y Vigo está muy lejos: Pontevedra contempla el mar azul desde sus playas, románticas acaso, silenciosas. Y quedan solamente unos minutos para que el tren alcance esa parada que casi no es destino de ninguno. Por eso es bueno, acaso, entretenerse bebiendo un vino suave, si lo sirve Lucita, con sus risas inocentes. Lucita, vieja ya como los siglos, conserva la niñez en la mirada, mantiene la bondad dentro del pecho. Conversa amable con quien la visita, y escapa del terrible aburrimiento de tantas horas llenas de tristeza.
El bar es muy pequeño, mas se admira su gris rusticidad, su encanto humilde, muy propio de los bares que son tienda. Y junto al fuego alegre de la estufa, que siempre se agradece, porque hay frío, se escucha conversar a los oriundos. No es mucha la clientela que ella tiene, y algunos son amigos de la caza que beben unas copas en la barra. También está Fidel, el de San Pedro, que pasa largas horas con Lucita, y ancianos que prefieren la baraja. Y un hálito fugaz que me ha invadido parece haber colado en la memoria recuerdos que no pueden ser los míos: es como si pudiera descubrirme, perdido en otro siglo, rescatando momentos de una vida que no es mía. Y se oye el tren por fin, que, retrasado, se acerca a los andenes de Quereño, cuando, sin prisas cruzo yo la puerta.
El viento congelado por la helada fustiga sin piedad el pelo corto, la piel de la amplia frente y las orejas. El clima es interior, mas no muy seco, distinto de las tardes carreñenses, a las que estuve siempre acostumbrado. Acaso admiro, casi en la penumbra, bajar del tren a un tipo que sostiene una maleta enorme en una mano. Y entonces me saluda el argentino, con ese aire guasón, con picardía, feliz, dichoso, joven con sus años. El viejo profesor ha regresado tras un descanso largo, porque tiene que hacer media jornada solamente. Y empieza una aventura ya distinta, que no son ya momentos solitarios, al animar el alma las palabras.

En un rincón tal vez insospechado para dos profesores interinos, la vida se ha hecho hermosa, de repente. El pueblo, sin un cine ni un teatro, no ofrece distracción a quienes vienen para ganarse el pan con la enseñanza. Pero una magia mística nos llena, porque, con poco, puede ser dichoso quien sepa disfrutar de este paraje. Pensar que ya conozco estos villorrios de dos años atrás, cuando me vine para hacer mi trabajo en Ponferrada… Y ya fui amante entonces del paisaje, de los largos caminos de Quereño, de las desnudas tierras de Las Médulas. Era el final del curso, y César Gómez el compañero fiel de caminata, llegadas ya las cinco de la tarde.
Y, al fin, vamos camino de La Torre, donde vendrá la cena a nuestra mesa, pues se ha encargado liebre al cocinero. Mas antes, digo yo, será prudente tomarnos unos vinos en Los Arcos, el bar que tienen Carmen y Gustavo. (Mi amigo es un amante del Godello, que es vino que prefiere al Albariño, por más que tenga fama y muy buen nombre. El caso es consumir lo de la zona, pues tiene cada tierra cosas buenas que pueden encantar al forastero). La helada importa poco al que se atreve, y es grato congeniar con un amigo, si sabe de Carracci y Caravaggio. (También lo es criticar el tenebrismo mediocre de los lienzos de La Torre, de la que el vino bueno va menguando). La cena es generosa cada lunes, y la amistad no es menos generosa, para estos dos excéntricos tan lúcidos.

