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Foro de PITILLAS (Navarra)
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Fecha: 03/09/2009
Hora: 10:04
Respuesta al mensaje, enviado el 19/03/2008 a las 23:39 por ANDIAGA:

Valeriano Antonio Cabrero Santamaría, nacido en Pontano (Huesca), en 1903. En 1928 casó con Juliana Urzain Esparza, tuvieron cuatro hijos, y vivieron en Pitillas (Navarra), hasta su huida a la provincia de Soria. En 1931 entró como concejal en el Ayuntamiento de Pitillas donde, dos años después, comenzaría una lucha que le llevaría a la muerte. La eterna lucha del mundo desde que lo es: los ideales unidos a los trabajadores, frente al poder del dinero. No hay más por mucho que se quiera adornar....

miércoles 2 de septiembre de 2009
"LA VARA DE LA LIBERTAD SIGUE PERDIDA"
Mientras Roberto Jiménez y Miguel Sanz se echan unos vinos en las fiestas de Pitillas, los nietos del alcalde del pueblo fusilado en 1936 buscan un “geo radar” para hallar los restos de Antonio Cabrero Santamaría, perdidos en los montes de Soria desde hace 73 años y posiblemente el único alcalde navarro cuyo cuerpo todavía no se rescatado.
No hay recuerdo en Pitillas para el socialista que pagó con su vida la defensa del comunal, a pesar de que en el pueblo gobierna hoy otro militante del partido de Pablo Iglesias y para más inri, padre del secretario general de los socialistas navarros.
Un Roberto Jiménez que, eso sí, nada más tomar posesión hace un año corrió como un poseso a llevar flores al parque de Sartaguda que recuerda a los 3.500 republicanos asesinados. Allí había cámaras de televisión y en los montes de Soria sólo nietos de Cabrero que arañan la tierra para que descanse en paz la memoria.
Los Jiménez de Pitillas, socialistas que, casualidades de la vida, proceden de Soria, tampoco saben nada del cura del pueblo durante la República, Santiago Lucus Aramendía, uno de los pocos sacerdotes navarros asesinados por los golpistas por sus ideas progresistas, un socialista moderado lo consideraban algunos.
No, en Pitillas gobierna el orden establecido. En fiestas van de la mano Roberto y lo más granado de UPN, Barcina, antigua compañera de ayuntamiento, incluida, que para eso conoce bien el paisaje. Los cuatro revolvedores que quedan que sigan buscando, que levanten monolitos al alcalde Cabrero, pero en Soria. En Pitillas, como en el resto del País, “la vara de la libertad” sigue perdida y enterrada muy profunda. Algunos pisan encima, para que no resplandezca nunca.

Beltrán Gárriz, publicado en Gerindabai

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Roberto
Fecha: 19/09/2009
Hora: 13:04
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miércoles 2 de septiembre de 2009
UN MONOLITO PARA EL ALCALDE DE PITILLAS
CALENDARIO REPUBLICANO

