Desde mi rincon.... Relatos de Verano
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Los Evacuaos
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Mamá era muy joven para comprender que pasaba, para mantener una casa, y para criar varios hijos, sobre todo si tienes el marido en la guerra.
A mamá le dieron dos alternativas los vecinos, bueno los ignorantes vecinos, pues creo que les pasaba como a mi madre, que no sabían todavía lo que se estaba preparando.
- Tu verás, o mandas a los chicos evacuados a esos pueblos que nos han ofrecido, o se los llevan a Rusia.
Un día llegaron. Que esta noche tienen que salir para un pueblo de Albacete,
al menos los tres mayores, y ya veis que personajes éramos, tres, cinco y siete. años
Nosotros desde luego nunca lo comprendimos, como es natural mamá lloraba y decía,
si estuviera aquí vuestro padre, no habría pasado esto, Yo luego lo entendí, pero eran cosas de la guerra.
Creo que primero nos metieron en un coche, más tarde nos llevaron a una casa que ponía “ Socorro Rojo Internacional “, y nos vistieron con unos jersey azules de algodón
que se veían que eran malos, pero claro, como los regalaban que se iba a decir.
Desde allí nos trasladaron en tren, y aunque teníamos pena por la despedida de mamá, esta se compensaba por la ilusión de ir de viaje..
El camino se hizo largo y pesado, tardamos todo el día, y ya veis los kilómetros que hay entre Madrid y Albacete, debimos de ir más despacio que ese famoso tren de Arganda, que pita más que anda. Allí si no se bajaban a coger uvas, es porque no las había, ya que estaba transcurriendo el mes de Noviembre, y se oía decir que nos mandaban fuera, porque las llamadas fuerzas Nacionales se acercaban a las puertas de
Madrid, luego tardaron tres años en entrar.
Al llegar a Albacete, debieron subirnos en otro coche, y como si fuésemos corderos, nos repartieron por los pueblos.
Pero por mas que quiero, no puedo acordarme de aquella llegada, ya que debimos llegar todos dormidos.
Lo que si puedo decir, es que el viaje fue muy largo, como desde Madrid a Barcelona, y que los asientos eran de madera, los cuales no se parecen nada a los de ahora.
Cuando despertamos estabamos los tres hermanos en casa del alcalde, como no habíamos cenado se pusieron a prepararnos una sartén llena de huevos y patatas.
La lumbre era como en los pueblos antiguos, guisaban en el suelo, con unos trébedes, y que al mismo tiempo les servia de estufa.
- Aquí tenéis, dijo el Alcalde - como no sabíamos a que hora ibais a llegar, no hemos preparado cena, comer esto hasta que os vengan a buscar las tres familias que os han aceptado, (luego supimos que les obligaron) porque ya es hora que lo entendáis, tenéis que ir uno a cada casa.
Aquello nos puso frenéticos, no sólo nos asustaban con lo de la guerra, nos separaban de mamá, sin ella querer, precisamente a nosotros, que nos insultábamos y nos pegábamos, pero que nunca, nunca, sabíamos estar los unos sin los otros.
Vi que las chicas lloraban, y la rabia debió ir aumentando, tanto fue así, que cuando apartaron la sartén de la lumbre, y la pusieron en el suelo para que se enfriara, le dí una patada tan grande, que fueron los huevos y las patatas a estrellarse contra la pared.
El lloro debió venir con sueño, pues cuando amaneció estabamos cada uno en una casa distinta
Tres años estuvimos evacuados, y no creáis que los hermanos nos veímos mucho.
Decir que nos trataron mal, sería una ofensa para la pobre gente de Molinicos.
Ellos seguían su vida cotidiana, con necesidades relativas, pues tenían sus huertos y de ellos casi comian.
En la vida de cualquier niño de esa edad, una etapa así, hubiera sido de gran transcendencia, mas nosotros allí nos quedamos como estancados.
Tanto es así; que transcurridos esos tres años, se presentó de improviso mamá por nosotros, y la recibimos como si hubiese sido el Domingo pasado, o que terminásemos de venir de una excursión
Mamá dijo: Vengo a por mis hijos, y me los voy a llevar y no me importa que lo prohiba el Comisario, ni que lo diga el Alcalde, son míos y nadie me los va a quitar, o llevárselos a Rusia.
