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Respuesta al mensaje, enviado el 14/02/2012 a las 18:28 por Soso:
Ahí ya me pierdo el Oliva. Tengo doce o catorce años menos que vosotros, y eso se nota en el recuerdo. Llegando a los abuelos de los que tenéis al día de hoy nietos ya no sé si son hermanos o no, ni sé, si Olimpia y Diamantino eran nietos de los señores de esta foto, pero creo que no, al menos que Olimpia y Diamantino fueran hijos del primer marido de la hija de la señora Julia la barbera y este primer marido fuera hijo de los de la foto, Goyo e Isabel. Me parece que una hija de la señora Julia se...
NO SE TRATA DE RESPONDER, SINO DE COMPLEMENTAR.
Y para mí, todo lo que tenga relación con mi pueblo, me atrae. Y por eso estoy aquí. No todo van a ser porfías gramaticales estériles de verbos y adverbios.
En efecto, aunque yo no he llegado a conocer directamente a los llamados OLIMPIA Y DIAMANTINO, creo poder asegurar que ambos son nietos de Don GREGORIO RODERO (el Sr. Goyo el Carretero, que así era más conocido), carpintero como oficio inicial simultaneado con el de alguacil del aayuntamiento, y de SU ESPOSA, protagonistas ambos de la foto con que ilustrais esta página. Olimpia y Diamantino deben ser hijos del hijo del Sr. Goyo, también llamado Gregorio, pero en la calle se le conocía más bien por el de Goyo ó Goyito. Me ha extrañado que se haya casi "ninguneado" este hombre, Goyito, por cuanto ha pasado toda su vida joven como ayudante del Secretario del Ayuntamiento de Poveda.
Trasladado el titular de la Secretaría (D. Isidro, que a la sazón tenía dos hijas llamadas Alicia y Carmiña, familia que habitó el tiempo que estuvo en Poveda ejerciendo el cargo, la casa que después pasó a ocupar, supuestamente porque era de su propiedad, Amancia Perlines y sus hijos (María Ángeles, Manolo, Aguedina, Ángel y Pura), decía que provisionalmente pasó Goyo a ocupar el cargo que dejó Isidro, y a partir de este cambio profesional se casó con Julia, es decir, la que vosotros apodais "la barbera", (hermana de Prudencio y Domitilo).
A partir de aquí, Goyo es trasladado a otro secretaría de la provincia, y es precisamente fuera de Poveda cuando debieron nacer Olimpia (la que al parecer vive en Alba de Tormes actualmente) y Diamantino. Goyo, hijo del Sr. Goyo, murió ya casado, muy pronto, y de ahí que su esposa Julia, ya viuda, se casó con Dámaso Paz Caballero, hijo de Víctor Paz y de la Sra. Flora.
Pero volviendo a la familia de Gregorio Rodero, carpintero y alguacil, me ha extrañado sobremanera que igualmente hayais omitido en vuestros relatos al nieto que vivió con ellos toda la vida en Poveda, o al menos hasta que emigró no sé donde. Era hijo de la hija mayor del abuelo Goyo, residente en Zorita de la Frontera, llamado LORENZO CORTÉS RODERO, (Lore), persona ésta que yo agradecería muy mucho que alguien nos diera alguna noticia de él si es que se conoce, y de su paradero.
Sé que Catalina, la otra hija del Sr. Goyo, madre de Paulino, que creo se hizo sacerdocio y después maestro, y otro u otros más pequeños que ya no traté, creo que era la segunda (la primera es ó era la que vivía en Zorita, madre de Lorenzo Cortés). Y Román, el otro hijo, hermano de las anteriores y mayor que Goyito, que, como todos sabemos, el pobre terminó desequilibrado mentalmente y quien protagonizó algunas historias producto de su estado mental. Entre otras, cuando corrió tras el médico D. Anselmo Santos con una navaja en la mano por la hoy llamada calle Real, quien huyendo de él cayó al suelo y os podeis imaginar la escena, acto que fue el definitivo para su internamiento. Más no quiero que se me pasen un par de anécdotas simpáticas también imputables a él: por aquel entonces, a una señora cuyo nombre no recuerdo, salío al campo a buscar comida para los conejos, costumbre habitual de aquellos tiempos, y Román, que la divisó desde el alto de la Iglesia (parece que no sólo era el cura quien oteaba desde allí), se fue corriendo hacia ella para increparla con voces autoritarias con estas palabras: " ¿a quien ha pedido usted permiso para arrancar en esta tierra hierba "p'a" los conejos?", "abandone de inmediato esa tierra". Excuso decir el pánico que se apoderó de ella. Ese día, los conejos de su casa se quedaron a dieta. La otra, según me contaron, abedece al hecho de que tenía una vecina. por cierto muy guapa, llamada Águeda, de la cual, Román se había enamorado perdidamente; en la madrugada de cierto día, sobre la ventana exterior de una habitación de la casa de ésta, contigua a la suya, aparecieron varios folios de papel, todos ellos cubiertos por ambos lados con letra manuscrita en todas direcciónes y aprovechando hasta el úlltimo rincón, cuyo texto, repetido cientos de veces, era el siguiente: "Águeda y Román el Alcalde", "Agueda y Román el Alcalde", etc, etc.. Como vereis, con su mejor intención ofrecía por anticipado el ensoñado cargo como tributo de su encendido amor.
Nosotros también seguiremos soñando con tiempos que no volverán, al igual que tantos povedanos..
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