Lugar donde tomar vino del bueno, que suele ser un gusto cada tarde, Los Arcos es local muy concurrido. Las gentes suelen ir por las mañanas, y toman el café, ya a medio día, las gentes que regresan del trabajo. No es raro entretener allí las horas, y es casi obligación, cuando hay mercado, comer allí los callos, tras el pulpo. Se toma allí el Godello de colores dorados como el sol que, tras la niebla, levanta su belleza con el alba. Y no faltan los tintos, favoritos de grandes bebedores, que no faltan en la región del Bierzo y La Cabrera. Sentados a la mesa discutimos mi amigo y yo del arte de estos tiempos, pues él defiende la pintura abstracta. A veces, opiniones de política parecen enfrentar a quienes sólo discuten por ser esto una terapia. Solemos defender puntos de vista contrarios por pinchar, por buscar algo que dé pie a discusiones encendidas. También dudo si es útil la lectura de tanta actualidad, pues los periódicos se mofan del lector con sus engaños.
A veces recordamos ese martes maldito en que, perdidos, ya a la noche, buscábamos la casa de Socorro. Socorro es ya mayor y viene al Puente con regularidad a hacer sus compras, mas vive en el Villar, tierra de Orense. Un viernes coincidió que en la parada del autocar mi amigo habló con ella, pensando si comprarle algún cordero. Le dio su dirección, y, caminando, subimos al Villar, desde Quereño, por una cuesta acaso interminable. Porque el Villar está mucho más lejos de lo que imaginó mi amigo Carlos, y así cayó la noche, sorprendiéndonos. Y Carlos, como siempre asustadizo, me dice que la noche es peligrosa, temiendo que aparezcan los “currunchos”. Así llama mi amigo el argentino (de ancestros catalanes y gallegos), al bravo jabalí que anda los montes. E insisto muchas veces en que Eugenio, que, amable, nos mostró el largo camino, no tiene culpa del desaguisado. Y no hay temor alguno si se canta, por más que algún anciano se sorprenda, que Andrés se sabe todo el romancero. Gustavo es más callado, pero Carmen nos da conversación constantemente, cuando nos colocamos en la barra.

Las horas pasan casi inadvertidas y es hora de cenar, porque en La Torre los lunes es frecuente que vayamos. Llegar pronto a La Torre es un pretexto para un vinillo más, y nos lo sirve, risueño y amigable, el viejo Berto. Allí están el sargento, el indio quichua, Simón, de convicciones peronistas, e xentes que nos falan en galego. Carliños sabe bien falar a lingua, que mezcla al catalán y a un castellano que tiene fuerte acento bonaerense. Y el fútbol, tema siempre socorrido, se instala sin pudor después del arte, la música, las letras, la poesía. Tomamos ya un Mencía, preparando la tripa para el tinto que acompaña las cenas, rebajado con gaseosa. Después queda sentarse ante la mesa del comedor que aguarda, iluminado, la entrada de corrientes comensales. El indio ecuatoriano cena solo, mas, al estar nosotros, se nos une, nos cuenta sus miserias y alegrías.
El tiempo de la cena es oportuno para soñar proyectos ilusorios que pueden ser verdad un día cualquiera. Y Carlos, que es galaico, nos seduce con tradiciones propias de un galaico, pues quiere organizar una queimada. La cosa queda para primavera, y, al tiempo, retomando viejos temas, hablamos del trabajo y los muchachos. Algunos pueden ser más aplicados, por norma general hacen lo justo, sin merecer siquiera el suficiente. La cena no se acaba con los postres, que suelen ser variados, pero suelen servirnos un helado cada lunes. Después llega el café, y, sabiendo a pouco, tomamos “cuturrús”, que es un brebaje que suele degustarse en la comarca. Y luego, tras la cháchara dichosa que ya es ritual aquí con los que alternan, volvemos al camino de Quereño.
Quereño, ya en Rubiá, porque es Orense, conoce nuestro vicio por los cantos y sabe bien de nuestros repertorios. Y Alicia sigue siendo esa muchacha perdida en las ciudades cristalinas del arquitecto extraño de los sueños, al tiempo que cantamos los fragmentos de aquellas operetas olvidadas que, un siglo atrás, gustaban en Europa. Oroza, “Las campanas de la muerte”, “La barca que se mece allá en la ría”, se mezclan, se recitan y se cantan. La charla seguirá con el camino, llegando hasta la ermita de Sobredo, mirando las farolas de San Pedro. Y nos saluda Salas a la vera del Sil, un viejo amigo, a nuestros ojos, que sabe conocer nuestros espíritus.

