A LA VIRGEN DE UJUÉ
Dedicada al brillante escritor y presbítero Don Juan castrillo, "El Conde de Irangoiti"
Yo también, Virgen María, la de Ujué blanca Paloma,
con la cruz sobre los hombros y desnudas las mis plantas,
anheloso de adorarte, subir quiero hasta esa loma
que, del monte, suelo firme, tu castillo en ella asoma
y es santuario que al devoto dícele cosas muy santas.
Yo también, crucero austero, desde tierras muy lejanas,
avanzando por angostas y maltrechas carreteras
y escogiendo por los campos flores lindas y lozanas
que en tu trono soberano brillen puras y galanas,
hasta Ti llegar deseo con las ansias más sinceras.
Yo también, vistiendo el tosco, gran sayal de peregrino,
aportando sin desmayos, cual muy justa penitencia,
las fatigas que producen los escollos del camino,
repitiendo las plegarias de un filial rezo divino,
siento ganas celestiales de ponerme en tu presencia.
Yo también, igual que el padre de los Infantes de Lara,
suplicando que me guardes de los males del Pecado,
con los brazos extendidos, inclinando la mi cara,
de rodillas me coloco, y mi lengua te declara
el cariño que en mi pecho ahora y siempre te he guardado.
Y ante Ti puesto de hinojos, déjame que bien te rece
una salve, Madre mía, por la dicha de mis hijos;
y si, porque son pequeños, hoy mi amor te los ofrece,
para que jamás se manchen con la vida que envilece,
ellos mercharán mañana tras de tus bienes prolijos.
Y en los pliegues de tu manto, pronto dígnate acogerlos,
y en su paso por la tierra no los dejes un instante,
sobre todo cuando veas que el placer quiere envolverlos
en su fango venenoso, que es lo mismo que perderlos
para siempre de los lazos de tu protección amante.
Y esta otra salve tierna y otras muchas que yo espero
ensartarlas, como perlas, tras la hermosa letanía,
sean el ferviente obsequio que te manda este romero
ante el cielo de venturas que, como sin par venero
de riquezas, yo he gustado sin cesar día tras día.
¡Si Virgen del pastorcillo! ¡Cuántas veces, recostado
en tu iglesia, allá, en la cumbre de por Ti sagrado monte,
me he inspirado en tu Belleza y tus glorias he cantado,
recibiendo luz de Arriba, y aire limpio y perfumado
que al espiritu elevaron por el más claro horizonte!
¡Cuántas veces contemplando la grandeza que Dios puso
en el panorama inmenso que se ve de esa montaña,
heme visto ante ese mundo como atónito y confuso,
y mi débil lira humilde más de un verso allí compuso
al poder incomparable del Señor que nunca engaña!
¡Cuántas veces, saboreando las dulzuras infinitas
de ese sitio, que es morada de tan gratas emociones,
he formado grandes ramos de preciosas margaritas,
que he dejado, con un beso, de tus plantas tan benditas,
y diciéndote una estrofa llena de hondas efusiones!
Y con frases tan modestas como nobles y sentidas,
hoy te envía este vasallo, ¡oh mi Reina dadivosa!
un mensaje todo envuelto de las gracis más rendidas,
por las mil y mil mercedes para el alma recibidas,
y porque además le diste de esa villa buena esposa.
Y si el Rey Carlos Segundo el corazón te dejara
como prenda de su afecto, esto mío también toma,
que. aunque pobre, su cariño, por mi lengua te declara,
y si amarte más pudiera, de seguro que te amara,
¡porque en Ti vive, María, la de Ujué blanca Paloma!
Septiembre de 1924.
págs 107 a 109 de la obra "Deshogos Poéticos" de Baldomero Barón (ROMEDOBAL)
Recopilación de versos corregidos y aumentados inseros en diferentes revistas y periódicos y en Diario de Navarra con otras producciones inéditas.
Pamplona Imprenta y Librería de Jesús García, Estafeta, 31.