POEMA DEL SACERDOTE JESUITA RAMÓN CÚE, DEDICA SUS VERSOS A LA VIRGEN DE UJUÉ.
A LA VIRGEN DE UJUÉ.
Princesita de las torres
almenadas de Ujué,
la de las palomas blancas
para darse a conocer,
y los corazones malos
como rosas a sus pies;
la que llevas ocho siglos
-del alba al atardecer-
sentada en eterna espera,
aguardando... ¿a quién, a quién...?
Los soles de las esperas
fueron quemando tu piel...
Al fin tardo peregrino,
acudí a tu cita ayer...
llegué en la tarde dorada
brocado de tu dosel
y traía un corazón
malo como el de aquel Rey...
Deja que yo ponga el mío
donde Carlos puso el de él...
que el mío es malo, Señora
lo sabes tú, y yo lo sé...
Lo dejo como una flor
de cardo que dio mi ser
roto, estrujado, marchito
como una aurora de hiel...
El de Carlos hecho estrella,
se ha depurado y se fue...
y es un lucero que vela
sobre tus almenas fiel.
Yo te conozco en la noche
-corazón bueno de Rey-
se llama Carlos el Bueno,
tu lo has hecho florecer.
Abajo que quede el mío
depurándose a tus pies,
el corazón de un poeta
en donde estuvo el de un Rey.
Sentada en eterna espera
me aguardabas y llegué,
me marcharé de Navarra
sin corazón., ya lo sé...
pero que lo sepan todos:
en las almenas de Ujué,
el corazón de un poeta
ha sucedido al de un Rey.
Ramón Cué S. J.