En caja, las legítimas almendras - UJUE
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Quincuagésima Coronación, 2002-09-08, 3 Cartel nominal a la entrada Otra perspectiva del castillazo Al rico pan cabezón
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Al rico calderete Quincuagésima Coronación, 2002-09-08 - Muchedumbre Agrotienda de Pastas Urrutia Pastas Urrutia, Invierno feb 05, fuerte nevada
Cartel de las legítimas almendras. En bolsa, las legítimas almendras Logotipo de las legítimas almendras de Ujué. Elaboración de las legítimas almendras de Ujué Logotipo de las legítimas almendras garrapiñadas. Almendras de Estefanía Arangua en caja metálica Almendras 4 Almendras 2 Almendras 3 Almendras 1
En caja, las legítimas almendras
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JIZ
Fecha: 23/02/2008
Hora: 22:33
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Recuerdos garrapiñados
Se diría que levantaron la localidad navarra de Ujué en el peor de los emplazamientos posibles, pero todo tiene su lógica y su explicación, hasta la aparentemente inexplicable relación entre garrapiñadas y recuerdos
ANDER IZAGIRRE/

Cómo llegar: Por la A-15 hasta Tafalla. Después, la NA-132 nos lleva hasta San Martín de Unx y en las afueras de este pueblo arranca la subida a Ujué.

Visitas: Después de ver la iglesia de Santa María y callejear por Ujué (ojo a los centenarios arcos de entrada en las casas de la Plaza Mayor y de las calles aledañas), podemos seguir con la historia del Viejo Reyno en el palacio de los Reyes de Navarra en Olite (a 18 kms). Esta ciudad merece un paseo tranquilo por sus rúas estrechas, entre mansiones nobles, y también por la iglesia románica de San Pedro, la iglesia gótica de Santa María, el palacio de los Teobaldos y por las bodegas

Fechas especiales: El domingo siguiente a San Marcos (25 de abril) los romeros caminan desde varios pueblos de la zona hasta Ujué, vestidos con túnicas negras, el rostro tapado y cargando a menudo cadenas y grandes cruces. A lo largo de todo mayo se suceden las romerías que llegan desde distintos pueblos. En Olite celebran Fiestas Medievales en agosto.
El corazón de Carlos el Malo

Parece que levantaron Ujué en el peor sitio posible: encaramado en lo alto de una sierra, expuesto a los vendavales y las tormentas, helado en invierno y cocido en verano, sin ríos, obligado a trabajar en campos de trigo y cebada que se van descolgando por los barrancos como cascadas de cereal Un dato revelador: es el municipio navarro que más habitantes perdió a lo largo del siglo XX (en 1929 llegó a 2.000 habitantes; en 2006 tenía 225, la mitad de ellos por encima de los 60 años). A pesar de todo, es sin ninguna duda uno de los pueblos más seductores de Navarra.

A Ujué se llega desde San Martín de Unx, a través de una carretera de ocho kilómetros que serpentea por una sierra parda, deforestada y azotada por los vientos. Los vecinos han aterrazado a conciencia las laderas, para aprovechar al máximo esta tierra difícil y cultivar viñedos, cereal y olivos. La aparición de Ujué resulta bastante teatral: damos una curva y de repente, en lo alto de la montaña, descubrimos una estalagmita de arquitecturas, un grumo de casas adheridas a la iglesia fortaleza que corona el conjunto y parece sostenerlo.

Esta primera imagen nos ayuda a comprender el emplazamiento de Ujué: la cima de esta sierra pelada es un lugar calamitoso para fundar un pueblo pero idóneo para una atalaya militar. Y así nació Ujué. Hacia el año 800, Iñigo Arista, primer rey de Pamplona, levantó en estas alturas un castillo para frenar los avances de los musulmanes. Junto a la fortaleza se construyeron una iglesia protorrománica y las primeras casas, bajo la advocación de la Virgen, como recogió el cronista árabe Al Himyari: «Otra localidad, de nombre Santa María, es la primera de las fortalezas que forma parte del sistema defensivo de Pamplona. Es la que está construida con más solidez y ocupa la posición más elevada».

Hasta que se construyó aquel castillo, el poblado más cercano se situaba una decena de kilómetros al sur, en las faldas de la montaña (cerca de la actual ermita de la Blanca, hacia Murillo el Fruto). Había que convencer a los habitantes de aquella aldea para que se trasladaran a la inhóspita cima de la sierra y la poblaran. La amenaza musulmana debió de ser un motivo bastante sólido para instalarse al cobijo de la fortaleza, pero, como ocurre a menudo en estas colonizaciones estratégicas, se le añadió un oportuno designio divino. Cuenta la leyenda que un pastor caminaba por la sierra cuando observó cómo una paloma entraba y salía de un agujero en la roca, aleteando sin descanso. Al asomarse, descubrió en el interior de la grieta una imagen de la Virgen. Bajó al pueblo, relató el hallazgo y los vecinos decidieron que debían trasladarse a vivir a aquellas alturas escogidas. Así surgió el topónimo de Ussue (ya aparece a partir del siglo IX) o el de Santa María de Uxua (siglo XII), derivados de la voz vasca usoa (paloma) y origen del actual Uxue/Ujué.

El poblado creció al pie de la fortaleza hasta recibir fueros y constituirse en villa realenga. También se amplió el propio castillo y allá por el año 1089 se fundó la iglesia románica de Santa María (en el actual templo gótico se conservan la cabecera y unos cuantos arcos de aquella iglesia). La villa debía su vitalidad a la posición fronteriza que ocupaba. Por eso, cuando Alfonso el Batallador conquistó los reinos moros de Tudela y Zaragoza a principios del siglo XII, la remota Ujué entró en decadencia y muchos vecinos bajaron a la llanura en busca de mejores tierras.