2010-2011 © José Ramón Muñiz Álvarez

Conde Waldstein
Fecha: 26/02/2012
Hora: 2:57
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Sendero de Quereño-Carlos Emilio González Rimada

José Ramón Muñiz Álvarez
“MEMORIAS DE LAS TARDES DE NEVADA”
(Recuerdo de una tarde del
invierno)

http://jrma1987. blogspot. com

–Qué bella es la mañana cuando llega–, se dijo al ver la luz, tras los cristales.
Mirar tras la ventana, al levantarse, quizás era ya un hábito corriente. Movió al fin la cortina, y, reflexivo, tomó los libros y salió de casa. El alba bostezaba en lo lejano, y, abriendo paso al sol débil y triste, mostraba sus dorados melancólicos. Diciembre viene siempre con los hielos y la tardanza propia de la aurora, que menos tarda en julio y en agosto.
–Qué bella es la mañana cuando llega–, se dijo al caminar las viejas calles.
Notó al cerrar la puerta, ya en la calle, que no era mucho el frío de otras veces, pues suelen las heladas ser intensas en este rincón bello junto al Bierzo. Y vio, mirando al cielo, aquella mota, tan frágil en el aire, casi un copo, sujeto de la mano de la brisa. El Bierzo es un lugar donde las nieves no suelen abundar como en los montes, subiendo por el curso del Cabrera.
–Qué bella es la mañana cuando llega–, se dijo al tomar rumbo al instituto.
Quitó los guantes, siempre necesarios, camino ya del centro de enseñanza, sabiendo que los grados bajo cero no habrían de atacar con su cuchillo. Y, entonces, sorprendido, vio, en el aire, volar, como pavesa de silencio, de nuevo aquellas motas danzarinas. Y pudo comprender que, a su capricho, la nieve rompe el frío de la escarcha que suelen las heladas impasibles.
–Qué bellas son las nieves cuando vienen–, le oyeron murmurar viejos senderos. Y, haciendo su camino comúnmente, entró por fin, frotándose las manos, y a Loli saludó con su sonrisa, diciéndole que pronto nevaría. Los más madrugadores ya ocupaban su silla ante la mesa de la sala, minutos antes de empezar las clases. Y el cielo, más oscuro, de repente, dejó que las nevadas derramasen sus mantos por los campos de la villa.
–Quedamos esta tarde a ver el fútbol–, le susurró Rimada por lo bajo.
El Puente es un lugar aislado y triste, y, aquí, los profesores se aburrían, no habiendo cines, solo cuatro bares donde tomar acaso algo de vino. Y el cielo, casi negro, derramaba las sábanas de hielo por los suelo, mudando los paisajes y sus tonos. Los jóvenes alumnos modelaban esferas imperfectas con la nieve para formar extraños proyectiles.
–Quedamos en el Thais sobre las cuatro–, propuso Carlos al marcharse a casa.
Esteban, un alumno serio y tímido se vio atacado entonces por Rimada, que le lanzó una bola tras el cuello, dejando sorprendido al buen muchacho. Mas este, al no ser tonto, decidido, correspondió al ataque belicista, lanzándole otra bola en plena frente. Después de algunas risas se marcharon, que el hambre aprieta siempre los estómagos, después de tantas horas en el centro. Y no quiso cesar la nieve hermosa, formando sus tejidos por los prados.
A veces, las durezas del invierno se tornan como un beso en plena boca, dejando su regusto tan extraño, que mezcla la alegría y la tristeza. La escarcha de la helada también tiene sus ecos de belleza, tornando en cristal blanco cada hierba. Las lluvias, al rozar las cristaleras, también prometen blandas emociones que traen ternura y calma a los espíritus.
No suelen, por lo pobre de la zona, quedarse aquí a vivir los profesores. Lo usual es que se alquile en Ponferrada la casa de otras gentes que se han ido, que viven en España o en otra parte y alquilan sus viviendas entre tanto. De todos modos, en aquellos tiempos quedaron en el pueblo algunos pocos, cansados de una vida tan monótona. Por eso esta reunión era importante, y allí fueron, sin falta, a ver el fútbol, los cuatro profesores de que hablamos.
El Thais está en la zona más moderna del Puente, que es la zona con más vida. Allí toman café los profesores al tiempo del recreo, si no hay guardias, o en esas horas que, entre y clase y clase, se puede escapar uno a tomar algo.
Así, José Ramón salió de casa, llevando su paraguas en la diestra y habiendo de pisar con gran cuidado. Las nieves son, a veces, traicioneras y siempre patinar es grave riesgo, pisando las aceras o el asfalto. Y fue al llegar al Thais cuando, no lejos, halló un grupo de alumnos con sus chanzas. Gozaban del placer de ese regalo que suelen ser las nieves, un juguete que en manos de unos niños se hace magia, teniendo algo especial cuando se toca.
