DE UJUÉ AL CIELO.
Publicado en Diario de Noticias del 13-mayo-2003 por Pedro Arrese.
Patxi solía ir con su padre y su abuelo a trabajar una pieza que tenían donde el corral de Canuto, a una hora del pueblo. Eran tiempos de trabajo duro, de mucho esfuerzo físico y animal, con aquellos machos respetables y poderosos, de cansancio y fatiga, aunque también se sabía sacar buenos ratos de descanso y de echar tragos de la bota. El abuelo, que tenía la prerrogativa de mandar en ella, le solía dar buenos meneos y, como le gustaba hablar, de vez en cuando volvía a contar, por enésima vez, la historia de la vista del santuario.
La historia era sencilla y de difícil explicación. Desde el corral antes no se veía el santuario de Ujué y en aquellos tiempos ya se veían, por lo menos, diez metros de la torre. A Patxi alguna vez le pareció que el abuelo quiñaba el ojo al acabar de contarla, así que no le hacía mucho caso. La vida siguió, llegó la mili, la noticia triste de la muerte del abuelo y el trabajo en Pamplona, mucho mejor que en Melilla y su pueblo. Con el tiempo, después de años de pocas visitas, se fue aficionando a volver al pueblo y allí oyo de nuevo la historia, aunque esta vez le interesó más. En Olite alguien le contó que antes sólo veían desde allí el remate de la torre y entonces se veía casi entera. Algo intrigado, fue preguntando y encontró dos teorías: que Ujué ascendía o que el resto de la Tierra descendía (o las dos cosas a la vez, vaya usted a saber). Consiguió convencer a Alfredo Floristán, quien publicó un pequeño estudio el 13 de mayo de 1965 en la prensa local.
El erudito mencionaba el caso de Biurrun, cuyos vecinos dejaron de divisar el pueblo de Olcoz sin que hubiera desaparecido; simplemente crecieron los montes que había entre medio. No encontraba explicación a lo de Ujué. Igual es la Virgen, que tira hacia arriba, que han engordado los de abajo, que el cierzo levanta el pueblo...