Don Fermín
Párroco de Ujué, unos domingos después de San Marcos, con las romerías preparadas, y la gran mayoría listas, D. Fermín Gurpegui Mendive, sin avisar a nadie, se va, sin esperar a la entrañable y vecinal romería de la Blanca.
En la misa que en honor de la Virgen en la pequeña ermita camino de Murillo del Fruto se celebra rozando el mes de junio, se hermanan los vecinos del pueblo de la Blanca Paloma, después de días de fiesta grande, de multitud, de subidas y bajadas del pueblo, que en lo alto de la atalaya coloca la fortaleza santuario, que rindiendo homenaje a la Madre de Dios alza sus almenas al cielo como manos unidas por sus palmas en actitud de oración, queda esta pequeña romería que los vecinos de Ujue inician, e iniciaban de la mano de Don Fermín, con los de casa, para los de casa.
Este año, rebasado por poco el cincuentenario de la coronación, el párroco de Ujué no está, se ha ido, se ha ido, Consuelo, su ama, Nicanor, Amelia, Braulio, María, Cipriano, Beatriz y muchos otros vecinos suyos, le echarán de menos.
Cuántas bodas, cuántos bautizos, cuántas romerías, y ahora en su funeral celebrará otro, allí donde la Virgen preside la Ribera navarra, allí donde la montaña ayudada por el río Aragón da la mano a la Ribera.
Su funeral lo celebró otro amigo, pero su Virgen, Santa María de Ujué, será la misma que siempre le vio madrugar, que siempre cuidó y que ahora cuidará de él.
José Javier Solabre Heras