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DEVOTOS INSIGNES DE LA VIRGEN DE UJUÉ.
MIGUEL ÁNGEL, CURA BUENO DE OLITE
Semblanza sacerdotal de
Don Miguel Ángel Pérez de Zabalza Senosiáin
Por Josemari Lorenzo Amelibia
El carisma del sacerdote Miguel Ángel Pérez de Zabalza ha sido querer a todos de una manera especial: como a padre o madre, como a hijos, como a hermanos, como a amigos los más íntimos. Ése ha sido su carisma nada común.
LOS COMIENZOS
Nació Miguel Ángel el 29 de septiembre de 1931 en Estella. Era hijo de Cándido y Felisa. Yo lo conocí a mis diez años. Después, al ingresar yo en el Seminario de Pamplona, fui compañero suyo. Desde entonces le traté más: todos apreciábamos en él un seminarista bueno a carta cabal: cumplía perfectamente el reglamento, y su vida de piedad era sincera desde los primeros años. En los recreos se dedicaba a estudiar piano. La afición se la infundió su padre, Don Cándido.
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Extractos alusivos a Ujué y su Virgen
Los Días De Ujué
El pueblo de Ujué está situado en una elevación de terreno, a gran altura sobre las poblaciones de la Ribera Navarra. Veía Miguel Ángel el santuario de la Virgen como atalaya natural y espiritual, puesta por Dios para pregonar como María las grandezas del Señor. Cuando los romeros van a Ujué han de subir en marcha, sí penitencial, pero con la ilusión de vivir un día de alegría y de gozo. Y han de volver del santuario con el deseo de anunciar, cada uno a su manera, una gran noticia: la felicidad de vivir en gracia, y de ser pueblo de Dios. Para Miguel Ángel tenía muy poco valor la alegría meramente externa, la de risotadas y chistes, si no brotaba de un corazón puro y en gracia santificante. Y también ve como fuente de alegría y gozo, la amistad. "En esta vida - pensaba - la alegría nos acompaña como un fondo de música suave, apenas la percibimos, pero actúa en nuestra alma. Lo único que puede producir tristeza es alejarnos de Dios".
Año tras año se repetía la romería a Ujué. Nunca en él supuso rutina; siempre era como algo nuevo. Es preciso llevar a la Virgen dentro del corazón; esto aconsejaba y él lo cumplía. Y para acordarse de María, en una pequeña cartera colocó dos estampas de nuestra Señora. Siempre le acompañaron en el bolsillo junto a su pecho.
Los días de Ujué eran para nuestro párroco jornadas de alegría serena. En ellos ejercitaba su alma de místico. No marchaba a las romerías con frialdad ni por rutina. Su corazón estaba inmerso en el pueblo y en Dios. La Virgen María era para Él su madre y la madre de Dios y de todos sus hermanos. Por eso en los días 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de María, fiesta de la Virgen de Ujué, disfrutaba en la peregrinación y en el santuario, y lo vivía con extraordinario fervor que contagiaba a sus feligreses. Era tan grande la carga emotiva de aquellas jornadas que se grabaron en su alma creyente de una forma indeleble.
Unos días antes de ingresar en la clínica, sentado al piano junto a sus hermanas, vibraba de emoción interpretando las melodías de Ujué. Le traían añoranzas de otros tiempos en que los hijos de Olite las cantaban con entusiasmo, dirigidos por él:
Reina, la más hermosa,
Virgen bendita de Ujué:
Sed de nuestra Ribera
Refugio de ardiente fe.
Nuestros padres tuyos fueron,
Y sus hijos tuyos son.
Te ofrecemos nuestras almas;
Tú las llevarás a Dios.
*****
Ave María Purísima,
Sin pecado concebida.
Tú que eres la Madre de Dios,
Escúchanos hoy, oh Madre amor,
Escucha nuestros ruegos
Y danos tu santa bendición.
Desde lo alto de la montaña,
Donde entre rocas tu trono está,
Eres, María, de la Ribera
Dulce patrona, Madre si par.
La gente de Olite veía a su párroco con esta alegría sencilla y acogedora, por eso calaba su predicación en las almas, porque la gracia de Dios habitaba en él con paz y gozo que contagiaban. Y muchas veces lo expresaba en su predicación.
Fomentaba El Amor A La Virgen
Sabía muy bien Miguel Ángel que todas las Vírgenes representan a la única Madre de Dios, María. No entendía de "rivalidades" entre un santuario u otro. Por razón de proximidad a ellos apreció de forma sensible el Puy, que le vio nacer en Estella; Santa María de Olite, junto a ella vivió la mayor parte de su existencia terrena; la Virgen de Ujué, la de sus romerías; santa María de Irache, junto a ella pasó los últimos años de ministerio. En su conversación y sus homilías era frecuente el hablar de María.
Sabía que a las personas lo trascendente y espiritual nos afecta a través de lo sensible. El culto a Santa María de Olite lo fomentó siempre. Aquella imagen, venerada por todo el Pueblo, lucía sus galas de una manera especial el día de la Asunción. Recorría las calles de la ciudad antes de la Misa, siendo causa de alegría para jóvenes y ancianos. Pero observaba nuestro párroco que el paso de los años también afectaba a aquella imagen veneranda. Por eso tomó la determinación de restaurarla, animado también por buen número de feligreses. Y ¿quién realizaría la labor mejor que un sacerdote? Joaquín Martinena fue elegido precisamente, porque nadie podía hacerlo con más cariño, arte y destreza que él. Unos meses duró la obra, y quedó tan bella, tan evocadora de la única Madre de Dios, que aumentó, si cabe, la devoción que el pueblo le tenía. Cuando volvió a su altar, toda la Ciudad la recibió con entusiasmo. Conservamos los apuntes de la oración - aclamación que Miguel Ángel pronunció aquel 11 de marzo de 1995. Allí se aprecia la sensibilidad mariana y sacerdotal de Miguel Ángel. ¡Con qué fervor entonó ante la Virgen recién restaurada la Salve!
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