Continuación al parrafo anterior.
“Ante el rumor de que se escondían cerca, el alcalde de Fuentebella Lorenzo López, “El Lobo” fue a San Pedro Manrique e informó de que estaban en los alrededores. Juntó a otras cinco personas y salieron a buscarlos. Es probable que obligaran, al menos a un pastor de los que conocían el refugio, para que los condujera al corral de La Era de Alonso donde pernoctaban. Utilizaron a esta persona, dispararon un tiro al aire para que salieran y poder cogerlos”, precisa Ander tras llevar una década investigando los últimos pasos de su abuelo.
Les ataron las manos a una cuerda y les trasladaron barranco abajo hasta el termino de Moscares, Tras meterles durante un rato en el chozo (caseta pequeña) de una huerta, les sacaron y les asesinaron, primero a el abuelo y después al maestro. Parece que los enterraron allí mismo, junto a la linde de la huerta, aunque también nos dicen, que lo hubieran hecho al pie de un barranco, donde alguien, al tiempo, colocó una cruz con dos maderitas, que otros quitaban. “Hay otra versión que señala que estaban sentados sobre unas piedras cuando les dispararon. Pero todo apunta a la misma zona”, dice el nieto.
Por Fuentebella y Acrijos corrió la noticia de lo sucedido y se rumoreó el nombre de los pistoleros. Se enfrentaron posiciones y sentimientos. En estos pueblos, con apenas 25 habitantes, todos eran familia. En el desolado paraje soriano no había nadie más para juzgar los actos salvo las conciencias de sus vecinos. Es probable que casi todos, familiares entre sí, se vieran de alguna forma comprometidos a guardar silencio.
El primer mandatario de Fuentebella, como prueba que había ejecutado la orden, presentó a la autoridad golpista la cedula de identidad de Cabrero, un cinturón y un reloj chapado en oro. “El cinturón y la cedula se lo dieron después al pitillés Pablo Urzain, hermano de mi abuela, cuando se personó en el ayuntamiento de Manrique a interesarse por lo sucedido. A Pablo Urzain no le dieron más información.
Por las indagaciones hechas, los nietos creen que los habitantes de Fuentebella vivieron con esta mancha de por vida, obligados de alguna manera a encubrir y mantener en silencio tanto los asesinatos como los nombres de los ejecutores e incluso la identidad de quienes les habrían ayudado.
“El Acalde de Fuentebella, junto a cinco cazadores del pueblo, salieron en su busca y les asesinaron con los disparos de dos de ellos. Sobre esto todavía hay un manto de silencio que se extiende hasta nuestros días, impidiendo localizar el sitio exacto donde les enterraron y recuperar, al fin, los restos. Y en esto estamos”.
La viuda del alcalde de Pitillas y sus hijos vivieron siempre con la tristeza de no saber el paradero de su padre. La abuela Juliana hace años que murió. Sus cuatro hijos quedaron separados del núcleo familiar, y así han permanecido hasta nuestros días, unos en Tafalla y otros en Francia. “Lo pasaron mal, fueron recluidos en los campos de refugiados preparados en Francia para el éxodo republicano. El bisabuelo Antonio a su regreso sufrió dos años de cárcel en Barbastro. Todos viviendo con la desesperanza de no tener noticia alguna, siempre pensando e interesándose por lo sucedido y con ganas de un día recuperarlo. Creo que se lo merecen y por eso necesitamos cerrar este largo capitulo de nuestra historia, regresando sus restos para que de verdad el abuelo que no nos dejaron tener pueda descansar en pitillas, junto a sus compañeros de una vez por todas”, añade Ander.
El nieto insiste en que “nosotros continuamos en nuestra búsqueda. Creo que hemos localizado ya a todos los descendientes de Fuentebella. Todos apuntan a un mismo lugar, pero es difícil concretar el sitio exacto de la fosa. Nos dicen que ya sabemos todo lo sucedido, y que parece que no queda nadie que pueda revelar algo más concreto. Visto lo visto, queremos intentar que se pase un geo-radar por la zona, pero parece que es complicado acceder a estos aparatos”.
“Queremos agradecer a todas esas personas que nos han prestado su ayuda, a quienes nos aportaron testimonios, a quienes nos abrieron las puertas de sus casas y nos ofrecieron de su comida a todos aquellos que no dudaron en bajar a cavar y a los que nos prestaron los todo terreno para acceder a la sierra”.
“Hemos llegado a un punto en el cual, por nosotros mismos, no avanzamos más. Continuamos buscando testimonios, pero los datos se repiten. Estamos barajando como poner en marcha el tema del monolito. Mi padre y sus hermanos rondan los 80 años y a nosotros nos gustaría que lo vieran realizado y que por fin tengan un sitio donde situar a su padre”.
La idea del monolito va para adelante. La asociación Soriana Recuerdo y Dignidad y Represión Rioja 1936, están trabajando en el tema. Tendrá una placa de bronce en recuerdo de los hechos. Lucirá los nombres y las fotos del alcalde de Pitillas y el maestro de Fitero. Y portará, también, la jota que un día de Santo Domingo cantaron hace setenta años a un alcalde que no tiene tumba:
“La vara de la libertad, la lleva quien la merece.
La lleva Antonio Cabrero, y en sus manos resplandece”.
Luis Miguel Escudero (La Voz de la Merindad)