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DESCENDIENTES DE EMIGRANTES UJUETARRAS EN BUSCA DE SUS RAICES.
Vacaciones en busca de los afectos
Enviado por Antonio L. Ottaviano
E-mail: antonioottaviano@hotmail. com
En notas anteriores narré las vacaciones urbanas de mi infancia en Pérez, mi patria chica, donde estoy arraigado desde hace más de medio siglo. Hoy me tomo el atrevimiento de relatar vacaciones más recientes y lejanas......
Hacia Santa María de Ujué
Para profundizar el afecto, quisimos escarbar más hondo y llegar al pueblo natal de los abuelos de mi esposa. Tomamos un Renfe (tren parecido al Ave, que por poco no vuela). El destino era Navarra, y el objetivo, Ujué, un vestigio medieval edificado en torno al santuario de Santa María de Ujué. La iglesia domina al pueblecito que se desparrama por las laderas de un cerro con calles estrechas, empedradas y laberínticas, con casas de piedra, y habitado por un centenar de vascos que se resisten a dejar su terruño. Esa era toda la información que teníamos.
El tren nos dejó en Tafalla, una pequeña ciudad de la Navarra Media, muy cerca de nuestro objetivo. Víctor, el encargado del hotel, nos consiguió un taxi para que comencemos la búsqueda de la casa de los abuelos, José y Emilia, que hace más de 100 años habían dejado Ujué, con la intención de volver, pero llegaron a la Argentina, echaron raíces y se quedaron para siempre. Después de unos veinte minutos de camino de cornisa, llegamos. Era como lo habíamos imaginado.
Recorrimos las estrechas callejuelas y muy pronto encontramos la casona de piedra que los abuelos le habían dibujado en la mente a mi esposa. Allí estaba tal la describieron, al lado de la iglesia. Fue tan emotivo que no atinamos a decir palabra alguna. Continuamos cubriendo esa minúscula fortaleza vigilante de los reyes pamplonenses del siglo diez. Nos dirigimos a El Mesón, única y típica taberna, donde degustamos las "migas del pastor", preparadas netamente con grasa de oveja, agua, sal, ajo y pan seco, con algunos ingredientes como tocino, jamón y longaniza. Un plato sencillo y autóctono. Luego pasamos a una buena ración de costillas de cordero lechal, asadas en brasas que producen los sarmientos, todo regado con excelente vino de la zona.
Volvimos a Tafalla con una sensación indescriptible por las horas vividas en ese hermoso pueblito, rodeado de una bellísima fracción de naturaleza. Por la proximidad con Pamplona, nos dirigimos hacia ella, justo un día antes del chupinazo. Recorrimos la angostísima calle Estafeta, donde el 7 de julio, para las fiestas de Los Sanfermines, se efectúa el encierro de toros desde el ayuntamiento, produciendo las corridas y todo lo que eso implica, para desembocar en la plaza de toros.
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Publicado por el Editor en Febrero 11, 2008
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