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PERALTA (Navarra)
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Habitantes: 6.140  Altitud: 292 m.  Gentilicio: Peraltés 
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Información general sobre PERALTA
Situación:

Municipio situado en la Ribera de Navarra flanqueado por un lado por el río Arga y por otro por la sierra a la que da nombre: la Sierra de Peralta.

Ayuntamiento:

UPI 7 concejales, UPN 5, PSN 1

Monumentos:

Escultura de hormigón.

Atalaya.

Casa Consistorial.

Basílica de San Miguel.

Parroquia vieja de San Juan Evangelista.

Ermitas.

El puente viejo.

Arquitectura civil.

Fiestas:

Vírgen de Nieva, en Septiembre.

San Blas, en Febrero.

Costumbres:

Devoción a la Virgen.

No sabemos exactamente el año de la presencia de la Virgen de Nieva entre nosotros. Lo que si sabemos, a ciencia cierta, es que en el año 1700 se celebró por vez primera su fiesta en el Domingo siguiente al 8 de Septiembre.

Un pastor, llamado Pedro Amador, que llevaba cada día a pastar su rebaño al pizarral fue testigo singular de un acontecimiento que tuvo lugar en el año 1392 en la localidad de Nieva (Segovia): la aparición de la Virgen de Nieva conocida como Virgen de Soterraña al haber sido encontrada bajo tierra. Una imagen que había sido enterrada en tiempos de la invasión de los moros, en medio de cánticos y oraciones, volvía de nuevo a ver la luz del día, a sentir el amor y súplica de su pueblo. Sobre el lugar del prodigioso descubrimiento se edificó un pequeño templo que, gracias a la reina castellana Leonor de Lancaster daría lugar a una gran basílica a la par que la noticia de su milagrosa aparición se extendía por todo Castilla.

Precisamente este templo, en el año 1441, acogió los restos de nuestra reina de navarra Blanca, hija de Carlos III, esposa de Juan II y madre del Príncipe de Viana. La reina falleció cuando asistía en romería al santuario tras la boda de su hija Blanca con Enrique IV de Castilla. Una Reina, Blanca de Navarra, que a buen seguro pernoctaba en nuestra Villa de Peralta cuando iba camino del Reino de Castilla. Años más tarde en este lugar se establecieron los dominicos que fueron los que propagaron la devoción a la Virgen de Nieva fuera de Castilla.

Inicio de su devoción en Peralta.

No consta en el Archivo la fecha en la que su imagen llegó hasta nosotros, pero existe un documento del año 1700 en donde se narra lo siguiente: "quedando el Cabildo... se omita dicha procesión (San Nicolás de Bari), y en su recompensa se constituie dicho Cabildo en hacer otra en el día en que se celebrare la festa de nuestra Señora bajo la advocación de Nieva, que suele ser en el Domingo infraoctavo de la Natividad de la Virgen, día de su dulce nombre; o quando está impedido este, en el mismo día de su otra gloriosa Natividad [...] queda a cargo del Cabildo el cantar la salve a nuestra Señora después de vísperas o maitines todos los Sábados del año, y los deías vísperas de las cinco festividades principales de nuestra Señora, como lo ha hecho asta aquí, y además cantará la salve al anochecer en la víspera del día en que se celebre la festa baxo el título de Nieva."

A partir de entonces, la Virgen de Nieva compartiría el afecto que los peralteses tributaban a la que entonces era su patrona, la Virgen del Pero, cuya ermita estaba situada al otro lado del puente. Tal fue el impacto de su llegada hasta Peralta que años después incluso el retablo mayor de la Parroquia hubo de reservar su parte central para una gran hornacina donde cobijar y venerar a la nueva advocación e imagen de la Virgen: en su brazo izquierdo tiene a su divino hijo y en su mano derecha empuñando un rayo para que no hiera a quien a ella implore. Como dato curioso decir que la Virgen de Nieva fue posiblemente llevada hasta el Santuario de la Virgen de Nieva para que su cabeza y manos fueran tocadas por la original.

No resulta difícil intuir ni volver nuestro pensamiento al Peralta de aquellos años donde los cultivos estaban a merced de las tormentas que causaban no solamente daños materiales sino, incluso, fallecimientos. Tal vez fue la fama de esta Virgen "protectora contra rayos y centellas" lo que hizo que comenzase a fraguar al igual que en otros tantos pueblos de Navarra la devoción a la Virgen de Nieva.

Historia:

Dos milenios a sus espaldas.

Su nombre, "Petra Alta" o "Petralta", nos remonta a su primitiva localización en lo alto de sierra en donde encontramos las restos más antiguos de la localidad. Más adelante constituyó el punto de apoyo de uno de los distritos político-militares o de "tenencias" del reino.

En premio a su fidelidad ante una ofensiva de Alfonso VII de Castilla, el rey García Ramírez otorgó en 1.144 diversos privilegios a los pobladores del lugar. Aunque el fuero no alteraba la condición social de los vecinos, suponía el reconocimiento de un ámbito jurisdiccional común a todos ellos, con alcalde propio y un heterogéneo compendio de normas que provenían de un derecho consuetudinario local. Carlos II recompensó los servicios prestados por los peralteses en la guerra con Castilla (1.378), cuando tras resistir el asedio salieron a recobrar la plaza de Funes, en poder castellano. El monarca les autorizó a compartir los yerbazgos de los términos de Funes y Villanueva.

Años más tarde, Carlos III atribuyó al consejo de Peralta competencias para castigar hurtos menores e incluyó la villa y sus rentas en el principado de Viena.

En 1.412 se hace la reparación del puente que hoy es elemento característico del conjunto urbano.