Otra vez la habían engañado a la pobre, ¡Seguía siendo tan joven! Había estado tan desamparada, y la gente pasando una guerra, era igual de ignorante, Le decían….
¡Si entran los Nacionales, a los “evacuaos “ son a los primeros que van a mandar fuera!
Y menuda era la María, porque joven era muy joven, pero brava también.
Las mujeres del pueblo la recibieron muy bien. ¡! Qué caray! ¡Ellas también eran madres, y hasta creo que la ayudaron.
En un carro. y con muchas mantas, pues aún era invierno, nos llevo un “ tío”, que si sabíamos como se llamaba, pero desde aquel día le apodamos el “tocón “.
Mi madre aunque estropeada por la guerra y los sufrimientos, no tenía más que ventiocho años, ya que se había casado muy joven, y aquel fulano, el “tocón “, quiso saber como eran las de la capital.
Claro que ella iba bien preparada, ¡Sabe Dios las cosa que tendría que aguantar hasta encontrar este escondido pueblo que es Molinicos!
Sacó unas grandes tijeras que llevaba en el bolso y al paleto se le debieron de quitar todas las apetencias sexuales. De esa manera llegamos a la estación.
Sobre la estación a la que fuimos a parar, y que me figuro sería la más cerca al pueblo de Molinicos, tengo que decir en su honor, que para estar en guerra estaba muy limpia y adornada, Era una estación intermedia, que naturalmente tenía dos direcciones, pues largo rato pasaron trenes, en el otro sentido por donde mamá decía que tenia que venir el nuestro.
Cuando apareció - que por cierto que también era de madera - la gente se arremolinó, pues la impaciencia y la tardanza, nos había puesto nerviosos.
Desde luego las personas nos ayudaron bastante, era un tren que venía muy lleno, y no era muy fácil el subir..
Yo me decía con mis pocos años, ¿De que parte del mundo vendrá este tren, tan largo y con tanta gente?
Y me parecía fabuloso, ¡Pobre de mí, si no había visto nada mejor!
Mamá cuando contaba aquello de los soldados, siempre les ponía muy bien, pues nos arroparon, nos hicieron sitio, bueno … algunas veces en demasía, ya que cuando vino el revisor, pusieron encima de nosotros todo lo que tenían, para que no nos descubriesen, se debieron de portar bien, y decía que en nada se parecían al tocón.
Creo que comprendiéron el sufrimiento de una mujer joven por recuperar a sus hijos, o la verdad, que no era momento para bromas. También decía con frecuencia, que todos los dolores de riñones que padecía, se los debía a aquel viaje a Molinicos, y las penurias que tuvo que pasar.
Cuando llegamos a la ciudad, entre que era Invierno, aquellas ropas oscuras y sucias de carbonilla, más que viajeros, parecíamos una creación de “Pirandelo “ Así como:
“Cuatro personajes en busca de autor “ Va diferencia de los trenes de ahora, que llega la gente con la ropa sin arrugar. Claro que han pasado más de medio siglo.
La llegada a casa fue de gran alegría, todo parecía más grande, la gente mas buena y amable. ¡! Pero que caray! ¡¡La guerra había terminado! Nos besaban como si hiciera siglos que no nos hubiesen visto, y yo me decía, si sólo han sido tres años.
Días mas tarde regreso papá del frente, era cierto, la guerra había terminado. y naturalmente no vino cantando canciones victoriosas, ya que era uno de los vencidos, y desde luego no trajo nada,
Bueno …. si, trajo una tremenda camada de piojos.
Mamá le hizo desnudarse, y en una lata en medio de la azotea quemó toda la ropa.
La casa parecia que estuviese en “ Las Hogueras de San Juan “, en vez de ser finales de marzo
Las ropas con el fuego iban tomando formas caprichosas, sus llamas se me antojaban mundos imaginarios, y es que la guerra me había hecho mayor.
Ante aquel espectáculo, era como ver el esqueleto de una horrible pesadilla.
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Manuel de Viegu