No estaba ya nevando para entonces y el agua de la nieve derretida formaba en el camino sus arroyos. Volvió a salir del bar y dio una vuelta, mirando aquellos montes, la apariencia de aquellas sierras altas y elevadas. Y al fin llegó Manuel, que alzó la mano:
– ¿Pero es que no han venido todavía?
Y fueron hasta el Thais a tomar algo, tras ver que los demás tardaban mucho.
–Nos queda poco ya para el partido–, llegó a decir Manuel con impaciencia, sin sospechar, acaso, que su amigo jamás tuvo pasión por el deporte.
Y luego ya llegaron los dos Carlos, envueltos en abrigos y con gorra, por eso de las nieves y los vientos. Mas, dentro del local no hacía frío, pues bien ardió la estufa aquella tarde de nieves hechizadas de belleza.
–Qué bellas son las tardes cuando nieva–, pensó José Ramón, mirando fuera. Las tardes de diciembre duran poco y ya parece noche hacia las cinco, mas las farolas viejas de la calle mostraban gruesos copos en descenso.
–Qué bellas son las nieves en el aire–, se dijo, ajeno a las conversaciones de aquel partido insulso y de las voces.
Las gentes pasionales daban gritos tal vez por algún gol lanzado a puerta que no llegó a lograrse finalmente. Mas solo fue un momento de despiste, que no falta la cháchara si hay gente. Y suele la bebida alzar los ánimos, romper la timidez de los más tímidos y hacer hablar a los que son prudentes o tienen un carácter aburrido. Pues no faltaba vino y carajillos en un tiempo anterior a los recortes a los que los políticos son dados. Beber con los amigos es dichoso y en un pueblo pequeño sin más vida se vuelve un lujo casi imprescindible.
Rimada se atrevió con un partido, retando a los pupilos de aquel año, que el viejo futbolín allí aguardaba. Escéptico, Ramón, que es más distante, lo vio marchar risueño con los chicos y unirse a sus jolgorios juveniles. Manuel y el otro Carlos lo animaron, mientras José Ramón, tras los cristales, miraba aquella nieve, ya más densa. Y pronto sintió ganas de ir al baño, donde aliviar, sereno, sus tensiones: después de haber bebido algunas copas, es siempre aconsejable esta costumbre, que nada reprochable nos parece.
Y el caso es que, al salir, halló a Rimada, vencido, derrotado sobre el suelo, tras un golpe al azar, culpa de Esteban, que, si hemos de ser justos, nunca quiso mancar al profesor que enseña plástica. Pendiente de su profe, suspiraba, temiendo haber causado, sin quererlo, un daño irreparable al enseñante. Los otros apartaron a los chicos que se arremolinaban junto al hombre que, echado sobre el suelo, musitaba que le faltaba acaso un leve soplo de oxígeno llenando los pulmones. Mas pudo respirar, y, tras un rato, ya estaba alegremente con el fútbol.
Las almas argentinas son extrañas. Lo comentó Joserra muy prudente, sabiendo que Rimada es, por su origen, gallego, catalán y americano. Habló de sus parientes de Argentina, su gusto por el fútbol más violento y el vicio de ir al campo con paraguas:
–Allí el deporte es fiesta y es violencia–, aseguró risueño y con su fino carácter el genial Carlos Emilio.
Después, Carlos Abad, el otro Carlos, habló de cómo hacer un alambique y fabricar cervezas con carácter, y prometió una cata a los presentes.
–Te tomo la palabra–, le decía Manuel a Carlos, socarrón, a veces.
Y, al fin, cesó la nieve y se hizo tarde, y, al irse, caminaron las aceras, cubiertas por las capas de las nieves escasas todavía, barruntando mayores espesores y más hielo para el siguiente día, cuando, acaso, los niños de transporte no pudieran venir desde los pueblos porque el tiempo lo quiso así, feliz como los niños que juegan a los dados en la calle.
Cercanas ya las fiestas navideñas, era un primor la villa entre las sombras tomadas por el hielo blanquecino. Por eso, en vez de regresar y hacer la cena, quisieron posponer la vuelta a casa y fueron a Los Arcos, donde Carmen atiende bien a toda su clientela. Dudaron si tomar un carajillo, mas fue José Ramón quien, con ingenio, los supo convencer, al proponerles, tomar un irlandés, que más entona. Haciendo pues camino, entretuvieron la charla con alegres disparates y chistes de lo más desenfadado. Pero la nieve se hace traicionera. Por eso, tras un golpe, el buen Rimada, sufrió otro contratiempo, patinando.
Optaron por llevarlo a ver al médico, no lejos de la vieja biblioteca, que está donde el Ayuntamiento nuevo. Pasaron solamente unos minutos y vino para verlo la doctora. Por suerte no fue nada y continuaron. Y, haciéndose unas fotos en la calle, pasaron luego a la cafetería, tomaron irlandés y discutieron como es común hablar con los amigos de la niñez más tierna y más profunda, si bien eran recientes conocidos.
Después, ya tras la cena, cada copo volvió a poblar el aire, entre las sombras.