Fuentebella (Soria),
verano de 1936

La familia de quien fue alcalde de Pitillas en 1936 quiere cerrar el círculo de una desaparición de la que en estas fechas se cumplen 73 años. El socialista Antonio Cabrero Santamaría fue asesinado en los montes de Soria que mugan con Cornago (La Rioja) después de estar oculto en ellos más de un mes. La amistad con unos pastores que faenaban en Pitillas le llevó a refugiarse allí. Eran los primeros días del golpe de estado que acabó con la República y el terror y la delación se apoderaron de la población de la zona cercana a la localidad de San Pedro Manrique.
Ahora, en el paraje de Fuentebella, los nietos del alcalde han programado una última batida para hallar los cuerpos de Cabrero y de Valentín Llorente, maestro de Fitero que le acompañó en infortunio. Se encuentren o no la fosa, los descendientes del edil pitillés que lució “la vara de la libertad” están dispuestos a levantar un monolito que recuerde su memoria. En la comarca, un manto de silencio cayó durante años. Entrevista a entrevista con los paisanos, de puerta en puerta durante la última década, los tafalleses Ander Cabrero y Maite Zalakain han desentrañando prácticamente el misterio.
Los de Tafalla, municipio en el que viven ahora los descendientes del alcalde fusilado, han recorrido en los últimos tiempos distintas localidades de Soria, La Rioja y Navarra. Han intercambiado correos por Internet con personas de la zona, hoy prácticamente despoblada, que residen en Madrid o Barcelona. Han lanzado su mensaje de búsqueda en foros relacionados con la memoria histórica y se ha entrevistado con políticos, periodistas e historiadores. Nada, de momento. El lugar exacto del enterramiento sigue siendo un misterio, aunque cada vez se acota más la escarpada y abrupta zona en la que se supone duermen los cuerpos.
La búsqueda la comenzó la abuela, continuó el padre de Ander, Valentín Cabrero, hijo del alcalde que quiso recuperar el comunal de Pitillas para aliviar la precariedad económica de los campesinos más modestos. Un hombre, Valentín, que antes del comienzo de la Transición fue concejal de Tafalla, y uno de los primeros parlamentarios forales navarros. Ander y Maite son los que han seguido los últimos años la estela de una familia a la que le falta que encaje la pieza más importante de su puzzle particular. A falta de unos restos, el monolito en los montes de La Sierra de La Alcarama aliviaría bastante el sufrimiento de dos generaciones. De tres con el pequeño Omar, bisnieto del Cabrero desaparecido.
Este es un reconocimiento a ellos y a las ideas qué representaron, la difusión de lo sucedido era una deuda pendiente con ellos y con todos los asesinados por las cunetas y barrancos del Estado. Todo este esfuerzo de titanes, Ander y Maite lo han plasmado en un cuaderno que llena cerca de 200 emocionantes hojas, que son la historia de su abuelo pero también la de Pitillas.
Ander recuerda que “durante años tratamos de obtener alguna información, pero casi siempre nos encontramos con un gran silencio. Maite, mi compañera, y yo, nos pusimos las pilas y en el año 2000 retomamos el asunto. Fuimos repasando los pocos datos que teníamos y comenzamos a investigar. No sabíamos ni por donde empezar, pero empezamos”.
Para organizarse, escribieron dato a dato todo lo referido a la búsqueda del abuelo. “En principio era para guiarnos, para saber quién era quién, para localizar y conocer los pueblos abandonados cercanos a San Pedro Manrique. Nos acercamos a la sierra sin ni tan siquiera saber su nombre. Tejimos una tela de araña apoyándonos en las personas que fuimos encontrando. Entablamos contactos que nos fueron llevando, despacio, unos a otros”.
Sin conocimientos de internet y sin ADSL, rastrearon por la red todo lo referente a los pueblos de la zona. Con muchas horas de trabajo, con el apoyo de los padres, amigos y algunas carambolas, reconstruyeron los últimos años de vida del alcalde y, sobre todo, los cuarenta días previos al asesinato. “El trabajo fue engordando hasta el punto de que para nosotros es una gran joya y nos vemos obligados a compartirlo, a difundirlo, para plasmar allá donde podamos la memoria del abuelo y del maestro de Fitero”, señala Ander.
Desde cavar prácticamente con las manos en el supuesto lugar del fusilamiento, hasta conseguir, por fin, entrevistarse con una mujer que les llevaba comida a los dos republicanos ocultos en un corral, muchos fueron los hilos que los tafalleses tuvieron que mover para hilvanar una historia terrible con un final fundido en negro.
Todo comenzó el 20 de julio de 1936, cuando un grupo de fascistas y algunos guardias civiles de Olite asaltaron el Ayuntamiento de Pitillas. El alcalde consiguió huir. “Sabemos que el abuelo se dirigió en busca de sus amigos Cirilo y Fabián Delgado, pastores a los que encontró en el borreguil de Acrijos y que conocía de cuando en años anteriores estos permanecían los inviernos con las ovejas en corrales próximos a Pitillas”, explica Ander.
Con estos y otros paisanos pasó el alcalde más de un mes, pernoctando en el corral Los Hoyuelos de Acrijos, donde les dejaban, a escondidas, comida y mantas. Al refugio también llegó Valentín Llorente “Valdemadera”, nacido en Igea y maestro en Fitero, que andaba huido por los alrededores. Tanto la localidad de Acrijos como Fuentebella, padecieron la varias visitas de los golpistas que, casa por casa, intimidaban a los vecinos. Ante esta situación de inseguridad, Cabrero y el maestro, con la intención de no comprometer a sus protectores, decidieron adentrarse en los montes, donde pasaron sus últimos diez días de sus vidas todavía asistidos por pastores que acudían a llevarles noticias y provisiones.