En 1.423 Peralta es señorío del Príncipe Don Carlos y luego pasa a serlo de Mosén Pierres de Peralta y luego de su hijo de igual nombre.

En 1.430, los reyes Blanca y Juan II donaron la villa a Mosén Pierres de Peralta, por sus servicios en las negociaciones con los reyes de Castilla y Aragón, convirtiéndose así en señorío nobiliario y en uno de los baluartes de la facción agramontesa.

En 1.469 se alzó en armas Mosén Pierres con éste y otros castillos para oponerse al acuerdo de paz suscrito por la princesa Leonor y los beaumonteses, siendo sitiado por las tropas de la princesa. En 1473, la propia princesa doña Leonor le concedió un día de mercado el primer lunes de cada mes, privilegio que sancionaron sucesivamente el rey don Francisco Febo y Fernando el Católico.

Con Alonso Carrillo de Peralta el señorío recayó en los marqueses de Falces en el año 1.513. El Gobierno Político residía en un ayuntamiento conpuesto por un alcalde, nombrado por el marqués de Falces del estado general de labradores y cuatro regidores -tres del estado noble y uno del general - sorteados anualmente de sus respectivas bolsas. Peralta padeció malas horas en la guerra con Castilla y en recompesa al valor de los vecinos, se les concedió una feria franca de doce días al año, que había de comenzar el 27 de abril.

Durante el siglo XVII lo único que preocupaba al "pobre peraltés" es que no salían de una crisis continua a nivel de subsistencia. Los precios se hundieron y el mal tiempo causó auténticas catástrofes. Aquéllos hombres se pasaban gran parte de su vida mirando al cielo con temor o esperanza. Su medio de existencia era exclusivamente la tierra. Dependían en absoluto del clima. Un año de mal tiempo podía desencadenar una gran mortandad. A esto hay que añadir que prácticamente no existían los transportes y era nulo el almacenamiento. Su forma se pensamiento era eminentemente religiosa. El hombre de aquélla época se distinguía por su religiosidad. Estaba preocupado de una manera extraordinaria por el fin de sus días.

La desaparición de las villas de señorio en la primera mitad del siglo XIX y las reformas de la administración local de 1835-1845 lo convirtieron en un ayuntamiento de régimen común. En el siglo XVII se dice que Peralta tenía 400 vecinos con parroquia, convento de capuchinos, hospital, cinco ermitas y dos hermosos puentes. En 1802 se le dan 500 casas y 2.770 habitantes y se hace énfasis en la producción del vino. Se señala la existencia del puente de piedra de once arcos y del de ladrillo con nueve, llamado "puente chico".

Hasta finales del siglo XVIII Peralta conservó bastantes de los rasgos que reflejan los documentos del medievo. En 1888 la población había llegado a 3.560 y el núcleo urbano estaba constituido por tres partes esenciales: una pegada a la roca, con 19 cuevas, de la parte alta bajan 3 calles estrechas y escalonadas con casas de dos pisos por lo general, a calles más anchas y largas que arrancan de las orillas del río. No faltan las grandes casas de ladrillo con arcadas en la parte superior; balcones y rejas más abajo, lo dominan todo la esbelta torre de ladrillo, con remate barroco.

El siglo XIX supuso para Peralta la pérdida sistemática de la práctica totalidad de sus bienes comunales. Primero la guerra de Independencia y después las guerras carlistas provocaron que los distintos ayuntamientos llevasen a cabo la venta de la mayor parte de las corralizas y de los sotos que en el pueblo poseía con el fin de hacer frente a los cuantiosos impuestos que el municipio recibía. Ello provocó, junto con la aparición de las sucesivas epidemias de cólera, momentos verdaderamente agónicos para al mayor parte de la población. Ésta, compuesta casi en su totalidad por jornaleros y pequeños propietarios, se vio afectada directamente por esas ventas y las sucesivas crisis agrarias que se produjeron en ese siglo.

Durante la guerra de la Independencia, las tropas francesas estuvieron acantonadas en Peralta, suprimieron el convento de Capuchinos y lo convirtieron en cuartel para sus tropas. Durante la primera guerra Carlista, la localidad soportó el paso y el estacionamiento de tropas isabelinas, así como el ataque a las fortificaciones por parte de las tropas carlistas. Lo mismo, sucedió años después en la tercera guerra carlista. Llegamos al siglo XX y con la desigualdad ante los medios de producción como nota predominante. Las roturaciones de principios de siglo, la creciente especialización y tecnificación, así como una clara orientación hacia una economía industrial han sido la tónica en los últimos años.

Turismo:

Atalaya

La Atalaya medieval de Peralta, situada en la parte alta del municipio, ha sido condicionada como parque cultural, ya que se conservan vestigios de indudable interés, no sólo por tratarse de un conjunto homogéneo y de cronología temprana, sino porque nos dá una idea de como estaban situados los principales elementos de esta ciudadela en la mitad del siglo décimo.

Hasta ella se puede acceder a través de un recorrido balizado y señalado desde el centro de la localidad. Las mejoras en la zona incluyen la instalación de mobiliario urbano en las cercanias de las ruinas.

El paseo comienza junto al cementerio para tomar un camino que asciende hasta las cotas más altas dejando a la izquierda el pico del Águila. Desde ahí nos encaminaremos hacia el poblamiento de la antigua Peralta donde podremos contemplar el Portil de Lobos, un poco más adelante las Puerta Falsa, el Pozo de los Moros, la ermita de Santa Lucía y finalmente se alcanza el antiguo castillo medieval de la Atalaya desde donde se puede contemplar la éxplendida panorámica.

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