Sin rodeos

Si paseamos con un poco de imaginación, no es difícil pensar que el pueblo se congeló en aquella época. Las casonas, de color almendrado y cargadas de siglos, se aprietan en un núcleo de piedra por el que discurren callejuelas reviradas. Es probable que el visitante desemboque en la Plaza Mayor. Mucho nombre para tan poca plazoleta, pensamos los recién llegados. Pero pronto descubrimos que en el trazado sinuoso y encabritado del pueblo es imposible encontrar otro espacio horizontal tan amplio. Plaza Mayor, pues. Además, está flanqueada por casas nobles, con fachadas de sillería, blasones y arcos de medio punto; y ofrece vistas sobre los edificios que se van apiñando hacia lo alto, hasta la gran torre almenada que remata la iglesia y el pueblo. Ya sabemos lo que toca: subir.

Y a estos ujuetarros, ujerachos o modrolleros -que a todos estos gentilicios responden los nativos- no les gustan los rodeos. Las calles suben rectas y directas, con tremendas pendientes, y se van cruzando con otra serie de calles circulares que forman anillos concéntricos alrededor de la iglesia. En las tiendas venden miel y las famosas almendras garrapiñadas de Ujué, almendras larguetas recubiertas de azúcar cristalizado, cuya fórmula exacta dicen que se transmite de madre a hija. Los restaurantes tientan con migas de pastor, costillas al sarmiento, chuletones y caza. Quien supere las tentaciones alcanzará la iglesia fortaleza de Santa María, donde le espera una talla románica de la Virgen forrada de plata.

En esta cúspide de Ujué, donde se alzaron el primer castillo y el primer templo allá por el siglo IX, podemos asomarnos a la inmensa llanura ocre de la Ribera navarra mientras damos un paseo por las galerías que rodean a la iglesia gótica. En las portadas y los capiteles leemos historias que serían muy evidentes para nuestros antepasados pero que nosotros ya no comprendemos: guerreros que matan a leones, sapos que muerden los pechos de una mujer, condenados que van a las fauces de un dragón...

Saludo garrapiñado

A fuerza de buscar interpretaciones, quizá acabemos enredándonos con algún otro mensaje en apariencia más sencillo. Por ejemplo, al bajar de vuelta por las callejas de Ujué y leer este cartel en una tienda: «Se venden almendras y recuerdos». ¿Un maridaje de repostería y fina neurología? ¿Venderán las almendras y los recuerdos en el mismo paquete, al mismo precio? Pienso en aquel Schwarzenegger que se implantaba memorias marcianas en el cerebro, pero antes de patinar demasiado me explican una conexión mucho más convincente entre almendras y memoria. Me la escribe Amaya, hija de sanmartinejos y por tanto con los cromosomas bien macerados en tinto navarro, que de estas cosas sabe un rato:

«Para los no iniciados, para los poco preparados genéticamente, expondré a continuación el vínculo entre garrapiñada y recuerdo. Cuando los forasteros -véase, por ejemplo, San Martín de Unx, un pueblo que se encuentra sólo diez kilómetros más allá- subían a fiestas para bailar con las muchachas de Ujué, los mocicos nativos los recibían con piedras en los bolsillos. Entrar, entraban. Pero al salir... Entre los objetos arrojadizos había de todo. Así que no es extraño pensar en la potencia que puede alcanzar un proyectil tan dulce como una garrapiñada, con tantos angulicos que clavar. ¿Sobre el recuerdo? Se han investigado dos fases. 1. Suspensión del recuerdo: se producía justo cuando la garrapiñada te daba en la cabeza. 2. Prolongación del recuerdo: que se da cuando, cincuenta años después -como mi padre-, uno se levanta con cautela el flequillo y la ve ahí. Indeleble. La bienvenida a Ujué».

JIZ
Fecha: 12/10/2009
Hora: 11:39
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leemos en la sección Notas del reporter de Diario de navarra, Jueves 5 de mayo de 1966
—El domingo se vendieron en Ujué muchas almendras de la tierra. Tienen las almendras de Ujué una exquisitez especial que les da el baño de miel, una miel también especialmente exquisita porque las abejas de aquellos montes se nutren del tomillo y del romero que en ellos abundan. Por esto la miel de Ujué es asímismo muy solicitada, hasta en el extranjero. Las legítimas almendras de Ujué fueron fundadas» por doña Estefania Arangua, de la que hoy es heredero don Bartolomé Iriarte, y fueron premiadas con medalla de oro en la Exposición celebrada en Pamplona en julio de 1926. Viene todo esto a cuento de que el citado domingo nos dijeron en la histórica Villa que la almendra escasea
y que cuesta muy cara. Pero ahora leemos —y lo decimos para conocimiento de los «almendreros» de Ujué— que la cosecha de almendra ha resultado tan fabulosa en la zona Norte de la provincia alicantina que se ha dado el caso concreto de que las ramas de muchos árboles se quiebran por el peso del fruto y no ha habido otro remedio que reforzarlas. Tal cosechón tiene una singular importancia porque de la almendra se hace un gran consumo y son muchas las aplicaciones del producto en pastelerías, e incluso en medicina, farmacia y perfumería. No deja
de ser una circunstancia favorable para mantener, sin elevación, el precio de varias clases de turrones en la Navidad de 1966.




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