2011 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Memorias de las tardes de nevada”
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josefi
Fecha: 28/02/2012
Hora: 15:24
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Busqueda de familiares

yo busco alguien de la familia delseñor Manuel Iglesias Gutierez (mi abuelo) que segun partida de naciemiento que ya poseo dice fue registrado en registro civil de satiago de las caldas y que su padre refiere ser natural de Ourense, su padre se llamaba Bernardo Iglesias y su madre se llamaba Francisca Gutierrez y segun informaciones de mi padre el cual es hijo del señor Manuel Y Francisca tenia mas de 8 hermanos, asi que deben quedar unos cuantos primos por alla, agradezco de antemano alguna informacion al respeto y tendre en cuenta la direccion que me envia lo que desde aqui se hace mas dificil, gracias, Marbelis Iglesias

ana
Fecha: 24/05/2012
Hora: 19:26
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quereño mi pueblo
Respuesta al mensaje, enviado el 13/08/2011 a las 13:06 por lolo:

Hola a todos: Yo nací en Quereño hace 48 años y ahora siento nostalgia y a la vez cariño por ese mi pueblo, porque fué mi infancia y adolescencia hasta los 22 años que mi padre se jubiló y nos fuimos a Ponferrada.
Me llamaban Lolo y soy hijo de Josefa y José, somos 9 hermanos, los López del barrio de Poblado de Quereño, que eramos hijos de empleados de ENDESA. Yo tenía amigos tanto de mi barrio como del barrio o pueblo auténtico de toda la vida que es el que quedaba al otro lado de la Estación...

Hola Lolo, soy Anabel del poblado. La hija de Pepín y de Isabelita. La que fue amiga de tu hermana Toñi. Espero que esteis bien, me ha hecho mucha ilusión encontrarte. Te mando este mensaje porque en Quereño se esta organizando una gran quedada de los niños de Quereño, para este verano a través del Facebook en Veranos en Quereño y sería genial contar contigo y tus hermanos. Un beso muy fuerte.




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